sábado, 5 de marzo de 2016

INCITACION A LA SECRETA DUALIDAD


“Se encienden las sombras interiores. Y escribes para que suceda lo que ansías. Para que se materialice lo que imaginas. Y cierras puertas. Y abres posibilidades. Sin mirar atrás. Buscas en el poema lo que la realidad no te ofrenda. “Saltar de un tejado hasta (su) boca”. Hurgas en el lenguaje hasta encontrar lo que no hallas en los significados desgastados, ni en el silencio de la casa, ni en la indiferencia de las fechas.” Prólogo de Aurelio González Ovies al poemario ‘La Exhibicionista’ de Ana Lamela Rey.

Hazlo, deja entrar a ese macho mediterráneo a tu castillo, que entre en la trampa soñando con su propia trampa, y cuando este ahí ya atrapado en la jaula invisible de tus recatados encantos, juega el ajedrez de la falsa seducción, atrápalo en tu telaraña de muslos desnudos, de piel expuesta, de visiones instantáneas y efímeras de tus vellos púbicos, así como que no quiere la cosa, como algo imprevisto e inconsciente, como breves destellos que lo enceguezcan y no sepa si es un juego del azar o una invitación al pecado. Recorre el día en la intimidad de tu personal territorio solo con ese sensual baby doll de negro satín, nada más, sin insinuaciones explicitas ni implícitas, sin coqueterías obvias ni miradas cómplices, camina, actúa, pasea como una funcionaria ocupada, atenta pero insensible e impersonal. A ese macho sin oleajes ni espumas saladas, engatúsalo con situaciones ambiguas, obnubílalo con una desnudez precaria, mínima, que no alcance a saber si es casual o provocativa, atosígalo con semidesnudos rápidos, de paso, inexplicables, casi misteriosos. Siembra en sus instintos la semilla del deseo desesperado, de la lujuria incontrolable, eréctalo, que tú puedas ver en sus rubores de macho acalorado el efecto de tu presencia insinuante y él la gélida distancia que los separa, que se avergüence del bulto fálico entre sus piernas  cuando tú se lo mires y hagas un mohín de desagrado por su vulgar indecencia. Deja de actuar como una mantis, juega a la vida, atrévete, lánzate a vivir con furor y con fervor, con las ansias últimas de la suicida arrepentida, con el hambre acumulada de la náufraga recién llegada de su isla solitaria, lo disfrutarás te aseguro, ambos sabemos sin decirlo que igual lo gozaras gota a gota como el elixir de la inmortalidad, como el agua quimérica de la imposible fuente de la juventud. Crea ahora los últimos recuerdos que revivirás antes de entrar en la desabrida e insensible eternidad. Y por cierto, nadie lo sabrá nunca, solo tú.  (Y obviamente el suscrito).


viernes, 4 de marzo de 2016

SUSURROS DEL ESCRIBIENTE


No siempre el día era inocente, la noche culpable.
“La Condesa Sangrienta”, Alejandra Pizarnik, 1971.

Mórbida lánguida inquietante, altiva en tus esplendores de nieves y lejanías, yo soñándome dormido a tu lado, como un bebé buscando el útero que lo absorba y lo reintegre a la liquida tibieza original, apegadito a ti en cucharitas con el rígido miembro aprisionado entre la voluptuosa carnalidad de tus nalgas, con mis besos quemando tu nuca y mis manos aferradas a tus pechos como un niño asustado. Porque te extraño me faltan tus palabras y tu exuberante densidad corporal, tu risa de niña pícara y tus tiernas imágenes, las visiones eróticas de tu cuerpo y el delicado fulgor de tus senos por las mañanas. Porque duermo ahí a tu lado adherido a tu vientre, induciendo a la flor de tu sexo a abrirse, a rendir su pistilo a las hambres de mi lengua que lo ataca y lo lame, y me hundo desarmado, laxo, blando en una misteriosa melancolía sexual que como un caudal de ausencias y silencio me deja extraviado en los pliegues de tus sábanas. Escribo, te escribo, te describo como un loco inmerso en la inextinguible lujuria que tú desatas, como si la realidad ya no existiera y pudiera tocarte y poseerte con la palabra ardiente que leen tus ojos, escribo de tu acento, de tu risa y de tu boca, escribo de tus pechos, de tu piel y de tu vulva. Y cuando duermes, escribo, para obligarte a soñar conmigo. Estarás durmiendo aun, y yo ahí besándote despacito... shhh... sé que sientes mis deseos en tu cuerpo como un hormigueo que lo tienta a solitarias consumaciones. Te haces silencio de nieve nocturna, te desvistes en ausencia de desnudes y de ardores, te insertas en la piel quemante del deseo, te escribo sin saber lo que escribo, solo sintiendo lo que necesito escribir. Te escribe la pasión, mientras te evoca y no encuentra más modo ni manera de expresarte que el verso y la quimera que en un renglón quemante se desboca (i).

(i) “Te escribo”, soneto de Blanca Barojiana


martes, 1 de marzo de 2016

REFLEJOS DE MEMORIA


Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. “La Condesa Sangrienta”, Alejandra Pizarnik, 1971.

En la canícula del abochornado estío vago amodorrado por la memoria de esas antiguas tardes donde huíamos de todo y de todos, por tus ternuras que me estremecían en medio del ceremonial de los intensos deseos, por el silencio del amor que persiste oculto e inconsumado como un oro enterrado. Allí donde nos íbamos secretos a transpirar juntitos por los calores del furtivo encierro, desnudos, sudorosos, enviciados en el sabor del sudor en la piel, ese bocatto di cardinale, y el relente de las tibiezas traspasadas que encendían los atardeceres como un anticipo inolvidable de las solitarias noches que iban a venir. Merodeo por aquellos inviernos arropado entre tus sábanas, hundido en tu cuerpo, lento y disperso entre mis labios en tus pezones y mi mano bajo el pudoroso “tuto”. Persevero inclemente en tus contornos difuminados en el espejo que te vierte indecisa, en tus negaciones a entrar en el oscuro túnel que desemboca en tus instintos, te estoy imaginando describiendo escribiendo de memoria, sin una imagen tuya, aunque sea vestida, con la esperanza insobornable que día vendrá en que volveré a delinear tus contornos a ojos vistas y mis manos palpando tus dulces sinuosidades. Recupero aquellas lujuriosas instancias en el reflejo de tu cuerpo en el azogue delineado por las memorias de cierto lugar a ciertas horas de las tardes de los años antiguos, sabiendo que ahora la rosa se abre y se envanece (i), repaso en la confusa urdimbre del tiempo los momentos sin olvido, oculto en la solitaria flor de loto del quieto estanque de tu jardín, y en los colores de los peces inquietos del estanque de mi bosque, que es también un silencioso reflejo del tuyo.

(i) “Dulce soñar”, soneto de Blanca Barojiana


domingo, 28 de febrero de 2016

VICIO AL ROJO VIVO


Para Susymabe

Deliciosa hembra madura, con el dulce sabor del otoño en las uvas del deseo, miel otoñal, trigo maduro, voluptuosa y carnal, hoguera donde arden las lujurias en sus brasas incitantes, donde brotan instintivas erecciones de glande reluciente invocando lechosas masturbaciones provenientes del goce imaginado a la vista de la roja instigación, de la pálida piel en su provocativa semidesnudez, del envidiado colgante incrustado entre esos ampulosos pechos, de esa exuberante tetamenta donde hundiría mi rostro sediento hasta ahogarme de esa tibia carne abundante aferrado succionando los ocultos pezones, de los eróticos pliegues del vientre, esa carnalidad generosa que llama a verter ahí los chijetes de semen caliente, de los muslo, las piernas, los brazos, los senos y su canalillo, del suave cabello desgreñado como de una fiera insaciable. La espío ebrio de la sonrisa coqueta, incitante y juguetona de la femenina fiera que se sabe deseada hasta el vertido seminal, la espío mateando, sorbiendo con sus labios chupones la bombilla que mi miembro envidia, la espío cuando me regala la visión deliciosa de un pecho desnudo y su breve pezón rosadito, la espío con mi mano apretando y frotando mi falo endurecido hasta brindarle el sexual homenaje de una copiosa eyaculación. Sé que alguien la muerde, la acaricia, la penetra, la posee en salvajes ritos de cópulas o succiones, entra furtivo en su atardecer y se escapa sigiloso en el inicio de su noche dejándola saciada, untada y chorreada de su densa leche viril, pero no me importa pues así quiero poseerla, toda mojadita y jugosa para mí.


viernes, 26 de febrero de 2016

INCIDENCIAS CASUISTICAS ALEATORIAS


“Nunca dije que me calentaba. Otras cosas sí, por ejemplo la lectura”. Anónima deseada.

Habito tu incertidumbre, asustado y deseoso, huyo de tus tentaciones y de tus capturas, de lejos sin tocarte te poseo vibrando sobre la suavidad lúbrica de tus muslos, contando uno a uno tus vellos púbicos, definiendo una íntima y personal astrología para las constelaciones de tus manchitas lunares, sin delatarme, sin los roces húmedos del sexo desaforado de los atardeceres sin lluvia que esperan las embarcadas luminarias imaginarias, fugado de penetraciones que después urgen tus furias incomprensibles del día después. Un conocido filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman una "sustancia silenciosa", la de este subsuelo es maléfica. Allí fui aterrado de tu voracidad insaciable de monstruosa y excitante mantis religiosa, sujeto a la bifurcación que se abre en la noción de pura y esencial lujuria y en la perspectiva de hembra indómita jamás atenuada en sus rigores y recatos. Si el acto sexual implica una suerte de muerte, (…) necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo. Desde las seguras distancias del terror, insaciado de tus piernas, de tus pelitos, y de tu piel entibiada en tus propios deseos, voy acercándome en verbos y acechos, inofensivo, manso, hambriento de ti, sin arriesgar nada más que palabras, vanas y evanescentes palabras. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa. Lamo sin lamer tus paralelos labios verticales, los saboreo ebrio de su sal y su jugo, susurras secretos quejidos, yo distante relamo tu brebaje de mis labios viciosos. Y nos seguimos buscando ambos culpables, victima y victimaria, tímido fauno que sabe que ‘la rosa, si la tocas, se marchita’ (i), y egoísta mariposa que revolotea liberada con su ‘pena interior que nada necesita’ (i).

Notas.-
- En cursivas, breves fragmentos de “La Condesa Sangrienta”, Alejandra Pizarnik, 1971.
(i) “Intimo”. Soneto de Blanca Barojiana, 2016.


INTENSIDAD DEL REENCUENTRO


“Pero no quieres amarme, los espejos están sin luz, sin responder”. Κασσάνδρα

(Una voz acusa un desamparo, —Tú me hiciste a tu manera y ahora me quieres tirar al olvido…). Sé que me encuentras en todos los espejos, aunque te escabullas y me niegues, aunque evites tu reflejo o cierres tus ojos, igual ahí están mis ojos espiándote, al acecho demencial del fauno que se enreda en tu negro pelo, que se escurre como larga y lenta caricia por las tibias comarcas de tu piel, que te posee integra en la cópula incandescente de sus sueños. Sé que lo sabes y que lo sientes en tu piel desnuda, en los más íntimos pliegues de tu cuerpo, en la densidad voluptuosa de tus poros y en la profunda humedad de tu sexo. Otra vez atrapado entre tus senos, anegado en tu vulva, ardiendo de erectos deseos de tu cuerpo con el ardor incrustado en tu piel... otra vez. Siempre ahí, en los espejos que te miran con intensos deseos mientras te duchas, te peinas, te miras a ti misma en el azogue voyerista y te sientes observada desde lo más oscuro de mis instintos. Y seguiré permaneciendo en ese lecho tuyo donde nos sueñas amándonos con salvajes lujurias y tiernos mimos, entre esos femeninos cojines y ese triángulo que apunta al paraíso soñado. Y en el vidrio de la ventana que da al mundo ajeno a nosotros el paisaje nevado nos espía, y derretimos las nieves de tu gélido invierno de 12° F con los ardores de este tórrido verano de 30° C. Es tu voz que enciende los maleficios de la esquiva lascivia que florece impúdica entre tus piernas, que palpita entre tus pechos, que se eleva desde la puntita de tus pezones, que yergue mi virilidad y la endurece a tu lasciva voluntad de hembra exuberante que espera ser poseída hasta el grito. (Otra voz niega el pecado, —Tú entraste en un silencio que yo no entendía, desapareciste, pero como siempre te esperé pacientemente, hasta este hermoso e intenso reencuentro…).


(RE)ENCARNACIONES


Y ahí nos vamos (i), tal como nos soñé tantas veces rígido por las noches sin luna, tú relajada y placentera con tus ojitos cerrados soñando que te hacías la dormida, y yo como un sátiro salvaje y desatado afanando en tu cuerpo con los desparpajos del macho que se sueña consentido y libre para consumar en la hembra de sus deseos sus delicadas perversiones y sus intensas lujurias. Ahí adentro en tu profundo, desde el borde del corazón insomne que palpita enamorado hasta ahí afuera de mis pulsiones, en el tenso y rosado extremo punzante que palpita hambriento. Estrujé tu cuerpo con las lascivas y lúbricas vehemencias del fauno desesperado que te persigue escondido en los rincones del atardecer, lo cubrí con el mío como un macho cabrío para romperte los muros de tus inciertas vagancias por tus prohibidas latitudes sexuales. Besé lamí penetré tu carnalidad florecida húmeda abierta, deshojada y ansiosa, vertida en lecho desnuda, receptiva anhelante, por socavar integra y profunda, y devinieron los éxtasis latiendo hacia adentro de tus entrañas y derramándose desde mí denso profundo. Atardeció luna sobre tus rosas y fuimos a soñarnos porque tenía sueño de ti y quería dormir en tu perfume suspirando agradecido por la amorosa esperanza de nuestros encuentros en las vidas sucesivas. Tú generas el deseo de escribir, musa inalcanzable, y no temas, porque nunca te alcanzaran los años de la dorada vejez porque mi memoria te guarda incrustada e inmune al tiempo en los cristales de la oscuras lujurias, entre besos atrevidos y el sublime color de las dalias. Sé que un día, no importa en que vida, me cobrarás uno a uno estos verbos, por eso otras veces te sueño a mi lado, tierna y asexuada susurrándome bajito al oído: Dame un beso. Tan solo dame un beso ­—no pido más, apenas poca cosa— que inunde de rocío la oculta rosa interna que desmaya de embeleso (ii).

(i) “Si Nos Dejan”, bolero de José Alfredo Jiménez
(ii) “Beso”, soneto de Blanca Barojiana


sábado, 20 de febrero de 2016

LA DALIA INQUIETANTE


(Detallada descripción del descuento)

Tu piel morena por el beso solar sobre tu pudorosa desnudez, tu mano con sus breves metales en jarra sobre tu cadera como una diosa imposible y poderosa, los ojos ocultos detrás de los oscuros espejos, los finos oros encadenados acariciando con dorada levedad tu cuello, el halo de pálida piel en el borde expuesto de tus pechos ampulosos donde el sol no besó, el marcado canalillo donde mis labios se sueñan surcando esa tibia obsesión, los tres pequeños abalorios que cuelgan gozosos al final del surco entre tus senos limitando la voraz mirada edípica del embrujado, tus cabellos tomados hacia atrás como una Eva en el balcón de la historia y no ensortijados como en el lecho donde nos sueño consumando nuestra íntima historia, el rictus serio de tu boca, el rosado suave de tus uñas, las curvas llenas de tus pechos y las curvas sinuosas de tus caderas, la lisura de tu abdomen y la suavísima comba de tu vientre, los pliegues de tu piel en voluptuosa madurez incitando la caricia impúdica, el beso mordido y el ensalivado lamido, el brevísimo triángulo desnudo del borde superior de tu muslo que asoma en el límite inferior que niega tu pubis, tu cuerpo todo deseado hasta el dolor bajo la sensual dalia que me remite a imaginarte  en ese color que he perseguido por los años hasta encontrarlo en ti como en un sueño que había de cumplirse, las cintas paralelas de los breteles que bajan desde tus hombros hacía tus senos exuberantes, y sigo… ahora imaginando lo que no veo, tus oscuros pezones, tu ombligo, el oscuro triángulo mayor inaccesible y negado de tu pubis, y retorno una y otra vez al inicio del ciclo sexual que me tiene atrapado: Tu piel morena por el beso solar sobre tu pudorosa desnudez (i)…

(i) “La Dalia Inquietante”, R. Franquesa.

domingo, 14 de febrero de 2016

NEGACIONES


« Je sers à te chauffer seulement. »

Niega que te gusta exhibir tus piernas tus muslos tus pies tus ingles y tus vellos púbicos ante los lejanos ojos del vicioso fauno que te acosa con tímido desparpajo mañanero, ese perverso voyerista que te incita y provoca a romper tus pactos de musa romántica y desatar los nudos que retienen y coartan tu sexualidad escondida. Niega que te excita mostrarte hembra y semidesnuda de una manera misteriosa que no respeta tus pudores inclementes y tu recatos de esfinge impalpable, que imaginas mi mano onanista rindiendo culto a tu piel en el rito ancestral del macho solo. Niega que en el bochornoso calor de las mañanas, en esa humedad encerrada en tu densa altura solitaria, en la sensualidad de las sábanas rozando tu desnudez, te estremeces en el presentimiento de mi fálica excitación, en su ardiente vertiente que se derrama y escurre sobre tus piernas tus muslos tus pies tus ingles y tus vellos púbicos dejando eróticas cicatrices de la quemazón y del delirio. Niega que miras el cómplice espejo y lo piensas avergonzada pero sin atreverte a los impúdicos reflejos, a mostrarte más allá de lo que te permites, a volcar en el azogue tu lujuria atada a los antiguos remilgos y que yo te vea entera desnuda y me hunda en un éxtasis insoportable aunque sea negada siempre la amapola perturbadora que late nocturna en su hambre carnal allí abierta en tu pubis. Niega que este desvergonzado juego te encanta, te inquieta, te estimula, te deja respirando agitada, nerdioza [sic] por el pecado cometido, pero sigues como yo enviciada en su goce primitivo y perturbador.


SOÑACIONES


El deseo no es lo que ves, sino aquello que imaginas. P. Coelho

Sueño tocarte, y ha de ser quizá mi última obsesión, porque allá en el sur lejos había un río que para mí tenía tu nombre y era otro río de bosques de ulmos florecidos en sus reflejos y rápidos róbalos y plateados pejerreyes que deletreaban tu nombre en sus lentas aguas incesantes. De hecho me fui a dormir y a soñarte a la luz parpadeante de una vela, en su íntima penumbra y su caricia, a soñarme naufragando ebrio en tus íntimos y húmedos territorios, y dormí entre ti abrumado de tus aromas y tus sabores de dulce fruta madura. Como allá donde ti ya es noche cuando acá donde mí aun atardece, inicié mis persecuciones de lujurioso perseguidor apenas cerraste tus ojos y dejaste tu recatada realidad para sumergirte en la plenitud de tus deseos pendientes o inconclusos, y yo pescador nocturno deslicé mi mano ardiendo entre tus muslos desde tus rodillas muy juntas hasta el vórtice donde palpita la húmeda rosa escindida, dejé que mis labios hicieran cumbre en tus pechos y con edípica voracidad calmé mi sed de ti en las sensibles alturas de tus pezones, y entrecrucé mis piernas con las tuyas atrapándote en la sexual trabazón de carnes incendiadas para dejarnos disolver gota a gota en el caudal de las lujurias de las cópulas incestuosas que hemos soñado con pervertidos detalles cada uno en su lecho vacío. Sueño rendirte solo con la intensidad del deseo que brota de tus propias entrañas y te desborda el insomnio en la ardorosa oscuridad mientras tus manos afanan impuros delirios sobre tu sofocado cuerpo anhelante.


miércoles, 10 de febrero de 2016

LA ROSA NIVAL


Para Κασσάνδρα

Por las congeladas mañanas, los albos atardeceres y las gélidas noches perseguiré por los cubiertos caminos la esencia de tu perfume, tus huellas de mujer deseada, tu silueta recortada en la sábana de la fría grama dormida, la persistencia de tu sabor de hembra excitante, de lejana y cercana amante cómplice y complaciente, incondicional de exquisitas perversiones y románticas  instancias. Arropada en tu lecho vuelas en tus sueños a los calurosos veranos de tu exuberante juventud, a los años felices en el humedal de tu voluptuosa madurez, a esa cálida sensualidad que sentías en tu piel cuando en el bochorno de las tardes el agua fría escurría por entre tus palomas, por tu vientre, por tu nido enjugándolo de frescura. En el blanco e impoluto paisaje nevado, urgentes tus delicados pezones se erectan sensibilizados por la lujuria dormida en el silencio de la nevada nocturna. Mientras caen los copos con lenta persistencia la medianoche enciende su fuego en tu cuerpo bajo la intensidad del deseo y te imagino en medio de las ventiscas, soberana de tus tiempos y de tus ansias, dueña absoluta de tus estremecimientos carnales. Ahí en la nieve, en medio de su helada albura florece la rosa encendida que esconde la tibieza de tu pubis, sostenida en su flagrancia por los ardores de tus deseos derriten los mínimos cristales hexagonales como los deshielos que vendrán cuando vuelva la primavera. Me sumerjo entre tus senos buscando el calor en medio de tu invierno, me deslizo por tu ardimiento de aguas tibias ebrio de tus aromas hasta alcanzar los húmedos pétalos de esa preciosa rosa que florece nival y caliente entre tus piernas.


martes, 2 de febrero de 2016

SOBRE 30° C


“Un calor de locos... he optado por desnudarme, nadie me ve...”. G.

La imposibilidad es mas inspiradora que la consumación, aunque nunca volvamos a tocarnos te seguiré deseando y buscando y esperando por ti, por tus imágenes en el espejo, por tu voz en el bosque... sabiendo que tu también me deseas. El calor quema el aire y la piel, y las lujurias arden en sus fuegos soterrados, hay pequeñas gotitas de sudor perlando en la piel, lubricando tu cuerpo en su sublime desnudez, un vaho cálido se eleva y se dispersa por tu ámbito más íntimo desplazando el húmedo bochorno de la tarde incendiada. ¿Qué metáforas cautivas habitaran entre tus piernas? ¿Qué poema verterás cuando te excitas y te abandonas al pecaminoso juego solitario de tus dedos cómplices? ¿Qué turbios y delicados sabores guardas virginal entre tus muslos? ¿Qué aromas carnales exudas cuando te revuelcas en el lecho en la desesperación de la hembra invadida por los ardores del deseo? Como un obsesivo y libidinoso escarabajo me escabullo por tus axilas y tus ingles, entre tus glúteos y en los pliegues bajo tus senos, bebiendo succionando lamiendo el denso brebaje dulzón de tu transparente sudoración. Sientes en tu cuerpo desnudo, en tu piel abierta a las sensaciones, el suave y fresco roce de las sábanas, la tenue fricción de la tela en tus pezones, en tus vellos púbicos, en tu vientre sudoroso, en tus pechos ya sensibilizados, en tu canalillo por donde quizá escurre una lenta gota de sudor. Todo resuma un abrasador aire sexual, el humo caliente de un libidinoso incienso brota de ti, mi miembro es una brasa que quema mi oleosa mano onanista, todo hierve en el sopor de la canícula, todo, excepto mis ojos congelados en la luna de tu espejo.


lunes, 1 de febrero de 2016

QUIETO PAISAJE CON PELITOS


«Je tolère heureusement bien la chaleur » La Comtesse.

La serena claridad que se refleja en las blancas paredes llenas de luz mañanera, el atrapasueños cargado de tus sueños secretos, el edredón de pálidas y tenues florcitas, los nítidos colores que exaltan lo erótico, el oscuro rojo intenso de la mullida toalla, una tela verde claro, maderas y flores y frascos, la puerta del baño entreabierta, adentro el espejo, acá el negro sillón vibratorio, quietos objetos que rodean inmóviles la palidez de tus piel en su inquietante desnudez. La mórbida largura de tus piernas se inicia en la mata oscura de tus vellos púbicos, sigue por el voluptuoso surco cerrado que las separa, y remata allá en medio camino al horizonte en los sensuales rubíes de la uñas pintadas de tus pies. Tus muslos, tus rodillas, la curva deliciosa de la pantorrilla, los pies cruzados, los contornos nítidos del triángulo carnal que forman como una marmórea escultura inconclusa. Las manchitas lunares esparcidas en la carne trémula, la excitación y la lujuria, el recuerdo de las manos sobando con sexual ternura tus turgencias y los labios allí donde las bocas hambrientas de ensalivados besos culminaron el largo acecho, el aroma de la champa de pelitos que persevera en la memoria olfativa y los sabores que esconde que persisten indelebles en los íntimos resquicios de los goces vividos en ti. Pero todo, los ojos, el deseo, las ansias, la excitación, converge confluye desemboca en ese tríptico lascivo, en el borde inferior de las imágenes, en el primer plano cercano, donde asoma tímida e impúdica la mata incitante de tus ricos pendejitos. Agradecido.


domingo, 31 de enero de 2016

LOS DESEOS Y LA ESPERA


Para G., huidiza

Te atreverás una noche a desnudarte en la penumbra hasta donde tu tierna impudicia te deje y enfrentar el azogue del espejo sabiendo que desde el otro lado te observo hirviendo en tus mismos deseos y será la entrega soñada anhelada esperada de la doncella esquiva al sátiro vicioso, será el destello y el éxtasis, la consumación visual de la anhelada cópula imposible. Pecarás de lúcido exhibicionismo para hacerme pecar de masturbador voyerismo, invocarás las lujurias perdidas de los años vanos y de los atardeceres inconclusos, pagarás la deuda que dejaste escrita de propia mano en mi piel incandescente hace tanto tiempo que solo recuerdo la perturbadora sensación de poseerte, provocaras la erecciones que me debes y sus respectivas vertientes, saldarás los débitos de tu ausencias en tantas primaveras vacías. Percibirás estremecida en tu cuerpo expuesto allá en tu íntimo ámbito los pecados concebidos en los atardeceres desamparados cuando te desnudo en solitario como deshojando una rosa imperiosa, mi boca en tus pezones sensibilizados por las ansias, mis dedos en tu vulva humedecida por un hambre salvaje, la lenta y suave penetración de mi verga irrumpiendo endurecida en ti, el frote incesante, el vaivén del coito como un oleaje que te mece en sus aguas sexuales, el estertor del macho que te cubre, la derramada eyaculación inundando tu sexo de esa lava caliente que te arrastra al sublime delirio final del orgasmo que sueñas en las noches desnuda ante el espejo. Expiarás así las sucesivas negaciones de concederme la mágica visión de tu dulzura de hembra escondida.


viernes, 29 de enero de 2016

NO HAY…


Pour la muse de la pilosité obscure

No hay senderos que lleven a tus muslos, a la champa oscura de tus vellos púbicos, al nítido contorno de tus piernas, a la incitante cercanía de la mariposa corazón, a la sensualidad cohibida de tu piel, a la humedad contenida en el cuenco de tus deseos, a la Y cerrada que se pronuncia entre tus piernas, a la comba sugerente de tu pubis, a la olorosa palpitación de tu vulva. No hay caminos hacia ti que no serpenteen por el acantilado de tu pudorosa vergüenza, del oleaje de espumas que niega tu plena desnudez, de la altura donde te escondes en la soledad ardiente que carcome tus eróticos insomnios, de tus sueños censurados de urgentes cópulas e impúdicas masturbaciones, de tus sexuales estremecimientos retenidos en las redes del recato, de tu continua negación a abrir la rosa que palpita en tu turbadora bifurcación. No hay rutas que acerquen a tus voluptuosas intensidades, a las comarcas donde tu perfume persiste en la lujuria de las tardes sin lluvias, a los territorios de tu cuerpo exultante de sirena invertida, al horizonte constante de tus pies allá lejos, a la íntima selva que escondes apenas en tus deliciosos y obscenos coqueteos visuales. No hay atajos que den a tu boca ansiosa, a tus labios que succionan hasta los desatados destellos del goce y su vertiente, a tu lengua que lame describiendo los breves círculos envolventes de los fálicos placeres, a tus manos insinuantes que aferran aprietan frotan hasta más allá del momentáneo celibato y la hedonista continencia. No hay mapas que muestren como cercarte y poseerte porque has ido borrando obsesionada y sucesiva todas tus huellas.


OLEO DE MUJER RE/POSANDO


“La única verdad que puedo escribir es la del instante que vivo. Acaso el verdadero libro sea este diario en donde trato de anotar la imagen de la mujer de la tumbona en las distintas horas del día, tal como la voy observando al cambiar la luz”. Si una noche de invierno un viajero. Italo Calvino, 1979.

En el vértigo del abismo que va de la provocación al ensueño no me canso de mirarte, disfrutarte, gozarte, fascinado de verte ahí, allá por los rumbos de las aguas y las montañas, inserta en el verde de los sauces, del pino oscuro,  de la vegetación salvaje, de la grama, de los roqueríos graníticos bajo ese lujurioso sol implacable que acaricia subrepticio tu pantorrilla. Recostada lánguida y sensualmente perversa, de cuerpo entero semidesnuda en el fucsia que persigue el matiz de las dalias, tu piel morena entibiando el paisaje, la largura mórbida de tus piernas desnudas como tus brazos, el escote inquietante como la tierna obscenidad de mi edipica obsesión, pero es en los fragmentos pálidos de tu pecho y tu ingle donde mi deseo fulgura en sus destellos de rojos incesantes. Allá los insistentes arreboles que te cercan, acá la rosada flor encantada en la incandescencia de mis dedos, mis manos extraviadas en la sensual plenitud de tu cuerpo maduro expuesto a mi lujuria callada, contenida, casi secreta. Y sin querer mi boca se va deslizando en breves mordiscos desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mi boca, y sin querer mis labios se van besando en breves besos succionantes desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mis labios, y sin querer mi lengua se va lamiendo en largos y lentos lamidos desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mi lengua carnívora.


lunes, 25 de enero de 2016

HABITANTE DEL ESPEJO


Para G.

“Ni la sobrante sugerencia ni las mutaciones de las eras, logran escindir el destello del cristal de su procedencia.” Sierpe de Don Luis de Góngora. José Lezama Lima, Junio y 1951.

Cruzan y se desgranan los años en su vorágine inevitable, nos desgastan, nos someten a sus aconteceres y nos van derrotando uno a uno, pero tú persistes inevitable reflejada en el ovalo de ese espejo, donde habitan tus pechos que mis manos acariciaron sedientas esas tardes de íntimas locuras, bajo en negro gris casi transparente, tu vientre y tu pubis que mis dedos recorrieron extraviados en el éxtasis en antiguos atardeceres irrepetibles, bajo en tierno rosado de tu camisola, tu rodilla desnuda que acaricié vehemente en la cómplice y pretérita penumbra, como un sensual llamado a estas tímidas lujurias que me disgregan como un polvo dorado por los resquicios de tu cuerpo negado, ahí moras en tu lecho inexpugnable entre los azules lirios del Van Gogh y el edredón de la miríada de tiernas florcitas. Habita palpitante tu imagen en ese suave difuso que la hace más dulce, más lejana, más imposible, pero igual deseada hasta el tormento, y beso el tibio canalillo como si cayera en el abismo de tu leve perfume que se evapora en la medida que te sueño o deseo u observo en la lisa luna biselada del espejo. Y tus estilizadas manos danzan sobre el artilugio que te reproduce, te fija y te envía a mis ojos en acecho. Permaneces eterna en el azogue desde donde me excitas sutilmente, donde eres la misma en la levedad de tu ser evanescente y sexual, donde brota la urgencia de volver a estar ahí donde mis manos estuvieron, porque te imagino frente al espejo mía absoluta, y porque nunca nos dejaremos de soñar, nunca, y yo te seguiré siempre esperando, siempre.


viernes, 15 de enero de 2016

ESPERO

Pensando en G.

Espero pacientemente tu sonrisa lunar en la luna del espejo, tu imagen hierática y distante, imperturbable, la delicada dulzura de tus ojos y de tus manos, el tenue resplandor de la piel de tus muslos o de tus hombros, y porqué no, quizá tus pálidos pechos soleados como alguna vez inolvidable, verte vestida con tu pudor ancestral de mariposa nocturna que niega cualquier entera desnudez, o verte desnuda inmersa en la etérea lascivia con que me inundas de oscuros deseos, de perturbadoras perversiones imaginadas, de una amorosa complicidad secreta, sutil, casi transparente. Y sigo esperando acceder al lúbrico tesoro de las impudicias que crecen en tus más profundos laberintos como lujuriosos musgos encantados, el roce pecaminoso de otro cuerpo como el tuyo, la impura marca de unos labios vedados en tu pubis de hembra incierta, la lánguida persistencia de unos sáficos dedos enredados en los pétalos de tu vulva inconclusa, en fin, esas intensas obscenidades que sueñas en la soledad de tu venusterio cuando te dejas llevar por los cauces de lo prohibido y fluyes por tus antiguos instintos libre de tus dolientes y púdicas negaciones. Y seguiré esperando sometido a que te atrevas a cruzar las ciénagas donde florecen tus ocultas y ambiguas depravaciones, los tiernos vórtices del vértigo de tu misteriosa seducción que me ha atrapado por años y años en la espera quizá inútil de reunirnos en la húmeda obscuridad que nos invoca, donde confluyen nuestras pequeñas depravaciones, nuestros íntimos gustos escondidos, la espera anhelante de la inmersión absoluta en nuestras verdaderas sexualidades, juntos, unidos en el dolor de no vernos, como en el eterno y gozoso coito sagrado de la ceremonia de ese culto secreto y sacrificial del que eres al tiempo oficiante y divinidad y profanadora y víctima (i).

(i) Tomado y muy levemente modificado de “Se una notte d'inverno un viaggiatore”, Italo Calvino, 1979.


jueves, 14 de enero de 2016

MIENTRAS TU DECIDES YO ESCRIBO


Pour Elle, la muse essentielle

Tu verás si dejas pasar el tiempo día a día lentamente, o año tras año en sus fugaces destello casi instantáneos, tu verás si te marchitas como una pequeña flor invisible esperando la caricia tierna y romántica del inexistente príncipe dibujado en tinta azul sobre los vidrios vacíos o en el espejo del silencio, esperando que un día imposible un macho eche abajo la puerta de tu dormitorio y te viole a zarpazos sobre el lecho destrozado entre gritos de gozoso dolor y brutales sudores sexuales. Lo que es yo, voy a imaginarte a destajo, sin límites ni censura, porque te convertiste de una manera misteriosa y lúdica en soberbio referente sexual, así tal cual. Como que el sutil juego de coqueto erótico que jugamos cada uno en su caverna, las charlas con doble o triple sentido que compartimos de vez en cuando, las coquetonas e incitantes inspis (sic) mañaneras que espero ávido cada mañana solitaria, son los primitivos ritos de una ceremonia que no une en una delicada y cómplice trama de perversión. Y es que una sola visión de tus muslos, tu pubis, tus ingles, o tus pendejitos, me insta a escribir desaforado como una bestia en celo, como si estuviera en tus alturas, con chocolate menta y campanarios, y las palabras escurren densas y calientes intentando (re)seducir a la amiga cómplice, pudorosa, beata, recatada, que no necesita sexo sino amor, solitaria hasta la desesperación, para decirle entre soeces metáforas que cuando no está me falta su cercanía incitante, su intensa presencia erótica y su siempre inquietante mariposeo. Tu sabrás si te decides por la cópula imaginaria con un consorte pintado en añil, o por la grata masturbación compartida en tardes minuciosas, o te quedas orgullosa con la sed que no se sacia mas que en el juego lujurioso de los cuerpos sudorosos, tú sabrás.


martes, 12 de enero de 2016

SURGENCIAS AL ATARDECER


Mientras te espero en mi crepúsculo que ya se inicia me voy disolviendo en sus variaciones de sombras y penumbras, me voy encendiendo en los infinitos matices del rojo o del anaranjado atardecido. Huelo absorto en la espesura del deseo tu perfume de rosa inconclusa, el ácido aroma de la piel fragmentada e incompleta. Me arrancharé en el nido de tu escote todo el ocaso para que me sepas tuyo ahí entre tus pechos soberanos, sumergido en tu mórbida tibieza, aferrado succionando tus pezones como un vicioso sediento mientras sigo oyendo tu voz en su susurro más allá del vicio diciéndome al oído las palabras de nuestros lúbricos códigos prohibidos. Y te impregnaré de mis besos impuros ya nocturnos cuando en tu lecho comiences a desgranar tus deseos atrapados sin consumarse en los resquicios de las vagancias del día, percibiendo el olor de tu pelo incrustado en tu almohada, la tibia marca de tu cuerpo en las sábanas revueltas por las ansias truncadas. Pasado el crepúsculo y entrada la noche me soñaré esperando a que te duermas para ir calladito y echar hacía atrás la sabana y después subir muy despacito la camisola y luego mirarte bien tus vellos púbicos uno a uno, olorosarlos, rozarlos muy levemente con un dedo, con la punta humedecida de mi lengua pecadora, y después levantarte más la camisola, más arriba del cuenco sensual de tu ombligo, y punzarlo con profana levedad con la misma punta de mi pecadora lengua humedecida y luego sentarme a esperar que te des vuelta y sigas durmiendo bocabajo, ahora desnuda, para palpar con mis manos sin tocarte, las curvas salvajes de tu espalda, de tu cóccix, de tus nalgas, de tus muslos, de tus pantorrillas, de tus talones, y repetir el lascivo periplo una y otra vez hasta que ladren los perros en la desesperación de la madrugada.


domingo, 10 de enero de 2016

EL JUEGO FURTIVO


Pour la Comtesse de son voyeur lointain

Es el juego secreto del lúdico intercambio de imágenes por palabras, de la visión incitante de la mariposa corazón por los osados verbos de mi lujuria desatada, por la gracia del deseo del que mira y el garbo en desparpajo de la que exhibe su breve desnudez urgiendo e imaginando los lúbricos deseos. Y se revuelve la memoria de esas escasas tardes sin lluvias en que los cuerpos llegaron a tocarse con las vehemencias y las locuras de dos náufragos que se encuentran en la soledad de sus íntimas islas solitarias, buscando los mínimos detalles corporales, las sensaciones que abrieron los intersticios del goce, las visiones que se quedaron tatuadas en la piel de la lujuria, los sabores y los aromas irrepetibles que dejaron el resabio de dos sexualidades que se trabaron para siempre más allá del orgasmo y la eyaculación. Porque tú me anegas de deseos con tus muslo con pijama tapapelitos, tus muslo al rojo vivo, con champita peluda, tus muslos riquitos en raso granate oscuro y con pelitos, tus ricas piernotas entre anaranjado y gris perla, con manchita pero sin pelitos, tus deliciosos muslos con calzoncito negro y pelitos en las ingles, para dormir erotizado. Y yo te abrumo de las eróticas prosas urgentes que destila mi lascivia, y me deslizo al borde de lo porno, de lo obsceno, y te incito y excito desde mi guarida de escritor furtivo, e imagino más de lo que me muestras y más de lo que veo, y las palabras fluyen densas, calientes, chijeteadas, como en una deliciosa, intensa e incesante eyaculación mental.


sábado, 9 de enero de 2016

AL CALOR DEL MEDIODIA


- Aun no me visto, estoy desnuda en la cama y con ventilador
- Uf… piluchita?, eres cruel…
- Sí, todo el rato, incluso cuando me llamaste

Ella, la musa desnuda sobre la cama en la altísima soledad de su castillo, el ventilador gira envolviéndola en su fresca brisa que la acaricia impúdica, que se desliza por su piel y las lunares constelaciones de sus muslos, que roza sus vellos púbicos como las yemas de unos dedos lascivos, ella allí desnuda devorada por los deseos del que la imagina aun sin saber de su provocativa desnudez secreta. Ella oye una voz que la persigue en un eterno acecho de tímido seductor distante, que la arrincona en los oscuros rincones de sus instintos, y se resiste, y se rebela, y se deja seducir un poquito, y goza de ser la deseada en el húmedo calor del mediodía, de ser gozada así  desnuda sobre la cama en la altísima e inexpugnable soledad de su calcinante castillo. Él imagina esos muslos imponentes como la entrada al paraíso, los pelitos olorositos a hembra, el ombliguito para meterle la lengüita, el pezoncito dormilón, la piel perlada por el bochorno del calor enclaustrado, la carnalidad impura que florece esplendorosa entre los lirios erectos de la lascivia. Él percibe esa intensa voluptuosidad del pudor extraviado en el calor bochornoso, la piel perlada por el leve sudor, el misterio de la rosa envuelta en su vaho sexual, sus pétalos humedecidos, el oscuro musgo que la esconde, la plena incandescencia del deseo, percibe la maja desnuda esperando imaginando soñando deseando, atada a sus intransables recatos. Ella mira su desnudez impúdica y se excita soñando unas manos que la pervierten, que la manosean chapoteando en el tenue sudor de la canícula. Él delira fantaseando con esa desnudez impúdica y se erecta soñando sus manos pervirtiéndola, manoseándola y chapoteando en esa piel por el tenue sudor que la lubrica.


OLEO DE BARONESA SOBRE GRISES ARENAS


(Con licencia poética pero con el respeto de siempre)

El calor de las ardientes arenas grises sube por sus pies desnudos, sus piernas, sus mulos, abrasan su pubis y sube por su vientre, inundan de fuego su ombligo y sube abarcando sus pechos hasta incendiar sus pezones y sube por la palidez de su cuello y sube para ruborizar sus mejillas de sonriente y elegante dama con la blanca sombrilla en su extensa y soleada playa solitaria. De pie sobre las grises arenas donde se recorta su silueta de sirena o nereida, su cuerpo maduro vestido de rosado en sus muslos incitantes, de negro y rojo en una trabazón caótica que delinea la mórbida tentación de sus caderas, y la punzante voluptuosidad de sus senos. Ella incrustada feliz en las franjas paralelas del gris claro de las arenas bajo sus pies, del gris oscuros de las arenas donde el mar intenta tocarla con su lujuriosa marea, de los matices del azul marino, del las albas olas que la persiguen, del lejano púrpura del farellón costero y del suave celeste cielo allá arriba en lo más alto del paisaje. Y la repite su sombra como una estatua horizontal desnuda ante un horizonte de celeste cielo y azul de mar, y los albos oleajes intentan alcanzar a tocarla, a acariciarla, a poseerla en el ardor de las arenas y en la tibieza de su cuerpo palpitante. Ella radiante y alborozada en su playa donde sueña sus sueños de gaviota en libre vuelo, ella dejándose desear por los sumergidos peces sometidos a su encanto y por los reflejos del sol en las olas que besan la sal de su boca, ella desde siempre deseada y para siempre imposible.


martes, 5 de enero de 2016

LA MEMORIA EN EL ESPEJO


Para G.

En el muy antiguo espejo te reflejas con la dulce nitidez de la memoria, de tu recuerdo plácido que se incrustó en mis deseos como algo que es al fin, pasado tantos años, irrecuperable, tu delicada sensualidad que se despliega como una tímida flor nocturna, tu encanto de etérea dama mariposa, tu sutil coquetería con la que juegas con mis deseos de retraído escarabajo, la diáfana sonrisa de la que bebí tus besos en un ayer desbordado de sensaciones y emociones que dejaron imperecederas cárcavas en mis sueños de ti. La luz de la lámpara es un sol que amanece en la intimidad de su ámbito inexpugnable de esfinge sentada en el borde del lecho donde sueña (sin atreverse a vivirlas) sus secretas ansias de volver ser lánguida hembra en mis brazos como en ese antes cuando nuestros caminos se enredaron en la tenue trama de felicidades y cercanías que nos deparó el destino. El ovalo vertical te repite coqueta y tierna, deseada para los besos de lenguas entreveradas, para las impúdicas caricias en la penumbra, para la sensitiva cópula que nos impregnaba de nosotros. Y en la evocación fugaz de verte cercada por el biselado del cristal en el territorio del rojo carmín, palpo otra vez la plena madurez de tu cuerpo nunca completamente desnudo salvo en el roce y la caricia, la tersura de tus pechos excavados en mis manos, mi mano ahí en tus rodillas, en tus muslos, en la largura suave de tus piernas, mi boca ahí en tu hombro desnudo besando lamiendo humedeciendo esa piel negada a los último goces de las últimas vendimias. Me quedo extasiado, hambriento de tu carne tibia y sediento de tu íntimo néctar, mirando en el azogue esa tu boca que bebió de mi lujuria, esas tus manos que se deslizaron por mi piel encendiéndola, y ese cuerpo frágil que poseí embelesado en esas tardes del recuerdo que refleja impenetrable el espejo.


domingo, 3 de enero de 2016

STAALD… TDMDLQP… BPTL… TDPL… CTTLL


Me sonrojo y te cohíbes entre decodificaciones de siglas incandescentes, bajo la tentación de la rosa incitante, trabados como amantes desesperados en el juego de mayúsculas que dicen lo que no nos atrevemos a decir con las palabras enteras susurradas en tiernas minúsculas. Ambos ahí, al borde del abismo de las pasiones desatadas, de la carnalidad palpitante que fluye por los cuerpos en el caudal de la imaginación sin censuras, libre al vuelo de sus ansias, abierta a los designios de la lujuria que rige los deseos. Como niños riendo en el juego inocente de cómplices iniciales encubridoras, sabiendo que encendemos un fuego del que después no podremos escapar, sabiendo que somos leña seca a punto de inflamarse, (por eso hay una fecha titilando en los tiempos para no arder ahora y ser llama, brasas, hoguera, sin posible consumación), y nos escondemos en las cenizas tibias de un ayer en el que acaricié tu piel sin tocarte, y besé tu boca sin rozar tus labios en los brumosos nocturnos de los parques invernales con sus estatuas congeladas. Sin intención los lúdicos glifos reviven los placeres cometidos en los antiguos escondrijos del goce, por las voces alguna vez, por las escasas imágenes que rompieron la distancia y convergieron en el estremecimiento, en la excitación, en el pecado inevitable. Y soñamos la caricia, los lamidos y los mordiscos, la cópula y los laxos cuerpos saciados escondidos de la madrugada para alargar la noche más allá de lo razonable, mientras sobre la mesita los cafés a medio beber y los cigarrillos convertidos en largas y quebradas cenizas detentan la certeza del tiempo detenido. PBDMD.


sábado, 2 de enero de 2016

YO ALLI EN ESA TU ROSA


«Die Rose ist ohne warum; sie blühet weil sie blühet»(i). Cherubinischer Wandersmann, Libro I, Angelus Silesius, 1657.

«Yo afirmo lo contrario, yo afirmo que es imprescindible una tenaz conspiración de porqués para que la rosa sea rosa». Elementos de preceptiva. Jorge Luis Borges en Sur N° 7, abr. 1933, 158-161.

Toco la rosa, la rozo, le imparto la exquisita lascivia de la complicidad en el ceremonial del deseo, siento en su capullo el íntimo estremecimiento de su pudorosa virginidad floral, percibo su tersura palpitante, la tímida reacción ante la proximidad de mi dedo, temerosa exhala su perfume como una ingenua defensa que es a la vez incitación y embeleco. Al delicado frotamiento de la yema en sus pétalos se abre rendida por la obscena perversidad de mi intento. La toco como si no fuera pecado, huelo con ternura de silencioso jardinero su aroma insistente, deslizo mi dedo por la cóncava suavidad de sus rosadas intimidades, se deja tocar rozar frotar, se deja oler en un ritual de entrega y posesión. Ella coqueta cierra sus ojos y hace noche en sus suburbios pues intuye que la oscuridad intensifica las sensaciones y desvanece el desamparo. Toco la rosa en la soberana humedad de su insondable misterio, la rozo apenas, imperceptible como un pequeño insecto enamorado, me introduzco en su verticalidad insinuante, la socavo ebrio de su néctar, me vuelvo polen y la cubro macho anegado, hirviente, lujurioso, la poseo en la palabra (ii) penetrada, la convoco lentamente (iii) en su propia tentación hasta converger en el prodigio del beso y la cópula. Y soñé la rosa instaurada en su capullo, y la soñé en la noche alcanzada por el fuego, y la soñé desnuda en mi mano, temblorosa, la soñé incipiente y perturbada, la soñé sensual, ansiosa, excitada, y la seguí soñando atrapada y abierta, vertida y sexual entre mis dedos.


(i) “La rosa [es] sin porqué, florece porque florece”. En «La poesía» (Siete noches; OC III: 266), Jorge Luis Borges, 1977.

(ii) “Si (como afirma el griego en el Crátilo*) el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de ‘rosa’ está la rosa”. «El Golém». Jorge Luis Borges, 1958.

(iii) “No hay gatillo, no hay relámpago, sino la instalación lenta de una molicie de sensación pura”. «La Vida Sexual de Catherine M.», Catherine Mollet, (2001), en referencia al orgasmo clitoriano.

* «Crátilo» es el nombre de un diálogo escrito por Platón en el año 360 a. C. aproximadamente, sostiene la concepción presocrática de que la palabra contiene ciertos sonidos que expresan la esencia de lo nombrado. Así, dice “El que conoce los nombres conoce también las cosas”.


domingo, 27 de diciembre de 2015

VIAJE VISUAL HASTA LA NOCTURNA


Pour la très bonne amie, la Comtesse

Ya la mañana había traído en su matinal frescura deliciosas piernas suaves, toda mórbida piel y lunares manchitas devoradas por los superhéroes atrapados en la cajonera, ya se habían encendido los deseos antes del viaje atardecido rumbo norte alejándose. A la noche fue la voz, las voces jugando a las nimiedades de lo cotidiano inmersas en la distancia, entreveradas en las luces de los barcos reales y los imaginarios, las risas inocentes que ocultaban nerviosas esperas, la tensión de lo inminente no dicho ni convenido, la mano macho manoseando el miembro laxo acechando, ella allá en su altura imposible la pierna extendida hacia lo alto, la punta del pie tocando el atrapasueños, incitando largas y delicadas caricias, y largos y lascivos lamidos. Pero se fueron agotando los temas y el tiempo, y fue tan sutil el juego que no se dijeron las palabra precisas y necesarias, y vino desde ese lejos amistoso y coqueto el silencio. Sucedieron lentos cinco minutos y entonces vino ella dulce e inocente en su tierna camisola rosada con florcitas rojas y rosado más intenso y verdes hojitas y grandes flores en blanco y amarillo, retornó jugando a ser intocable vestal, juguetona hurí, musa de ardientes lejanías y buena amiga que escancia su agua sexual al vicioso sediento, volvió con las piernas cruzadas de lado sobre el lecho, y en el rincón oloroso donde convergen sus muslos el íntimo triángulo de pelitos. Ardió la noche marina en la hoguera desatada, volvieron las voces ahora en el juego esencial del unilateral sexo desenfadado, y todo fue gemidos y susurros, risitas ‘nerdiozas’ y una voz asombrada o excitada, la mano masturbaba mientras los ojos devoraban hurgaban gozaban la convergencia peludita, la carnalidad excitante, la imaginada sensación de la tibieza, la humedad y el aroma, la mano frota, la boca susurra, el cuerpo semidesnudo tendido en el lecho costero se estremece agotando la copa del placer, en la noche ahí y allá la alta noche es desasosiego, es imaginación negada, es tortura por no fluir, es mano agarrotada controlada retenida, el cuerpo quieto esperando que la razón naufrague en la mar turbulenta de los instintos, y no. Ahí la voz ahogada testifica el goce, la densa eyaculación escurriendo pegajosa en la mano pecadora, allá, ella silenciosa abrumada por el otro silencio avergonzado. La despedida formal, tímida, como si nada hubiera sucedido en la noche cómplice y testigo. Consumado el rito él se dejó caer en la profundidad del sueño saciado, y ella se quedó quemándose así misma como una brasa enterrada en la ceniza en la alta noche de su lejano templo inaccesible.


sábado, 26 de diciembre de 2015

ROJO SOBRE TU DESNUDEZ


Para C.

El rojo en su reflejo desatado, sobre el cristal y el azogue el abismo sensual de esa paloma en su vuelo liberada, su pezón punzante capullo que se erige faro carnal, breve túmulo, altura orgullosa soliviantando los labios sedientos. Rojo torrente cayendo sobre tu cuerpo desnudo, sobre tu piel pura de magnolia o rosa o pétalo abierto a las lujurias de los ojos embriagados en su sedosidad impura, en su tibieza que arde en la mano que la toca roza acaricia, que fulgura en pervertidas dulzuras en los labios que la besan, en la lengua que la lame en su miel destilada. Por rojo florecido desde la semilla del deseo, por tu mano sujetando el peso tierno y voluptuoso de ese pecho reflejado, por tu mano sujetando el artilugio exhibicionista, por tu pelo negro negro en cascada vertido sobre tus hombros como una noche de obsidiana que se adentra en la ardua cópula soñada. Ese rojo que inquieta la eterna sexualidad del potro en su celo tormentoso, que rompe los tímidos recatos de la doña en su querencia, que rige las soterradas erecciones del falo, su insaciable dureza viril, el goce erguido que se derrama en la densa eyaculación. Rojo que incita y excita, que se abre como la corola de una roja rosa roja y expone la pálida y mórbida blandura de tu seno, rojo de las uñas rojas como escondidos granates, rojo como un geranio que se mece con tu respiración, rojo como el provocativo clavel de tu boca. Bajo el rojo quiero ser el triángulo de metal entibiándose dormido en la tersa delicia de tu escote.


lunes, 21 de diciembre de 2015

SILENCIOS DEL EROS


Para C.

Tu silencio me excita porque imagino tus labios besándome, tu silencio me dice cosas que me excitan. El reflejo de tus pechos reverberando en el espejo, tus pezones en la flor florecida de la blusa negro y gris abierta a los tiernos deseos de mis ojos enviciados y mi boca envidiando la estrella de frío metal dormida en tu escote. Mi lengua que lame y te ensaliva la turgencia de tus senos, mis labios que besan y te succionan tus deliciosos pezones, mis manos que encopan te acarician y pellizcan la soberana blandura, la dulce consistencia de esas dunas del goce con sus breves cobres incrustados. Tu silencio arde en su erótica conspiración, tu silencio derrama el cántaro seminal. Busco en el lenguaje la voz del sexo que nos sumerge en su pureza de tibias espumas, la erotizada sensación de tu mano en mi miembro, de mis dedos en tu vulva, de las bocas mordiéndose, del encanto de las lujurias como florcitas en la suave grama. Tu silencio inflama la piel del deseo, tu silencio incita el denso torrente onanista. Tu mano aferrando vehemente mi endurecida virilidad, sujetando apretando frotando manoseando masturbando, mis ojos boca labios manos en tus senos llenos evocando toda comba en su misterio, su dos erguidos brotes inhiestos, mi sueño niño de hundirme en tu perfumado canalillo. Cómplice el azogue te repite, duplica la impetuosa persistencia de tus dos urgentes palomas, la serena y blanda voluptuosidad de esas ampulosas colinas orgullosas, su punzante lascivia y sus brasas, su íntima y virtual impudicia secreta, porque su obscenidad total me pertenece. Tu silencio se refleja también en las cadencias del espejo, tu silencio me devora y me naufraga entre tus pechos.


viernes, 18 de diciembre de 2015

FUCSIAS DE DICIEMBRE


Une excitation par les fleurs de la Comtesse

Cinco fucsias de femeninos encajes, de suaves piernas desnudas excitando desde el lecho. Una pierna sobre la otra, muslo sobre muslo y la Y invertida de oscuros pelitos, asomado el fucsia como un pétalo sobre la pálida piel de mórbida hechura, rincón voraz de olores a hembra dispuesta, de humedecidos deseos exhibidos a plena luz hurgando a ojos hambrientos el pubis mostrado con el risueño desparpajo de la musa inquietante. La otra pierna sobre la otra, el muslo resplandeciendo en su madura sexualidad, las pequeñas lunas en sus constelaciones y los oscuros pendejitos despuntando bajo el oleaje fucsia fosforescente, la compleja rosa exhalando sus aromas sexuales, la humedecida vertiente de los goces florarles. Acá florece la rosa bajo el vuelo fucsia que la oculta como una rosa pudorosa, enternecida por las delgadas y rizadas oscuridades de los vellos púbicos en la delicada comba del pubis bajo el tul transparente en rosas dibujado. Simple la línea donde ambos muslos se tocan, difuso el fucsia abarcando entre sus rojas cintas coquetas, vientre, pubis, vulva, en la sinfonía libidinosa del fucsia o rojo fucsia, o magenta o rojo purpúreo intenso, o cualesquiera que sea el color que esconde su derramada sensualidad. El lazo rojo en la breve abertura del fucsia, allá la mariposa corazón detenida expectante en la tibia carne del muslo, las escabrosas plegaduras de las carnalidades expuestas a los lujuriosos apetitos. Y te veo miro espío observo contemplo arrobado tu desnudez que eleva los fálicos símbolos del sexo y sus matices, y mis ojos se convierten en un poderoso órgano sexual que te roza punza orada penetra, generando un singular efecto, tanto o más placentero que el mero contacto, imposible, entre los cuerpos encendidos.


sábado, 12 de diciembre de 2015

LA PUERTA BIEN CERRADA


Pour la Comtesse à la distance

Difusa, breve, casi desaparecida, en un revoltijo de albas sábanas en el lecho de uvas y mar, como marejada de lisas espumas llegando a las suaves arenas de tus piernas, y un rojo oscuro tirando a un vinoso burdeos, el edredón de grandes flores en claro té con leche sobre un fondo café y un egoísta celeste sobre tu pubis para negar los pelitos. Solo parte de tus muslos asomados mostrando las piernas entreabiertas. Todo inmerso en un silencio cristalizado, en un vacío de ausencia, en una quieta soledad que repite inequívoca la lejanía corporal del que mira. El deseo emerge por entre tus carnales incitancias, brota irguiéndose ante tus tensiones sensuales, cuaja en tus morigeradas morbideces sexuales e inunda las copas de nuestras pequeñas perversiones, porque hace tiempo que tu imagen me pertenece más a mí que a ti, porque solo yo puedo ver y reconocer ciertos íntimos detalles que tu espejo no refleja, porque al final, no se trata de ver algo, sino de seducirte con la mirada distante, escondida, que tu sientes sobre tu piel como una intensa sensación de calor, de caricia, de un lascivo pero sutil manoseo. Te evades sabiendo que dejas abiertos los surcos del deseo, que dejas erecto el mástil de la barca lujuriosa que navega por tu noche marina para encallar entre las oscuras algas que circundan tu vulva anegada, que dejas la mar densa y caliente derramada, que dejas una mano ocupada buscando una aguja en el pajar, y eso lo gozas sin temor porque te salvan el tiempo y la distancia. Allá al fondo el muro verde y la puerta cerrada, muy cerrada.


EXPECTACION


Pour la muse toujours inquiétante

Desespero esperando la esperada inspiración de cada día, los lujuriosos y eróticos mendrugos que la esfinge intocable lanza al fauno hambriento. ¿Serán tus piernas enteras en su mullida largura, pies incluidos? ¿Serán tus mórbidos muslos con sus manchitas lunares? ¿Será tu pubis con o sin pelitos? ¿Será la mata de vellos oscuros como hirsutas algas sumergidas en el océano de tu mórbida piel desnuda? ¿Vendrán sobre cuadriculas de pieles de felinos o sobre florcitas desperdigadas o envueltas en sábanas anaranjadas? ¿El recato será negro, rojo o fucsia, o celeste o morado, azul, naranja, entre tules transparentes o lascivos rosas vaporosos, en piel de pantera o simplemente desnudas? ¿O te mostrarás a lo lejos en el espejo múltiple, desvestida o con un pudoroso body? ¿Vendrás vestida, desnuda, desvestida o semidesnuda, retozando en tu lecho o de pie lejana difusa casi invisible? ¿Estarán tus piernas abiertas o cruzadas, se asomarán los pendejitos de tus ingles o será la champa entera el obsceno obsequio del día? Y abro cada mañana la ventanita por donde te muestras y te espío, expectante ansioso preexcitado curioso para ver que me regala el hada lujuriosa que enciende los voyeristas fuegos mañaneros y me hace pecar de vicioso onanismo. Mi mano atenta ya aferra el miembro que comienza a erguirse en su dureza penetrante, aparecen tus muslos, tus piernas, tus vellos púbicos, e inicio la impune masturbación de cada día. Y así culmino el ceremonial de la cómplice amistad, la libidinosa simbiosis de la que exhibe y del que observa, el rito de la hembra en solitaria calentura y el macho en solitaria pajeatura.