lunes, 24 de noviembre de 2014

LAS COLINAS DE LOS SUEÑOS II


Para Rebeca de ese año de Reisefieber.

Eran cariñitos arrastrados, una secuencia continua de movimientos durante un largo abrazo. Se iniciaban con alguna motivación previa al abrazo, como la visión de su escote o unas miradas que iban más allá de la amistad, luego una vez iniciado el abrazo mismo, comenzábamos una serie de suaves refregones y leves movimientos ondulatorios, buscando el acople y roce total de ambos cuerpos, esta fase era muy motivante ya que podíamos sentir todas la protuberancias corporales del otro, lo que aumentaba la intensidad del abrazo. En algún momento del final de esta etapa lográbamos la posición que nos hacía sentir más nítidamente esas elevaciones, turgencias y concavidades, podíamos reconocer claramente a que parte del cuerpo correspondían, y acomodábamos sutiles los cuerpos a esa condición de máximo calce y máxima sensación, entonces entrábamos en la ultima fase, de intensos pero suaves restregones, de corto desplazamiento, para disfrutar con total dedicación y plena sensualidad consentida sin palabras el cuerpo apegado en un desparpajo cómplice. Compartíamos mudos la mutua excitación dejando el tiempo detenido, enredado entre los arbustos de ligustrinas o cristalizado en el vuelo de las golondrinas. Todo esto sucedía en un silencio donde solo se escuchaban las cada vez más aceleradas respiraciones. El término de los cariños, del abrazo, se producía de mutuo acuerdo pero siempre con una lentitud desesperante como si estuviéramos fusionados a fuego, empalmados con una dulce procacidad, adheridos al otro por un denso mucílago que parecía provenir del quieto ámbito vegetal circundante. Nos separábamos callados, sonrientes, quizá algo avergonzados de que el otro se diera cuenta que (ambos) deseábamos continuar en esa ceremonia siempre inconclusa.

2003


LAS COLINAS DE LOS SUEÑOS III


Para Rebeca de ese año de Reisefieber.

Eran besos en las mejillas, como tímidos, temerosos, contenidos, sin el desparpajo de los amantes o la ternura de los amigos, contenían las magias de los deseos ocultos, prohibidos, implícitos en el abrazo apretado que los soportaba, en los roces en las mejillas, en los refregoncitos sensuales, con manos que recorrían con sutil delicadeza topografías ansiosas, sin cruzar los límites de una amistad desbordada. Yo me soñaba ahí entremedio, gratamente sofocado entre esos imponentes pechos, hundido mi rostro en esa blandura tierna y erótica que me hacía fluir la sangre como un torrente abrumador, tensar los músculos, acelerar la respiración, crispar las manos, sensibilizar la piel, latir las aletas de la nariz, y a ella sudar envuelta en tu propio calor, humedecer sus rincones oscuros y anhelantes, erectar sus pezones hasta la orilla misma del dolor. Sin decir palabras íbamos imaginando jugueteos, caricias coquetas, cosquillitas eróticas, excitaciones y autoexcitaciones, voyerismo y exhibicionismo, unas masturbaciones leves sin final, unos chupeteaditas varias por diversos lugares, lamidos sensuales, largos, lentos, húmedos. Yo me dejaba naufragar en esas grandes, globosas, túrgidas, perfumadas, pálidas, suaves y mórbidas colinas como en un sueño freudiano, un erótico sueño del niño-hombre, una fantasía vivida una y otra vez en las soledades del adolescente y también en las del adulto inconcluso, y esos sensibles botones oscuros se tatuaban en mi pecho sin alcanzar a cicatrizar. A veces solíamos hablar del tema, pero de lejos, como si no fuéramos nosotros los que habitábamos cada domingo esas horas de deseos, de intensidad sensual, de vegetal sexualidad.

2003


LAS COLINAS DE LOS SUEÑOS IV


Para Rebeca de esos años de Reisefieber.

Era un lugar vegetal y quieto, ya nuestro, alto de pájaros y nogales. Lugar de mañanas calidas donde su piel perfumada y pálida cumplía mis mejores presagios. Lugar donde su excitante escote no me ocultaba la esperada visión del sensual surco entre sus pechos. Y yo jugaba a no mirarlos como si ella no supieras que en ellos mi mirada se perdía en su bifurcado horizonte palpitante, y mi silencio no era melancolía ni tristeza sino una pequeña perversión vertiginosa que recorría mi cuerpo para brotar en una escondida erección. Mañanas tranquilas que iban sucediendo a nuestro antojo en tibia y tierna amistad, desgranándose en intensas cercanías. Y para colmar cada soleada mañana soñada, ya al medio día, el abrazo final, repetido descaradamente; su cuerpo atrapado entre mis manos ávidas pero contenidas, sus mejillas restregándose con sensualidad y desparpajo en mi barba, y esas insinuantes miradas frente a frente, donde estamos tan cerca que los ojos se reflejaban en los ojos convergiendo tumultuosas en esos dos besos furtivos, siempre en las mejillas, cada vez más cerca de los labios. Era un lugar mágico, preludio de aquel día venidero en que habríamos de cumplir con nuestras ansias, allí todavía éramos solo unos niños asustados ante el deseado, inevitable, y cercano pecado. Fue tiempo después que vivimos el cálido invierno de la consumación lejos de los nogales, y hubo mucha ternura, cariño, cercanía, entrega, y también pasión abierta, declarada. Me gusto besar sus pezones de niña, chiquitos y rosaditos, esquivos, me gustó sentir sus muy suaves manos recorriendo mi cuerpo hasta en mis más ocultos, íntimos y sensibles rincones, me gustó escuchar sus gemidos de placer mientras mi lengua jugaba desordenada en su mariposa oscura y húmeda, me gustó sentir en mi miembro sus labios aun tímidos, me gustó esa gozosa desesperación del clímax compartido, en fin, se cumplieron las premoniciones tal cual se soñaron entre el esplendor de los ocres sagrados.

2003-2005


LA DORMIDA BARONESA INVENCIBLE


Ese leve estremecimiento de tu cuerpo que te viene cuando suspiras en tu lecho al entrar en el sueño, es el oleaje de mi último beso nocturno que abarca tu boca entera, que se derrama en salivas y labios mordidos, que viaja hacia ti buscando la soñada tibieza de tus pechos, porque siempre estoy cerca de ti, tan cerca que siento, sin tocarte, la tibia reverberación de tu cuerpo, y escucho la música atávica de los latidos de tu corazón enclaustrado y el leve susurro de tus pestañas cuando entrecierras los ojos al pensarme. No olvides que siempre te miro, escondido, refrenando el deseo que me consume, yo ahí donde estés mirándote, oculto a todos, clandestino, sigiloso, y es que tú me llamas a tu cercanía cada vez que me piensas con la suficiente intensidad, y desde mi guarida mis ojos te recorren entera, complaciendo el sueño de mis manos, de mis labios, de mi piel, brasa en tu terciopelo. Y sigo rememorando tu voz en aquel café de aquella tarde, tus ojos ansiosos censurados en sus deseos por los pudores que te enjaulan, tus manos pálidas jugando con la cercanía del crepúsculo donde reinas sobre mis pasiones ocultas. El fuego con el que te escribo es el que tu enciendes en mi ardiente imaginación, pues solo ahí te poseo y te acaricio, ahí eres mía y yo tu dueño, ahí puedo dejar salir esta lava encendida que borbotea en mis instintos como un volcán que pulsa por romper su corteza tutelar y estallar en llamas invocantes y ardientes cenizas. Vivo en paciencia, obsesión y pasión, todo por romper tus puertas y entrar en tus visiones y fantasías, abrirlas de golpe, derrumbarlas para que surjas como una voluptuosa mariposa del capullo que la atrapa. Maravilloso seria saber al desarmarse la noche que estoy logrando inquietarte y que la roja flor de hoy aferrada a la suavidad de tu pelo es la bandera que me avisa tu retorno.

2006-2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

ENCASTILLADA


Sé que haces como si no existieran las luces de los barcos imaginarios en tu ventana que da al mar nocturno, que me niegas, me difuminas y me ausentas, como que no has sentido mis manos dedos labios lengua y más, en la convergencia sexual de tus piernas, como que eso de los felinos fue algo soñado en los ardores repetitivos de tus insomnios, que solo imaginaste mi cuerpo tendido desnudo acosado por tus manos incesantes sobre las pieles fragmentadas sobando manipulando apretando masturbando mi miembro rendido a tus magias manuales, que nunca estuviste florecida entre quejidos y estremecimientos orgásmicos mientras mí yo jardinero desataba las larvas de tus lujurias y las convertía en salvajes mariposas que echaba a volar en medio de la algarabía silenciosa de tu orgasmo y te mordías los labios para no decir lo que sentías en tu sexo enjugado en mi boca voraz. Sé que vives con las manos congeladas para evitar tocarte por los paisajes en que fui explorador vicioso, que empañas el espejo para no ver tus manchitas desperdigadas por tus muslos y volver a sentir mis dedos en sus recuentos rituales. Sé que huyes por la ausencia, los brevísimos mensajes, el juego del aquí no allá y viceversa, que miras mis palabras evitando su sentido, que las declaras indescifrables o prohibidas, que haces cosas para que yo no exista en ti como un intenso fuego quieto y punzante, sabiendo que sí permanezco enquistado en las vigencias de tus más oscuras sensaciones como el pervertido demonio que tú dejaste por voluntad, curiosidad o deseos penetrar en las alturas inexpugnables de tu castillo.


sábado, 22 de noviembre de 2014

BARROCA POETICA SEXUAL


Polinizaré la flor abierta de tu vulva como un insecto macho potro insaciable, abriré sus pétalos con la demencia de un escarabajo atrapado en tus embriagantes licores destilados en las sombras del nocturno en vela, ascenderé las dunas tibias de tus pechos hasta beber tus instintos más oscuros en tu pezones protuberantes como un niño macho potro sediento de ti, yaceré dormido sobre la tentación voluptuosa y pecadora de las suaves combas deliciosas de tus glúteos, me volcaré suicida perturbado por las sinuosidades de tus caderas, me escurriré temblando de lujurias pérdidas por el canalillo de tu escote y también por el que separa tus nalgas y oculta la tímida flor de mis delirios. Dejaré la marca de mi lengua lasciva en los carnales goznes de tus rodillas, de tus codos, de tus axilas, en esos velados territorios vírgenes de macho para elevarme por tus otros sueños, para desfallecer en tus otros aromas, en las ciénagas de tus misterios, en la perplejidad de poseerte flagrante surcando todos tus cauces posibles. Me simularé gusano, caracol, lobo macho, potro erecto, para así aniquilar los desasosiegos que burbujean en tus arterias haciendo crujir tu corazón hembra y volver por tus venas como un agua saciada sin origen ni vertiente. Destruiré socavando las turbias reminiscencias de otras penetraciones, de lamidos muertos y bocas resecas que no tocaron tus emblemas ni abarcaron tus rugidos de esfinge en los vientos de los desiertos sumarios. Finalmente, habrá un otoño deshojado en que mi saliva escribirá en tu vientre los lúbricos salmos que preceden la cópula, y me hundiré en tu cuerpo imposible a morir de goces sarracenos mientras derramo mi denso semen consagrado en las herejes honduras de tu vientre.


VIRTUALIDAD


Para cierta Alicia olvidada.

Te acecho transparente desde la irrealidad, sigo enviciado mirando la imagen de tu rostro, siento la imposibilidad como un infierno que incinera mis ojos y mis huesos. Me gustaría tocarte, oler tu perfume, y quedarnos abrazados en silencio solo sintiendo la cercanía física y espiritual, mas ahora que sé como es tu cuerpo y mis manos se duelen de ti, de acariciarte suavemente, entera, con toda mi ternura, dibujar tu cuerpo con esa ternura viva del deseo para encenderte y hacer surgir de ti la hembra sola, sentir tu estremecimiento cuando toque un rincón sensible, suavemente, y besarte en ese rincón, y tocar con la punta de mi lengua ese punto preciso donde se acumulan tus lujurias, solo con la punta de mi lengua húmeda, ardiendo en tu fuego, y punzar levemente ese punto, solo darte la pervertida ternura de mi boca, explorando tu cuerpo para saber donde están los intersticios por donde entraré a saciarte de amor y sexo, y ternuras y cariños, de cercanías y de intensidades, hasta romper el cristal que te encierra y liberarte, que vueles, que dejes de ser y te vuelvas a encontrar a ti misma, solo entonces te poseeré y penetraré en ti, en tus secretos, en tus baúles oscuros, en tu alma desnuda, y solo ahí serás mía como no has sido de nadie nunca… un día te poseeré totalmente y tu lo sentirás, sabrás que en ese instante ya no te perteneces, un día, sí, un día habrá en que la imposibilidad no importe, mientras tanto piénsame, suéñame, quiero que esta noche seas por primera vez infiel y me dejes estar en ti.

2008


viernes, 21 de noviembre de 2014

CERCANDO A REBECA


Es la excitación física casi instantánea, por el roce, la vista del cuerpo desnudo, los besos, las caricias intimas, para paladear cada instante con sensual fruición; besos largos con las lenguas recorriendo labios y jugando entre ellas, caricias largas y pausadas en todo, repito, todo el cuerpo, con las manos abiertas y con suavidad, acercándose tímidamente a los lugares más escondidos y erógenos, pezones, tetillas, cuellos, orejas, ombligos, manos, dedos, entrepiernas, ingles, nalgas, vulva, pene, como jugando a que llegan pero se van, generando un ansiedad por seguir sintiendo ese tacto obsceno, después permaneciendo en algún lugar en especial por un largo rato, agotando la capacidad de sentir en ese punto, e iniciando el mismo juego en otro más inesperado, o las yemas de los dedos van y vienen como buscando lugares distintos, a todo esto los labios y la lengua están jugando a lo mismo pero en otros puntos erógenos, abusando de la sensación de humedad y calor, de la succión y del lamido, por ahí ya se llega a la masturbación mutua o a la dedicada a cada uno individualmente, primero con la mano y los dedos, después la boca y la lengua, primero en el pene o la vulva, después un corto y húmedo recorrido hacia un tímido sexo anal, allí la lengua humedece y prepara la presencia de un dedo curioso y suave, para ir viendo la reacción y quedarse hasta ahí o seguir, de por medio hay un masaje en toda la piel, o de piel con piel, o ella lo monta a él por atrás refregando su Monte de Venus y su vulva mojada en su coxis, y los senos con sus pezones erectos rozando eróticamente la espalda, en estos momentos ambos ya deberían estar cercanos al clímax, si es que ella no logró aún un orgasmo anticipado, y si hay tiempo, se inicia el juego de pasar el falo por entre los labios de la vulva sin penetrar solo escurriéndose, surcando, jugando a que entra y no entra, y un frotamiento del pene endurecido apretado contra el Monte de Venus, y entonces, en un movimiento súbito el miembro resbala hacia abajo y viene la penetración, lenta e intensa, con movimientos de las pelvis que van en un in crecendo más y más violento hasta coincidir en los destellos sublimes de la eyaculación y el orgasmo.

Circa 2004.

jueves, 20 de noviembre de 2014

LA BARONESA IMPOSIBLE


Me voy alejando de tu piel soñándome dueño y señor de esos suaves y mullidos dominios carnales estarcidos por los años sucedidos en una intensa cercanía que más de una vez rozó imaginadas infidelidades imposibles. Me llevo los artilugios y los malabarismos de la seducción derrotada por tus pudores, miedos o sublime integridad de dama contenida, de lejana esfinge o transparente espejismo. He vivido peregrinando sigiloso y atento por la espesura del tiempo siguiendo tus últimas huellas, tu perfume atrapado en la vegetación exuberante de mi memoria, intuyendo tu piel que reverbera bajo el tibio sol de este lado de la realidad. He entrado en mi laberinto de deseos y sueños, de fantasías y ansias desatadas y ahí te he perseguido en una cacería que ya sé inútil, pero la bestia en celo que me habita no lo sabía y rastreó ensimismado tus palabras como si la primavera tuviera el poder de devolverte a esa cercanía secreta donde ambos nos soñamos como si no supiéramos de este destino inevitable de nunca poseernos. Me pregunto si acaso hay pecado de infidelidad en los juegos de dos amantes que solo se tocan, se miran, sin consumar sus deseos hasta el fin, sin desatar las ansias, sin romper nunca el cristal de la torpe realidad, si acaso hay pecado en unas manos que hurgan con delicada suavidad en la penumbra, donde los rostros se confunden, perdiéndose en una dimensión deliberada donde las voces viven la ilusión de un día distinto. Me voy alejando de tu piel ebrio de derrotas e infructuosos asedios de falsas ilusiones, pero sabes que volveré, como siempre, a la misma esquina de los versos compartidos a esperarte oculto en las sombras de una amistad socavada por los deseos impuros de besarte una tarde en un parque y recitar en susurros los otros versos aun no escritos.

2005-2014


miércoles, 19 de noviembre de 2014

ISIDORA INSOMNE

Te busco y rebusco en las noches, en los vericuetos de los sueños, en los rincones del deseo, en las imágenes que me vienen una y otra vez como un oleaje de aguas tibias donde se sumerge mi cuerpo estremecido, donde se hunden mis anhelos en busca de los sabores y sudores de tu piel, del perfume de tus ansias, de las ardientes arenas de las suaves dunas donde va a elevarse mi sexo desesperado. Penetramos en las oscuridades del otro, sentimos el calor de los insomnios, la excitación de la piel que busca otra piel, la sensibilidad de los cuerpos que se revuelven en el lecho imaginando, soñando, sintiendo sin sentir, acariciando sin tocar, devorados por las pasiones más intensas pero también las más escondidas, y mis manos al fin te tocan, y mis labios te besan, mi cuerpo se entrega a la cercanía del tuyo y puedo sentir tu íntima humedad y tú mi erecta pasión, solo ahí, cada noche, en el borde mismo del sueño, en ese lugar de delirio secreto donde somos y vivimos lo que deseamos. Acaricio tu pelo, tu rostro encendido, recorro el borde de tus labios entreabiertos dibujándolos para siempre en mi memoria, toco con pudoroso temor tus pechos, deslizo con suavidad mi mano por tu vientre y tu pubis en una lenta e intensa ceremonia, baja ardiente e impúdica por tus muslos y retorna explorando, buscando, asediando, cumpliendo el sueño de numerosos insomnios, tu respiración delata tu ansiedad, tu pasión contenida, tu cercana rendición, a lo lejos, entre el entramado del bosque vemos anhelantes el primer resplandor de la luna mientras continúo haciendo que tu mente salga a vagar aun asustada por los instintos, que sientas como arden tus sabanas cuando piensas en estas palabras que te queman. Acecho tus sueños como un cazador en las sombras, a la espera de que caigas rendida, entregada, como dormida en mis brazos. Día vendrá en que el fuego de mis sueños te alcance.

Enero, 2006.

CARTA A UNA REINA DESDE SU ARDIENTE INSOMNIO


Para S. antigua soberana de Todos los Sueños.

Te escribo Reina desde el rincón mas oculto de tu propio insomnio, desde la penumbra de tus sueños secretos, desde la honda caverna de tus instintos. Porque solo ahí existo Reina, solo en tus sueños, de noche, al borde del lecho de fuego donde la madrugada te encuentra despierta buscando en tus memorias una imagen, un roce, un latido cercano que te acurruque en ternura y en pasión, en dulces murmullos y en sofocados grititos, en ardientes caricias y en eróticos abrazos, piel contra piel, carne en la carne, sudores que se comparten en la oscuridad húmeda, olorosa de sexo desatado, voces arrulladoras que abren las puertas y los cuerpos, desnudos, ansiosos, y entonces soy en tu sueño el que buscas, y te entregas rendida, anhelante, y en la espesura de la selva de tus instintos soy león y macho, soy gesto y fuerza, soy tierno y vibrante, a tu gusto, a tu placer, a tu modo, como el mismo sueño que en ti soy. Voy hacia ti Reina de los Cinco Sentidos siguiendo el rastro de tus deseos y de pronto entro en tu lecho tibio, percibo el erótico olor mezcla de tu piel y tu perfume, te quedas quieta como reconociendo mi cercanía mientras me acurruco a tu lado para sentir la tibieza de tu cuerpo solo cubierto con una camisola que apenas te cubre hasta la mariposa oscura de tu pubis, con suavidad te abrazo y te beso en la oscuridad del cuarto, respondes a mis besos con avidez de Reina deseosa, y nos besamos y abrazamos cada vez más fuerte, con más intensidad, casi con desesperación, mis manos han encontrado tus pechos de niña y los cubren como copas ardientes, siento en la palma de mis manos tus pezones duros punzando y mi verga comienza a erectarse allí abajo punzando tus piernas, y por ese roce sexual te das cuenta de que estoy desnudo, un estremecimiento sacude tu cuerpo y tu lengua se mueve dentro de mi boca invitando a la pasión y al desenfreno, siento que tus manos van bajando por mi cuerpo acariciantes y curiosas, nuestras bocas juegan desesperadas, se entrecruzan las lenguas, los labios muerden humedecidos y excitados, con mis manos aprieto tus pezones por encima de la camisola, tus manos han llegado a mi vellos púbicos y los revuelven con ansias, de pronto siento tu mano que a encontrado la tensa columna de mis deseo y la aprieta haciéndola endurecer al máximo. Entonces Reina de los Secretos Deseos, deseada hasta las furias y el desasosiego nocturno, sentí tu mano tomando el endurecido falo con deseos incontrolados, apretándolo, urgiéndolo a dejar salir su miel sexual, pero me contuve, y bajé mi boca a tus pechos anhelantes y mis labios apresaron tiernamente uno de tus pezones ya erguidos, y lo succioné ávido como un niño y caliente como un macho cabrio, escuché tus quejidos de placer y tu mano apretó más aun el tallo viril bajando su cubierta de piel suave y dejando su glande al descubierto, rojo, brillante, túrgido, mi mano inicio la búsqueda de tu húmeda mariposa oscura y bajó por tu vientre hasta encontrar el sendero de tu ombligo y fue más allá, hasta la jungla de tu pubis, mis dedos hurgaron esa selva de vellos perfumados, esa tierna piel de los labios verticales, ese capullo rosado y carnal que escondía tu clítoris erguido y sensible, y así fue que nuestras manos suplieron la imposible penetración a pesar de la infranqueable distancia.

Agosto, 2005.

ASOMADOS


Vistes una impúdica blusa negra de tul transparente con un remarcado estampado laberíntico de líneas blancas y negras, y nada más. Yo con una camisa clara de líneas verticales, y nada más. Ahí estamos como amigos paraguayos en la ventana asomados mirando el atardecer y los barquitos imaginarios que ya encienden sus pequeñas y lejanas lucecitas de mentira. Allí en el altísimo castillo desde donde se veía el mar y las luces lejos de los barcos a la gira en la rada de un mar que iba perdiendo su horizonte acaecido por la noche, y yo te besaba por detrás de tu cuello y tú te reías nerviosa (i). En ese ilusorio crepúsculo marino te voy tatuando el eterno beso por detrás de tu cuello mirando los barcos en sus luces, tu cuerpo inquieto apegadito al mío, mi lengua en tu orejita buscando su lóbulo entre tu pelo revuelto (i). Y por dentro el morbo de lo arriesgado, lo prohibido; ambos desnudos de la cintura hacia abajo, yo por atrás tuyo rozando sensual e incitante mi miembro a medio erguir en tus nalgas deliciosas, tú te mueves desvergonzada, lenta e insinuante hacía atrás en breves círculos para aumentar el roce y la presión fálica en un juego de lúdicas provocaciones. Lucecitas de colores se descolgaban brillantes de las ventanas de enfrente, mas lejos un navío fantasma atracado en un puerto invisible titilaba (i) con sus luces ancladas. Ninguno de los posibles mirones se imaginará como bullen los besitos en el cuello, por atrás, como te beso lamo la nuca suavecito, como tú ya sabes, para que te excites y desesperes, porque sé que esa es tu debilidad y por eso lo hago, de puro malo que soy. Los ojos fisgones del frente dirán “que pareja más romántica” sin saber que tus glúteos me atrapan en su denso oleaje de lujuria hasta lograr la plena y dura erección, mi falo surca el surco de tu terso y mullido trasero en un incesante sube y baja devorado por la trasgresión exhibicionista ante el anónimo e invisible publico de los infinitos ventanales del rojizo poniente, mientras los pequeños botes de pesca en la ilusoria bahía de tu nocturno marino celebran los estragos del amor con la fanfarria de sus luces rojas (i).

(i) Perfecto Imaginario Lluvioso. Prosarium, diciembre de 2013.


martes, 18 de noviembre de 2014

PALOMA ENSOÑADA


Para A. C.

Un sueño es besarte bebiendo el sabor de tu saliva y embriagarme en tu noche desnuda, abarcar con mi boca hambrienta el todo ancho bipolar de tus palomas, y seguirte soñando. La tarde se tiñe de tu aroma, de tu sabor encantado y deja los ojos entrecerrados para soñarte con todos los deseos posibles. Hurgo en el nítido recuerdo de tu cuerpo buscando sus tibiezas, sus sensuales lisuras, sus tactos lujuriosos, sus íntimas humedades, hurgo y desato en ti mis lúbricos sentidos para seguirte soñando. Tu piel se encarna en mis manos que te invaden, que te abruman de caricias consentidas, de procaces manoseos, y se deshace en ensalivados lamidos, succiones e inserciones que nos llevan a la violenta cópula de la madrugada feraz anudados en un tumulto de sudores y de piernas trabadas, de manos apretando y labios mordidos, de susurros de boca a oreja, de ritmos y acoples que convergen en bestiales goces antidiluviales. Y te sigo soñando a destajo, ilimitado e incensurado, te sueño soñando palomas copulando o sentada desnuda en tu lecho, bebiendo vino dulce en una copa azul o masajeando tu pechos enfrente a mis ojos ávidos, o tus dedos en tu nido batiendo para mí los pétalos empapados. Para soñarte mejor vago por tus adentros encendiendo cada uno de tus músculos, de tus blanduras, de tus carnales oquedades, de tus vísceras maceradas en los ardientes insomnios de tu lecho vacío de hembra ansiosa. Solo puedo poseerte con palabras, desnudarte letra a letra con lasciva sintaxis, violarte con mis verbos obscenos, abusarte con rebuscados adjetivos barrocos y penetrarte con largas frases sin comas ni puntos apartes, solo con un largo párrafo de un solo envión. Y aun así, puedo seguir soñándote.


lunes, 17 de noviembre de 2014

LA MALAMUSA DURMIENTE


El ventilador gira acariciando la desnudez acalorada de su cuerpo con su brisa de mentira y sus aspavientos de pequeña ventolera casera como si quisiera arrastrar hacía el lejano otoño las manchitas de sus muslos suaves como las uvas (i), su pelo suelto se mueve incesante llevado por la misma brisa que ella imagina marina y salada, casi puede sentir las gotitas de agua que salpican su rostro serio de ojos semicerrados detrás de los cristales cuneteros de sus anteojos de marco blanco vintage de sexy estrella de cine de los ‘50. Desde su guarida, cual mantis feroz, incita y excita al solitario escarabajo mirón lamedor succionante que la sigue persigue en sus crueles vaivenes eróticos esperando las migajas de voluptuosidad que a veces ella esparce en el aire solo para ver si el poseso la espía y la desea sin escapar nunca del maleficio el hechizo el embrujo. Un denso y caliente halo sexual la envuelve, la amodorra, se deja fluir en dulce somnolencia hacia el sueño tardero. Se durmió la musa, se durmió así medio piluchita, se quedó tirada en su lecho jardinero semidesnuda con su calzoncito rojito tirado a fucsia como los geranios, lánguida, las piernas abiertas, adormecida, soñando con bosques y faunos que la acosan, todos con un mismo rostro, moreno y dicharachero, descansa relajada, duerme inocente y quietecita. Viste la bella durmiente el bikini rojo con tinte fucsia, las pulseras tintineante, los anillitos de dama poderosa, y nada más, lo demás es piel con desparpajo, algunos vellos que se asoman en su entrepierna, su pezón también dormido y su boquita de hembra insoportable.

(i) Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Poema 5. Pablo Neruda.

MALAMUSA

“Toda desesperación se verterá en ti como un agua caliente”. Varelio, Summa Ática, XVII.

Fue una malamañana con una malamusa, de partida en la soleada y grata mañana me perdí desayunando verla imaginarla saliendo recién de la ducha, esa era quizá la inspiración del día y se me voló por atrasado la mariposa del deseo, fui entonces lento escarabajo perdedor de la primera erección mañanera. Pero no era toda la pérdida que me deparaba el azar destino karma o caos de este maldía de mi desamparo, de este Universo insensible a las modestas artes eróticas de un fauno voyerista, había más. Obligado debí abandonar la comunicación por unos mínimos instantes y cuando volví ella ya volaba mariposa incesante, y para mayor daño cruel malamiga me dejó el mensaje traicionero de que mientras hablábamos ella se estaba secando el pelo desnuda (maldición!), y yo sin saberlo intuirlo presagiarlo no lo supe, así fui lento escarabajo perdedor de la segunda erección mañanera. Una musa profesional no hace eso, si me lo hubiera dicho en el momento se habría merecido un precioso texto de barrocos arabescos y finas filigranas eróticas, un tierno tratado sobre sus muslos con sus manchitas adorables, sus nalgas firmes y suaves, su pezón dormido, su vulva sabrosa y su boca besable más allá del vicio. Hubiera bastado que me dijera "me estoy secando el pelo desnuda", y me habrían sobrevenido la erección y la inspiración de inmediato, pero ahora desangrado confuso extraviado en pornográficas visiones de lo que no fue, vago ebrio y destartalado por estas palabras sin sentido buscando el camino de retorno a la mediamañana para ver si alcanzo a escapar del derrumbe antes que me pille el mediodía sin musa y comience a pensar (sic) en su bien merecido castigo.


domingo, 16 de noviembre de 2014

NARCOLEPSICA (Palimpsesto, reescritura e intervención)


Sigiloso, vierte un poco de aceite lubricante en el montículo de la vulva, lo suficiente para que gotee por los labios mayores. Coloca su dedo pulgar sobre los labios mayores, y el índice sobre los menores. Aplica una suave presión a la vez que desliza sus dedos hacia fuera de los labios. Después, continúa este movimiento a lo largo de cada labio, alternando ambas manos. Desliza la yema de su dedo medio derecho hacia arriba y hacia abajo varias veces, entre los labios mayores y menores, primero a un lado de la vulva y luego a otro. Masajea cada labio externo lentamente entre el pulgar y el índice, deslizándolos hacia arriba y hacia abajo por toda la longitud del labio. Hace mismo con los labios internos de la vulva tomándose su tiempo y contemplando a su pareja excitarse lentamente. Luego va a la joya de la corona; el clítoris. Da un masaje alrededor de la cabeza del clítoris en una dirección y varias veces en la otra y comienza suavemente acariciando en sentido de las agujas del reloj primero, y al contrario, después, apretando suavemente entre el pulgar y el dedo índice. Se concentra en conseguir y construir sensaciones, no en llevarla al orgasmo. Si la excitación llega a ser demasiada, retrocede un poco y espera a que vuelva a respirar profundamente. Ahora inserta su dedo medio de la mano derecha y masajea suavemente el interior. Con la palma hacia arriba y el dedo medio enterrado en la vulva, comienza a doblar el dedo hacia la palma de la mano. Siente el área esponjosa justo debajo del hueso púbico, masajea suavemente allí, en círculos, adelante y atrás, de lado a lado. En este punto, inserta también el dedo anular mientras tanto su pulgar continúa rodeando el clítoris y su mano izquierda sigue acariciando y masajeando otras partes de su cuerpo hasta que el masaje culmina con un orgasmo intenso y estremecedor aunque silencioso porque ella sigue haciéndose la dormida.


SUMERGENCIAS EN TI


(ARDiente NAútica inSACiada)

Te sigo buscando por las mañanas de mis deseos y de los besos del Amar, te acecho con la erecta voracidad de potro ansioso de verterse en tu sexo con mi lengua sedienta de lamer tu cuerpo de boca a pies, de pezón a pezón, por tu canalillo, tu ombligo, tu clítoris, enredarme en la breve selva de tus vellos púbicos y bifurcarme en cada uno de tus muslos besando lamiendo ensalivando como un caracol en celo, navegarte viento en popa hasta los confines de tu lujuria, desbordarme en tus orillas como un denso río caliente e inundarte de saliva y de mi leche hasta ahogarte en las honduras de mi pasión impaciente, recorrer con mi verga las profundas geografías de tu boca succionante, de tu sexo jugoso, de tu ceñida flor del sur en sus delirios más impuros. Ardo en la hoguera de tu humeante leña verde incinerándome en tus grandes pechos ampulosos, tus pezones erguidos, tu vientre incandescente, tu vulva habitada por tu mano masturbante, tus glúteos de potranca salvaje, tu surco sureño y su oculta floración palpitante, tus mórbidos muslos pálidos, tus piernas suaves en su lisura excitante, y tus pies de idolatrías fetichistas. Trajino por tus recovecos de hembra esquiva, por los sitios donde sueles abrirte florecida, por tus rumbos incomprensibles y caóticos inmerso en tus lúbricas turbulencias, en los palomares de tus caricias y tus ternuras, sumergido en tus veleidades y mis urgencias, en el nosotros sin olvidos que sobrevive ante el tiempo, sus contratiempos y destiempos, ese nosotros eterno que permanecerá convergiéndonos aun más allá de nosotros mismos.


LA COMTESSE ÉCHAUFFÉE


“Ni te imaginas en la pinta que estoy, espero no esté el mirón, hace más calor...!”. La haute Comtesse

Se elevan los vahos de la canícula envolviendo en sus llamas transparentes la alta torre del castillo, arriba el cuarto es un horno, un aire denso, pegajoso, cargado de vapores sudorosos invade los rincones, se adhiere a los muros y deja flotando una blanda y lúbrica voluptuosidad. La condesa casi desvestida está recostada en su lecho de mantis sangrienta, afirmada en las almohadas del edredón primaveral, sobre la cama unos los cuadernos y un libro de Lezama Lima, que es el preciso detalle barroco para ese quieto y caluroso ámbito tropical, viste apenas un camisola con pabilos blanco invierno, flores fucsias y tallos verdes,  y un bikini fucsia chiquitito del que se asoma un solo ralo vello púbico por la entrepierna, breve y fina línea oscura trazada sobre su muslo liso suave marmóreo apuntando hacia el cielo de manchitas tiernas que se esparcen por sus bien torneadas y pálidas piernas de vestal impenetrable. Las desnudas piernas juntas y el pie derecho sobre el izquierdo, cada uno con sus uñitas pintadas de un color desconocido, en la tenue superficie de la camisola se percibe en desparpajo protuberante de ese pezoncito dormido, (mamacita!), que el suscrito solo tocaría con un dedo para rozar la textura edípica del perdido paraíso, solamente lo tocaría para disfrutar del suplicio tantálico de la posibilidad ofrecida y negada alternativamente en las vehemencias de los celos inverosímiles y las furias sin sentido. Las uñas fucsias, un anillo luminoso y brillante, su pelo suelto con algunas canitas y sus cuneteros lentes de marco blanco completan la escena, la visión de su acalorada tarde, un delicado sudor refulge en su piel entibiada por el bochorno sofocante que la excita en la soledad sexual de sus ansias caldeadas por las brasas de la tórrida circunstancia de las palabras del fauno obsesivo que la incitan al pecado, a hervir en los ardores del verano que aun no llega. Se está sirviendo una frutilla untada en crema helada con esa boquita que puedo imaginar perfectamente mordiendo la roja fruta como si fuera un glande terso y tenso por la erección provocada por la calentura voyerista de su semidesnudez extasiante. Solo faltó el vaso de champaña helado para combinarlo con las frutillas, o aun mejor, para hacer escurrir la champaña por el vértice vórtice de su vulva sabrosa y yo ahí bebiendo de esa vertiente sexual hasta embriagarme de ella y despertarme tres días después en una casa de la costa con ventanas panorámicas que dan a un mar verdadero. Mientras la imagen se va haciendo más y más difusa me quedo con la imagen de esos oscuros pelitos ralos pegajosos por el champagne.

viernes, 14 de noviembre de 2014

ASUNTOS PENDIENTES


«A aquella que le quepa el sayo, que se lo ponga»

Nos quedaron pendientes las locuras de una noche entera de atardecer a madrugada, con vista al mar o al crepúsculo, solos viviendo en la inmensidad de un nocturno imposible. Te quedó sentir mis voces anteriores vertiendo el amor y las ternuras que no alcanzaste a conocer por el destiempo y la brevedad, mis caricias de náufrago solitario, de extraviado pasajero, de niño macho asustado, mis brazos acogiendo tus desasosiegos y tus soledades, te quedó pendiente ver mi rostro sin máscaras y mi silueta verdadera. Me quedó pendiente sentir tus celos de mantis vengativa, esa posesión instintiva de fiera egoísta y posesiva mordiendo mamando chupando succionando con la furia de la hembra desbordada, vivir tu voracidad esencial de antes del destierro, sin pudores ni recatos, abierta al placer de tu sexo y al goce del otro. Nos faltó hacer sentir el amor como los gatos y los escarabajos, como los perros callejeros y las mariposas instaladas, como los ángeles castigados y los caracoles pervertidos. Nos quedó la vivencia perturbadora de tú ahí recostada desnuda boca arriba con tu mano en tu vulva masturbándote a tu gusto y ganas, yo ahí a tu lado hincado frente a tu estomago masturbándome a mi modo y gusto, ambos motivándonos incitándonos excitándonos el uno al otro con quejidos susurros y palabras soeces, deleitándonos de esa intensa cercanía sin rozamientos no manoseos hasta que te retuerces en un orgasmo sublime y yo derramo mi semen en una gloriosa eyaculación sobre tu ombligo. Nos quedó el sabor de lo poco, de los conchos y las borras de dos seres que ya habían vivido lo justo y necesario, la triste sensación de lo inconsumado y la pena de lo que pudo haber sido perpetrado y no lo fue.


NORAZULES (Écfrasis respetuoso)


“Hay aún muchos días por amanecer”. Walden, or Life in the Woods, H.D.Thoreau.

Azules excitantes, de sureños lagos inaccesibles o fragmentos de cielos vedados en los bosques de araucarias o canelos, ella, sola e imponente en medio de fríos blancos cocineros, dibujada en sensual silueta en un escorzo desafiante. Sonriente de labios rojos, cerezas jugosas que no alcanzo al beso ni en sueños y rosadas perlescentes las uñas bien pintadas que nunca herirán mi espalda, y esos ojos pispiretos de abrumadora e inquietante malicia tentadora. Uno es el azul azur en un tinte oscurecido mullido y edípico de la polera con pabilos finitos que deja ver los blancos breteles del sostén que sostiene sus pechos grandes y majestuosos, el otro es el azul zafiro en un tinte apagado de las calzas apegadas a las voluptuosas caderas los torneados muslos las firmes pantorrillas, para rematar en las negras y anchas correas de cuero que cubren sus pies. Una fina cadenita de oro con un colgante se inserta entre sus pechos ampulosos como si fueran mis ojos, o mejor aun, mis labios cayendo por el tibio abismo de su escote. Su cabello liso y salvaje, sus cejas perfectas, el maquillaje gris azul tenue en sus parpados declarando sin aspavientos su instauración de hembra vigente y deseada, la risa amplia, los dientes albas perlas de femeninos marfiles, la piel morena de princesa exuberante como tostada por tibios soles ancestrales. Inexpugnable, la acechan mis deseos de tocarla, de oler su piel incandescente, de saborear su sudor vegetal y su saliva con toques de uvas y tabaco, de besar su cerviz su coxix cada uno de sus oscuros pezones y la olorosa mata de sus vellos púbicos. Nada más, porque es un sueño imposible. Lo demás son los blancos congelados, la puerta y su pomo metálico, la ventanita que da a un patio quizás con macetas de geranios colorados o una hiedra de frescores verdes e intensos, el blanco de los muros, el blanco invierno del piso y el suave te con leche de los grandes azulejos del muro del fondo, el café oscuro de un extraño mueble irreconocible y el estante donde allá arriba duerme el microondas como un oculto espejo voyerista.

ESTOY AHÍ… SHHH…


(Original sin edición ni censura)

Me encantaría entrar en la habitación donde tú estás, sin que te dieras cuenta…, me acercaría por detrás tuyo, y comenzaría a acariciarte, te acariciaría la cabeza, la nuca, la espalda... tú te pones de pie de pronto, y yo te tomo por detrás y te aprieto bien fuerte contra mí, me gusta sentir tu cuerpo contra el mío, todo tu cuerpo... sin soltarte, comienzo a darte besitos en el cuello y en las orejitas, ahora me coloco delante de ti, te miro a los ojos, y beso tu frente, tus mejillas, tu boca... primero suavemente, luego entreabro mis labios, mi lengua busca tu lengua hasta que la encuentra, te beso profundamente con mucha lengua sin dejar de besarte, comienzo a desprender tu blusa, me ayudas a quitártela… listo, la blusa ya cayó al suelo, tomo por atrás tu brassiere, lo desprendo y bajo uno de los breteles, hasta que uno de tus pechos queda al descubierto, me encantan tus pechos, termino de quitarte el soutien, acaricio tus pechos muy suavemente apenas con la punta de mis dedos, todo alrededor de tus pezones, pero sin tocártelos, me gusta sentir como se te van parando y poniendo duritos... mmm… acerco mi cara a tus pechos y comienzo a besarlos, toco tus pezones con la punta de mi lengua, sí, me encanta chapártelos y mordértelos como un bebé, tu bebé…, sin dejar de hacerlo, mis manos van bajando, acaricio tu pubis y bajo un poco más, siento tu calor y tu humedad, me encanta ser yo el que lo haga, te masturbo, te meto un dedo, dos dedos, hundo mi cara entre tus piernas, mi lengua juega con tu clítoris, sí, me gusta chapártelo, quiero cogerte!... apoyo mi verga, erecta y dura, en tu nidito y la refriego en tu carnal sensibilidad… te meto la puntita y ahora de golpe te la meto toda! hasta el fondo, hasta mis bolas…, salgo un poco y vuelvo a entrar cada vez más fuerte, me gusta sentir como mis bolas chocan contra tu chuchita, sí, así bien fuerte entro y salgo cada vez más fuerte, estoy por acabar, quiero darte mi leche, toda mi leche tibiecita, sí, ahí va!, ah! acabo ah!… acabé!, me quedo quieto y feliz entre tus palomas acesantes… te lleno los pechos de besitos…

Julio 4, 2011

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PERMANENCIA


Para Casandra

Subsiste el recuerdo de tu voz y tus quejidos entre los verdeantes follajes de un bosque que te nombra en los sitios umbríos donde no llegan sino los ojos de los escarabajos y los pétalos. Queda el eco de tu silencio, el remanente de tu ausencia como huellas en las arenas del insomnio, el fuego que te consume y las brasas que me queman. Persisten los sabores de tu celo, tu saliva y tu sudor, los jugos que viertes en tus íntimas excitaciones. Permanece la silueta de tu cuerpo dibujada en las sabanas del deseo, tus verticales masturbaciones explicitas, mis onanismos implícitos en las palabra y los verbos. Se mantiene intocada la vigencia del perfume de tu pelo, de tus axilas, de tus ingles, el aroma que atrapa mi nariz cuando surco besando tu espalda. Reverbera en las manos la caricia impúdica sobre tus mórbidos senos, su peso edípico, su consistencia maternal, el tacto inolvidable de tus pezones, la sensación de poseerlos en mis labios de niño macho. Se sostiene en la memoria de la lujuria el sabor de tu vulva, el roce tenue de tus vellos púbicos, la penetración bestial en la cópula imposible, tu boca sorbiendo el miembro erguido. Fulgura sin tiempo el morbo de la caricia en tus glúteos, su suavidad inquietante, su incitación prohibida a la lenta sodomía. Continua en mis labios el relente de tus besos, su codicia y su ternura, también la visión última de tu desnudez sobre el lecho, tus espasmos de placer, tus estremecimientos orgásmicos, tus retorcimientos y desesperaciones mientras mi mano consuma.


EXÉGESIS DE SU MANO EN LA PENUMBRA (Palimpsesto)


“Sólo alborea el día para el cual estamos despiertos”. Walden, or Life in the Woods, H.D.Thoreau.

Todo se justifica por la belleza embriagadora del episodio, una oda sublime a la palma tibia, los dedos suaves y el contacto furtivo; una lección sobre la ternura, la comprensión y la frustración, la fidelidad y el paso del tiempo, el resplandor de antiguas primaveras floridas, las calles del barrio y la penumbra del cuarto, los largos silencios y la espera. Vuelven las grandes obsesiones: el amor imposible y las relaciones incompletas. La lentitud de los movimientos, los gestos repetidos y el tupido velo del humo del cigarrillo, se complementan en una erótica sublime que transmite el éxtasis discreto, lejano, ausente, prohibido. Ambos se expanden en la memoria y la imaginación, ella, aceptando tristemente el debilitamiento de su belleza, la desaparición de los días de las penas ligeras, la pérdida de lo real, y él, brindándole el mejor homenaje que puede dar y ella lo sabe. Lo sabe, y es tocada por lo que ninguna de las palabras de sus innumerables amantes pudo tocarla alguna vez. Como en el arrobamiento erótico, la mano carga la dimensión simbólica del amor. Esa extremidad acariciante en cuyo interior está escrita la vida, peregrina un sexo sin sexo, haciendo de aquel tímido contacto el recuerdo fundamental que el tiempo no consume. El hombre, marcado por el placer, sabe que regresará, una y otra vez a la mujer que no le niega el disfrute. La mujer, experta en ubicar las suavidades donde éstas son útiles, trasvasará el horizonte limitado de lo decoroso para que, a través de la breve imposición de una carne contra otra, la última inocencia pervertida del aprendiz de brujo florezca en una masculinidad atrapada. La vida será feliz a condición de no reincidir en la caricia. Como todo amor romántico, éste se articula a través de distancias, de bisbiseos, de gestos. Sin piel. El final es predecible, el miedo de perderla, la vigilia por su regreso arrebujado en los cuartos equivocados, conciente de que ya ni en su recuerdo queda lo rebelde de la caricia incitada. Una delicadeza agria, donde el amontonamiento presta el paisaje más atinado para las confesiones, las miradas, las confidencias y el secreto. En esa intimidad intranquila e impersonal de los conventillos callan largos párrafos diciéndose la duda, el tedio, el miedo, o se demoran en dilaciones fatales donde la masturbación es la entrega más genuina.

Nota.- Texto reescrito sobre varios comentarios del film “La mano”, dirigido por Wong Kar-wai, China, 2004. Incluido en el film colectivo “Eros”.


SU MANO EN LA PENUMBRA


“La luz que enceguece nuestros ojos es oscuridad para nosotros”. Walden, o La Vida en los Bosques, Henry David Thoreau.

En el principio era el verbo rememorando los años cuando él era invisible, y era la luz repitiendo la otra luz de la soleada mañana. Se sabe deseada pero no lo cree, la desea pero no lo dice. Las palabras vagan explorando el intersticio por donde atreverse hasta que encuentra entre bromas y sonrisas una fina grieta en su frágil voluntad, o quizá ella se la deja ver con su sabiduría de vestal inconclusa, y entran en el ámbito de sensualidad detenida, latente, que ya vivieron en otros soles similares. La luz interior se fue a penumbra decretando una intensidad íntima y voluptuosa y él comienza a masturbarse sentado lejos de ella, que no mira pero sonríe con la vista fija en otra escena paralela a la realidad cristalizada que los absorbe en una lánguida ceremonia. Él la va convenciendo a más, se acerca y la invita a tocarlo, ella accede sin pudor pero sin excitación visible. La mano de la mujer reinicia en ese miembro que se le ofrece la práctica del goce egoísta. El hombre siente su tibieza de altiva dama antigua, el tacto casi impalpable, el roce levísimo en su miembro erecto. Lo masturba muy suave, delicada, apenas apretando, apenas moviendo, ensimismada en una dulzura masturbatoria, en un onanismo sin mirar, lento, sutil, casi asexuado, por unos momentos él está al borde de los deleites pero se contiene respetuoso y vuelve a su silla, otra vez lejos, aparte, como si estuviera solo, ella lo observa impersonal y ausente un par de veces, como si no estuviera ahí. Él eyacula susurrando unos quejidos apagados, como si estuviera solo. Ella, hierática, desde su distancia sonríe. Hay un viaje, una despedida, y él se retira saciado mascando la nostalgia que recién comienza a dolerle, ya arrepentido de no haber intentado una caricia, sintiendo aun en su virilidad el grato y refinado reverbero de la pálida mano de la hembra extenuada.

domingo, 9 de noviembre de 2014

UN SOMMEIL ROUGE AVEC LA COMTESSE


Amiga, anoche tuve un sueño asombroso, soñaba que estaba solo en la casa y nos comunicábamos por Skype, tu conectabas tu cámara y chateábamos un buen rato, tu estabas solo con un babydoll rojo cortito, muy sexy, y mientras conversábamos yo te espiaba calladito desde acá, y tú entretenida con los temas te olvidabas que yo te estaba espiando, deleitándome con el delicioso espectáculo de tus muslos con sus manchitas, de tus movimientos de piernas que juntabas y restregabas lentamente, no pude contenerme, en el sueño, y como estaba ya con pijama comenzaba a tocar y sobajear mi miembro que poco a poco se iba erectando, hasta que se me ocurría llamarte al celular y seguimos así conversando por teléfono y yo mirando extasiado tu imagen en Skype, seguía atentamente tus movimientos, tu mano que a veces acariciaba tu cadera, bajaba (o subía) el borde del babydoll sobre tus muslos, y eso me excitaba más y más, e inicié una masturbación suave y lenta, y tu no te dabas cuenta de nada porque yo mantenía mi voz tranquila y normal, así pasaron mas de dos horas, tú, no sé si sabiéndolo o no, seduciéndome a fuego lento y yo, muy consciente, excitándome con la visión de tus muslos, a veces de tu escote, y algunas pocas con tus vellos ralos que al moverte quedaban expuestos a mis ojos por unos escasos segundos, y tú tenias hambre de algo salado, y yo de una roja flor del ruedo de tu babydoll y de la manchita corazón o mariposa, entonces, en el sueño, comenzábamos a despedirnos y entramos en un delicado juego de excitación mutua, sobre si yo me estaba tocando y tú que te excitabas, y seguimos avanzando en esa lúdica trama hasta que yo reconocía que hacia rato que me estaba masturbando y tu me decías que si escuchabas mis quejidos te excitarías y yo comencé a quejarme y susurrar demostrándote mi excitación y mi masturbación, y así te excitaste y llevaste tu mano a tu vértice vórtice y comenzaste a masturbarte ahí frente a mis ojos ansiosos y seguimos juntos así, tu allá y yo acá, entregados al ceremonial masturbatorio como si yo estuviera ahí en tu castillo, y todo se aceleraba y seguíamos tú en silencio y yo desatado diciendo tu nombre hasta que, en el sueño, eyaculé como un desaforado mientras tu hundías tu mano en tu vulva envuelta en los pliegues de ese rojo del babydoll que tenias puesto en mi sueño.


viernes, 7 de noviembre de 2014

DES IMAGES DE LA COMTESSE DANS ROUGE ET NOIR


Mañanera ella allá arriba muy alta en su castillo frente al mar imaginario, soleada sola esfinge pudorosa, exhibiéndose coqueta sensual sonriente a los ojos del gato mirón y voyerista, aunque vanidosa exhibicionista clandestina fue instantánea fugaz destello rojo y negro que dejó revoloteando la manchita mariposa en su muslo delicioso, fue solo una brevísima visión de la musa maja huyendo del homenaje masturbatorio en el tiempo exacto de un minuto y cincuenta y cuatro segundos para incitar excitar inspirar este lujurioso texto de pervertido deseo y voluptuosa pasión, avergonzada de seguro, curiosa quizá, temerosa de desatar su recato y dejarse volar por sus instintos de hembra enteramente vigente. Lúbrica contemplación de la pálida piel desnuda del cuello escote estomago vientre muslo, con la declarada sonrisa y los ojos detrás de las blancas gafas de poetisa, cauta hasta el pánico evitó exponerse al onanismo vicioso del fisgón extasiado. La tierna amistad cristaliza y se quiebra filosa como una desfloración o un estupro en esa exultante carnalidad de su cuerpo poseído y ahora en un hambriento veremos tal vez, extraviada en su sexualidad desbordante aunque no quiera, pecadora tentación a lamer morder succionar penetrar por sobre las leyes del contrato maldito en su rojo sangriento y su negro enlutado, en su dermis suave y mórbida bajo aquel negro transparente con estrelladas araña negras y el provocativo pequeño rojo colorado satinado ocultando el vértice vórtice donde se clava turbia depravada la mirada del vasallo que la observa mira espía comiéndosela a mascadas y esperando siempre más con el miembro latiendo irguiéndose ya sobajeando el constreñido bulto viril a punto de brotar de la entrepierna cuando el plazo se cumple y ella desaparece sin aviso, de súbito, sin una pizca de misericordia por el macho amigo y lo deja empantanado en la espesa cloaca del goce inconsumado con los embrujados ojos bien abiertos en el exasperante vacío de su desaparición inesperada.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

SOLO ESO


Pour l'amie du haut château et des bateaux imaginaires, la Comtesse désirée.

Recostarme a tu lado desnudo, tú con tu deshabillé rojo o negro, cortísimo y sensual, incitando al pervertido rito del onanismo vehemente, besarte a boca abierta lenguas trabadas, tú a ojos cerrados sintiendo mi mano que baja por tu cadera tu vientre cruza tu pubis y se bifurca para seguir por tus muslos tibios suaves mórbidos hasta donde me alcancé el brazo y devolverme subiendo para que el monte de Venus de la palma de mi mano presione restriegue en lentos círculos tu monte de Venus sin dejar de besarte los labios mordidos ensalivados, para después volcarme en la pulposidad húmeda de tu vulva surcando con mi lengua rígida el surco caliente y mojado, la verticalidad de los cuatro pétalos de tu flor abierta destilando, lamer hasta hartarme, chupetear succionar punzar presionar la moluscular consistencia tierna erecta de tu clítoris en su breve mullidez carnal, su capuchón su botón el capullo entero, mi boca labios lengua nariz barbilla cada uno de mis dedos todo inserto chapoteando en la lúbrica densidad anegada de los íntimos jugos calientes de tu sexo, y volver al inicio para continuar luego así besándote enlenguándote ensalivándote mordiéndote tus labios embesados con mi dedo atrapado en tu cúspide clitoriana atrapada en mi masturbatoria voracidad de fauno maldito, con tu mano empuñando mi verga endurecida deslizando en un ritmo ancestral el prepucio con la voracidad masturbatoria de tus instintos de mantis maldita para socavarte la ciega lujuria que te niegas hasta derrumbarte en un orgasmo florecido de susurrados quejidos y grititos salvajes y dejarte exhausta laxa lánguida mientras entramos abrazados en la placidez de la noche, solo eso, nada más nada menos, amiga, solo eso.

martes, 4 de noviembre de 2014

LOS MISTERIOSOS ATRIBUTOS DE LA CONDESA DESEADA


“Usted es la única persona que me puede salvar porque estas pesadillas no me abandonan al abrir los ojos”. Pubis Angelical. Manuel Puig, 1979.

Posee los delirios siniestros de los majestuosos deseos, el encanto de la pálida piel que envicia y corroe los presagios de la locura y los entuertos sacrílegos de la lujuria, el embrujo de un pudor insano que marca a fuego los sagrarios de las cópulas y las masturbaciones, inicial del día y de entrando la noche socava las ásperas censuras con sus recatos de sedas rojas y negras, malamusa tendida sensual y sexual sobre los felinos decapitados esperando los ceremoniales del acecho o la seducción, carnívora y voraz mantis sangrienta, es toda muslos suaves, vellos ralos, pezón dormido y vulva deliciosa, mascarada y tormento, lamido versículo en el destello de la última tarde, romántica hasta el despeñadero sostiene las lluvias de los otoños en sus manos de condesa distante, sus mórbidas nalgas y sus gloriosas manchitas esconden el secreto de un lúbrico universo contenido en las altas almenas de su castillo desde donde el atardecer cae sobre las primeras luces de los barcos imaginarios, insinúa en sus rojos sedosos los pervertidos goces de los carnales paraísos perdidos, provoca con sus negros perlescentes los oscuros instintos de las caricias obsesivas que arden en las yemas de los dedos ansiosos de los remolinos clitorianos, suscita vehemencias tortuosas por su vientre fugitivo y por la lobachevskiana doble curva de su espalda, por todo esto la sueño insistente e intenso, desnuda y excitada haciéndose la dormida boca arriba en el lecho de delicadas florcitas y verde pasto solo para untar con mi semen caliente el borde cóncavo de su ombligo.


lunes, 3 de noviembre de 2014

MALAMIGA


Te me niegas, me evades, te escondes, te ocultas a mis ojos fisgones de voyerista vicioso, me quitas la vivencia de espiarte desde un lejos lúbrico y masturbatorio, no me das ni la sal de tu sudor ni el agua que escurre acariciante por tu cuerpo desnudo. No veré tu espalda escurrida ni las cascadas que caen desde tus glúteos, ni tus manos enjabonando pudorosas tu pecho tu estomago la breve oquedad de tu ombligo tu vientre tu pubis, no te veré inclinada enjabonando tus muslos tus rodillas tus piernas a lo largo tus pies y cada uno de sus deditos, no te veré como una sensual arquera enjabonando tus brazos, no oiré lo que cantas en susurro cuando te duchas alegre del día que viene. No veré las gotitas de agua estremeciéndose como diamantes heridos de luz en tus ralos vellos púbicos, no veré el agua tibia escurriendo por el surco salvaje de tu vulva, cauce cárcava canal de lujurias y goces, ni tu clítoris anegado como una pequeña isla de carnalidades y placeres, ni el vórtice de tormenta y aguacero en torno a tu pezón dormido. No obstante, no puedes evitar que imagine el agua que escurre acariciante por tu cuerpo desnudo, tu espalda escurrida, las cascadas que caen desde tus glúteos, tus manos enjabonando pudorosas tu pecho tu estomago la breve oquedad de tu ombligo tu vientre tu pubis, a pesar de tus recatos de convento puedo imaginarte inclinada enjabonando tus muslos tus rodillas tus piernas a lo largo tus pies y cada uno de sus deditos, imaginarte como una sensual arquera enjabonando tus brazos, imaginar que escucho lo que cantas en susurro cuando te duchas alegre del día que viene, imaginar las gotitas de agua estremeciéndose como diamantes heridos de luz en tus ralos vellos púbicos, el agua tibia escurriendo por el surco salvaje de tu vulva, cauce cárcava canal de lujurias y goces, en fin, imaginar tu clítoris anegado como una pequeña isla de carnalidades y placeres o el vórtice de tormenta y aguacero en torno a tu pezón dormido.

domingo, 2 de noviembre de 2014

SORPRENDIDA (Palimpsesto)


Él sonreía. Le gustaba sentir la excitación de la mujer. Sin necesidad de tocarla, por su gesto, ya sabía que sus fluidos traspasaban la fina tela de sus bragas. Ella lo miraba de frente. Su mirada lujuriosa hablaba por sí sola. Lo deseaba. Deseaba que la tocase. Se moría por sentir placer y se empapaba al imaginar cómo iba a jugar con ella ese hombre que le parecía muy interesante. Él sonrió. Se sentó en la cama y le hizo una señal con el dedo para que se acercara. Ella obedeció y cuando estuvo frente a él, excitada llevó su pezón hasta la boca de él, que lo aceptó gustoso. Durante varios minutos, lo lamió y succionó hasta ponérselo duro como un garbanzo. Ella suspiró mientras él, cada vez más gustoso, le chupaba el pezón y comenzaba a tocarle su vulva. Él disfrutaba del manjar que ella le ofrecía sin reservas. Ella ya estaba empapada y deseosa del pene que ante ella se mostraba potente y viril. Él sonrió. Sabía de su magnetismo. Se sentó desnudo en la cama y, sin apartar los ojos de ella, recorrió su ralo monte de Venus y con un gesto le pidió que se acercara. Ella lo hizo y él la tocó. Bajó su mano lentamente hasta meterla entre sus piernas y comprobó que estaba mojada, muy mojada. Durante varios minutos, él paseó una y otra vez sus dedos por la humedecida hendidura, hasta que ella separó las piernas para facilitarle el acceso. Él se arrodilló ante ella y posó su boca sobre el pubis. Lo mordió. Y cuando la sintió vibrar de placer, con sus dedos le abrió los labios vaginales y metió su boca entre sus piernas. Ella jadeó. La boca de él era impetuosa, y cuando le chupó el clítoris con deleite, ella sólo pudo jadear y disfrutar. Minutos después, él se dio por satisfecho. Se incorporó y, cogiéndola por la cintura, la acercó un poco más a él. Sin hablar, metió un dedo en su mojada vagina y segundos después otro. Ella tembló y separó más las piernas y se agarró a sus hombros, dejándose masturbar con fuerza por él, que le susurraba cosas calientes, vulgares, soeces  al oído que a ella la volvían loca. Entonces él agarró su duro pene y lentamente lo introdujo en ella mientras ella jadeaba. Él sonrió al oírla y se incrustó en ella hasta tenerla totalmente empalada. La lujuria y el morbo que sentía en ese instante no la dejaban hablar. Él sonrió. Le gustaban esos juegos y con una fuerte estocada murmuró algo que ella ya no escuchó perdida en ese sexo duro, caliente, morboso, desinhibido y que a ambos les gustaba. Él incrementó su ritmo mientras los pechos de ella se bamboleaban. Él ya muy excitado le pidió que se sentara sobre él. Ella se clavó en él a horcajadas. Con maestría, él la movió en busca de su propio placer. Le gustaba llevar la voz cantante y ahora él quería disfrutar. Ella jadeó ante la profundidad y cuando creía que no podría profundizar más, él se movió con rotundidad. Ella gritó y al ver que él sonreía siguió gritando mientras él la empalaba una y otra vez. Y él no paró y continuó disfrutando de lo que más le gustaba. El sexo. El sexo sin compromiso. El sexo por puro placer. El sexo sin amor.

Nota.- Reescritura de un fragmento de la novela “Sorpréndeme” de Megan Maxwell.

AMISTOSA VENGANZA


Eran tardes de relajo gozador en el lecho tibio por la sangre palpitante de los felinos fragmentados donde nos íbamos besando con los desesperos de la espera de las lluvias que no llegaban y la bocas besaban mordían en sus hambres de labios ensalivados mientras las manos querían abarcar el otro cuerpo para poseerlo con la intensidad del sexo abierto a los milagros del encuentro y el ansioso miembro se iba erectando en la medida que se iba humedeciendo la vulva ansiosa hasta que mi dedo hurgaba surcaba tu sexo mojado y voraz y tu mano buscaba aferraba mi falo palpitante y sensible en tanto los labios entre los labios besaban succionaban se desesperaban en la orgía de las bocas sin palabras enmudecidas por el goce que quemaba incendiaba incineraba en su torbellino de lenguas que urgían penetraciones succiones inserciones en medio de la tarde que se rompía en destellos quejidos susurros ardores estremecimientos y espasmos en la voluptuosidad procaz que convertía el lecho en un mullido desierto de arenas calientes y cerrabas los ojos para sentir solo las sensaciones de la posesión del macho en ti y yo los abría para gozar tu desnudez abierta como un lirio en la palidez de tus muslos de tus nalgas de tu vientre de tu pubis apenas oculto por tus negros vellos ralos y te montabas a horcajadas sobre mi boca labios lengua sedienta buscando las delicias perdularias del cunnilinguis o te vertías hambrienta sobre mi verga en el rito mamador de una felación que me llevaba al mismo cielo retorciéndome sobre la tarde que se me desmoronaba con tu lengua lamiendo mi virilidad erecta y terminábamos copulando como las bestias engarzados en la jungla del atardecer ya entrando la noche.

sábado, 1 de noviembre de 2014

LA MUSA DURMIENTE (Intervención)


(Inserciones sobre un palimpsesto)

Estaba dormida y no pude evitar acariciarla un poco antes de hundirme en el sueño. Deslicé mi mano desde su rodilla hacia arriba apenas rozándola con las yemas, estaba nervioso pero ya no podía detenerme. Mi mano alcanzó el elástico de sus bragas sobre sus caderas y siguiendo el borde alcancé el pequeño triángulo de tela que cubría su sexo donde una densa humedad olorosa y sexual la humedeció untándola de una lujuria condensada. La miré y continuaba dormida, así que decidí ir más allá y deslicé mis dedos sobre aquel pedacito de tela dibujando una S sobre el tejido, casi sin rozarlo hasta que una densa humedad olorosa y sexual los humedeció untándolo de una lujuria condensada. Ella suspiró levemente, lo que me excitó aún más, así es que comencé a juguetear con mis dedos y luego a besar sus piernas comenzando desde las rodillas, subiendo lentamente, apenas rozando su piel con mis labios, deslizaba mi lengua sobre la cara interna de sus muslos, levantando  a roja camisola con mis manos según avanzaba hasta que mi nariz topó con su calzoncito donde una densa humedad olorosa y sexual la humedeció untándola de una lujuria condensada. Puse mi mano sobre el borde, tirando de él hacia arriba, haciendo que presionase su sexo. Ella emitió un leve gemido mientras mi dedo dibujaba el contorno de su vulva sobre el tejido de su tanguita donde una densa humedad olorosa y sexual lo humedeció untándolo de una lujuria condensada. Puse mis manos sobre sus caderas y bajando, arrastré su tanguita hacia abajo, dejándola sobre sus rodillas. Humedecí un poquito mi dedo índice y lo deslicé desde su pubis hacia abajo, jugueteando con el vello, apenas rozando los labios de su vulva y subiendo muy lentamente, presionando el clítoris con la yema como un pequeño capullo tierno abultado erecto y sexual que se erguía en una lujuria condensada. Su respiración se aceleraba y unos gemidos muy suaves comenzaron a salir de su boca mientras mi dedo se deslizaba bordeando su clítoris, apenas rozándolo. Suspiró profundamente en el momento en que puse mi dedo sobre el y comencé a masajearlo, haciendo pequeños círculos sobre el, presionándolo con la yema muy despacito como un pequeño capullo tierno abultado erecto y sexual que se erguía en una lujuria condensada. Deslicé mi dedo un poquito mas abajo y mi lengua ocupó su lugar, bordeando su clítoris, humedeciéndolo, besándolo, como un pequeño capullo tierno abultado erecto y sexual que se erguía en una lujuria condensada. Mis labios lo envolvieron y comencé a juguetear con él lamiéndolo, presionándolo con mi lengua como un pequeño capullo tierno abultado erecto y sexual que se erguía en una lujuria condensada. Lo succioné con mucha suavidad y ella estiró las piernas cerrándolas un poquito. Sentía la presión de sus muslos sobre mi cara y su respiración muy agitada, entonces emitió un suspiro muy profundo, sentí como su cuerpo se estremecía en lentos espasmos y luego se soltó relajándose plácidamente, después de unos momentos siguió respirando tranquila y muy suavemente como si estuviera dormida. Lentamente llevé mis dedos a mi boca uno a uno y los lamí con fruición saboreando esa densa humedad olorosa y sexual de lujuria condensada rememorando aun en mis labios la consistencia carnal del pequeño capullo tierno abultado erecto y sexual que se erguía en su lujuria condensada.

ROJO INVISIBLE


À la comtesse invisible du haut château

Ahí estaba ella como una esfinge beata y pudorosa, monja de clausura, abadesa inquisidora, feroz persecutora de desvíos, perversiones y plagios, ahí, incomunicada no visible, transparente para el amigo fauno lobo hambriento, sin imagen ni silueta ni sombra, de rojo y sin nada debajo, solo las manchitas en la piel que fue lamida, con las pulseras que se sueñan en los médanos de la lujuria y el anillo que da destellos de luz cuando su mano se aplica a insistentes masturbaciones, las uñas rojo granate repitiendo las oscuras brasas que refulgen en el rojo excitante y violento pero invisible. Inmaterial en su rojo incitante, cortito con vuelos en el ruedo, etérea en ese color de pasión desenfrenada, su cuerpo desnudo frotado con levedad de mariposa por la seda suave y sensual, allí, incorpórea, pero con sus deseos reprimidos, con sus fantasmas y sus trancas, con su ética incorruptible y su vulva ansiosa de dedos lengua verga, de lamidos succiones penetraciones, de orgasmos y mojadas convulsiones. Impalpables, desde los vuelos vaporosos del ruedo se asoman unos vellos púbicos con delicado y coqueto desparpajo, pero es un vana gloria efímera porque nadie los ve, no hay ojos machos que la gocen en su intensidad negada a la fina experiencia del exhibicionismo virtual. A veces también se hace la invisible con un desabillé cortito negro transparente y un short verde suave que deja al aire de su altísimo castillo sus mórbidos muslos pálidos, entonces es imperceptible, oculta en su nueva trama de la jardinería de florcitas y verde pasto como una mantis absorbente succionante carnívora retozando a la espera del macho desprevenido e ingenuo que será su alimento y que se entregará al brutal sacrificio en el dulce ritual del besamanos, todo sea por el arte.