Dormían las rosas azules en el
buró soñando mis ardientes susurros en tu oído y yo soñaba con ese pezón
erguido, esperando que mis labios lo besen, lo succionen con mi boca de bebé
hambriento. Quietas las rosas en su azul misterioso veían mis ojos atrapados en
la visión cargada de eróticas reminiscencias de un imaginario ayer incestuoso
de ese pezón, de esos tiernos vellos que dibujaban en su intimidad la secreta
conexión que tú y yo seguimos construyendo palabra a palabra, imagen a imagen. Escondido
entre los pétalos azules de las rosas atrapadas en el cristal están mis deseos
de beber de ti el goce edípico hasta la eyaculación que queme tu vientre, tus
senos, tu pubis y tus muslos, que escurra por tu piel escribiendo con las
lascivas letras del deseo el texto del clímax desatado. Cinco rosas azules como
los dedos de mi mano que acaricia ese seno pálido y carnal estremeciendo tu
cuerpo con el morbo de sensaciones perdidas, de tactos y roces profanos, del
ardor de la cópula que va más allá de la pene-tración y del acto. Azules las
rosas inmóviles y azules tus uñas de hembra mía, decorada una con la escarcha
brillante que reluce como un cúmulo pequeños diamantes capturados por la
tibieza dulce de tu pecho obsceno, en su lujuria amamantante, en su blandura
blanda, suave, mórbida. Imagina que te envié esas rozas azules para seducirte
aun desde el desierto del olvido, imagina mi boca en ese pezón abarcando su
aureola, sorbiendo, imagina mi mano en ese seno grande y mullido, sopesando en
el tu calor de hembra que me llega embebido del perfume de esas rosas, azules.
lunes, 30 de septiembre de 2013
SOLAmente
Hurgo en mis deseos buscando el
perdón que me pides, y encuentro tu cuerpo desnudo, tu piel desatada, tus
pechos amplios, llenos, mullidos coronados por deliciosos pezones, cumbres
erguidas en su excitación edípica, encuentro tu pubis anhelado, huelo su
olorosa selva enmarañada, siento la humedad sexual de tu vulva como el relente
de orquídeas abiertas, tus muslos, tus piernas, tus pies, incrustados en mis
manos con su tibia suavidad de mármol intacto, virginal, encuentro tus nalgas,
incitantes ancas de potranca en celo exhibiéndose al oscuro potro del sexo
salvaje en medio de la grama verde y fresca del campo de los instintos. Busco
el perdón de ti y veo tu risa coqueta, tus ojos alegres, tus manos en tu cuerpo
marcando los lugares de mis ansias, los sitios precisos donde mis labios debían
besar con fuego y mi lengua lamer con desesperación, esos rincones donde mis
manos debían acariciar, rozar, recorrer, presionar, hasta encontrar tus
quejidos, tus gritos, tus desesperaciones orgásmicas y tu silencio de templo saciado.
Indago por las mariposas del perdón que disuelvan tus soberbias de hembra
intocable, tus orgullos de mujer inaccesible, tus incomprensiones o desaires al
macho insistente, y solo está tu cuerpo desnudo sobre el lecho del pecado no
consumado, velado por las obsesiones de poseerte en la plenitud lúbrica de
todas las fantasías, de todas las perversiones, de la voluptuosidad que
despierta la vorágine de verte entregada, rendida, dilatada. Hurgo, busco,
indago por las semillas dormidas del perdón que te devuelva a mis desenfrenos y
a mis depravaciones, que te libere de la herida de la ausencia, que restituya
las imágenes impúdicas de tu sexualidad que amanecían derramadas en mis mañanas
y me arrastraban a los sagrados onanismos del rito incontenible de mi deseo de
ti.
viernes, 20 de septiembre de 2013
BESO
...te beso beso te muerdo la boca
boca los labios y la lengua hambriento de tu carne labial te beso embesado de
tus besos besado te asalto la boca mordida besada los labios besados mordidos
la lengua viva muerdo sangro inundo de saliva salvaje de mi boca sedienta de tu
saliva quemante agua que arde en mis labios mordidos restriego froto mi boca
labios lengua ensalivada en tu lengua labios boca lengua trabada con mi lengua
viva mientras te beso besando tu boca de comisura a comisura y viceversa
sorbiendo sangre saliva por la boca tu boca con mi lengua pene-trante partiendo
abriendo tus labios repasando puliendo entrechocando tus dientes con los míos sofocando
sumergiendo mi lengua en tu boca boca entreabierta abierta abarcante de mi boca
besos ahogando tus besos con ensalivados besos besos sangrientos mordiendo
refregando boca con boca labios contra labios lengua anudada a tu legua
hurgando tu paladar catando tu saliva deslizando mi lengua por tus encías
dibujando el mapa de tu paladar del interior de tus mejillas de tus incisivos
colmillos premolares y molares uno a uno hasta que no puedas respirar saturada
de los besos besos míos y se me vengan las ganas desesperadas de seguir besando
a besos vivos esparcidos ahora por tu cuerpo aun inbesado…
domingo, 15 de septiembre de 2013
NIEGALO
Debiste sentir mis manos acariciando y trepando por tus piernas desde los piecesitos hasta ese húmedo paraíso con lenta suavidad, subiendo sin
apuros con caricias tibias envolventes, desde el dedito gordo, por el empeine,
el talón, el tobillo, la pantorrilla, la rodilla, el amplio territorio del
muslo, hacia arriba aún hasta el mismo vértice vórtice donde se incrustan mis
deseos más imposibles, y apenas rozando ese rincón oloroso a ti volver hacia
abajo por la suavidad de la otra pierna, por la extensión palpable del muslo,
la rodilla, la pantorrilla, el tobillo, el talón, el empeine, cada dedito uno a
uno hasta el otro dedito gordo. Y volví a repetir el rito del roce incesante e
impúdico por tus piernas una y otra vez a lo largo y ancho de la noche sin que
despertaras ni te movieras inquieta entre las sabanas de la hoguera de mis
manos quemantes en tus piernas estremecidas. Y convertí esas caricias en una
rutina que abarcó el todo nocturno, la madrugada silenciosa y después el canto
de los gallos y aún la tenue luminosidad del amanecer irrumpiendo por tu ventana.
Y fueron apenas caricias como sensuales ternuras, como un roce tierno que
traspasó el calor de mi mano a tu piel buscando la yesca de tus instintos
dormidos para incendiarlos y convertir tu sueño en una deflagración
incontenible, sofocante, que te inundó los sentidos, que te rompió en pedacitos
humeantes, que te arrastró embriagada de una delicada y dulce sexualidad hasta
hacerte naufragar en calientes y turbulentas aguas viscosas, que te hizo
despertar acezando, sudorosa e incinerada, y furiosa porque el sol envidioso
vino a quebrar el hechizo y te quedó en la piel de tus piernas una sensación de
pena o ausencia como si esa sucesión de voluptuosas intensidades solo la
hubieras soñado. Niégalo.
martes, 10 de septiembre de 2013
INSISTENCIAS VULVICAS
Mi mano inicia el descenso hacia
la hoguera de tu sexo, se desliza lenta por tu vientre, hurga tu ombligo como
si fuera un pozo de agua para un sediento, siento el fuego de tu piel
consumiéndose en deseos de tactos y caricias lascivas, hundo suavemente mi mano
en tu vientre, para sentir tus ansias de hembra a la espera del macho, sigue mi
mano bajando por tu vientre hacia la profundidad mas húmeda de tu ser, llego a
tus vellos púbicos, esa pequeña selva olorosa de sexo, y enredo mis dedos en
ellos, tirándolos suavemente, peinándolos, jugando como un niño impúdico, los
restriego entre mis dedos para sentir las consistencia elemental de esos vellos
sexuales, mi dedo del corazón ha encontrado el inicio del surco húmedo de tu
sexo, se asoma a ese canal mojado de deseos, a esa flor de fuego anhelante, paso
mi dedo victorioso por ese ardiente surco que me incita expectante entre tus
piernas. Mi mano inicia la búsqueda de la mariposa oscura y húmeda y baja por
tu vientre hasta encontrar el sendero de tu ombliguito y va más allá hasta la
jungla de tu pubis, mis dedos hurgan esa selva de vellos perfumados, esa tierna
piel de los labios verticales, ese borde rosado y carnal que esconde tu clítoris
punzante y sensible, y mi dedo del corazón encuentra el botoncito tibio del
placer e inicio el juego de azuzarlo, muy levemente lo toco con la yema del
dedo, muy suave, casi como el roce del ala de una mariposa, luego cada vez con
un poquito más de presión, girando en círculos sobre el garbancito carnal,
siento como se va endureciendo, levantándose, asomando entre los húmedos
pétalos que lo esconden, también con mucha calma y suavidad unto mi dedo en los
jugos vaginales que encuentro mas abajo en el surco del deseo, luego con mi
dedo mojado en ese néctar secreto vuelvo al clítoris ansioso, lo presiono
tiernamente y comienzo a masajearlo nuevamente en pequeños círculos, llevándolo
al máximo de su tierna erección, de su delicada sensibilidad, mi dedo masturba
tu clítoris hinchado de goce, tus iniciales y quedos quejidos se han convertido
en grititos ahogados, sofocados. Mi dedo dibuja el borde ardiente y húmedo de
tu sexo, encuentra tu clítoris, erecto, punzante, anhelante, lo toco suavemente
con la sensible yema de mi dedo, lo recorro en círculos, escucho tus quejidos
de deseo, con maliciosa lentitud mi dedo se hunde en el surco de tus labios
vaginales, esta ardiendo en sus jugos densos, siento su blandura sexual, mi
dedo se ha humedecido totalmente en esa pequeña y estrecha vasija erótica, lo
unto de tus jugos sexuales y me lo llevo a la boca, chupo de mi dedo tu néctar
erótico, repito este lúbrico rito muchas veces, para saborear esa miel salada
de tu sexo, la densa consistencia de ese liquido intimo me excita más y más,
luego mi dedo inicia una lenta penetración en tu vulva mojada y caliente, entra
y sale con suavidad contenida, mi dedo hurga entero dentro de tu vagina
sintiendo toda su calentura, toda su humedad de hembra desesperada. Mi mano va a
tu mariposa que está ya caliente y mojada, expectante, y comienzo a
masturbarla, suavemente con mis dedos, primero el clítoris que se erecta como
una pequeña verguita, luego introduzco con suavidad mi dedo en tu vagina, esta
muy caliente y húmeda, comienzo a tocar la erótica prominencia de tu punto G, de
gata o gemido, escucho tus quejidos de placer y más me excito, tu sexo esta
escurriendo su licor sexual, palpitante y abierto, y mi dedo inicia un masaje
rotatorio sobre tu botón carnal, sobre ese rico clítoris y hundo mi dedo en tu
vagina mientras con la palma de la mano te masajeo el clítoris aplastándolo,
restregándolo, y sigo y sigo hasta llevarte en un instante de estremecida
locura al destellante orgasmo final.
domingo, 8 de septiembre de 2013
ES
Es una alquimia de deseos que se vierten,
densos, tibios, lúbricos, y se fusionan en un néctar libidinoso, en un licor
animal, primitivo, esencial, como un vino que embriaga los instintos y los unta
con una voluptuosidad de macho y hembra o viceversa o indistintos, desatados en
un sublime desparpajo. Es el manuscrito del deseo codificado en la piel escrito
a puntita de lengua, a yema de un dedo impúdico, a esplendente y terso balano,
escrito con sudor, semen, saliva u orina, escrito con la oscura pasión del
estupro, del incesto, de la sodomía y la violación. Es la viscosidad de los
jugos sexuales derramados en caliente sobre el pubis rendido a la inminencia, sobre los senos inhiestos y
ofrecidos, sobre el vientre estremecido y anhelante, una densidad de savias
fálicas o vaginales, lechosos o transparentes fluyendo con la lentitud de un
agua espesa, densa, que va escaldando la piel como las arenas de un ardiente
desierto carnal. Es la im-pene-trabilidad concordada, senda o cauce al onanismo,
falo o vulva dispuestos, esperando en una inquietante ansiedad venérea la
consumación pene-trante que han de rendirse a la masturbación especular donde
ávida mano o dedo batidor suplantan los genitales prohibidos en la
voluntariedad de un goce distinto pero convergente. Es la trabazón de miembros en
plena desnudez, ardiendo en medio de la alta hoguera de la lujuria sobre un
lecho como una cópula de caracoles sobre una hoja de mandrágora. Es la lascivia
declarada como un hecho de la causa que viene a justificar en su naturaleza
impura la hermosa y exultante noche de esa alquimia. Eso es.
sábado, 31 de agosto de 2013
CUESTIONARIO
¿Porque no nos acostamos juntitos, nos
abrigamos a pura piel en caricias y nos dormimos así para siempre? ¿Y si nos
acurrucamos calladitos haciendo como que no somos para que los otros no nos
sientan ni nos vean ni nos escuchen y nos comenzamos a besar desde ahorita
mismo cruzando la tarde el crepúsculo la noche boca en boca lamiéndonos hasta
los tuétanos ebrios de salivas ahogados de alientos quemantes mano en piel
acariciándonos como posesos trabados urgidos desesperados untados en dulces
sudores abusándonos manoseándonos sin escondernos de nadie con desparpajos
hirientes a ojos vistas pero encerrados en la voraz burbuja del deseo sin
amparo ni solución de continuidad como perros callejeros babeando incrustados
en un sexo animal que se vierte hirviendo como un caldero que ha estado
demasiado tiempo sobre las brasas? Tu sabes que todos son juegos dentro del
juego, mientras nos pensemos estamos vivos el uno para el otro, mientras los
deseos ardan crujientes en los insomnios seguimos venciendo la imposibilidad.
Creo que estamos ambos quietos, espirituosos, solitarios, y nostálgicos de la
piel tibia y exultante recorrida palmo a palmo por las lenguas húmedas y
ansiosas por valles y dunas y pliegues y rincones de la carne trémula,
acariciada por las cuatro manos impúdicas y curiosas que buscan el goce
extasiante de sentirnos el uno en el otro, poseída y poseyendo en una tormenta
de alientos incandescentes, de quejidos y grititos contenidos, de
estremecimientos gozosos e intimas estimulaciones sensoriales. ¿Por qué no nos
dejamos fluir en una lenta e intensa cópula que abarque la noche entera y nos
pierda en los laberintos inconclusos de nuestros instintos aun insaciados? ¿Por
qué no nos rendimos a la evidencia del deseo como animales sagrados que ya
mordieron el fruto prohibido y solo les queda agotar el placer antes de
hundirse felices en los fuegos del infierno? ¿Por qué negarnos al único vicio
que promete por instantes la inmortalidad? ¿Por qué no?
sábado, 17 de agosto de 2013
IMAGINARIUM
Amiga, divina amiga... su cruel silencio me
ha obligado a echar a volar mi imaginación y en ese territorio soy Rey y
Señor... así que imaginé que estábamos ambos en un día de lluvia escondidos en
cierto departamento, en cierta calle (mi imaginación es muy precisa...), ya
estábamos en el lecho, ambos casi desnudos, yo aun con el pantalón y Ud. solo
con una falda, estábamos asustados y ansiosos, entonces una de mis manos se fue
sigilosa a sus piernas, lentamente fui tocando y acariciando por dentro de sus
muslos, en esa zona de suavidad de sueño, de intensa sensualidad..., y con la
otra mano le acaricié el pelo, atrayendo su rostro hacia el mío, hasta que
nuestros labios se rozaron, y nuestras bocas ávidas del otro se fundieron en un
beso, las lenguas se enredaron y los labios se abrieron al goce del beso
ansiado..., los dientes mordisqueaban y buscaban como fieras furiosas los
labios del otro..., la otra mano llegó hasta su sexo, oculto entre los
ensortijados vellos púbicos, estaba húmedo, ardiendo en su fuego de ansias y
deseos, y mis dedos jugaron con el clítoris erecto, sensibilizado por los
instintos desatados..., yo sentía mi miembro creciendo, erectándose, punzando
bajo el pantalón, la recosté en el lecho, y subí su falda hasta su cintura, le
saque los cuadros con lenta ansiedad...., llevé mi mano a mi pantalón y saque
mi verga erecta, endurecida por Ud., su glande brillante, turgente..., estaba
ansioso de penetrarla, de hundirse en Ud. hasta las profundidades de su
intimidad..., lo llevé con mi mano hacia sus labios verticales abiertos y
rendidos, y lo hundí en ellos, con lenta fuerza, con ternura y deseo, con
ansias desesperadas pero controladas para sentir el placer maravilloso de ir
penetrando en su vulva toda mojada, ardiente, succionante..., sentí como mi
falo iba abriendo esa abertura carnal e iba siendo succionado por sus deseos de
entregarse..., ah!, y después del juego de intensos movimientos, esa danza
lujuriosa, esos grititos desesperados... la inundaba con mi néctar sexual, como
una lava ardiente que se derramaba en Ud. llevándonos a los dos a la cumbre del
placer..., todo eso imaginé amiga..., y Ud. no pudo evitarlo!
lunes, 29 de julio de 2013
BIALET MASSÉ
Sentí que te hacías la dormida por ciertos
pequeños movimientos, algunos quejiditos quedos, suspiros contenidos, tus manos
que buscaban como no queriendo, tus labios que de alguna manera muy sutil
respondían a mis besos, tus piernotas que invitaban deslizándose levemente con
sensualidad reprimida, y nos acurrucamos calladitos haciendo como que no somos
para que los otros no nos sientan ni nos vean ni nos escuchen y nos comenzamos
a besar desde ahorita mismo cruzando la tarde el crepúsculo la noche boca en
boca lamiéndonos hasta los tuétanos ebrios de salivas ahogados de alientos
quemantes mano en piel acariciándonos como posesos trabados urgidos
desesperados untados en dulces sudores abusándonos manoseándonos sin
escondernos de nadie con desparpajos hirientes a ojos vistas pero encerrados en
la voraz burbuja del deseo sin amparo ni solución de continuidad como perros
callejeros babeando incrustados en un sexo animal que se vierte hirviendo como
un caldero que ha estado demasiado tiempo sobre las brasas y derrama las
pulsiones, las fantasías, los instintos en blanco y negro, la comezón en el
hueso sacro, la sensación de otra piel en la yema de los dedos, los labios
adormecidos por los mordiscos, las palpitaciones en el pubis que se cimbran en
el borde del dolor, el restriego de los cuerpos ciegos en sus lúbricas luces
secretas, las frotaciones de las piernas en la trabazón de la búsqueda del
acople final hasta morirnos de hambre encerrados días y días comiéndonos el uno al otro en una antropofagia
salvaje, diurna y nocturna, bebiéndonos a puros lamidos y succiones en una
penumbra continua e irracional, como caracoles en primavera, como perros de la
calle, como lombrices desesperadas escondidas del sol y de la luna, como dos náufragos
felices que esperan que nunca los rescaten.
viernes, 26 de julio de 2013
SOBRE FURIAS TU SUEÑO
Soñarás los parques desiertos bajo una lluvia
silenciosa, soñarás el ruido del viento en la noche abrumadora, soñarás una
difusa silueta asomada en tu ventana, soñarás una sombra moviéndose sigilosa en
la penumbra de tu cuarto sin reflejarse en el espejo, soñarás que alguien, otro
alguien, te besa y lame en esos rincones de tu cuerpo donde nadie nunca antes
te besó y lamió, soñarás tu estremecimiento y tus quejidos, soñarás que te
invade un calor sin fuego que dejará el trazado de tu contorno dibujado con tu
propio sudor en tu sabanas. Y así dejamos en el baúl de los horrores los egos
miserables, y nos rendimos a la evidencia de la necesidad mutua, a esa búsqueda
desesperada de la piel acariciada, la boca mordida, las manos insaciables, de
los dientes entrechocando y lenguas trabadas en besos como copula de ansiosos
caracoles, y así volvimos a soñarnos revolviendo tu lecho hechos un nudo de
carnes palpitantes, de sudores y fluidos derramados en un éxtasis de intensa
virtualidad. Porque me encanta cuando se te vienen las furias de gata celosa, y
sacas tus uñitas filosas y muestras tus colmillo afilados, me encanta y me
excita sentir esa pasión que te desborda y me alcanza y me estremece y me arde
en la piel entera como un vaho caliente, y me nacen desde las impúdicas cloacas
de mis instintos las ganas de ahogarte con mi lengua dentro de tu boquita
pintada, de morderte por pezones hasta el quejido grito desesperación, de meter
mi mano quemante entre tus piernas y violentar con desparpajo tu recato casero
hasta el abuso macho y la voraz violación para sobornarte con tus propios
instintos y desbravarte y amansarte por la fuerza bruta de loco enamorado y
dejarte exhausta convertida en una gatita mimosa y comenzar solo entonces a
verter en ti las ternuras de mi furiosa soledad. Y dormí afanando en ti, mi
boca mordiendo tu boca, tragando tu lengua, bebiendo tu saliva hasta la
ebriedad, dormí urgido en ti encopando tus pechos con mis manos sabias, mamando
de tus pezones sediento, dormí trabado en ti con mi lengua en tu sexo húmedo
lamiendo a lo largo tierno del surco del deseo, dormí pene-trado en ti hurgando
esa flor vertical hasta tu orgasmo, así dormí en ti. Y en nuestros amaneceres
distantes volvemos a soñarnos soñándonos saciados en la bruma del sopor de los
cuerpos dormidos. Eso.
martes, 16 de julio de 2013
A RAS DE SUEÑO III
No importa tu
silencio ausencia ni tus celos furias ni tus soberbias orgullos, no importan
porque tú y yo habitamos un lugar ajeno a estas minucias intranquilas situado
al centro mismo de un Universo paralelo al de esas miserias de ególatras
insufribles. Y me quedo vagando por el vidrio de tu ventana desde el atardecer
hasta bien entrada la noche esperando a que te duermas, a que entres en esos
sueños de extensos desiertos sin mí, a que tu cuerpo laxo se repliegue hacia
adentro y deje de ser en esta realidad de infierno sin nos, entonces cruzo el
cristal disolviéndome en la penumbra de tu respiración rítmica y tranquila,
beso tu boca dormida con todos los besos del día, acaricio tu pelo con la
voluptuosa complicidad nocturna y dejo que mis manos inmateriales vaguen desde
bien entrada la noche hasta la desatada madrugada por tus pechos mórbidos, por
tus deliciosos pezones sensibles, por tu ombligo acurrucado en el centro de tu
carnalidad, por el suave territorio de tu espalda, por la convexidad
inquietante de tus nalgas y por la lisura tibia que escondes por dentro de tus
muslos, por el fuego latente de tu vientre y por la perversidad de tus vellos
púbicos, por el surco húmedo y tierno de tu sexo también dormido, por tus
piernas hasta tus pies allá en el sur de tu lecho, y sigo así repasando tu
geografía tendida sin solución de continuidad esperando el primer borboteo del
sol allá en tu oriente para volver a cruzar el cristal de tu ventana y
disolverme en la fría claridad del amanecer.
A RAS DE SUEÑO II
Estaba semidormido cuando llegaste inmersa en
los misterios de la metafísica, vestida con la inmarcesibilidad de que hay algo
detrás del todo que aun no conocemos, vagando por los cielos brumosos del ser,
genio y figura. Mientras te desvestías te espié con los ojos entrecerrados disfrutando
tu madura desnudez, calida, tranquila, voluptuosa en su clara ingenuidad.
Dormirías sola, atrapada entre mis acechos de fauno soliviantado y las ternuras
de mis manos pervertidas en la caricia de tu piel. Te deslizaste dulcemente
entre las sabanas ya entibiadas por los ardores de mis deseos en espera. El
pijama algo pudoroso intentaba poner limites inútiles a las vehemencias del
sátiro embaucado, pero mis manos conocían los resquicios que permitían alcanzar
tu cuerpo con la solemnidad del amante intranquilo y se fueron por esos rumbos
inmóviles explorando, mientras te hacías la dormida, los senderos entibiados
que llevaban a los puertos desde donde los barcos de tus sueños zarpan en busca
de los caladeros de tus deseos. Y más. Ya avanzada la noche vi a lo lejos el
velamen de tu nave embancada en las arenas del insomnio, encallada en el calor
de tu cuerpo a trasmano del invierno e icé el gallardete tremolante de cercanía
buscando la singladura que me llevara a tu bajío para allí, en mar, rocas y
arenas consumara el juntos solos de las navegaciones equivocadas por los faros
de los tiempos perdidos. Lo mágico está en la trama de mis besos lamidos que
baja desde tu boca mordida como una vertiente termal hacía los cauces de tu
cuerpo estremeciendo hasta la densidad de su poros, como un caracol encendido
insinuando la caricia entre la ropa y la piel, escurriendo en húmedas
sinuosidades, vaho, aliento, saliva, que te roza en tus palpitantes intimidades.
A RAS DE SUEÑO I
Te soñé de a poquito para que no despertaras,
por tibios fragmentos, por dulces y tiernos territorios acotados a la
superficie de cada beso, en secreto y algo difusa en la quietud de la penumbra
clandestina. Te besaba suavecito, apenas rozando con mis labios contenidos los
enclaves más sensibles de tu cuerpo dormido, las sinuosidades donde tu piel
fosforecía con las luciérnagas de los sentidos, me fui tocando con la puntita
de mi lengua los arrabales estremecidos de tu carne en sueño vertida, sembrando
en tus surcos abiertos en espera los susurros de mis voz describiendo tu
cartografía de incesancias y destierros de mujer dormida oyendo tus quejidos
quedos vertidos como lenta miel desde tu sensualidad inmóvil. Te me soñé
soñándonos, y no era un sueño macho si no un sueño púber, casi niño, virginal e
incestuoso, extraído de mi última y más escondida sentina de mis instintos
atávicos, destilado como el sumo y esencia de muchos sueños ilícitos. Ahí mi boca en tu pezón sorbiendo, mi mano en
tu vulva humedecida, mi mano onanista en mi verga endurecida, tu mano en tu
seno ofrecido, tu mano en mi pelo enredada, tu boca en quejidos vertida. Y nos fuimos
trabando, engarzando, en una exquisita coherencia carnal y pecaminosa, te sentí
de verdad tan cerca que pude alcanzar a lamer tu piel con una pasión
irracional, de furias contenidas, de emociones de piel, de deliciosas
intensidades. Y acaricié, besé, lamí, lengüeteé todo tu cuerpo en medio del
cauce más profundo de la noche, ensalivándolo con el ardiente licor de mis
deseos, hasta que nos perdimos incrustados entre causas y efectos por el oscuro
de largo nocturno huyendo de la insostenible madrugada.
viernes, 5 de julio de 2013
EN SOÑACIÓN
Anoche te soñé, fue un sueño estático, de
una quietud abrumadora, casi como una
pesadilla pero con un goce continuo a lo largo de la noche, me soñé inmóvil,
crucificado en la pared de la cabecera de tu lecho, como el Cristo de Dalí, con
mi cabeza inclinada hacía abajo, mis ojos congelados fijos en tu escote, veía
la pálida y suave piel de tus pechos, veía como subían y bajaban en tu
tranquila respiración, tú dormía, quizás soñándome, y yo ahí clavado,
paralizado, sin poder tocar, acaricias, encopar esos senos mullidos, deliciosos
pero para mí intocables, no era un sueño erótico pues no me excitaba si no me
imaginaba allí con mi nariz hundida en el tibio canalillo de tu entresenos,
oliendo tu perfume, rozando esa tersura cálida como si fuera un bebé que recién
nacía a los pecaminosos deseos edípicos. Pero el sueño divergía, y mientras
seguía ahí clavado en martirio me deslicé a tu lado calladito, sigiloso, y estuve
toda la noche masajeando tu cuerpo por todos lados, incluso aquellos vedados a
los otros mortales, sabiendo que si el alguien me sorprendía in fraganti le diría
que solo soy un sueño tuyo, que no existo, que soy como el vaho de los espejos,
o las marcas de los caracoles en los muros, o como los círculos concéntricos
que hacen las gotas de lluvia en los charcos, nada que le importe ni le afecte,
esperando que se lo crea, y vos te haciéndote la dormida para que no te delate
el rubor en tus mejillas. Asumo que mis sobajeos, caricias, toqueteos, mimos,
manoseos, roces, tactos y palpaciones que te hice anoche toda la noche te fueron
relajando en un éxtasis que para mí fue una delicia, porque me di cuenta que
por momentos te hiciste la dormida, lo que desde mi traidora timidez te
agradezco infinitamente. Espero que no hayan quedado vestigios de mis goces
nocturnos en las sabanas del arrepentimiento, traté de evitarlo pero vos sabés,
las grandes pasiones deben ser irracionales. A mi lo que más me gustó fue
cuando estabas boca abajo deslizar mi mano por la parte interior de tus muslos,
ah! no hay suavidad más divina que esa, rozar lenta y suavemente esa piel
oculta, desde arriba de las rodillas hasta ese vértice tibio y sagrado, llegar
justo hasta sentir el roce delicado de los vellos y volver bajando hasta las
rodillas, una y otra vez, como un vicio insaciable o una maldita obsesión. Creo
que así debe ser el Paraíso. Lo demás no te lo cuento, por pudor y para no
avergonzarte, y así te quedés pensando que solo fue un hermoso sueño. Eso.
domingo, 23 de junio de 2013
PEQUEÑA LLUVIA
Hoy anuncian chubascos, el día es gris,
silencioso como un papel en blanco, frío, porque siento tu cercanía muy nítida
pero no el roce ardiente de tus manitos. Y me voy buscando esos ricos bechitos
en mis tus labios de morocho sibarita, mamacita rica, que si te pillo te muerdo
los tuyos míos hasta que te rindas y me dejes tocarte los pechos y de ahí no te
suelto en toda la tarde esta de frío esperando que se nos venga la noche que
vendrá porque siempre viene con mi lengua hurgando desesperada en la boca tuya
mía intentando convencer a tu lengüita que me venga a hacer reiki pero tocando
como mandan la buenas costumbres, eso. Entonces, para romper la tibieza y
entres el calorcito p'al frío lo voy a hacer como ordenan las malas costumbres
e iré ensalivando toito tu cuerpo de siempre diosa, afanando primero en tus
senos de puntitas a valle, y luego iré dejando un sendero de caracol bajando
por tu pancita hasta ir a enredarme helicoidal en el vórtice de tu ombliguito
para esperar el nocturno embuido de ti en ese monasterio de ermitaño, y ya
noche, bajo tus sábanas consumar los pensamientos pecaminosos bajando...
bajando... bajando... férvido de ti, hasta consumar el rito, entrelazar
nuestras piernas como dos hiedras ardientes, abrazarnos como náufragos al único
objeto que nos salva, trabados, enredados, sumidos en uno en el otro, bajo las
sábanas, escondidos como niños iniciándose en el pecado, y someterte (que
hermoso verbo!), poseerte más allá de ti misma, urgir tu piel para que arda, se
queme pegada a mi piel, abrir y hundir, restregar, socavar, dejar los deseos
inmunes a la vergüenza y al pudor, morder, rasguñar, sobajear ebrio de
suavidades el vértice interno de tus muslos, sorber tus pezones en un lentísimo
ceremonial, palpar, acariciar, deslizar mis dedos ávidos por tu pubis
rastreando... rastreando la incitante humedad de tu sexo... Hace mucho frío
acá, pero pasé la noche abrigadito en ese mullido paraíso, me soñé ahí, entre
esos dulces cojines edípicos, envuelto en sus mórbidas tibiezas, durmiendo
acurrucado, indocumentado y feliz, lejos del este mundo ancho y ajeno, como un
bebé que ha vuelto al fin al pecho materno, y así dormí como un príncipe en el
tierno canalillo de mi mamacita soñándome en el sueño apegado a ti en
cucharitas. Dormí entre ti, entre tus dulce carne pecadora, abrumado de tus
piel, de tu perfume, de la densidad voluptuosa de tu cuerpo, entre tus pechos,
entre tus muslos, alimentado por la íntima humedad de tus eróticos rincones
florecí como un musgo desesperado que se apegaba a ti hundiendo sus raíces en
la fértil tierra de tus instintos, mientras me susurraba al oído que la lluvia
chiquita esa era mía.
domingo, 2 de junio de 2013
SUEÑO CON SIRENA
Sí, te soñé!, ah! y fue como te dije, una
playa fluvial, en medio de un verano caluroso y extrañamente solitaria, yo
tomaba un baño de sol piluchito, (en bolas), y de pronto escucho un chapoteo y
veo salir una sirena, madurita, de hermosas piernas gruesas, deliciosos pechos
llenos, incitante pancita, el pelo mojado pasado para uno de los lados por
alrededor del cuello, y vistiendo un traje de baño de una pieza, de amplio
escote, y de color negro con una franjas rosadas a cada lado en arco por sobre
sus muslos, ah! que muslos!... Como era un sueño, nos pusimos a conversar
tranquilamente, yo desnudo y ella con su traje de baño apegado a sus curvas de
hembra exquisita, yo le miraba insistentemente el escote, los muslos, esas
piernotas ricas, tratando de que esas visiones voluptuosas no me produjeran un
efecto impúdico y vergonzoso..., pero, la carne es débil, vos sabés, entonces
ella miro el efecto y sonrió comprensivamente... Estábamos tendidos en la
arena, y ella me tomó de la mano y nos pusimos de pie mirándonos a los ojos,
una chispa saltó entre ambos encendiendo los deseos ya recalentados por el sol.
Una de sus manos acarició mi rostro moreno y la otra con coqueto desparpajo fue
a mi pubis y tomó con delicada suavidad mi miembro y comenzó a jugar con el
lasciva e insinuante, yo sin pensarlo lleve mis manos a los breteles de su
traje de baño y comencé a bajarlos con lentitud de sibarita, y fueron asomando
al sol sus suculentos pechos, sus apetitosos pezones, mis ojos se clavaron es
ellos como los de un bebé hambriento mientras mis manos continuaban bajando la
negra malla de baño, dejando su desnudez soleada como si estuviera quitando la
cáscara de una deliciosa y apetitosa banana, su mano seguía en mi verga ya
erecta, entretenida en un juego asaz lujurioso, mi cuerpo se estremecía con
cada travieso sube y baja. Continué bajando la malla, apareció su pancita de
madurita calentona, su ombliguito se miró frente a frente con el mío, y seguí
bajando la tela negra con sus franjas rosadas hasta que aparecieron en
contraste con la palidez virginal de su piel sus oscuros y finos vellos
púbicos. Quizás por el intenso soleado nuestros rostros iban adquiriendo un
marcado rubor. Ella, previendo mi movimiento descendente soltó suavemente mi pene
y yo me hinqué para seguí bajando con placentera parsimonia la negra malla,
disfrutando cada poro, pliegue y pedacito de esa piel anhelante, su vulva quedó
frente a mi rostro y olí su intimo aroma como en un sueño dentro del sueño,
bajé el traje de baño hasta las rodillas, rozando su hermosas piernotas, (ahora
que lo pienso, no me extrañó que la sirena no tuviera cola de pez), y seguí
bajando hasta los tobillos, para finalmente sacarle la malla bajo sus pies.
Ella guardaba un silencio cómplice, aprobando tácitamente mi intención, así que
eleve mis manos hasta sus nalga y hundí mi boca en su deliciosa vagina, y en un
frenesí de naufrago lamí, sorbí, lengüeteé, hasta llegar a la pene-tración
lingual, ella se quejaba quedito y me aferraba la cabeza con sexual
desesperación, mis manos eran garras en sus mórbidas nalgas pomposas, bebí su
íntimo y denso licor mezclado con el agua del río que aun permanecía como un
tibio rocío en sus vello ensortijados. Intuyendo la cercanía del clímax ella
fue haciendo una lenta genuflexión hasta tenderse de espaldas en la arena que
ardía bajo el sol fisgón, yo que aun estaba hincado como un monje ante una
aparición milagrosa me escurrí sobre ella pausadamente, hasta que mi erguido falo
enfrentó su húmeda vulva, hice surcar por unos instantes mi verga endurecida en
ese tierno cauce palpitante para aumentar sus deseos, puncé dos o tres veces
con contenida fuerza y luego en un movimiento salvaje e irracional la pene-tré
como si fuera el ultimo espasmo de mi vida, gritó, grité, nos retorcimos sobre
las arenas quemantes, yo la jineteaba como un macho cabrío, ella me mantenía
atrapado con sus piernotas cruzadas por mis nalgas como una ninfa al fin
desvirgada, sus manos eran garras en mi espalda sudorosa por el sol inclemente
y los ardores de la copula, y vinieron los convulsiones, los quejidos, grititos
y susurros se perdían entre por los cañaverales hasta las lejanas arboledas, y
mi falo vertió en impetuosos chorros su liquido seminal que escurrió como una
lava candente en sus entrañas de hembra violada allí en las arenas, mientras
allá por el río iban los camalotes como sonriendo con picardía mientras nos
observaban en su paso hacía el océano. Nos quedamos así unos minutos
recuperando la respiración, la besé con todas mis ternuras y me deslicé a su
lado. Nos quedamos largo rato tendidos y tomados de la mano, en silencio,
mirando el otro cielo. Después ella se fue escabullendo hacía el río como
avergonzada, sentí el chapoteo cuando se sumergió para siempre en las aguas y
recordé esos versos finales del poema de Amado Nervo: Amé, fui amado, el sol
acarició mi faz./¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!. Eso.
lunes, 15 de abril de 2013
TRIBUTO
Erecto ante la Mara semidesnuda,
la verga sensible a mis vocaciones y sobajeos, goce de voyeur atrapado en esa
boquita picuda, mamadora, sorbedora de lechadas y apretadora de glandes,
enredado en esos dientes que han mordido príapos y esa lengüita que ha lamido
vergas en deleites compartidos. Piel desnuda, suave, perfumada, amplia como un
territorio de paraísos carnales donde florecen goces y delicadas perversiones.
Hundiéndose en esos ojitos picarescos, coquetos, como achinaditos, que dicen en
susurros voluptuosos un “venquetecomo” o un “mirameygozame”. Miro, observo,
espío, voyereo, veo, contemplo esos pechos de erótica blandura, los percibo en
un tacto imaginario como si los levantara, los sopesara, los balanceara y
acariciara con mis manos edípicas, esos pezones de incitantes aureolas
coronados por esos duritos garbanzos que llaman a chupar, succionar, mamar como
macho/hijo a la hembra/madre en un tentador incesto pecador. Alcanzo a ver
asomando bajo la piel de leoparda impúdica una breve línea de su entrepiernas,
limite entre el muslo y el pubis, y ahí me quedo extasiado en esa tibieza. Su
pulsera es un rosario de glandes multirraciales, no hay duda, Mara es una
divinidad fálica.
domingo, 14 de abril de 2013
SOÑANDO A CASANDRA
“Behind every
masturbation, there si a successful imagination”. Anonimo.
Anoche fui a un sueño de ti y en
ti, percibí tu cercanía tierna y dulce como un aleteo de mariposas, como un
acurrucarme en el regazo de una madre que me incita instintivamente al incesto,
pero después fueron palabras de tristeza y desencuentro, de oscura decepción,
de vergüenza y dolor, me juzgabas con una crueldad de pesadilla, ya no me
sentía en tu regazo maternal si no herido en lo mas intimo, ya no eras la
cómplice, la amante distinta, la madre incestuosa, única, distinta, especial,
ya no eras la que me había permitido sentirme tan cerca que era como si
fuéramos amantes mas allá de lo físico, ya no eras la madre-amante, cómplice y
tierna, me juzgabas según tu pensar, inflexible y dura, y yo, en el sueño,
estaba seguro de que no lo merecía, sin embargo, sin tú querer tu sinceridad
nacida del Amara me hería como una filosa daga envenenada. Yo entonces
recordaba porqué había escondido siempre mi secreto de todos y de todas, lo
había ido rumiando en mi soledad sin nunca atreverme a mostrarme ante alguien y
que por un momento intuí que sí podía hacerlo ante ti, pero ahora supe que
volvería a encerrarme en mi mismo con un caracol amenazado. Insististe en tus
tiernos regaños, y te dije que yo podría estar toda una noche contigo, desnudos
en el lecho, y solo te amaría con caricias y susurros, solo te miraría, te
hablaría, te rozaría apenas con las yemas de mis dedos por todo tu cuerpo
desnudo para despertar la fibras mas ocultas, intimas de tu sensualidad,
sensualidad, no sexualidad, te iría llevando por los caminos del Amar mas puro,
acallaría tus vehemencias con mis palabras, con mis cariños, y así amanecerías
virgen otra vez. Y en mi sueño de ti soñaba hundirme en ti, en tu cuerpo, en tu
aroma, navegar por tu piel sorbiendo tus néctares, deslizando mi lengua por
cada rincón de ti, sentirme pequeñito a tu lado, y veía esas palomas de todos
mis sueños, veía esos tetes de mi sed incestuosa, tu sonrías para mi, coqueta y
hermosa. Y te dije que tu cuerpo me excita, me despierta, y veía ese
ombliguito, tu cuerpo maduro, tu pelo y tu risa, y todo era como un amanecer,
veía tu piel pálida, tus uñas, ese lunar entre tus palomas, se canalcito entre
tus nalgas divinas y mis instintos bullían alocados porque me excitas mucho
Casandra, me incitas deseos, me regalas el paraíso, y te siento intensamente
como en un sueño. Y encopaba tus pechos,
sentía su tibieza y suavidad, sentía esa lengua tuya en mi piel, e iba hacia en mis deseos, y
tú te chupabas un dedito incitándome, y veía tu boquita sintiendo tu succión, y
todo mi cuerpo latía excitado. Tu risa era como el sol que amanece en mi alma y
no podía contenerme y me masturbaba deliciosamente, me masturba en ti, y tú en
mi, yo era el que te tocaba, me sentía poseyéndote con toda mi ternura y
sensualidad, veía tu rostro en goce y eras mía, mía, yo estaba ahí en ti penetrándote,
te sentía mía, muy mía, toda entera, tu oculta florcita, esa sensualidad de tu
pelo y tus manos, y tu sentías mi ternura y mis deseos en tu piel, te lamía
entre tus nalgas, lamía tu cuerpo, lo ensalivaba humedeciéndolo en un espiral
voluptuoso e incesante, y mi falo recibía tus caricias hasta que vi tu flor del
sur y la penetraba hasta la eyaculación. Y ya al final del sueño veía la
placidez en tu rostro, tu ojitos como con sueño porque habías sido mía,
absolutamente mía y yo tu hombre, tuyo, porque el Amar nos habita. Ese fue el
sueño de anoche en ti.
viernes, 5 de abril de 2013
LA MADREAMANTE
De pronto un día sentí su
presencia avasalladora de mujer invencible, de fuerte carácter y siempre
vencedora, y me sentí pequeño ante su imagen de esfinge majestuosa, y me volteó
en un giro de invertido sentido dejando expuestas mis ancas de indefinido potro
femenino. Sentí su dedo hurgando dulcemente en mi virginal flor del sur,
después su lengua abusadora violando allí en mi capullo sensible y me entregué
asustado y ansioso a sus caricias equívocas. Sentí su punzante pubis de suaves
vellos ralos restregándose en mi cóccix de macho-hembra, montándome con la
fuerza dominante y tierna a la vez como una hembra-macho que posee más allá de
la carne, y me rendí a su potencia dominante, yo sumiso y débil violentado en
ternura y deseo por esa amazona imponente. Ella era la abeja reina y yo el
zángano deslumbrado perdido en los laberintos de los profundos instintos donde
el sexo es un juego maravilloso de estambres y pistilos y los géneros se cruzan
buscando la salida o la vertiente del goce y la entrega. Y tomó posesión de mí
y de mi secreto no como un mero juego de la carne ni como una perversa fantasía
si no como una intensa comunión que se vierte en los latidos de antiguos
instintos y en la sagrada redención del fin de una búsqueda. Y después fue
madre-amante y yo niño-hombre y fuimos en incestuoso pecado un solo ser fundido
en freudianas culminaciones, y entregó sus senos llenos y sus erguidos pezones
a mis manos hambrientas y a mis labios sedientos, y mi boca bebió de esas
frutas maduras como si recién acabara de abandonar el tibio y seguro útero
materno y caí en ese abismo trasgresor con los ojos cerrados acariciando para
siempre su largo pelo negro. En su regazo pecador sucumbieron las arduas y
antiguas tentaciones, en esos pechos hice la vendimia de todos los otoños
arrepentidos, en ese cuerpo maternal dormí como un sátiro inofensivo que ha
encontrado la piadosa matriz originaria. Fue en esa epifanía donde se abrieron
las cavernas del silencio y florecieron las dalias negras del nocturno velado,
bajo los ojos compasivos de la diosa madre ninfa se desataron las reprimidas
turbulencias con su oleaje liberado al fin de los días clausurados. Sentí
entonces que habíamos consumado el Amar más allá de la locura y las ansias,
atravesando en el goce compartido el prohibido muro del paraíso.
LA VIRGEN MADRE DETRÁS DEL ESPEJO
Allí suntuosa y sensual detrás
del azogado cristal del espejo, madura madre esencial, diosa del rito prohibido
del incesto que saca los ojos pero estremece en su densa voluptuosidad sexual,
allí ella, húmeda y ardiente deidad de oscuras perversiones acecha con la
palidez edípica embebida en su piel otoñal, emboscada en un negro de tules y
plumas, entre rojos y verdes y un erguido falo blanco como aviso de lo que
buscan sus instintos de hembra-madre, a pies descalzos y senos semiocultos,
detrás del espejo, inalcanzable en su divinidad conjugada en delicioso
desparpajo, allí, vigilada por un candelabro de cinco velas y una misteriosa
jarra, entre grises y albos destellos, por los collares colgados y un antiguo
libro dormido, allí donde el silencio y la quietud rememoran un paisaje de
arenas donde le encantaba tirarse y dejarse arrastrar como una niña allá por
los medanos de Coro en su otra patria, donde se sentía flotar en una bella
sensación de alegre libertad como la impúdica sensualidad de su desnudo
escondido detrás del espejo, esa delicada perversidad de su exquisito
exhibicionismo especular, que me insta, invoca e instiga a cruzar el vidrio y
su reflejo con mi mano culpable y tocar acariciar rozar la luz de luna que se
desviste en su cuerpo en sazón y encopar sus pechos virginales, hurgar su vulva
impúber y dejar en sus rosados pezones la marca quemante de mi succión de hijo
pecador que busca las aguas espesas y cálidas y acogedoras del útero inicial,
del sitio donde convergen todas las travesías sexuales en sus errados senderos
de amor-sexo, de ilusión-pasión o de pervertidos cantos de sirenas prostibularias,
allí, atrapada o encarcelada en el azogue como una libélula imaginaria e
incitante, inserta en un ámbito de colores y cartapacios y frazadas y zapatos,
incubando el deseo de los ojos que la miran hambrientos de su imagen carnal, de
su lividez de asombro, de su lozanía increíble, de la belleza instaurada de
sagrada virgen del lupanar de los sueños obscenos, de lujuriosa estatua de
mármol lascivo, de furtiva meretriz babilónica y secreta bacante de los
depravados dioses incestuales, allí, como una silente y quieta sacerdotisa seminal
del templo de Ishtar, vestal impura de santuario perdido del culto fálico,
cristalizada en su densidad corporal de mantis no religiosa, soberana
imperturbable del reino de los machos inmaduros como potros extraviados, allí,
detrás del espejo, como una doncella im/pene/trable.
jueves, 4 de abril de 2013
A MEDIA MAÑANA
Todo mi Amar en ti se revuelve y retuerce como en un
lodo tibio y perfumado de voluptuosa consistencia, arden mis fuegos erectos en
su llama insaciable quemando tu piel desnuda allí donde estés, se derrama en ti
la densa lava de mi semen ardiente, escurre por tus valles y colinas, por las
dunas y surcos de tu cuerpo incendiado, y te imagino escondida en un rincón en
penumbras estremecida por esta sensación de poderosa posesión que mi deseo que
te alcanza como un viento tórrido en la afanosa mañana de tus rutinas. Y estarás
buscando mi aroma de macho por los pasillos y los cuartos vacíos, en el tumulto
de las salas de espera, en los jardines de descanso y en las ventanas que dan
al día que va sucediendo, y me soñaras despierta con mis manos deslizándose con
tierna y vehemente impudicia por tu desnudez bajo tus formales ropajes, te
inquietarás por la sensualidad desatada que invadirá tu alma de hembra en medio
de las gentes y los rostros que te rodena como fantasmas congelados porque yo
estaré allí para no dejarte tranquila hasta que mis labios sedientos de ti atrapen
tus pezones en un dulce beso niño. Quiero abrumarte de mis instancias
genitales, que nuestro Amar hierva en el caldero de las pasiones como un
brebaje sagrado y mágico que se evapora en un vaho denso donde se mezclen tus
intimas fragancias con el aroma macho de mi virilidad inhiesta, quiero cohibir
tu recato de niña virginal y coartar tu pudor de seria dama intocable para que
te derrames como una dulce miel sobre mi ídolo que te acecha erecto en los
insomnios compartidos donde tú y yo nos consumimos en la eterna hoguera del
amor-deseo con las manos tomadas y las bocas en beso. Mi Amar en ti se sumerge en
un lodo tibio y perfumado arde en su llama que quema tu piel y se derrama en ti
como un densa lava ardiente, escurre por tu cuerpo incendiado, mientras buscas
mi aroma de macho por el día que va sucediendo, y sientes mis manos en tu
desnudez secreta, y te inquietas sintiendo mis labios que atrapan tus pezones
en una dulce succión de niño-macho, y te abruman mis ansias genitales, y hierves
en el caldero de nuestras pasiones donde tus intimas fragancias y mi aroma
macho inhiesto se fusionan a pesar de tu recato de niña virginal y tu pudor de
dama intocable hasta consumirnos en nuestro amor-deseo enredados en la hacendosa
rutina de tu mañana.
lunes, 1 de abril de 2013
MARES SECRETOS
Vivía oculto en las espesura de otras mascaras,
navegando en la ciénaga de su vergüenza entre los juncales del temor y del
oprobio, escondido solitario en las sombras de su propia ignominia, nunca vio
la luz de los soles de los días, soterrado, asustado, disfrazado de noble
vizconde, con un rostro equivocado, incubando sus deseos y sus miedos en la
telaraña de sus pequeñas perversiones. Los primeros vientos de sus adolescencia
impura, su desbocada pulsión carnal, el culto solitario con la ceremonia
continua y viciosa de adoración insaciable al dios Onán lo había arrastrado a
misteriosos ritos fálicos, a extraños goces, siempre visuales, de lingams
dispuestos a la batalla o vencidos en sus ardores. No era un Juno bifronte ni
un Antinoo pervertido ni un dragqueen desatado, solo un secreto experimentador
de voluptuosas sensaciones. En esos mares secretos navegaba por las noches de
soledad y por las madrugadas ermitañas, temeroso del día público y de los
caminos desviados, de los cantos de trabadas sirenas, y de no ser más de lo que
era ni cruzar las fronteras del decoro. Macho incesante, buscaba en los
hembrajes la virgen o la musa que encendiera con él los cirios y el incienso de
sus furtivos ceremoniales o la dulce comprensión de clemente diosa maternal con
quien abrirse como un capullo contenido y ser entonces lo que era y respirar el
aire libertario a puerta abierta, a plena luz y con tierno desparpajo. Pero no
había esa Mater unigeniti donde alcanzar
una pausa o un descanso para su alma desesperada en los cloacales laberintos de
su tenebrosa e impenetrable virilidad contaminada. Hasta que vino Ella, paloma siempre
en vuelo cansado nacida en un día sin recuerdo en un bello paraje de montañas y
ríos, y ella era la buscada, virgen otoñal vestida de ternuras, y vino llena de
gracia adivinado o descifrando el secreto del fauno atrapado en sus voluptuosas
fantasías, e inundó de abiertas aguas sinceras las palabras encubiertas, los
gestos ambiguos, las transgresiones y los oscuros rincones. Y la amó como
virgen y musa, sacerdotisa intocable y vestal sagrada, y ella abrió los
ventanales y revolvió los cajones, y le tomó la mano para que él sintiera la
complicidad incondicional de su Amar entero, y se abrió a él con el esplendor
de una rosa del mismo color del delirio, y él se hundió entre sus pechos como
un niño al fin liberado.
jueves, 28 de marzo de 2013
EN LA ROSA DE TU AMAR
Soy el amo y
señor de tu vida antes y después de mí, de tus sueños, de tus ensueños y de tu
sentir, en mí revives una y otra vez en románticas repeticiones nuestros
momentos de altas intensidades, soy el vizconde con el que cada día, cuando la
distancia se te hace presente, comulgas tus sentimientos abrazada a mis
ternuras, soy el que te inspira y genera la vertiente cristalina de la fuente
de tus ilusiones, soy el que te persigue y acecha por las noches y por los días,
el que habita todos los espejos donde te miras o te reflejas, soy el que nunca
te cambiará por ninguna porque en ti encontró el Amar con sus dichas y sus
ansiedades y sus temores y sus celos y sus reencuentros y sus esperas, porque siempre
estas en mí y eres mi amor en la eternidad donde nos sumergimos en los
insomnios y en mí realizas y consumas tu Amar con la misma incesante necesidad que
el mío porque se funde dentro de ti hasta lograr la plenitud de nuestro Amar y
en mí te perpetuas con tu generosa esclavitud porque soy el que te ama como tú
no imaginas. Pero por desgracia tuya y felicidad mía también soy la lubrica bestia
de la infamia que despertó los ardores de tu cuerpo dormido cantando como un
gorrión perverso en tu oído, soy el que te hace sentir sus manos sobre tu
cuerpo para que te quemen con el mismo fuego de mis deseos desatados, soy el
que se prosterna y masturba ante tus imágenes buscando el goce intimo y
solitario, el que sueña encopar tus pechos y mamarte tus pezones como un macho
niño incestuoso para huir en ti de la soledad que me abruma, soy el que sueña
sediento lamer en una erótica y sensual ceremonia el rocío tibio y dulce de tu vulva
mientras escucho tus quejidos y murmullos que surgen de tus más oscuros
instintos por el placer que te provoco, soy el que te sueña y sueña desnuda
sobre el lecho con tu sexo húmedo y anhelante esperando que mi miembro
endurecido lo pene-tre en un rito salvaje e impuro donde seamos potro y
potranca, amo y esclava, señor y doncella, macho y hembra, soy el que se
embriaga por la noches de su celibato con las fantasías de tu cuerpo
vertiginoso entregado a mis delirios más obscenos donde eres todas las mujeres
que he buscado y no encontrado por los años antes de ti, y eres virgen y
meretriz, madre y amante, amiga y cómplice, amada y deseada para siempre jamás.
miércoles, 27 de marzo de 2013
AMANECIDO HOY EN TI
Iría a despertarte
a besitos tiernos y leves como mariposas inquietas, hundiría mis manos con
sutil dulzura en el negro torrente de tu pelo, te miraría durmiendo hasta
dibujar en mi memoria tu rostro tranquilo, tu cuerpo en reposo, me acurrucaría
calladito a tu lado para respirar tu aroma de mujer dormida, para entibiarme a
tu lado con tu calor sereno y maternal esperando que salgas del sueño para
besarte como un potro feliz de encontrar a su potranca. Y me deslumbran las
joyas de tus uñas que guardan la suave caricia de tus dedos surcando los
viriles paisajes de mi piel ansiosa de ti, hambrienta de tu roce, sedienta de
tu boca demarcando los territorios donde reinas, me voy estremeciendo de tu
cercanía presintiendo ya nuestros labios embebidos de amor deseo, al ídolo siempre
insaciado en la humedad y dulce insistencia de tu nido, a mi boca bebiendo de
tus tetes como un bebé enternecido en la mullida convexidad de tus palomas, a
mis labios de macho niño atrapando tus delicados vellos púbicos en un juego
alborozado de macho adulto, y me deslizo por tu cuerpo adherido como un rocío
que escurre en su hirviente agua sexual. Y hay un río donde convergen todas la
fantasías de mi piel en tu piel como un tatuaje donde danzan en sus fuegos
inconsumidos los vertiginosos habitantes del templo de Kajuharo, un río de
eróticos afluentes termales en que te bañas desnuda bajo la luz de la luna que
ilumina la palidez de tu cuerpo vestido con la obscena mirada del fauno potro
macho escondido entre los arbusto de la distancia y el desasosiego. Un río de
torrentosas aguas salvajes donde los instintos se vierten como densos líquidos
seminales o espesos brebajes vúlvicos que se desbordan inundando los bosques y
las ciénagas donde medran insoportables ansiedades carnales. Todo tiende a ti,
a tus cálidos laberintos y a tus voluptuosos abismos, todo desemboca en tus
manglares de épicos celos e indulgentes desconfianzas, todo se dirige a tu
lecho, a tu perfume, a tus ojos. Entro en el traspaso vehemente de la mañana de
tu rito sagrado al pleno día soleado y aun sigo embobado en tus imagos gozando
y mirando cada detalle intimo y mío, y en esas tus secretas imágenes encuentro
el agua necesaria en este árido desierto donde habito, tu me estimulas, me das
vida y goce, me incitas y me excitas, y mantienes encendido el pebetero de mis
ardientes deseos de ti. Amén.
martes, 19 de marzo de 2013
EN TI Y POR TI
Llegué muy tarde anoche y recién hoy en la mañana vi mi correo, y ahí estaba tu paloma intensa y desnuda, como una pálida y dulce luna quieta en su tibieza, y ahí en ella ese tete coronandola con su delicado y tenue rosado carnal. Vi tu pecho amplio y rotundo, vi tu pezón deliciosamente edípico, vi tu piel iluminada como surgiendo entre los dos pétalos oscuros de tu bata, y sentí la intensa proximidad de ti, pude oler el aroma secreto de tu piel, pude alcanzar el roce de tu desnudes vertida para mi, pude escuchar tu respiración casi junto a mi oído, y pude besar ese seno con besitos chiquitos, lamerlo con suave fruición, saborear el fino licor de tu tierna transpiración, y pude tocar con la puntita de mi lengua ansiosa ese pezón exultante, sentir su intima protuberancia, la plenitud voluptuosa y sensible de su aureola, pude mamara, chupar, succionar, como un bebé hambriento ese breve circulo con su botón enternecido. Y lentamente mi miembro se fue despertando, erectando, creciendo en su virilidad anhelante, y mi mano lo tocó impúdico, y lo atrapó en su dureza de macho, y comenzó el rito onanista, y mi ojos acariciaban y recorrían cada pedacito de tu pecho y su pezón, como buscando más y más de tu cuerpo para consumarnos en el Amar salvaje de los deseos contenidos hasta el borde del dolor. Sin vergüenza porque no me mirabas, me deje arrastrar por le esencia erótica de tu imagen, y vino el fuego de la hoguera donde ardemos en las noches soñándonos, y mi mano fue tu mano y vino el goce desesperado de la eyaculación que escurrió como lava quemante por la duna acesante de tu seno y su pezón. Y fui feliz ahí apegadito contra tu cuerpo como si hubieras estado aquí. Así la mañana te trajo a mi lado, y alcancé a escuchar tus suspiros y quejidos de tu propio goce mientras yo me iba hundiendo en el sopor del éxtasis de la carne y el alma, embriagado de poseerte, de ser tu macho y tú mi hembra. Y vuelvo a tu pecho y su pezón, y ahora con ternura de niño los acarició y los beso, y percibo en su redondez y su turgencia la entrega, la seducción, el deleite de tu sentir sabiendo que yo acá iré a rendirte el tributo masturbatorio en el altar de tu nombre amado y deseado.
miércoles, 13 de marzo de 2013
HOMENAJE A MARA
Mara, la imposible virtual. La
conozco solo por muchas fotografías de su cuerpo desnudo, por esas deliciosas
imágenes sé que es una mujer madura, elegante, alta y de cuerpo más bien
llenito, macizo, y de maneras distinguidas, por lo poco que se ve de su rostro
la asumo como algo seria, adusta, distante como corresponde a una dama,
envuelta en el vaho incitante de un caro perfume, la piel de un rosado pálido
muy suave y cuidada, con esa tersura casi resplandeciente de la madurez bien
llevada. Cuando vi por primera vez esas fotografías supe de inmediato que
merecían el homenaje de una dedicada masturbación. Era cosa de esperar la
adecuada ocasión. Está llego ayer en el atardecer pues quedé solo en la casa.
De esas fotografías elegí seis, de cuerpo entero y semidesnuda; dos de Mara
recostada con sostén y calzones blancos, con un collar de grandes cuentas rojo
oscuro y aros del mismo color, y cuatro de Mara recostada con sus hermosas
tetas al aire, sus pezones rosados expuestos a la miradas libidinosas. Preferí
esas fotos porque me imaginé espiándola por la puerta entreabierta y Mara sin
saber que la espiaba estaba como esperando a alguien… Con aquellas fotografías
en la pantalla del computador, comencé mirarlas una a una, buscando cada
detalle en la piel y el cuerpo de Mara y dejando correr mi imaginación
libremente. Ahí estaba Mara semidesnuda sobre su cama y yo la espiaba, fui
sintiendo como mi verga iniciaba lentamente una rica erección bajo la ropa.
Entonces me bajé los pantalones y el slip. Mi verga estaba ya erecta, sentado
cómodamente inicié la deliciosa masturbación sin dejara de mirar esas piernas
gorditas, ese culo ampuloso, esas tetas maduras dulcemente caídas con sus
pezoncito ricos, rosados, impúdicamente carnales, estaba tan excitado que debí
frenarme un par de veces para no eyacular tan pronto y prolongar el placer al
máximo. Estuve así largo rato, sintiendo el roce de mi mano en mi verga y a la
vez mi dura verga en mi mano, a la señorona exhibicionista que me mostraba sin
querer su cuerpo rico! Por momentos no imagine ninguna escena sexual,
simplemente gocé y gocé del placer puramente físico de la masturbación por esa
puta madura y suculenta Puedo imaginar, ver!, perfectamente esas manos bien
cuidadas de bordes de uñas blancos tomando el miembro endurecido de mi amigo,
ver esa boca picuda mamándolo, succionándolo con hambre de meretriz desaforada.
Seguí repasando las imágenes de Mara, una a una, buscando más de esos detalles
voluptuosos. Con mi vista recorría una y otra vez el collar de bolitas rojo
oscuro, el sostén blanco o suave rosado, el calzón edípico de suave rosado, la
cadenita de oro con el pequeño colgante, los aro de esferas rojas y una perla,
el vislumbre de las correitas negras de sus tacones, su tetamenta desnuda, sus
pezones rosáceos, sus muslos anchos, su estomago y sus caderas con esos
rollitos desvergonzados, veo o imagino ver unos rubios vellos púbicos que se asomen en el vértice de su
entrepiernas. Al principio me pajeaba muy suave y despacio, y mi nivel de
excitación aumentaba al igual que el de mi verga, luego comienzo a pajearme muy
intensamente y no puedo evitar unos gemidos de placer y de gusto. Me salen
instintivamente gemidos de placer, pienso en lo que me encantaría tocarle y
chuparle las tetas, esas tetas grandes y blandas de exquisita madurez. De
pronto sentí como ya me venían las ganas de eyacular, pero me refrené un poco,
mientras con mi mano izquierda sostenía mis testículos y los acariciaba
imaginando su mano, con la mano derecha que es la mas experta, frotaba de
arriba abajo mi falo que de un momento a otro alcanzaría el clímax, después de
unos minutos mi miembro estaba a punto de explotar. Al final llegue al clímax
de manera incontrolable, brotó un chorro de liquido blanco lechoso y tibio,
denso y viscoso, y detrás del primer chorro, otro y otro más, los chijetes de
semen cayeron piso, mientras gozaba ese instante me di el lujo de dar unos
grititos en medio de la casa, luego me tiré hacia atrás sobre el sillón y que
quedé placidamente quieto, relajado y feliz, agradeciendo a Mara su
exhibicionismo impúdico y a su esposo por abrirme la puerta a sus lujuriosas intimidades.
EDIPO MACHO
Aun no asumes que hay Universos
paralelos, otras dimensiones donde vos y yo vivimos en el mismo lugar, nos
amamos y deseamos, y consumamos noche a noches deseos irrefrenables, locos
felices. Y ya te es tarde para una vida nueva porque soy un virus que no tiene
cura ni salvación, podrás negarme, huir, borrarme, despreciarme, humillarme
incluso, pero seguiré latente dentro (muy dentro) de ti, pene/trado en ti, en
las húmedas profundidades de tus instintos mas primarios, los mas antiguos,
esos que ya habías olvidado y que yo hice brotar contra tu voluntad y tu recato
de dama seria y distante, y estoy seguro que disfrutas mi contagio como si el
tiempo no hubiera sucedido. Ya aprenderás a utilizar la virtualidad para ser en
ella como realmente eres, sin límites, sin desconfianzas, sin censuras, desnuda
de mente, de alma, de cuerpo. Solo entonces sabrás utilizar la virtualidad para
tu felicidad y tu beneficio. Y entonces, en esa esquina secreta de tu vida
virtual serás madre incestuosa y yo hijo incestuoso, felices pecadores contra
natura, y yo te estaré esperando como un Edipo macho soñando que duermo para
siempre en la tibieza tierna de tus pechos aunque deba sacarme los ojos.
martes, 12 de marzo de 2013
REVIRGINACIÓN
El primer día será esa perra
sucia sumergida hasta el alma en una sopa de semen, de orines, de sudores
avinagrados de machos en celo. El segundo día será la meretriz de todos los
puertos, la que por unas tristes monedas mamará cualquier verga maloliente y
marchita. El tercero pecará de traicionera infidelidad apurada por su ojete
(esa flor del sur) insaciable que no tiene paz con una sola verga. El cuarto
día su vicio será el dolor y la humillación de sentirse violada con violencia,
emputecida más allá del placer, dolorosa e intensa, para que el día siguiente,
el quinto, vengar sus heridas purulentas en la putas taciturnas de los oscuros
tugurios de sus sueños. El sexo día, sagrado para las vergas sin prepucio,
consumará todas las pene-tracciones posibles, y su culo será la cloaca donde se
verterán todas las aguas impuras, otra vez semen, orines y sudores, que le
quedaron pendientes del primer día. Y el ultimo día, el séptimo, mientras Yahvé
descansa volverá al origen fálico en pene-trantes degustaciones que terminaran
de desflorar su ano, esa flor mustia hinchada y ahuecada, para dejarla abierta
y mustia como una anémona muerta en la arena por el oleaje de siete días de
perversiones incesantes. Pero el primer día siguiente será otra vez virgen,
casta, delicada, con su culito apretado y sensible como un botón de clavel, por
obra y gracia de los deseos compartidos por sus amigas sodomitas de la Cofradía
de la Luna, la misteriosa Diosa sin rostro que nos reúne, acoge y ampara.
VISLUMBRES VIRTUALES
El largo y negro negro pelo cae
sobre sus senos de niña, roza sus pequeños pezones, se escurre entre el surco
tibio de sus pechos encendiendo lubricas miradas, alzando los antiguos mástiles
en los muelles cansados, abriendo las puertas a los deseos lejanos a las ansias
de machos solitarios. Son sus perlas amaneciendo entre su negro pelo y el negro
escote la perversa venganza de la hembra herida, que intocables en terrible
distancia agrandan, endurecen, erectan, la carnal voluptuosidad del lobo. Son
sus perlas desnudas el rastro persistente que huelen y siguen en desesperadas
jaurías nocturnas sus enviciados y jadeantes sementales. Esas pálidas perlas
llenas, suaves, tibias, de tiernos pezones y tenues aureolas, urgen los deseos de machos solitarios que en
ardiente celo la buscan ansiosos en la maraña de un bosque de voces. Y veo sus
pechos llenos, palomas pálidas latiendo enjauladas en el escote, abierta
ventana a la dulce tibieza de su piel, y sueño hundirme en su abismo suave
hasta quemarme entre sus carnes trémulas, y veo su ombligo atrevido y tierno,
nudo tibio que mis labios sueñan marcando el centro de su cuerpo como un hito a
los ardientes anhelos, y eje carnal de mis terribles deseos, y veo sus ojos y
su pelo y sus manos y su risa de reina estremecida y veo su rostro sonrojado de
hembra deseada y veo un pequeño fuego en su mirada y sé que para ella y para
mí, cruel distancia mediante, la tarde será larga de ardores y la noche una hoguera
compartida. Porque le mamaría esos pezones, le lamería tu vulva depilada, le
sorbería el clítoris hasta hacerla gritar, la penetraría lentamente para que
sintiera como mi verga la posee, entrando en elle, en sus instintos, en su
cuerpo de niña ansiosa, la besaría el cuerpo entero, con mis labios, con mi
lengua, con mi verga dura escribiendo sobre su piel palabras de deseos, de
fantasías soñadas, saciaría su sexo caliente y húmedo, jugaría con mis dedos en
su vulva mojada, en su clítoris erguido que me espera exultante, hundiría mi
dedo hurgando en su sexo hasta el secreto punto del clímax, hasta sus instintos
de hembra en celo, para que sintiera en la oscura virtualidad incomprensible
como mi miembro socava su vagina sensible hasta que encuentre el esperado
destello del orgasmo.
viernes, 8 de marzo de 2013
PARAISO ONIRICO
La noche entra cabalgando al
galope por la tarde, el atardecer te trae en el perfume de las rosas que
comienzan a dormirse, la penumbra se esparce por los follajes y los rincones,
cierro los ojos para cercarte atrapada en la telaraña del insomnio y te beso en
el borde mismo de la noche, presintiendo la riada de tus aguas hirvientes que
vienen a mover las lentas aspas de mi erótico molino macho. El nocturno es
invadido por tu presencia. Todo sucede en una dimensión distinta a lo
cotidiano, en otro tiempo y otro espacio, y lo que vivimos la noche anterior
esta ahí palpitando aun en nuestros cuerpos, en mi boca persiste tu dulce sabor
de hembra mía y tu libidinoso cántaro debe sentir todavía los lamidos de mi
lengua cada vez que caminas, tenemos aun muchas noches para nosotros, y las
iremos hilando una a una con la paciencia y persistencia de los enamorados, de
los locos, de los pervertidos, de los inmortales. Dormiremos y de seguro nos
encontraremos en el sueño, y será en un parque en otoño, hacia el atardecer,
una suave garúa difuminará los prados y los árboles, estaremos de pie,
abrazados bajo un paraguas negro, besándonos, susurrándonos ternuras de
adolescentes, sintiendo la cercanía y la grata soledad compartida. Y nos
amaremos poseídos de una locura sublime y densa como los caracoles de jardín
cuando copulan entre las flores, sin leyes que rijan los instintos ni limites
que quiebren los deseos, embebidos de esas babas y espumas, con esos cuerpos
húmedos retorciéndose, esa gelatinosa desnudez impura, ese desparpajo natural,
esos sexos lechosos, esa dualidad sexual de ser hembras y machos a la vez,
activos y pasivos, gozando del sexo en todo su esplendor y goce. Sientes mi
virilidad endurecida, yo tus senos punzando, nuestras piernas se entrelazan buscando
la imposible pene/tración, comienzan los roces púbicos, tres manos (una sujeta
el paraguas) acarician los cuerpo con impudicia, hurgando bajo las ropas,
buscando un vértice y una columna, buscando pechos, pezones, las lenguas se
enredan jugosas, los labios mojados se abren para abarcar toda la otra boca,
hay salivas, quejidos, frotamientos lúbricos, mordiscos, un dedo viril se hunde
en la humedad sexual, una mano aferra una rigidez carnal, hay susurros,
desesperaciones, estremecimientos, un intenso orgasmo, una deliciosa
eyaculación oculta mientras la llovizna voyerista sonríe suavemente,
arreciando. Eso en el sueño donde voy poseyendo como en vuelo de libélulas pero
a la vez sobre las piedras mojadas por la llovizna, en la nocturnidad de un
parque, bajo un paraguas.
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