Si vas soñarme escondida de
alguien suéñame desmembrado por tu boca sabia como si tus besos de filosos
sílices fueran esa puerta que me dabas
(i) para que te pene/trara de deseos verdes o azules como el azúcar o los
árboles. Suéñame contra tu piel en desconcierto, igualado, asido, perpetrado,
que no te quede ni un rinconcito donde no me estés soñando, suéñame entre tus
senos sediento y entre tus muslos habitando embriagado por el húmedo rumor de
tu orgasmo. Porque si yo te sueño voy a soñarte con plenos poderes, con
desparpajos de linyera que nada pierde con perderse bebido por tus labios, con
el libre albedrío de la erótica onírica que permite galas y perversiones,
denodados intentos y variantes inverosímiles, que autoriza verterse sin
miramientos ni censuras, que tolera la improvisación lujuriosa y la estrategia
libidinosa, la ilimitada consumación en voz alta o en incitantes susurros.
Sueña que te ensalivo enterita para engullirte sin mascarte, así sin mordiscos,
primero solo a lamidos largos lentos insistentes y luego absorbiendo tu esencia
de hembra encelada como si en ello se me fuera la vida. Si vas soñarme a escondidas
por tus insomnios deja tu boquita abierta para que te bese a como de lugar, sin
armisticios ni treguas, para comerme tus labios y tu lengua en carne viva, sin
sal ni condimentos, así pura para mi hambre de caracol clandestino. Y si
puedes, antes de despertar suéñanos de pronto en una trama de parques sin
estatuas, a mediodía desnudos bajo una lluvia tibia, haciendo un amor de piantaos
revolcándonos en el pasto a la vista y envidia de los transeúntes para que todo
parezca un sueño.
viernes, 28 de febrero de 2014
DEUDORA
"Critón, le debemos un gallo a Esculapio. Paga mi deuda y no la
olvides". Sócrates.
Siempre estás en deuda sin
saberlo, porque te ando viendo por las calles, los café, en las rosas que ya la
cercanía del otoño comienza a desvanecer, y ahora en los pimpollos, en los
brotes que han despertado tus lluvias. Florecerán una y otra vez con la misma
pasión, con los mismos deseos de incinerarse, de derramarse en el cuerpo del
otro, de hundirse bajo la piel en plena desnudez también florecida, por eso
siempre estás en deuda, porque te ando viendo por las calles y los jardines y
nunca eres. Deberás las desolaciones y los crepúsculos, el ruido de un tren a
medianoche que se va hundiendo en una lejanía de sur de araucarias, de pan
amasado y agua de noria, de tierras anegadas por los oleajes dorados antes de
la trilla, y después los ladridos de los perros en el nocturno silencioso, un yo
niño imaginando el mundo donde tú eras aún semilla. Serán parte de la deuda tu
cuerpo estremeciéndose bajo mis estremecimientos, temblando desnudo y ardiendo
en busca de las orgásmicas cenizas, tus pechos ansiosos de mi boca succionadora,
tu pubis abierto en flor madura esperando inundarse de mi polen denso eyaculado.
Aun así seguirás debiendo mis manos escurriendo por tu cuerpo y mi cuerpo
escurrido por las tuyas, las devoraciones desesperadas de la cópula adeudada,
una noche, una sola, donde los silencios se licuen en nuestras aguas sexuales,
y las distancias, pampas y montañas de por medio, se acorten hasta los roces
impúdicos que ambos nos debemos.
martes, 25 de febrero de 2014
LA CONDESA DE LA TARDE
“Où irait-il
l'après-midi sans toi ?”
Lánguida en la tarde te extiendes
supurando tu vaguedad de esfinge, tu vaho de serpiente celosa, y el musgo genital
que invade tu vientre cuando te me escapas comienza a humedecerse en mis labios
rabiosos. Entras desnuda en el letargo sensual de la siesta, en la modorra de
la piel acariciada con la parsimonia del estío, lenta te dilatas, te despliegas
con un demoroso desparpajo de meretriz ebria, de libélula acechando en la
orilla del caluroso verano, vagan tus manos por tu misma piel reconociendo sus
íntimas densidades, sus poros, sus vellos, las sinuosidades sexuales donde se
creman los deseos, urges el capullo con un delicado dedeo, suave roce que te
estremece y recobra en tu vértice vórtice pasadas sensaciones del frote de
otros dedos, de una boca labios lengua que te arrastraron enceguecida por un
torrente desconocido. Cursas con vigor pecaminoso el cauce y su vertiente,
untas tus yemas en el vúlvico licor y me das de beber en ellos tu intimidad
embriagante, la pócima del embrujo, el brebaje del hechizo. Un tenue sudor
escurre por tu espalda, ligero y transparente, mis manos se ungen de el
bendecidas en su sexualidad incontenida, desbordante, y consagran la dulce
amistad con ventaja, sin restricciones externas ni fidelidades mentidas ni
dedicación exclusiva, libres, unidos solo por la necesidad viciosa e
irrevocable del otro. Languideces por el curso de la tarde extendida como una
maja desvestida, apenas envuelta en la voluptuosidad de una vestal impía, un
halo de lujuria te ilumina la complaciente sonrisa de serrallo y el musgo
genital de tu pubis comienza a humedecer mis labios sedientos.
BALADA PARA VOS
Ven, vuela, piensa, sueña, déjate
llevar por los instintos, la memorias, los sueños, elévate, deja la realidad en
la orilla y naufraga en tus propios imaginarios, déjame hundirme en tu cuerpo,
abrevar en tu boca, resbalarme entre tus pechos, asumir tu ombligo como el
tántrico eje del deseo, déjame susurrarte el orgasmo más largo de tu vida,
abrumarte de una genitalidad viciosa y concupiscente, abarcarte la boca como
una copa de champagne y embriagarte de sonidos libidinosos, roces atrevidos,
tocaciones impúdicas, dejarte las marcas de mis secretos como huellas o
cicatrices según sean tus deseos de venir, volar, pensar, soñar. Huyamos por
los aciagos márgenes del delito de la infidelidad deseada, consumada y
declarada, del crimen de bebernos uno al otro las salivas con sus venenos
violetas y sus rojos afanes, sintámonos culpables de buscar las sombras de las
plazas solitarias con sus estatuas dormidas y sus fuentes congeladas para ir a
restregarnos escondidos como púberes adolescentes asexuados. Entreguémonos
desvirtuados los rostros a las locuras de la carne palpitante, humedecida o
erecta, a la cópula insensata, a las succiones y pene/traciones como vicios o intentos,
a esa vastedad desconocida del otro paraíso. Dejemos que los linyeras nos
desprecien por vagos felices, que se abran cristalizadas las rosas en los
jardines del invierno, que nos persiga por las calles una música de chello
triste para disolvernos en la garúa de nuestra madrugada, que las damas pudorosas
te envidien y los caballeros ocupados me odien, en fin, dejemos simplemente que
la muerte nos olvide en la vegetal eternidad de los parques. ¡Vení, volá, vení!
(i).
(i) “Balada para un loco”. Horacio
Ferrer, 1969.
A HORCAJADAS
“…el Universo no
está conformado sólo por los cuatro elementos básicos que son Espacio, Tiempo, Materia
y Energía, sino que existe otro elemento básico que los contiene y les da las
bases de comportamiento coherente y no caótico…”. A horcajadas en la luz,
Arturo Aldunate Phillips (i), 1969.
Creerás que me has eliminado de tu sangre hirviente como un virus maligno que te abría en dos, que te arrastraba a los suburbios de tus instintos, a los arrabales de tus deseos, que te despojaba de tus anquilosados recatos y te dejaba desnuda, abierta en dos, sajada, desconstruida, calada, habitada de los tormentos de la carne ciega en medio de la noche vertida como una lava por tu insomnio. Sentirás que eres libre de esa plaga que ruboriza tu rostro, que te hace arder el cuerpo entre brasas invisibles, que te hace desear insistente y ansiosa volver a mirar de muy cerca y de frente la pared que se eleva a la cabecera de tu lecho, mientras tus rodillas se hunden en la mullida cama y tus muslos rozan mis orejas y tu sexo se restriega vehemente y desperado en mi boca labios lengua y me cabalgas de cara al viento de mi aliento quemante y me sofocas con tu vulva hambrienta a horcajadas en la luz de los destellos furiosos del orgasmo. Creerás que ya no te existo, que me borraste desaguaste difuminaste entre azules imposibles o inexpertos, entre príncipes de pacotilla o canosos visitantes en desmedro, entre un fauno a tu gusto encarcelado por el vicio de las manchitas lunares de los muslos o concentrado en tu pezón insensible o rastreando tu olor de hembra en la hierba rala de tu pubis. Sentirás que me diste por desaparecido, por escapado, por fugitivo, por robado de encima de tu mesa, y no será así comtesse ingénue, porque seguiré por mucho tiempo sintiendo tu verticalidad húmeda y tibia a impetuosas horcajadas sobre mí.
(i) (Santiago, 9 de febrero de
1902 - ibídem, 24 de julio de 1985) fue un poeta, ingeniero civil, matemático e
investigador chileno. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país en
1976.
sábado, 22 de febrero de 2014
CLITORIANA (Retrospectiva brutal)
“la palabra
infamia aturde en el título, pero bajo los tumultos no hay nada. No es otra
cosa que apariencia, que una superficie de imágenes”. Historia Universal de la
Infamia, Prólogo a la edición de 1954. J.L.Borges
Castraciones mentales, salvajes mariposas cesantes, ir pervirtiéndola gota a gota saboreando paladeando degustando cada sorbo, cada avance, cada breve y pequeña victoria, royendo desgranando los muros del castillo, intentando su derrumbe hasta sus más antiguos cimientos, enseñarle el sendero empedrado, la cálida jungla de las olorosas y perturbadoras orquídeas sexuales, los rincones intocados, el vicio de la boca que besa lame succiona, las vocaciones insensatas pero deliciosas, su imagen hierática, su silueta de esfinge imperturbable al trasluz de la ventana de las luces de los barcos imaginarios, su ternura ardiente de incesante musa ahora cesante, su repugnancia belicosa a las huellas del fauno, su pudor de virgen incitante, su recato de convento en ruinas, su sudor perlando su cuerpo tensado, firme, ansioso, la miríada de manchitas escritas por los demonios en la suave y exquisita piel de sus muslos, su perfume de hembra perfumada, su sonrisa distante, sus risitas nerdiozas [sic], sus arrebatos vicerales por un óleo, un profiláctico o un link, su ética estricta y su moral incorruptible, ir descubriendo sus terrores grabados en piedra, sus sueños escritos con tinta transparente, sus temores a dejarse ser como es, sus caricias de hembra madre involuntaria, sus miedos a abrir su portalón y entre la vida misma, con sus miserias e inmundicias, con sus algarabías de carnaval, sus peligros constantes y sus misteriosas incertidumbres, de todo esto y más, la lista hoy me parece interminable, estarán pobladas mis memorias de ella, castigo y tormento, suplicio aterrador, altísimo precio a pagar por seguir siendo nada más nada menos lo que soy, siempre he sido, y seguiré siendo a pesar de su tercer desaparecimiento.
jueves, 20 de febrero de 2014
L'ARCHANGE LIBÉRÉ
“Constituye una
victoria importante transformar un angustia psicopática en una pena sin
trascendencia”. Segismundo Freud
Liberado de limitantes e imposibles
fidelidades, férreas censuras e inquisiciones inhabilitantes retorna a los
libidinosos senderos del deseo insaciable, al Universo dual donde realidad y
virtualidad se trenzan confunden incrustan en un ámbito de húmedas y densas
sensaciones, de voluptuosas exploraciones que intentan alcanzar las fuentes
nunca eternas de los placeres carnales. Vuelve a las divagaciones sacrílegas
que no se rigen por la ética o la moral si no por oscuras e instintivas
ansiedades, torna a las impías búsquedas de goces distintos, experimentaciones
que justifican el viaje inútil y sin fin, la peligrosa travesía siempre por el
borde de abismos equivocados, o a través de los jardines encantados de las
salamandras venenosas y las orquídeas perfumadas. Regresa a las ceremonias
herejes, a la apostasía del amor, a la soledad que lo define huacho, linyera,
niño macho y fauno enviciado, a la solitaria veneración del dios Onán, a vagar
temeroso por los arrabales de Sodoma incendiada sin atreverse a cruzar la
muralla. Reanuda las indagaciones extraviadas de pequeñas perversiones
arrastrado por la curiosidad de ir siempre más allá, ilimitado, libre,
desatado. Revoca las renuncias de un trato que se justificó en la piel
incinerada, en las manos ávidas y en la boca labios lengua que bebieron el
éxtasis en la vertiente del paraíso. Abjura de la delectación tranquila de las
tardes enternecidas y lujuriosas al mismo tiempo en el mismo cuerpo, reniega de
la mansedumbre o la esclavitud, se niega a escanciar los dulces licores
embodegados en los subterráneos laberintos del alto castillo, aunque intuye que
como castigo divino a su rebelión insensata jamás volverá a embriagarse de tal extasiante
manera. Reiniciará entonces el acecho furtivo de definidas o ambiguas
sacerdotisas, la obsesión edípica y el culto fálico, retomará el oscuro camino
de los que se saben solos, de los que poseen la horrible certeza de que la vida
es un triste desierto sin sentido ni fin, que después solo hay un infinito
vacío y un majestuoso silencio, que todo sucede en el aquí y el ahora.
miércoles, 19 de febrero de 2014
MUSA CESANTE
“Qué pena, que no me duela / tu nombre ahora. / Qué
pena, que no me duela / el dolor.”. Qué pena. Alfredo Zitarrosa, 1968
“Y qué sabe uno si se ha enamorado o fue pura ilusión.”. Qué pena que no me duela tu nombre ahora. Pedro Lemebel, La Nación. Domingo 31 de julio de 2005
Hubiera sido
lindo que me extrañara a mí entero, mi boca besándola, mis manos rebuscando los
sitios exactos donde se esconden sus deseos, mi lengua curiosa e insaciable, mi
insistente avidez de fauno y mi ternura de niño macho, pero bueno, es la vida y
ella aún no sabe cuánto me falta, cuanto echo de menos el mojito bebido en sus
labios también sedientos. Se la llevó primero la lluvia engrupida en sus verdes
vegetales, luego la playa seducida por las arenas, las gaviotas, las espumas,
se me fue extasiada en la voracidad de esos mundos primitivos donde las
pasiones son más animales, más intensas, donde los instintos renuevan sus
fetiches, sus traumas, sus oscuros y reprimidos resplandores. No sabía que yo
ya estaba incluido en su destino de velada condesa y que era el Arcángel de Su
Perdición que venía a vengar los oprobios sufridos por los tristes príncipes vencidos
que la amaron y desearon sin alcanzar a tocar siquiera los inexpugnables muros
de su castillo desencantado. Perdí su ancho verbo sin ,s, su búsqueda de la
palabra exacta, su sexualidad refrenada por antiguos pudores y tímidas
beaterías, perdí sus sensuales manos tibias afanadas en mí a través de la tarde,
perdí el trato justo y soberano que nos liberaba de inútiles desasosiegos, perdí
la reverberancia de una virginidad atajada en las ceremonias iniciales del
amor. No supo nunca que hacía muchos años que no me obsesionaba tanto, que
deseaba tanto a una mujer, que ya pensaba que había perdido esas sensaciones
para siempre, esa mezcla de amor/deseo, de necesidad de estar cerca, de
tocarla, de estar desnudos besándonos, no más no menos. Ahora ella sueña en
azules fuertes, fornidos, valientes y madrugadores, y en mí solo quedan las memorias
de un nocturno mar imaginario, ciertas intensidades compartidas con la
desesperación de dos nómades que se encontraron en medio de un desierto que les
parecía vacío, las lluvias inventadas, los viernes imposibles, y los asombros
del barroco.
martes, 18 de febrero de 2014
EXTRAÑOS DESEOS
“yo, Casandra de Ilión a la que amaron / en su patria los cerros y los
ríos,”. Casandra, Gabriela Mistral.
“Iría Cassandra una y otra vez /
a morir en ti”. Summa Ática LXIV, Varelio
Te borraré la boca a besos, te
dejaré enmudecida silenciosa, dejaré marcados mi dientes feroces en tus labios
adoloridos, te ahogaré con mi lengua, abarcaré tu comisuras en un beso que te
arda en la entrañas. Abarcaré con mi boca la tentación de tus senos, de tus
pezones inhiestos, dejando en ellos como baba de caracol el resabio de mi
saliva, tatuaré en tus pechos los geoglifos que detentarán mis deseos en tus
secretas memorias del placer. Deambularé por tu vientre besando lamiendo
describiendo lentos círculos apasionados en torno a tu ombligo, cuenco esencial
de la inconfesable conexión incestuosa, ojo de tifón que atrae la voracidad
incontenible de un misterioso fetichismo ancestral. Vagaré por las corvas de tus
nalgas combadas, me deslizaré por entre ellas con ansiosos afanes lingüísticos
hasta la pequeña y apretada abertura prohibida para consumar en un mórbido beso
de antracita una proscrita sodomía bucal. Surcaré tu sexo embebido, la
brevísima turgencia rosada y mórbida de tu clítoris, la doble celada de tus
otros labios verticales, punzaré la erótica vergencia simétrica del perineo,
lamberé tu vulva de punta a cabo hasta que la pene/tración sea desesperadamente
invocable. Slupparé sobre el botón capullo en una feroz estimulación clitoriana
derramando tus quejidos y estertores, abriré su capuchón con la puntita
lingual, con la puntita fálica, con la puntita de mi dedo índice, salivaré la
íntima campanita para lubricarla y anegarla de su propia esmegma perfumada en
una salvaje estimulación sexual, entonces quebrantando los tabúes imaginarios
que separan lo real de lo virtual, beberé de ti.
POLERITA BLANCA
“Ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y ciudades de besos”.
Ofelia, juan gelman
Besaría esa piel de tu escote
hasta despertar tus deseos en carne viva y alzar las breves cúspides blancas
bajo la polerita blanca, sopesar tus pechos vestidos de alba espuma mullida, intentar
la caricia edípica, el beso mordido tiernamente. La polerita que te dibuja, te
esculpe, te moldea, te muestra y demuestra, un poco transparente como
insinuando un desnudo que acontece solo en la imaginación del atento vicioso
perturbado observador que busca pervertido la certeza de la ausencia de soutien, de la pura carnalidad tibia y
exultante de tus senos de niña hembra. No hay breteles, solo las copas que se vislumbran
apenas en las leves variaciones en los matices del blanco, la espalda descotada
será otra comarca donde rocen mis manos tu ansiedad de un abrazo enternecido. La
tela se tensa sobre el canalillo entre las dos cumbres alzadas como la cuerda
de un equilibrista suicida. El escote es amplio como una playa de delicadas
arenas abarcada por la marea de nevadas espumas, ancho como una bocanada de dulce
miel derramada, de los medios hombros baja anchuroso y se recorta antes de la
deliciosa hendedura en una curva vasta, elegante, recatada. Habrá entonces
insensatos deseos expectaticios, rabioso deseos basados en meras expectativas,
como deseos de deseos, deseos de segundo orden, deseos de que tú desees lo que
deseo: tocar tu busto, succionar tus pezones, hundir mi nariz entre esas dunas
escondidas. Arriba, tu rostro se disuelve en su soberbia burlona,
exhibicionista e incitante que corrobora la arrogancia exquisita de tus
palabras: “no me visto para los demás si no para yo sentirme linda…”. Y claro
que te ves linda.
domingo, 16 de febrero de 2014
INCIDENCIAS SOBRE TU ROSA VERTIDA
“Es la rosa del tacto en las tinieblas”, Nocturno rosa, Xavier
Villaurrutia
Te voy pensando de a poquito por
el horizonte de tu cuerpo, orillando tu sexo con el rastro invencible de mi
saliva de caracol pervertido o sigiloso, bordeando la aureola de tu pezón
coronado, ensebado en tus axilas, asustado de tu silencio y por la poca lluvia
se ayer que me hizo verte en el atardecer caminando hacía el lejos de mí,
intranquila, incitante, invisible a otros ojos no fueran los míos. Distraigo la
simiente en tu pelo sobre la almohada, la sonrisa perpleja en tu boca detenida,
los contornos de tu sombra sobre el lecho incendiado, concito la vehemencia por
poseerte como un objeto de azules consumados. Acumulo mis besos en tus muslos
abiertos, los rozo con levedad de mi aliento, con el vaho de mis deseos,
arrastro las cenizas de otros fuegos equivocados para quemarte en las mismas
brasas que te persiguieron por años. Me hundo devorado en tus labios asesinos,
me hiero en tu lengua recorriéndome como una fiera sedienta, me derrito en tus
manos coincidentes que sostienen en terciopelo la virilidad encausada que busca
verterse con su propio rocío en la verticalidad esencial de tu húmeda rosa
cuajada. Sorbo tus lujurias en el pequeño capullo implícito en tu dulce vértice
voraz. Floreces desplegada en los pétalos encarnados, extendida, abierta y
surcada, poseída en la profundidad inflamada por el vástago macho que te abruma
solemne y delicado. Te voy soñando de a poquito entre los arpegios finales de
la sinfonía de la cópula que nos urde y nos traba y nos fusiona naufragados sin
horizontes bajo un misterioso sol desértico, cautivo y abrasador.
ALGARROBO (Prosopis pallida)
Beberás un agua sin sabor o todas
las aguas te sabrán repetidas, a damascos amargos o mojitos solitarios, los
atardeceres marinos serán todos iguales en fanfarria y profundidad, repetidos e
ilusorios, unos rojos desvaídos, unos hilillos de nubes deshilachadas, allá una
gaviota en vuelo leve, acá las luces brillantes de las casas de los burgueses y
allá las luces difusas de los proletarios entristecidos, contra el cerro una hilera
de luciérnagas muertas, el cielo de negro fúnebre y tú en otra ventana
rastreando un mar que te existe pero que no es el mismo mar ilusorio donde se
escurrían los besos en tu cuello, en los lóbulos de tus orejitas, con unas
furiosas manos de fauno aferradas a tu caderas. Fue inicial por los territorios
lluviosos del indiaje rebelado, de las altas araucarias y las aguas dulces de
los lagos y los volcanes, naturaleza pura, fue luego los paisajes de algarrobos
y veleros, de la pirámide vidriada y la laguna falsa, artificios de groseras
siutiquerías y de venidos a más. Pero volverás de esas arenas insomnes, de los
oleajes enrevesados en las espumas que no alcanzaron a humedecer tu piel
desnuda, de los eucaliptus que esperaron en vano tu paso nocturno, y me relamo
pensando en un viernes lejano de quizás cuando, otoño talvez o ya entrando el
invierno, en que volveré a morderte el corazón dormido y sin sangrar, a beberte
en esa vertiente tibia entre tus ralas gramas oscuras, a escanciar en mis
labios sedientos tus sabores íntimos, a catar en ti las savias verticales
y ardiente de tu verano, a navegar en el
mar salado de tus derramados sudores privados.
domingo, 9 de febrero de 2014
FIEBRE DE FEBRERO
Sinfonía Nº 11,
“La Esperada”.
El sol del estiaje finge las luces de los barcos, los besos y las pequeñas perversiones, las ternuras que atardecen en tu lecho, los pecados y las incitaciones. Las algas trepaban suplantando las furiosas madreselvas, los sarmientos de las vides incrustados en los cuerpos socavados en sus urdimbres impregnadas de cinabrios y en los sedosos escurrimientos de los pliegues en grises perlescentes, en el aire acontecido las salvajes mariposas afanaban los vuelos del titiritero del serrallo en la altísima comarca del condado. El fuego acomete en un enjambre de agujones de besos ansiosos, linguales, saborizados por limones y mentas, sumos de vides y de cañas, embebidos en desesperadas salivas. Se desatan los juegos ceremoniales, los dedos hurgantes e impúdicos invadiendo la vulva florecida, la boca que busca e incendia el atajo que cruza la breve trampa del ombligo hasta consumarse abrevando con el mentón restregándose en el Monte de Venus mientras la lengua multiplicada lame encausada con sus lamidos anegados. Afloran los estertores de un orgasmo declarado. Sucede el instante de la femenina mano garra tenaza de sutil terciopelo que arremete onanista, la boca succiona instaurando renovados goces de los éxtasis prepuciales, ávida la mano desgrana suavemente las sensibles uvas genitales. La altura del silencio se derrumba con la sinfonía de la lujuria, los arpegios de los deseos contumaces, el violín masturbatorio, la opera incesante de los quejidos, el sonido acesante del delicado y pequeño clarinete, la soberbia ejecución del piccolo, los ritmos entreverados y los estremecimientos de la música celestial. Bucales y vocales, absorbidos ambos. Y viene el último movimiento; a horcajadas, el otro restriego, boca en vulva mano en falo, gozosa cabalgata y manualidad incontenida, atrapado entre los muslos y la almohada, en el vicio declarado y sorbente, la lengua socavando humedecida, hasta la intensa sonata que precede al destello seminal, y lo consuma.
DESPERTAR ANEGADO
"Encontré esa soledad vacía y sin sentido que andaba
buscando". Soul Mountain. Gao Xingjian
Despierto abrumado de tu piel, de
esa sensualidad abarcadora de tu cuerpo, del íntimo goce visual y excitante de
tus hermosas piernas, de tus senos incendiando el escote, con la mirada
extasiada siguiendo las flechas que apuntan al tibio y suave canalillo, acariciando
la mórbida insistencia de tus hombros, de tus brazos, de tu cuello, exhausto
deliro por la mañana ante la pose desafiante en la pecadora penumbra o en el
coqueto desparpajo luminoso. Tu rostro siempre triste es una red que atrapa mis
hondas ternuras, la desolación de un amor incierto o imposible y la nostalgia
de los besos sobre tu boca lejana. Recorto tu silueta y la dejo suspendida como
una iridiscente burbuja soportando la brisa cálida de mis deseos, y eres
mariposa o pájaro o nube, inalcanzable pero real, transparente frágil cristal o
tímida greda a la espera de las manos incesantes del alfarero que la moldee a
su manera, distinta y única. Despiertas dormidas sensaciones, derramas por mis
venas cansadas el torrente quemante del dulce vino del estío, un calor que
embriaga los sentidos con la exultante promesa de acceder a los confines
sagrados de un paraíso negado. Desde la perenne continuidad de la distancia
hurgo en la grata densidad de tus imágenes, en luz, sombra y penumbras, desato
mis manos capturadas y transito las curvaturas voluptuosas de tu cuerpo, sus
dunas, sus valles, su cuenco y su cauce, deletreando los códigos salvajes de la
inocente lujuria. Por ti el inicio del día posee la consistencia de un sueño
soñado entre tus mullidos pechos, ebrio de tu aroma, de tus herméticos sabores,
de tu exquisita vigencia de niña-hembra que no sabe que me despierta abrumado
de su piel.
jueves, 6 de febrero de 2014
SUGERENCIAS DE CHEF HAMBRIENTO
(Les arts de la cuisine)
El aperitivo será mojito o un vino
de esos de caja Tetra Pak®, muy helado, dentro de un melón tuna, escanciado en
tu boca a lo ancho besable hasta las comisuras, mientras te cocino toda la
tarde al vapor y a fuego lento Así que píensame y deséame con tiempo para que
tus carnes se maceren marinadas en la densidad gustosa de las ansias carnales y
las fantasías de esta degustación invocante. Voy desnudarte como descascarando
una naranja o a lonjas como un plátano o mondarte en una espiral lujuriosa como
a si fueras la manzana del pecado original, o a pelarte como una humilde papa estremecida
por que ya se siente hecha puré. Te oleré con fruición y delicadeza para encontrar
en ti los antiguos aromas a cebolla, a fritanga de pescado, y tus sazones a ajo,
orégano y perejil, el resabio a mariscos en salsa verde, las reminiscencias
recientes a kuchen, a quesos importados. Me relameré en la sal fina que guarda
el canalillo de tu escote y en esa otra íntima sal gruesa del sudor cocinero
que perlará tu piel. Y luego te voy aderezar y adobar, a aliñar y condimentar
según mis oscuros deseos expectaticios, te voy a cocinar o guisar calentándote
con mis mejores artes culinarias, te voy a cocer y a espumar, te haré hervir con
mi eterna calentura, y a freír, tostar, asar o dorar en las brasas de mi leña
erecta, te voy a estofar u hornear con paciencia de chino para dejarte tierna y
jugosa, a cocer y recocer hasta dejarte blandita, que te deshagas desmenuzada entre
mi paladar y mi lengua, o te voy a cocinar al dente para no perder en la previa
cocción la consistencia natural de tus carnes salvajes y dejarlas con una voluptuosa
resistencia al ser mordida, firme pero no dura, crujiente. Todo para comerte después
de ha bocados chiquitos, a breves mordiscos, y masticarte bien masticada, saborearte
con calma y sorber todos tus juguitos como un pebre cuchareado, degustarte con sibaríticas
delicias, trincharé tus muslos adobados con mi ardiente saliva, y los cortaré
en tajadas como jamón acaramelado. Te voy a comer enterita, con la cáscara, la
concha o con todas espinas, con el cuerito suave y sabroso, con las pepas o los
huesitos, te voy a tragar como una ostra afrodisíaca o succionando tu clítoris como
al cangrejo del erizo mientras voy catando de a cortos tragos un juguito de
damasco en el cuenco de tu ombligo o bien malta con harina o con huevo
derramada en tu pubis, según sea tu cariño. Te voy a merendar hasta el último
bocado, la ultima miga, la última gota, y para no dejar vestigios del epicúreo banquete
pasaré el pan por todo tu cuerpo mondo y lirondo embebiéndolo en tus salsas
sexuales, concentradas y aun tibias para conocer el sabor secreto del paraíso. Ahora
bien, sé que terminaré bebiendo un denso y dulce bajativo, será el licor
embriagante de la vendimia frutal de tu vulva recién cocida o un breve sorbo de
manzanilla escurrida vertical en tu sexo, pero eso aun no lo decido.
ASCENSIÓN
Subiré reptando en largos lamidos
por la suavidad constante y torneada de tus piernas, habitaré por circulares
momentos las divinas rotulas de tus rodillas, reverberará la tibieza de ese
mármol moreno en mis labios atrapados. Rodearé muchas veces el rosado borde del
vestido como si oliera una clavelina del jardín prohibido. Aprenderé tu sabor y
tu aroma, ahí, en esa orilla bordada, antes de entrar a tu cuerpo, sigiloso y
quemante, por entre tus piernas siguiendo el húmedo calor perfumado de tu sexo.
Rozaré impúdico tus bragas en ese vértice donde late un volcán escondido. Seguiré
bajo la filigrana y los arabescos del rosado por tu pubis, por tu vientre
subiendo, escurriendo como un caracol vertiéndose en tus territorios subterráneos,
ascenderé cercando el breve cuenco de tu ombligo hacia tus pechos de niña y
treparé por ellos hasta hacer cumbre en tus pezones y alzarlos en vuelo con mis
labios insistentes. Subiré hasta alcanzar a besar con las ternuras que te mereces
y buscas y necesitas tu rostro inclinado como con desdén o incredulidad y me hundiré
ciego y rendido en tus ojos siempre tristes, con la misma tristeza de tu cuerpo,
naufragaré en esos ojos tuyos donde habita una congoja de otoño o de crepúsculo
para ir a ahogarme en tu dulzura y tu lujuria de rosada rosa con sus espinas,
su dulce perfume y su fuego abrasador. Si, será en otoño o invierno, un día
algo lluvioso, con la misma tristeza donde navegas en solitaria desolación, que
subiré por tu cuerpo para acariciar tu pelo y rendirte a mis devociones y a mis
deseos.
martes, 4 de febrero de 2014
ENVICIANTES PENUMBRAS
Después de la entrometida luz
inicial vinieron las penumbras acosadas por la mañana escandalosa del verano y
por el sol curioso voyeur asomándose por las rendijas para remarcar las
siluetas escondidas en el antiguo templo de Onán. La maja vestida, goyesca e
incitante, coqueta vestal esfinge recostada sobre el colorido lecho. La charla
que se fue derivando por los abismos de la encantación, de la excitación velada
y las junglas perfumadas de la lujuria. Las penumbras condescendientes
envolviendo las sombras sonrientes en un ámbito de voluptuosas convergencias.
La invitación al vicio solitario, la aceptación, el lecho compartido en el
florecimiento viril, la mano tibia quemando el falo tímido, acariciando con
tierna y constante curiosidad. Los pechos pálidos, mullidos, invitantes, los
breves pezones de niña, la boca en ellos cumpliendo el rito edípico del macho
niño huacho, las manos encopando, tocando, acariciando con tierna vehemencia la
sensible verga erectada. Las penumbras encubriendo el ceremonial del manoseo
masturbatorio. La mano suave deslizándose, las uñas rojo brillante sobre la
tibia piel suave del prepucio. Las ternuras buscando la salida, la puerta, la
vertiente seminal. La desnudez develada hacia el vientre lúbrico, el pubis y el
triangulo azul cobalto que niega y oculta con un amistoso pudor la dulce flor
florecida en su florescencia. La mano propia onanista en el falo ya no tímido
cercando la contingencia del goce, de los arcanos del placer, del pequeño e
íntimo paraíso, masturbando. Los ojos entrecerrados, los quejidos contenidos en
las penumbras calurosas, y de pronto el destello, el relámpago, el clímax, la
eyaculación plácida, reposada, insertada en la plena confianza y la cercanía
indudable. La quietud saciada en los roces cariñosos, en la intensidad
sudorosa, en la charla que va difuminando el grato pecado, la complicidad
declarada en la promesa y la impudicia. Las penumbras vencidas por la puerta
que se abre al mediodía escandaloso del verano y deja entrar al sol en su
cálido esplendor saciado.
IN/ESPERADO (¿?) DESCUBRIMIENTO
Pour elle, seulement.
La inocente curiosidad o el azar
que rige los deseos o el destino lujurioso y juguetón la llevó por intrincados
senderos a abrir el cajón preciso de los rescoldos o los residuos, brasas en
las cenizas extinguidas, espumas de antiguos oleajes de lavas incandescentes,
restos de una parafilia invencible, tatuajes, huellas, onanistas arqueologías
depravadas ocultas en los secretos subterráneos de los instintos. Fue la mano
freudiana, la coincidencia predestinada o la convergencia inesperada pero
dirigida por los dioses ancestrales de la carne, la masturbación y la cópula,
la que llevaron sus ojos vírgenes, pudorosos, inquisidores, a descubrir en ese
rincón olvidado o ignorado las imágenes incestuales, la impúdica desnudez de
los cuerpos trenzados en sexuales jeroglíficos, las contorsiones exploradoras y
lúbricas, las pieles pálidas y exultantes de deseos y perversiones, de
desviaciones edípicas, las lascivas combinaciones de la juventud erecta y la
madurez abierta, las visiones prohibidas del desparpajo y la concupiscencia,
ese apetito desordenado de placeres sensuales o sexuales. Al principio deseó
ahorcar con sus propias manos de beata espantada al siniestro fauno voyerista,
asesinar al bandido pervertido. El malvado será castigado por estas fotos
sucias y pecaminosas, pensó con furia de jueza inflexible y vergüenza de
abadesa de claustro o novicia de convento. Pero pasaron muchas cosas por su
mente, y demasiado curiosa vio todas las imágenes, una a una, autoconvenciédose
de que lo hacia porque quería saber si conocía a alguna de las inmorales protagonistas o porque pensó que era sexo de
otros y él, el fauno de peluche, un viciosos mirón. Lo visualizó ahí, frente a
esas iconografías desatadas, urgido de ansias masturbatorias, su mano aferrada
en espasmódicos movimientos a su falo, signo y símbolo de una mítica virilidad
y pensó en cuántas pajitas se irían con esas imágenes, imagino casi excitada
que en un tiempo más el sexo virtual sería con aromas y con manos, y se descubrió
pensando que lo virtual realmente es terrible, que esclaviza, que es un dulce y
maldito enemigo.
RETRATO DEL BREVE ROJO
Para Maribel
El fondo es de un tenue blanco
antiguo, que genera un ámbito de delicada suavidad. En su esquina inferior
izquierda presenta dos o tres leves pliegues para romper la uniformidad de la
fotografía. El piso es una tela blanca sedosa, plegada en desorden como las
sabanas de un lecho donde se hizo el amor. Ahora bien, sobre ese fondo y sobre
ese piso hay un cuerpo femenino y sensual que da la espalda al espectador. Es
un cuerpo pleno, de curvas marcadas, sexuales y excitantes. El cabello largo y
negro dividido en tres perfumadas cascadas, cae dócil sobre la espalda y a la
vez hacia delante sobre cada uno de sus hombros. La postura del cuerpo es
arqueada hacia delante, remarcando las hermosas nalgas y la sinuosidad de su
cintura. Un vestido negro transparente muy corto lo cubre a medias, pues la
hermosa ánfora de su traserito se percibe con sexual nitidez, sus corvas duras,
y ese surco que esconde la flor del placer que se dibuja como una ardiente
curva del deseo. Sus hombros desnudos, de piel pálida, suave a la vista y
seguro a las caricias, se ven con apremios de tocarlos y besarlos desde atrás
para paladear su intenso sabor a hembra. Los brazos, uno descansando placido
pegado a su cadera izquierda como una modelo que se acaricia la turgencia de su
cadera. El otro apoya la mano en el borde superior de la cadera derecha, la
mano abierta con el pulgar hundido en la carne tibia y los otros dedos tocando
su ingle con la sensualidad de una diva. Y luego sus piernas, desnudas, de
suavidad y tersura de mujer perfecta, están en pose semiabiertas para mostrar
sus torneadas y femeninas formas, el vértice superior donde se unen abre a la
imaginación del excitado fisgón toda la imaginería de una dama ambigua, pero
solo se adivina en ese entrepiernas el oculto secreto que la hace distinta. En
el borde superior de la hermosa pierna derecha se alcanza a divisar el borde de
la media, color carne, lo que le da el toque de coquetería a la perfección de
ese ángulo inquietante. Sus pies, calzados con elegantes tacos negros sin talón
están plantados con la actitud segura de la hembra que se sabe deseada. Un
detalle inquietante que solo un observador dedicado alcanza a distinguir, es
que en la mano derecha, un delgada pulsera roja, avisa que la brasa de ese
cuerpo esta viva y arde en el pecado de todo aquel que mira y desea la
deliciosa imagen de Maribel.
sábado, 1 de febrero de 2014
CONFUSAS TAUTOLOGIAS
“No deploro el amor, que me fue ajeno; / sino el deseo, que redime,
invierte / y modifica todo lo que toca.” Recuento. Severo Sarduy
Y te sigo besando lamiendo
mordiendo desde adentro, estoy ahí en ti, entre ti, entre tus piernas, embebido
en tu sexo, peinando con mis dientes tus vellos púbicos, allí enredado en esa
hirsuta genitalidad salvaje, animal, pura e impura a la vez, de selvas y
aromas, de dragones copulando entre sus orales flamas voraces, contaminadas de
santidades primitivas y párvulas perversiones. Y también desde muy adentro de
ti porque soy un pequeño pez morocho de ojitos achinados que navega libremente
por tus venas y arterias, cruzando a cada rato tu corazoncito solitario, horadando
tu voluntad de virgen cauta, de digna dama pizpireta, de niña sola jugando a
que ya viene el príncipe. Acechas, escudriñas, vigilas como una arpía, diosa
vengativa, desde tus profundos laberintos kársticos mis verbos, mis metáforas,
las siglas, los seudónimos y los códigos, buscas en los recovecos de mis
palabras lo que no dicen, la silueta escondida que no existe o está siempre en
fuga, buscas y rebuscas el rostro desdibujado en los espejos, la “otra” que
esperas te robe el engaño del reino falso del fauno de pacotilla, rey de
baraja, tigre de peluche, acróbata de circo pobre y patético simulador. Y
seguiré incrustado bajo tu piel, en tu cuerpo mórbido y deseado, como un
parásito sexual recorriendo sus laberintos subcutáneos, tu carne viva y
caliente, pulsante, abrasada por los fuegos del infierno de los placeres
carnales, seguiré empotrado en tus pechos por dentro punzando tus pezones, en
tu vagina húmeda y tibia como un picor vergonzoso que te hará juntar apretar
las piernas hasta que te sueñes en una secreta masturbación que te estremezca y
me estremezca en una simbiosis que nos arrastre como un oleaje de fluidos
hirvientes hasta el borde mismo del paraíso que soñamos.
jueves, 30 de enero de 2014
TRABADAS REITERACIONES
Volveré a tu boca a besarte un
día, a beber tu saliva en tus comisuras, a besarte hasta el vicio, a comerme tu
lengua, succionártela, morderla con las ternuras del deseo, a saciarme de sexo
en tus labios, a quemarme en tu sabor, en tus palabras y quejidos, volveré a
poseer lo que dices, a incendiarme en tu aliento, a volverme cenizas embesadas
y anegarme de ti en tu paladar, volveré a deshacerme una y otra vez y para
siempre en las profundas semillas de tus besos. Volveré a tu vulva a lamerte un
día, a beber tus fluidos en tu periné, a paladearte hasta el vicio, a atrapar
tu clítoris, succionarlo, mordisquearlo con las ternuras del deseo, a saciarme
de sexo en tu vértice, a quemarme en tu sabor, en tus vellos ralos y tu aroma
de hembra en celo, volveré a poseer lo que sientes, a incendiarme en tu salinidad
vertical, a volverme cenizas embebidas y anegarme de ti en tus pétalos abiertos,
volveré a deshacerme una y otra vez y para siempre en la profunda oquedad de tu
pubis. Volveré a tu boca vulva a lamerte besarte un día, a beber saliva y
fluidos en tu periné y en tus comisuras, a paladearte besarte hasta el vicio, a
atrapar comerme tu lengua clítoris, succionarla, mordisquearlo con las ansiosas
ternuras del deseo, a saciarme de sexo en tus labios vértice, a quemarme en tus
sabores, en tus verbales vellos ralos y tu aroma y quejidos de hembra en celo,
volveré a poseer lo que dices sientes, a incendiarme en tu aliento salino y
vertical, a volverme cenizas embesadas embebidas y anegarme de ti en tus vocales
y pétalos abiertos, volveré a deshacerme una y otra vez y para siempre en las profundas
semillas de tus besos que replican la profunda oquedad de tu pubis.
TOCACIONES
“Convoco a los monstruos y los faunos / del mundo oscuro de mi sexo”.
Masturbación Oscura. Soledad Acirihca
Los ojos clavados en las
turbulentas escenas, cuerpos desnudos, brazos, piernas y torsos trabados en una
cópula que se extiende en variantes inusuales, imposibles o incluso circenses. Un
ámbito de intensa genitalidad cubre de penumbras voluptuosas donde los ojos
abarcan la totalidad y los detalles del coito, del embebido cunnilingus, de la
succionante felación y de la provocadora y pervertida sodomía. La mano asume el
tallo como un puñal romo recién fundido, lo aprieta, lo urge, soba su carnal
envestidura reconociéndolo como origen y objetivo. Hay visiones que afloran
desde las honduras de las memorias, no como percepciones visuales, sino como
nítidas apariencias percibidas a través de todos los sentidos: sonidos, olores,
gustos y sensaciones táctiles. La mano sexuada se desliza con sibarita
lentitud, sube baja como una marea contra la roca erguida en medio de las
arenas ardientes. El miembro erguido, duro, sensible recibe el ceremonial
debido con los goces de la sexualidad abierta y onanista, confluyen en su
prepucio mórbidas excitaciones y lúbricas evocaciones. La manipulación se
acelera, de detiene, cambia de ritmo y de intensidad, entra en una continuidad
monótona o escapa en lentas sinuosidades. Del memorial erótico surgen y
florecen otras manos y bocas, salivas calientes y lenguas reptantes, succiones,
apretones palatinolinguales o bucolabiales, agresivos dientes juguetones,
delicias de felaciones o masturbaciones ya archivadas junto a los recuerdos de
pretéritas consumaciones. De súbito se viene el destello del estremecimiento
previo y la rápida eyaculación, el quejido largo y mordido, y la mano dedos es
en esos instantes la vulva múltiple e indistinta que ha sido y será fuente
terminal de todo placer carnal, húmeda, quemante, convulsiva y estrujante, esencialmente
mortal. La magia se acaba porque se sostiene a través del mago, en sí nada
existe, todo es ilusión como en el budismo, son las sensaciones y emociones que
ya habitan los turbios instintos del fálico ermitaño.
HOMICIDIO
—Te voy a matar— dijiste con los celos
vivos por divas imposibles, musas intangibles e imaginadas meretrices
caribeñas, —¿con las manos o con los dientes?— te pregunté con el temor incrédulo de una victima inocente
o el cínico desparpajo del criminal inconverso, —con los labios— respondiste inmersa en tus celaciones
sugeridas por el silencio y el insomnio de la lluvia sobre los bosques del sur
lacustre, —que
muerte más hermosa— pensé con delicias de fauno vulgar, voyerista y vicioso, asesinado por besos hirientes muere fauno
equivocado titularán los pasquines amarillistas, fauno de peluche muerto por mordiscos, por lamidos, por severas
succiones mortales inferidas por brutal amante despechada, dirán los
noticieros mañaneros de la farándula. Noticia que solo asombrará a los poetas eróticos
y a las ninfas viudas que seguirán esperando para siempre al ‘pirata de aguas
turbulentas’ que las embauque con el ardiente fervor de un pervertido y las
fragmente en tibios pedacitos de carnales placeres. Y he aquí al que matarás
con tus labios homicidas, allá por marzo o abril, lo sé, imaginando tu boca
afanada en esa muerte labial, recorriendo a besos mi pecho con ternura, mamando
mis tetillas sensibles, ensalivando mi estomago, mi vientre, volviendo a mi
boca una y otra vez para recuperar el aliento delictivo, imaginando tu lengua
tejiendo mis vellos púbicos, lamiendo mis testículos desamparados, mi glande
rosado y brillante, el tronco suave de mi verga victimizada, y sentí tu boca
entera, tus dientes filosos, tu paladar sofocante desatados en perversas
succiones mortales, y percibí la cercanía de La petite mort (i) y me entregué a su eyaculada consumación, pero
no llegó. Ahora bien, yo venía de un viaje hacia el adentro de lugares y años,
venía con una melancolía rara, anduve en esos lares desolados pensativo y
silencioso, ido, repasando mi pasado incrustado en esas arenas desiertas,
revisando mis errores, mis torpezas, mis soberanas estupideces, configurando
las claves de los dolores de mi infierno personal y me quedaré esperando ansioso
hasta marzo o abril los besos de tus labios asesinos como un deseado suicidio.
(i) La petite mort en francés, también
conocida como La pequeña muerte, hace referencia al período refractario que
ocurre después del orgasmo sexual. Este término ha sido interpretado
generalmente para describir a la pérdida del estado de conciencia o
desvanecimiento post-orgásmico que sufren las personas en algunas experiencias
sexuales. De manera más amplia se puede referir al gasto espiritual que ocurre
luego del orgasmo, o a un corto período de melancolía o trascendencia, como
resultado del gasto de la "fuerza de vida". Un estudio reciente sobre
los patrones de activación del cerebro usando una tomografía por emisión de
positrones da cierto apoyo a la experiencia de "la petite mort".
sábado, 25 de enero de 2014
SURCANDO
“abandono la palabra / al encuentro de la vulva.” (i)
Surcaré con mi lengua salvaje el
surco tierno y húmedo de tu vulva, velero inserto o labriego lujurioso. Lameré
la sabrosa geografía que va del piloso monte de Venus al mismo periné. Punzaré
con la puntita rígida de mi lengua el prepucio del clítoris, su glande y su
breve frenillo, a ojos cerrados inmerso en sus fálicas consonancias. Rozaré
lingual el suave borde de los labios mayores y abriré los pétalos de la encarnada
flor de los labios menores para acceder con sexuales ternuras al introito
vaginal. Hundiré allí en ese paraíso del vestíbulo vulvar mi lengua con
desesperaciones de desatado navegante pervertido. Haré renacer tus deseos en ansiosos
quejidos y eróticos retorcimientos mientras lengüeteo con un lúbrico ritmo la
intimidad más profunda de tu cuerpo. Beberé los sagrados fluidos de tus
derramadas lubricaciones, espesas, viscosas, transparentes, y saciare mi sed de
ti en esa fuente que será tu boca y en ella tu saliva. Apresaré con mis labios
cada pliegue, botón o carnal rebaba de tu sensible topografía vúlvica. Romperé
tus recatos y tus vergüenzas, tus pudores de beata, tus miedos al goce
incontrolado y tus secretos temores a enviciarte con mis perturbadores lamidos. Iré dejando en tu sexo
abierto el sello de mi hambre y la rúbrica de mi sed para que no te olvides
nunca de que yo, un atardecer de locura, estuve allí. Y seguiré así ebrio de
tus sabores hasta la pequeña muerte de mi ardiente eyaculación porque al fin lamí los bordes del rocío (ii), y porque
sé que a tu vulva le gustan las lenguas
que se creen mariposas (iii).
(i) AL ENCUENTRO DE LA VULVA
Claudio Rodríguez Fer
Abandono de nuevo
el verso por la vida
proteica
abandono la palabra
al encuentro de la vulva.
(ii) VULVA
Gonzalo Villar.
Encontré un poema
de agua en tu vulva.
Fui leyendo tu sexo
como un cuaderno de sueños,
respiré girasoles en tus truenos,
probé el vicio de tus labios,
lamí los bordes del rocío,
hasta caer una y otra vez en tu pozo,
nido de serpientes, húmeda quebrada,
capullo de nervios, fruto de alegría,
mágica boca de placer.
(iii) GIOCONDA
Rosa María Roffiel
Mi vulva es una flor,
es una concha,
un higo,
un terciopelado;
está llena de aromas, sabores, rincones,
es de color rosa,
suave, íntima, carnosa;
a mis doce años le brotó pelusa,
una nube de algodón entre mis muslos;
siente, vibra, sangra, se enoja, moja, palpita,
me habla.
Guarda celosa entre sus pliegues
el centro exacto de mi cosmos,
luna diminuta que se inflama,
ola que conduce a otro universo.
Cada veinticinco días se torna roja,
estalla, grita;
entonces la aprieto con mis manos,
le digo palabras de amor en voz muy baja.
Es mi segunda boca,
mis cuatro labios;
es traviesa,
retoza, chorrea,
me empapa.
Le gustan las lenguas que se creen mariposas,
los penes solidarios,
la pulpa de ciruela femenina
o, simplemente,
las caricias venidas de mí misma.
Es pantera, gacela, conejo,
se ofrece coqueta si la miman;
se cierra violenta si la ofenden;
es mi cómplice,
es mi amiga,
una eterna sonrisa de MUJER complacida.
viernes, 24 de enero de 2014
RECUPERACIONES
Déjame llegar a casa, está lloviendo. Cassandra.
Vi tus uñas joyas en tus dedos
que de mi piel se declaran soberanas, vi tu pelo cascada nocturna con sus hilos
de luna, vi tu esencia demorada por mis besos, tu ausencia abrumada de
silencios, tu fuga y tu encierro, tu distancia incomprensible. Vi tus uñas y tu
pelo y a partir de esos fragmento comencé a vivirte otra vez allí en medio de
tu lluvia, humedecido en tus vertientes, asolando las memorias de visiones de
tu cuerpo desnudo, de tus pechos grande y llenos, mullidas exaltaciones de
aquellos infamantes sueños edípicos, de tus pezones expuestos a mis ávidas
succiones, de tus glúteos abundantes, nalgas divinas, ancas de la potranca que
siempre está huyendo del potro enardecido con el ídolo en ristre, de tu pubis y
su rala selva de olorosas premoniciones, de tu húmeda vulva rendida a mis
ávidos lamidos y juguetones chupeteos. Y volviste a ser la esclava de fálicas
idolatrías entregada a las viciosas perversiones de tu Amo y Señor, rendida a
sus oscuras fantasías que derrumban los prejuicios, socavan los recatos e
incendian los pudores. Y me fui reencarnando debajo de tus uñas decoradas, en
el sortilegio de tus cabellos al viento, en los carnales pliegues de tu
vientre, en la tibia medialuna bajo tus pechos, en el surco humedecido de tu
sexo ansioso, a lo largo de tus muslos por tus rodillas hasta tus tobillos y
cada uno de los dedos de tus pies. Y se materializó tu mano en mi falo
aferrándolo como una erótica y ancestral herramienta del placer, y la doncella
dulce y tierna fue la potranca ardiente y voluptuosa habitando mis desesperados
deseos de ti, porque contigo mis masturbaciones se convirtieron en una
misteriosa ceremonia de posesión.
jueves, 23 de enero de 2014
DEVELACIÓN Y REVELACIÓN
La pieza crujía sumida en una
intensidad desconocida, las voces iban emergiendo en una grata cercanía,
recuperando las décadas invisibles de las antiguas calles del barrio. La
penumbra solo dejaba ver el escote de la camisola abierto en el inquietante
recato trasgresor del canalillo a la vista, de la palidez de la piel en
derroche, virginal y madura en la vendimia dulce del verano incitante que se
abría en la mañana nubosa. La búsqueda del oro perdido fue perdiendo su
importancia tautológica y se convirtió en un tímido juego de voyerismo y acoso,
en un perseguimiento sensual y motivante hasta que abrochando el primer botón su
mano cerró la imagen, la visión, el placer de los ojos viciosos. El oro y el
moro, el oro desaparecido y el moro encendido, el azar decretando la inutilidad
del aurífero registro, el destino barajando las delicadas cartas de la lujuria.
Entonces la despedida, el abrazo amistoso cargado de secretas intenciones, el
instante en que se confirma la ausencia del brassiere, el comentario pícaro, la
sonrisa en provocadora y permisiva respuesta, el abrazo que se alarga sin
encontrar la salida, las manos desplazándose por la suave seda, buscando el
otro oro, el carnal, la caricia sobre los pechos ocultos, un leve perfume que
irrumpe incitando a la inevitable erección, la mano que roza, toca, despierta
el pezón escondido, las manos sobre los pezones escondidos, las protuberantes
tibiezas ahí, la duda, la pregunta lasciva sobre el color, la respuesta coqueta
que autoriza la lúbrica exploración, las manos que desabotonan una, dos veces y
abren los pétalos de la flor exuberante, los ojos clavados en los pezones
pequeños, rosados, breves botones de rosa rosada, de niña inconclusa, de tierna
incestuosidad, las manos trémulas sobre los pechos desnudos, acosando los
excitantes pezones, el tiempo se hace infinito en esa ceremonia silenciosa, las
manos rozan, tocan, acarician los tiernos botones protuberantes en sus míticas tibiezas,
las manos sopesan y encopan con pervertidas ternuras los senos y saciadas
cierran temerosas los pétalos de esa flor de seda. Un tenue adiós cómplice y
clandestino hace crujir la mañana sumida en una ya reconocida intensidad.
RIO MACHO EN TI
Crees que te has marchado porque
no me ves ni me sientes deslizándome por tu piel bajo el amarillo incitante,
pero ya habito los más adentros de tu cuerpo y cualquier día volveré a ser
densa vertiente en ti y sentirás que una savia nueva recorre tus venaciones,
otra vez, y se volverán a desplegar tus alas como las de una mariposa saliendo
de su capullo, alzarás los vuelos de tus instintos y yacerás, otra vez, apegada
a mi cuerpo como un tatuaje indeleble, otra vez, el río de los camalotes y las
islas perdidas seguirá fluyendo por tus piernas y solo tu sabrás que es mi cuerpo
restregándose desde muy dentro de ti hacia el afuera de ti semidesnuda inmersa
en mis deseos. Todas las aguas son en ti mis manos boca labios lengua que toman
posesión de ti. Incitaré a las copulas secretas con mis propias aguas tus pies,
tus tobillos y tus rodillas, surcaré tu surco vulval como antes, bebiendo de ti
tus ansias jugosas, vibraré con tus estremecimientos cuando mi boca se
reenvicie en tus pezones buscando incestuosas sensaciones, acariciaré tus
muslos, tus nalgas, tu ombligo inundado, yaceré, otra vez, en ti trabado como
un caracol lujurioso que te envuelve en sus densas babas calientes y va dejando
en tu vientre, en tu pubis, entre la intimidad de tus vellos, un texto
intraducible donde esta escrita y descrita con detalles la eterna posesión de
mí por ti. Nadie huye de lo que posee como marca, cicatriz o tatuaje, por eso y
para siempre te seguiré besando desde adentro aunque tú creas que ya te has
marchado de mí.
martes, 21 de enero de 2014
INVOCACION MATRICIAL
“…se ha demostrado que el primer pensamiento sexual del humano es provocado de manera incestuosa por la madre,…”. El Horror al Incesto. Sigmund Freud.
“La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron.” (Can. VI:9)
Tendido sobre el alto lecho de altas ternuras él se deja hacer, se involuciona y se transforma de fauno macho en celo en un niño macho asustado que no entiende el mundo ni sus miserias, que desespera por una madre atávica, esencial y arquetípica que lo acurruque, lo consienta, lo asuma solo, huraño, distinto, y lo reabsorba en las tibias aguas primigenias de su hierático útero inicial. Entonces causa y efecto se trastrocan, el origen del pecado y la resurrección liberada de estigmas y falacias convergen en un solo cuerpo maternal, incestuoso, embebido de un tabú ancestral, genético, en una vertida oralidad que sublima las honduras matriarcales de una patética búsqueda eterna. Una sombra cruza silenciosa por los secretos pasadizos de los instintos hasta desaguar en provocaciones imaginadas y culpables visiones, en las pequeñas perversiones que concurren en ese instante de alterada consagración. Ciego al castigo cierra cegando sus ojos niños, aprietas sus manos de hombre tentado, suspira, se anega perturbado en ese goce vertiginoso que le abre las puertas vedadas del negado paraíso. Su mano acaricia el pecho macho con lisuras de hembra tierna, besa las tetillas incitándolas a sensibilidades prohibidas, se desplaza por su estomago, por su vientre mientras el murmullo de impúdicos salmos inunda el atardecer como un crepúsculo de santidades vencidas. Canta un cantar de cantares sobre aquel carnal ídolo profano, sus labios succionan en pecado consentido, su lengua vaga por la erguida obsesión desenfadada, su boca recorre los fálicos senderos del deseo, desenmaraña la jungla de vellos púbicos, humedece absorbe abarca rastrea con erótico regocijo bucal el glande y el tallo erectando sensibilizando al mendigo extasiado de turbulentas emociones y confusas sensaciones matriciales, quebrando el antiguo celibato, asumiendo un onanismo consagrado en una oscura y lujuriosa filiación. Y sus eróticos espasmos, fueron, se convirtieron y sirvieron, para rítmicos y rimados estertores de mísera muerte siniestra (i).
(i) “Salmos al crepúsculo del mundo. Versos mediúmnicos”. L. J. Noguera Fabra.
sábado, 18 de enero de 2014
MARIPOSAS SALVAJES
Pour Mme. la C. de
S.
Aparecen de súbito como breves burbujitas
multicolores traídas por una brisa tenue, cálida e invisible y se van
dispersando allá desde el alto de tus piernas, bien en lo alto, y se meten por
todas partes transgresoras y lujuriosas, tremendas de golosas, y acá me andan
bajo el pijama revoloteando sin respetos ni pudorosas cortesías, juegan y
vuelan buscando una rama o una flor donde posarse y batir sus alitas curiosas
rozando íntimas y sensibles floraciones como una inquietante plaga de deseos en
vuelo. Y en una voluptuosa coincidencia inevitable tu mano las lleva en sus
lúbricos revoloteos hacía la flor abierta de tu vulva a libar su néctar
escondido, y mi mano urgente las atrapa sobre mi pene erguido y las encarcela
en una onanista conturbación. Las bandidas saben aletear muy bien,
insoportables y a la vez exquisitas saben de masturbaciones y deleites
solitarios, acá acometen atrapadas en mi mano empuñada, allá haciendo lo suyo
dedeando en esa joyita carnal, ese pequeño botoncito donde concurre tu goce
orgásmico. Y mariposeamos juntitos, y te puedo imaginar ahí mariposeándote rico
mientras yo aquí más me mariposeo. Y sus aleteos se aceleran enloquecidos de
placer hasta inducir con sus impúdicas alas colorinches tu orgasmo estremecedor
y mi intenso escurrimiento seminal. Y todo es muy excitante, sin una sola
palabra de invocación obscena o procaz, sino solo el manejo inteligente del
vocabulario sensual, ambos insertos en el imaginario común de una deliciosa
intimidad de símbolos y códigos compartidos. Sé que ahora las llevarás en la
maleta junto con el fauno de peluche porque debo ser uno de los escasísimos
hombres que te ha hecho sentir en la piel viva estas maripositas salvajes,
porque tú sabes que las maripositas y las cosquillitas perseguidoras y
acosadoras te llegaron conmigo. O si no, deberás dejar todas las ventanas
abiertas y quedarte esperando que una brisa tenue te lleve en algún momento de
éxtasis esas breves burbujitas multicolores.
jueves, 16 de enero de 2014
LA VIAJERA DORMIDA
Viaja o duerme lánguida abrumada de
ensoñaciones y caricias, de mis manos incesantes sobre su cuerpo semidesnudo,
de mi boca viajera por el tibio mapa de su piel. Se sueña soñada por el fauno
pervertido que duerme erecto oculto en un bosque de altos eucaliptus, acechando
su boca y su sexo para inundarla de besos invasivos, de estertores y
estremecimientos mientras ella ríe nerviosa rendida a los voluptuosos juegos de
aquel sátiro sigiloso. Sueña percibe mi mano labios boca lengua repasando en un
ir y venir incansable el nácar constelado del interior de sus muslos con la
humedad y el afán de un depravado fetichismo, sueña imagina que la mira, la
saborea, le desnuda una y otra vez con sus ojos de vicioso macho onanista. Duerme,
sueña sueños de luna llena, estremecida por mi mano dedo boca labios lengua, se
sueña invadida de turbios deseos ardiendo en el sudor de la tarde calurosa,
sueña avergonzada un sueño en el que el amante lujurioso lame su vulva con
ansias de bebedor sediento y ella se deja beber, sorber, succionar como un
licor abierto. Viaja con sus piernas apretadas temiendo que un leve movimiento
la desate, la libere, la encienda en medio del paisaje y la convierta en una
estatua de sal, en una esfinge de arena, en una vestal desflorada. Duerme o
viaja intranquila temiendo que su alma se le vuele y vuelva a su castillo a buscar
los conchos de mojito, las manos que la desgranan en sus cristales secretos,
los dedos que la hurguen en los delirios del desconcierto y las prohibidas
impudicias, la boca lengua que la desarman o fragmentan cuando va
precipitándose extasiada a las aguas turbulentas por el abismo de un orgasmo
desesperado como en un viaje o un sueño.
LUJURIAS DE LUNA LLENA
(A partir de un
texto de Mme. C. de S., agradecido)
El barco está encallado en la noche de luna
llena, a lo lejos lo acosan una miríada de ventanales iluminados, pero el viejo
fauno marinero de mares imaginarios dirige su catalejo a una ventana en especial,
allí la observa como la sueña soñando imaginando deseando sobre su lecho
desnuda deseosa de caricias y placeres piel real, de abrazos, besos y lenguas
juguetonas, de manos que la toquen, la sientan la provoquen, la exciten e
inciten al pecado de sus dedos cómplices que expongan su cuerpo a la lujuria
solitaria en ese lecho ardiente de deseos inconsumados. Su mano busca su verga ya inhiesta ante la visión de la hembra en celo
hurgando en su cuerpo los rincones del goce. Ella evoca extasiada los besos
del amante misterioso, del hombre nocturno al acecho de la ninfa que se expone
a su vista de pervertido voyeur, abre sus ventanales para exponer su cuerpo
trasluciéndose a través de visillos transparentes, no lo ve pero siente su
presencia que la mira excitado vicioso lujurioso ardiendo de deseos tocando su
miembro erecto, erguido, sensible sintiendo la necesidad el vértigo de una
pene-tración nocturna antes de dormir. Él
huele sus aromas sexuales, revive sus sabores vúlvicos, su lengua recorre sus
labios humedeciéndolos, su mano masturba lentamente su falo sensible. Ella
desesperada ansiosa se tira sobre su cama encubridora de sus íntimas necesidades
carnales, se revuelca tocándose amándose dirigiendo su mano sobre su sexo
ansioso en su lubrico imaginario, observa imagina a trasluz al fauno lujurioso,
provoca con su mano, con sus dedos inquietos su orgasmo solitario fundiéndose
en su misma mano como porcelana trabajada por un diestro alfarero. La ve huir revolcándose, fugarse
incontenible hacía el clímax, estremecida y arqueada sobre las sábanas, su mano
acelera el impúdico rito onanista, se queja, suspira, susurra, sus ojos
clavados en esa desnudez lejana e intensa, siente la turbación y el estallido
lechoso, caliente y viscoso, algo escurre por su mano ya aquietada, su
respiración vuelve a encontrar el aire invisible. La luna la sorprende
extasiada feliz agradecida, cierra sus cortinas con coquetería sabiendo que
allá lejos, oculto entre las luces de los barcos a la gira, su fauno marinero sonríe
saciado agradecido guardando su catalejo y limpiando las densas huellas de su
deliciosa eyaculación.
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