lunes, 14 de julio de 2014

MATINAL


“Necesito ternura.” R. D.

Entonces la acurrucaré en mis brazos, sin pedirle permiso, y le haré cariñitos en el pelo, le daré besitos en la frente y le iré diciendo palabras tiernas, susurradas cerquita de su oído para que el vaho de mi aliento le vaya quemando la piel con mis ternuras. Dejaré mis manos acariciar dulcemente sus brazos y sus hombros, sus manos y sus dedos uno a uno, borrando los vestigios de otras manos de alguien que no ha sabido dejar sus marcas en su piel para que no venga otro a usufructuar de esa sensación de dulzuras por florecer en las dulzuras de los cariños recienvenidos. Ahora bien, usted sabe que no podré dejar de mirar su canalillo, con la ampulosa y mullida cercanía de sus pechos ahí tan a mano, pero sin cerrar los ojos liberaré mi boca a sus antojos y trazaré en la palma de su mano la geografía de los territorios donde florecen las rosas y las amapolas de los amores clandestinos, las marismas de las algas y de los peces de los deseos contenidos, y las calidas arenas y los ardientes pedregales de los sueños traspapelados. Usted sabe, también, que no podré dejar de imaginar mi mano deslizándose por la tersura del interior de sus muslos, y quizá lo intente mientras la llevo adormecida por los rumbos de mis dulces devociones, y sienta que las yemas de mis dedos socavan su lánguida voluntad y se abra anegada la flor inquieta y me deje penetrar en la certeza de su posesión imaginaria. Todo eso, señora, para que el día le suceda escondida de todos en la perdición de mis ternuras.


domingo, 13 de julio de 2014

FANTASIA DE EXTREMA Y PERVERTIDA PASION (Palimpsesto)


Una declaración de amor y pasión. H_J.

Quiero proponerte que goces con otro hombre, ser testigo distante de tu placer, de tus goces, de tu orgasmo, que beses con pasión otros labios, mirar como se funde tu boca con la de un macho extraño que te guste, que te atraiga, que te excite. Imagino que eres abrazada por él, y sus manos recorren tu cuerpo, te agarra las nalgas, esas ricas nalgas que tanto me gustan y calientan. Anhelo ver como te van desnudando, ver una expresión de placer en el rostro de él cuando tus pechos quedan libres, tus pechos, tus senos, tu busto, tus tetas, seguramente su lengua se paseará por tus pezones, te propongo que los chupe, lama y mame haciendo que dulces gemidos salgan de tu boca. Te propongo que recuestas desnuda en la cama, con las piernas abiertas, esperando que su boca recorra todo tu cuerpo y su manos también, que su lengua se pasee por tu vulva, esa rica chuchita o chorito que tan rico sabe sobre todo cuando estás tan mojada por la excitación, quiero que sus labios, su boca, su lengua estén llenos de tu denso rocío y que tu clítoris sea fuente de placer para ti, para él y para mi al mirarte. Que rico ver cuando él se quite toda la ropa y ver su dura erección, y tu le tomas el pene con una mano y los testículos con otra, lo acaricias, lo recorres, lo masturbas, lo jalas, no te imaginas lo rico que se ve que tengas otra verga en las manos, disfruta ese miembro, verga, falo, gózalo, acércalo a ti bésalo, lámelo, chúpalo, mámalo, si, eso es, te propongo que le des una buena mamada, que lo hagas enloquecer, que sepa que mi hembra es una mamadora experta y talentosa. Te propongo que al sacarte su verga de la boca me llames, me pidas que me acerque y me des un dulce y largo beso, y me pidas que me quede junto a ti y tome tu mano mientras otra verga te penetra por primera vez. Que ternura tomar tu mano, acariciarla y sentirla mientras otra verga está entrando y saliendo de ti, que buena cogida la que te estarían dando, que besos tan apasionados, otra lengua dentro de tu boca, tu lengua y la de él jugando al placer, que rico se escucharía el chapoteo de su verga en tu vulva con lo mojada que se pone, todo tu cuerpo entregado a otro hombre, temblando, sudando sin saber en donde empiezas tú y termina él, pero tu mano es mía; en cada penetrada, cada gemido, cada beso, cada embestida, cada suspiro tú te aferras a mi mano, por que eres mía y compartes tu placer conmigo, ese placer que te da estar cogiendo con otro hombre junto al hombre que amas. Te propongo terminar esa sesión con un gran abrazo, tu cuerpo temblando después del orgasmo, tu sudor mezclado con el de tu primer amante, tus ojos luminosos y brillantes por el placer, tú acurrucada entre mis brazo, poco a poco dejando que llegue el sueño que tal vez se confunda con la realidad.

Nota.- A partir de un texto de hernan_julio.

sábado, 12 de julio de 2014

ENGARCES (Collage y palimpsesto)


No me dejes sin tus caricias ahora que eres vértigo en mi lengua y en todas las cosas, las de este mundo y las del otro. Aunque el mar sea ola de rostros ajados y la arena el vientre de la hembra intocable. Vuelves a mi cuerpo. Las caricias, de pronto, nos han agitado y eres el centro del éxtasis. Palpo, huelo tu piel sudorosa. Ese temblor es algo nuevo para ti. Te sometes a mis manos, a mi boca, a mi cuerpo. Es la noche anterior, nada después ha sucedido. Llueve dentro de ti. Cae la lluvia sobre los árboles, sobre los techos, sobre el asfalto, sobre mi cuerpo caliente. Tú misma eres la lluvia adentro de la noche, adentro de la ciudad y sus espejos. Siente mi mano, tómala y hazme recorrerte de oriente a occidente de tus ansiedades, musitar tu nombre mágico, recitarte una a una las sensaciones que movilizas más abajo, donde reverberan mis elocuencias de macho insensato. O no, mejor no, yo te recorreré a mi antojo, y mi antojo solo sabe reconocer la piel en longitudes, de norte a sur, de sur a norte. Lo saben mis manos, lo saben cada una de las yemas de mis dedos, lo sabe mi boca desde cada beso hecho lengüeteo saboreo degustación. Y lo sabe tu flor humedecida y alterada, mientras cual amazonas montas la cúspide de mis ganas. De norte a sur, y comienzo por tu norte y desciendo en un revoloteo de manos y boca sedienta, hasta tú sabes donde. Más luego asciendo hasta que congenian a la perfección tu concavidad y mi protuberancia, tu magia y mi derrotero, y la piel se nos aglomera en tibias humedades. Ahora es otro el instante que traigo, yo entrando en ti y estallándome los sentidos mientras te beso y las elocuencias de mis deseos se hacen gritos y jadeos y tus verdades se te aceleran en el pecho, mientras en tus cadencias y golpeteos en ese sitio desde donde te hago mas viva, embisten mi osadía, con timidez o mi descaro. Mi virilidad erguida te apabulla, te delira, tus manos lo acarician, lo masturban, siento como se engrosa con tus estimulaciones. Unas pequeñas gotas de jugo preseminal hacen de lubricante, tus dedos se resbalan, mi pene late y tu boca se desespera. Tus labios bajan, tu lengua lo explora, lo seduce, lo incita, lo recorre, lo saborea, y poco a poco se va perdiendo en tu boca. Entra profundo, late en tu garganta, roza tu paladar, te atragantas, haces arcadas y me retuerces de placer. No dejo de mirar, gozo exacerbado viendo como llenas tu boca con mi miembro lujurioso. Lo saco y lo manipulo enérgico contra tus labios, doy pequeños golpecitos sobre tu boca abierta. Comienzan a caer hilos  de saliva, no los dejo caer, los levanto con mi glande y los desparramo por todo tu rostro. Ya no te aguantas, lo quieres tener dentro de tu ser. Me miras, me besas, me sonríes picara, lo tomas con ambas manos, sosteniendo mi mirada, apoyas la punta del pene en tus labios vaginales, están empapados, hambrientos, deseosos de recibirme. Empujo suave, sin prisa, muerdes tus labios, disfrutas silenciosa. Entregas el mando, te dejas llevar. Comienzo a deslizarme hacia adentro de tu vulva. Sientes como entra cada centímetro de mi hombría que como una estaca va penetrando sin tregua tu cuerpo jadeante. Mis manos aferradas a tus nalgas hacen presión en cada embestida, arrancando tus gemidos más profundos, sostengo tu cuerpo que no deja de vibrar. Mis jadeos se mezclan con los tuyos, el olor a sexo nos envuelve, mis piernas tiemblan, tu cara se transforma. Estallamos de placer, tu orgasmo y mi eyaculación se engarzan sobre la consumación final de la cópula. Te beso, te miro, te digo cuanto te amo. Me quedo inmóvil dentro de tu cuerpo, lo disfruto, lo disfrutas, sabiéndonos el uno del otro nos quedamos dormidos hasta el imposible amanecer.

Cómplices involuntarias: Nadia Contreras, Carolina Farfán, Ayelén Carrara.


COLOQUIAL


Esos besitos suavecitos con tu lengüita, ricos, deslizándose avarientos por mi cuerpo desnudo sobre las breves y mullidas pieles de tu lecho, tu boca siguiendo los senderos del desmadre hacia mi entrepiernas donde mi miembro te espera laxo para iniciar su fálica verticalidad viril. Esa lengüita que tienta al demonio, que abre otra vez el portalón que da acceso a los instintos latentes, al fornicio y la sublimación, a los mármoles de tus muslos y al moreno túmulo ansioso, al rastrojo de mis dedos en tus vellos púbicos, al roce de tu lengua por mi vientre encendiendo en cercanía voraz el fuego erguido del falo. Tú, bocabajo desnuda sobre las breves y mullidas pieles de tu lecho, mi boca siguiendo los senderos que llevan a la gruta de tus desesperaciones, de tus estremecimientos, de tus retorcimientos exasperados, de tus quejidos mordidos y a los cánticos celestiales del orgasmo. Tú de bruces sobre el lecho de los pequeños felinos dejando que te manosee a destajo, desde tu cuello por tu espalda y tus caderas en la suave convexidad lumbar en tus divinos glúteos en la inquietante hendidura interglútea que abro hambriento como un fruto codiciado y lamo insertando mi lengua en esas carnes abundantes hasta acceder a la oculta flor del sur y en ella sumerjo mi golosa voracidad lingual. O dejar que mis voces pervertidas te exciten dejando que tu imaginación siga la ruta marcada por mis manos en tu cuerpo hurgando sus pliegues humedecidos por el rocío de los instintos, dejar que te fugues por los laberintos de tus temores hacía adentro, dejar que te sueñes invocante y sagrada, huyendo de las fornicaciones y de los encantamientos, desatada en la alta soledad del mar imaginario. Tú decides.  


MASTURBALIA (Palimpsesto)


Se subió la falda dándome la impúdica y fugaz visión de sus piernas, sus muslos y de sus bragas. Subió una de sus piernas sobre el sofá y comenzó a acariciarse el tobillo mientras me miraba, después subió las caricias hacia la pantorrilla. Era firme y bien torneada. Siguió con las caricias, pero esta vez hacia los muslos. Al tiempo sus manos se deslizaban hacia arriba, también subía la falda, aunque con cuidado de no enseñarme más que las piernas. Se sentó de nuevo en el sofá. Abrió las piernas y siguió acariciándoselas mientras me miraba con cara lasciva. Estaba disfrutando de sus propias caricias tanto como yo de mirarla. No dejaba de mirarme en ningún momento, al tiempo que abría y cerraba sus piernas varias veces. Ya no le importaba que yo pudiera ver sus bragas, que tampoco cubrían gran cosa puesto que se las había apartado a un lado para poder acariciarse mejor. Con movimientos cada vez más frenéticos introducía sus dedos en el interior de su vulva y los volvía a sacar, frotándolos sobre su clítoris ya húmedo, repitiendo una y otra vez toda esa lujuriosa obscenidad del acto. Comenzó a jadear, siempre sin dejar de mirarme fijamente, como gesto de sumisión y de sometimiento, puesto que todo lo que hacía era por mí y para mí. A medida que yo me masturbaba mirándola desde mi rincón, el ritmo de las caricias iba aumentando. Sus jadeos eran más ruidosos y había mojado el sofá con sus jugos sexuales. Podríamos haber estado toda la tarde masturbándonos de aquella forma sin llegar al orgasmo ni a la eyaculación. Su rostro reflejaba un placer desbordado y noté que deseaba desesperadamente llegar al clímax. Le dije que lo hiciera, que se olvidara de mi presencia. Su cuerpo se estremeció varias veces con increíbles espasmos de placer. Su mano seguía acariciando su sexo al ritmo de los espasmos. Las convulsiones estremecían su cuerpo, que casi sin fuerzas cayó tumbado sobre el sofá mientras seguía retorciéndose. Mi mano aceleró el frotamiento de mi miembro hasta que soltó unos chijetes de denso semen, exhalé un largo quejido de goce. Poco a poco sus estremecimientos fueron haciéndose más cortos hasta desaparecer. Su cuerpo quedó inmóvil. Su respiración era larga y cansada. No tenía fuerzas para moverse. Su voluntad ya no existía. Su mente ya no era suya. Su sumisión era completa. Era una mujer nueva. Me acerqué a ella y le acaricié el pelo. Estaba completamente mojado. El esfuerzo del orgasmo había sido extremo. Sus ojos estaban medio cerrados. Apenas tenía fuerzas para mantenerlos abiertos. Sus ojos se cerraron del todo. Su cabeza se relajó totalmente hacia un lado, cubierta por sus cabellos, dando una imagen de total indefensión. Sonreí complacido.



MASTURBATORIA (Palimpsesto)


La besa, con besos húmedos y lentos, jugando con su lengua dentro de su boca, después poco a poco recorre su cuello con la lengua hasta bajar a sus pechos, sus labios se centran en sus pezones, los chupa, los lame y mordisquea, los muerde suavemente y los pellizca, al mismo tiempo que comienza a acariciar sus muslos, acaricia sus ingles, mete su mano debajo de su falda y comienza a acariciar su vulva con la yema de sus dedos por encima de la tanga, hasta que ella comienza a mojarse, poco a poco descorre las bragas dejando expuesta la anegada flor abierta, acaricia su clítoris con su dedo humedecido en su propia saliva, unta su dedo en esos tibios flujos y comienza a acariciarle el clítoris, suavemente, vuelve una y otra vez su dedo a su boca para chuparlo saboreando sus sabores desatados, coloca sus dedos índice y anular en V, con ellos separa los labios vaginales y deja al descubierto el clítoris para que su dedo corazón le de deliciosos meneos circulares, lo punce, lo arrebate en un breve éxtasis puntual, mismo dedo que desliza de cuando en cuando al interior de la vulva para recoger su denso lubricante que hace la masturbación mucho más placentera. Después va metiendo sus dedos en su vulva, abriendo la vagina mete otro dedo, en ese momento ella, que no para de moverme estremecida, toca su propio clítoris ayudándolo en la búsqueda de su placer, en tanto, un dedo de su otra mano explora sigiloso entre sus nalgas hasta que encuentra la tímida florcita del sur y muy lenta y delicadamente la penetra, cuando siente que ella está ya muy excitada comienza a introducir uno, después dos y tres dedos dentro de su vagina, comienza a meterlos y sacarlos hasta que ella entre retorcimientos y quejidos llega al clímax de un delicioso orgasmo.



viernes, 11 de julio de 2014

FETICHISMO (Palimpsesto)


Entró al baño y vio el canasto de la ropa sucia, no pudo evitar la tentación de curiosear en su contenido. Vio entre las prendas una diminuta tanga, color negro, de encaje, formada por dos mínimos triángulos sujetos por un lazo que la aferraba seguramente a las caderas. Verla y sufrir una erección instantánea fue un sólo acto. No cabía en sí de la calentura que le provocó la visión, pero la calentura se acrecentó cuando acercó la minúscula prenda a su nariz y olió el exquisito perfume a hembra que emanaba de ella. No me pudo resistir y luego de impregnar sus fosas nasales de ese aroma penetrante, pasó la lengua por la tanga, por donde se apoyaba la vulva de su usuaria y, también, por donde apoyaba el exuberante culo que lucía su portadora. El glande se le había puesto henchido, colorado, caliente y absolutamente lubricado. Los huevos se le agarrotaron y la necesidad de eyacular, de expulsar todo el semen que había acumulado se hizo imperiosa. Sin sopesar los riesgos que ello implicaba, se envolvió la verga erecta con la tanga y se la masajeó vigorosamente, una dos, tres, diez veces, hasta que sintió, desde la espina dorsal, que era inminente la eyaculación de todo el semen que saltó en varios chijetes que hubiere querido echar en la boca de la dueña de esa minúscula prenda, explotando y derramándome sobre la pequeña tanga, justo ahí, en el triángulo delantero. Luego de acabar, dudo entre enjuagar la mínima braga o dejar los vestigios de su calentura embebidos en la misma, optó, estremeciéndose voluptuosamente, por esto último.


CRUZAMIENTO


Me encanta cruzarme contigo, una y otra vez, donde sea y donde venga, en los callejones somnolientos de las madrugadas, entre los arbustos florecidos de los parques, detrás de los escaños vacíos de las plazas, o en las esquinas atestadas de funcionarios impotentes y de señoronas insatisfechas, asustarlos de puro sexo en descampado, con desprevenido desparpajo e indolente indecencia. Cruzarnos como bestias lujuriosas en los caminos polvorientos, en las voces quejidos aullidos, en los voluptuosos imaginarios que permanecen soterrados en los oscuros túneles del deseo, aparearnos escondidos en la trama de las palabras que no dicen lo que significan, que se leen invertidas o traspuestas, sin traducción posible sino para los que hablan el mismo idioma de subterráneos significados, ocultos en los códigos de un lenguaje de metáforas secretas donde entrar es salir, penetrar es someter, abrir es ofrecer, donde lo libidinoso se entrecruza con la urgida saciedad y lo seminal es un rito que se ha repetido por generaciones en los bosques, los desiertos, los medanos congelados y las junglas hirvientes. Ir oliendo tu celo entre tus muslos humedecidos, lamer tus íntimos derrames sobre tu misma piel, hurgar con mi nariz tu pubis hirsuto, lengüetear yo tu vulva mojada estilando y tú mi verga erguida latiendo para revolcarnos acoplados en los desbordamientos de la imaginación y del delirio, desvergonzados y compenetrados en la envergadura envúlvada de un apareamiento extasiante. Montarte ahí entre los pliegues de una realidad aparente, ilusoria, sin solución de continuidad, jadeantes, transpirados, jinetearte hasta quedar abotonados en una cópula interminable y procaz en una promiscuidad de ángeles marchitos y vírgenes mustias.


VEJACIÓN


(Un texto censurable)

Beberás primero de mi boca mis infamias, el dulce veneno sexual se te inoculará en mi saliva, entonces abrirás tu boca y sentirás mi dureza carnal entrando en ella, llenándola toda, cubrirás el glande y un poco más de la suave piel del prepucio, rozando con tus labios el relieve de mi verga, la sacarás y empezarás a lamerla con suavidad, más caliente que una perra en celos, repasarás a lengüetazos todo el tieso mástil y lo volverás a meter en tu boca todo lo que puedas. Sentirás cómo palpita, cómo te presiona la lengua y punza el paladar, hinchándose, engordando, latiendo dentro de tu boca, húmeda, rígida, intensamente varonil. Te cogerán por los cabellos y te darán vuelta como si fueras una muñeca de trapo, te toquetearán unos dedos y te dejarás hacer sumisa y anhelante, se profundizará tu incertidumbre en lo aleatorio y en todo el goce perverso derivado del desorden. Oirás chapotear esos dedos en tus jugos, de pronto notarás algo duro y potente abrirse paso en tu vulva, y te clavarán una verga hasta el fondo mientras te sujetan de los antebrazos y te los colocan detrás de la espalda, y comenzará el vaivén penetrándote con aquella herramienta animal, viva, que se abrirá paso en tu interior con dolor y placer a la vez, sabrás en ese instante que el macho se ha apoderado de ti como si pudiera usarte como le viniera en ganas. Se te borrará el ahora y el aquí vapuleada por esa bestia culiadora, cerrarás los ojos para sumergirte ebria de contracciones vaginales en las oleadas estremecedoras de la vorágine irracional de un orgasmo desesperado, sentirás en medio de ese hervidero de sensaciones los chijetes de semen caliente inundando tu vagina, morirás de muerte súbita y renacerás laxa y saciada. Volverás a tu ámbito casero, te meterás en ducha y te masturbarás recordando lo que has vivido sentido gozado, lo sucedido. La obscena fragancia de mis genitales se te habrá adherido a la piel y te seguirá enloqueciendo, incluso gritarás bajito al orgasmar otra vez. Volverás a ser lo que eres, ahora vejada, abusada, usada, violentada, violada, íntimamente pervertida, pero esencialmente feliz. 


CAUTIVERIO


“Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.”
Desnuda. Pablo Neruda.

Será después de medianoche, cuando el nocturno te desvista en los espejos y los ventanales te espíen los pechos escondidos en los cortinajes y los ruidos de la calle decanten en las fisuras de los muros para dejar tu voz convertida en susurros. Dejaré que el obligado cautiverio se te deshaga en la piel desnuda para ir a roer con mis besos iracundos los últimos vestigios que te quedan del día. Medraremos en la mucha pasión y los muchos apasionamientos que declaran los muchos textos y las muchas sensaciones soñadas que testifica la memoria de lo vivido, yo ahí otra vez visitante en tus sueños, acurrucándome sigiloso en tu cuerpecito que estará ardiendo no de fiebre, y tú dejando que me escape en ti destos (sic) fríos tramontanos a pesar de mis malas intenciones y sin mediar palabras. Hundiré mis ojos en tu vientre en un salvaje intento de poseerte desde dentro, de iniciar la cópula desde tus mismas entrañas, de invadir tus senos punzando en el revés de tus pezones, de descubrir las raíces de tu ombligo y los subterráneos goznes de tus axilas, de entender el artilugio que abre tus muslos en el deseo y los junta desesperados en el vértigo de la consumación, de ahogarme alucinado en el delicado reverso de la obscena hondura de tu vulva. No veré la fría madrugada atrapado entre tu cuerpo y tu lecho calentitos, me dejaré navegar por tus manos de sirena y por tus labios veleros, me extraviaré en la breve selva de tu pubis buscando el rumbo de tu aroma hasta que las velas no ardan.


jueves, 10 de julio de 2014

FLORACIONES Y DEFLORACIONES


Los sensibles cuatro pétalos se abren en su rosado violáceo, tumescentes y brillantes en su cálida humedad sexual, coronados por el oscuro y delicado musgo que los circunda, hirsuto y oloroso, breve grama impúdica. Floraciones y desfloraciones, femeninos pistilos y viriles estambres, pétalos y sépalos abiertos, rezumando su néctar denso, lechoso, delgada miel que escurre, gotea, polen que insemina desde el aire caliente que se derrama majestuoso entre corolas y periantos. Rosa desplegada, carnal y absorbente, succionante, sépalos desflorados, pétalos carnosos y gruesos de un rojo intenso o de un rosado virginal, amapola penetrada, magnolia insertada, orquídea rosada humedecida, trinitarias sedientas de múltiples inseminaciones polinizaciones penetraciones. Roja flor carnívora coronada por su breve, tierno y lascivo botón que se yergue ante los estímulos de la punzante lengua del colibrí o el restriego fálico del grueso moscardón, abelia inseminada, begonia insertada. Fecundaciones en la abierta sexualidad vegetal, quieta y solemne, o mecida por la brisa en una algarabía de colores y aromas, o en una orgía de carpelos bisexuales, de estremecimientos zumbadores, de vuelos deambulantes, androceos y gineceos expuestos buscándose en la ardiente locura del estío que no cesa. Estivales juegos de delicada pornografía floral, lascivas perversiones de las flores de los cerezos, libidinosos desparpajos de las floraciones del granado, rojos sépalos, rojos pétalos, rojo fruto maduro, abierto en aguas concentradas en sus grumos carnosos, translúcidos, de un dulce rojo granate, y ocultando su oleaginosa intimidad como una deliciosa vulva germinada. En la pervertida epifanía de la mañana y entre cómplice follaje se extiende una fina telaraña con las gotitas de rocío destellando como un himen palpitando ante la inminente desvirgación de la primavera sexual, esa perfumada violación entre anteras, estigmas y los lujuriosos insectos seminales. 


miércoles, 9 de julio de 2014

VERTE HEMBRA


Una arruga del tiempo de despliega para tenderse entre las piernas de una mujer. Una mujer con las piernas abiertas, los genitales hinchados, las manos reconociendo lo que apenas pueden ver, convocadas como por un imán hacia el centro del placer. Marta Dillon.

Verte hembra voluptuosa, juguetona, regalándome tu risa coqueta tu largo pelo negro negro oleaje detrás del vidrio que imaginario nos separa de la caricia, verte azuzando mis deseos, te desatas como nunca antes, aflora tu cuerpo desnudo desde el body negro como una ardiente mariposa excitada de su casto capullo, veo tus tetas grandes, ampulosas, tus pezones rosados ya erectos, esa sola visión ya me arde en mi verga que inicia el rito de la soberana erección, chupas tus pezones, me excitas, te recuestas en el lecho, tu vulva se me viene de bruces al deseo, me excitas, tu dedo hurga en ella buscando los recovecos de tus lujurias, me excitas, de nuevo tu rostro con tu risa pícara, tu lengua recorriendo tus labios, en los ojos el pecado que no adivino, me excitas, aparece en tu mano el dildo inimaginable, me lo muestras ufana como un regalo, un trofeo o un fálico ídolo manual, imponente, grueso, largo, anatómico, lo mamas, lo chupas, besas su glande, lames su tronco, me calientas, me obligas a iniciar la masturbación anhelante ente el asombroso e inesperado espectáculo de tu boca entregada a una desenfadada, exhibicionista felación, me calientas, ahora llevas ese pichulón impresionante a tu vulva hambrienta, que la surca, la punza, la abre penetrándola, me calientas, me pajeo desesperado sin controlarme, hasta que cuando el prominente consolador ha penetrado completo en su chucha que ya gotea su néctar sexual, me calientas, eyaculo mi denso semen en un intenso goce por ti. Sigues, deliciosamente burlona, lo vuelves a mamar, a chupar, a lamer, lo vuelves a insertar en tu vulva desesperada, te lo penetras, te lo entras, te lo sacas, te retuerces sobre el lecho, yo mirando extasiado como en un sueño pornográfico dentro de otro sueño erótico, aceleras el vaivén, de pronto te tumbas hacia un lado, aprietas tus muslos, orgasmas ahí, desesperada, detrás del vidrio transparente, me calientas casi hasta el borde de otra eyaculación, te veo hembra voluptuosa, saciada, transpirada, con tu risa coqueta tu largo pelo negro negro tomado atrás con tu mano buscando la frescura detrás del vidrio que imaginario no nos separa en los goces de tu orgasmo dildeado, de mi masturbatoria eyaculación. Sonríes sensual, relajada, surgen instintivas las voces del Amar como palomas buscándose entre los vahos del sexo consumado, comienzas a vestirte, de pie, desnuda otra vez, veo tu cuerpo maduro, tus senos mullidos, tus pezones oscuros, tu axila, te me vas yendo hacia otro sueño donde te beso esos labios chupones, donde hundo tiernamente mis dedos en tu negro largo pelo azabache, en ese sueño nos quedamos abrazados por siempre en la misma tibieza.  


lunes, 7 de julio de 2014

CUMPLEAÑOS


Será un ramo de rosas rojas que llevarán mis besos a rozar tus labios en un atardecer de mar y de rojos arreboles, y nuestras manos buscarán el tierno calor del Amar en su contacto tranquilo y romántico, mientras las olas irán borrando las huellas de nuestros pasos para que nadie testifique que tocamos las puertas del Paraíso, para que nada interfiera en la sensación de ser uno y todo en cada beso de rosa roja que deposite sobre tu roja boca. Y beberemos champaña burbujeante insertos en la alegría de sabernos dueños del Universo donde solo tú y yo habitamos en medios de los cielos estrellados, de las constelaciones que van dibujando nuestros rostros en el raso azul oscuro del tiempo y del espacio, únicos en el infinito beso del Amar que se extenderá hasta donde ya no hay horizonte, más allá de los árboles y las nubes, más allá de las palabras y de los silencios. Comeremos bombones de miel y chocolate entre las dulzuras de la pasión desatada en el lecho, entre las caricias que tocan, soban, aprietan, hurgan en los rincones de nuestros cuerpos desnudos, allí declararán manos dedos labios lengua la íntima necesidad de volcarnos en la búsqueda de los goces nos debemos contraviniendo la imposible distancia y los temporales desencuentros. Sobre la verde grama de los primaverales pastizales oleré tu sexo con mi verga erecta buscando el aroma de tu celo, lameré tus anca de potranca ansiosa presta a la penetración de su potro endurecido, y seremos semental culiando cubriendo montando su yegua húmeda y abierta a la recepción penetrante, y hundiré mi miembro en tu vulva hasta punzar rozar tus secretos instintos de hembra hambrienta del lechoso y denso jugo de su macho.
   

domingo, 6 de julio de 2014

NADA EN SU MELANCOLIA


“Tengo ganas de comer chocolates y llorar mucho, pero también quiero brincar bajo la lluvia, también deseo estar tendida en una cama y charlar de cosas simples”. F. de L.

Vengo por tu fantasía de que no te hablen y solo te acaricien. Que te penetren pero te hagan sentir los orgasmos tan solo con los labios, que beban de tus senos erectos pero que no te penetren. Y será solo el silencio y mi boca en tu vulva, en tus pezones, en tus ingles, y mi propia mano en mi verga, sin penetración, solo la piel contra la piel. Tengo claro que tú no puedes ni debes ser fiel, no importa niña de la lluvia, esa es tu mayor seducción, ser evasiva y sensual, ser hembra ardiente y dulce mujer, ser romántica y sexual, todo al mismo tiempo y en el mismo lugar, sobre el mismo cuerpo, y un macho viejo no necesita fidelidad, además que tampoco yo la doy, solo busco cercanías de piel, la sensualidad del contacto de dos cuerpos desnudos, la intensidad de los restriegos, las caricias íntimas, el goce compartido en la misma copa. Cuantas veces te he imaginado entre mis brazos, de distintas maneras y en distintas circunstancias, a veces abrazados hablando de poesía, afuera llueve intensamente, es atardecer de invierno, y ambos estamos muy solos, otras estamos desnudos, es verano caluroso, estamos sentados en sillones, frente a frente, mirándonos sin deseos, solo explorando lo que somos, o ambos nos estamos masturbando mirándonos excitados pero sin tocarnos, como un rito de delicada perversión. También caminando despacio por las calles llenas de gente, rozando nuestras manos furtivamente, riendo de que todos nos crean amantes. Y hace tiempo nos imaginé atrapados en una cópula desaforada y bestial, buscando y experimentando todas las variantes sexuales posibles para después escribirlas como largos poemas en dueto. Es que mientras te voy conociendo en tu lejana presencia siento cierta sensación de voluptuosidad, de estar espiando escondido los íntimos vericuetos de tu vida, de tu extraña sexualidad y de tu sensualidad densa, quieta y sublime. Y me adentro extraviado en tu misteriosa opacidad y vuelvo a verte como siempre te vi; una dama de la bohemia romántica, que debió haber nacido en París a fines del siglo XIX, donde hubieras sido musa, escritora, amante de artistas, o quizás lesbiana o pintora.


sábado, 5 de julio de 2014

NUNCA RELEVADA


Te soñaré mía entera esta noche, eso no puedes evitarlo, sé que me sentirás en ti como tu erecto potro en celo y te morderás los labios para no gritar, lo sé. Soñarás que abres tus piernas expuesta y ansiosa mientras mis besos desatan tus pudores y mis manos se solazan en tus amplios senos y mis labios aprietan tus duros pezones. Guardarás un recatado silencio con tu boca entreabierta, tus manos buscarán mi miembro para saciar en ellas las vertientes seminales, densas y lechosas, quemantes en tu piel derramadas. Sobarás mis genitales soñando, sentirás tu doble tibieza ovoidal, te verterás en tus jugos densos y lechosos, dejarás que mi dedo punce en pequeños círculos concéntricos tu clítoris erguido en su tierna carnalidad. Así lo imaginarás. Morderás tus labios y apretaras tus muslos y sobarás tus manos, imaginando, sintiendo, gozando en medio de tu silencio, abierta tu vulva ansiosa, latiendo tu flor del sur, sintiendo el roce de la sábana en tus pezones sensibles sudarás en la escondida excitación. Sentirás mis ingles rozando tus glúteos, gozarás imaginando que te monto te cabalgo te jineteo, te dolerás gozosa de miembro penetrándote cuando tu potro vaya cubriendo a su potranca en los verdes pastizales de tu memoria, te sabrás poseída con la tierna violencia del macho incesante. Sabrás a lo largo de la noche sola, contorsionando tu desnudez en las calientes arenas del insomnio con tus manos manoseando tu sexo humedecidas en ti, que estoy en tu cuerpo inserto y que ese vaho de calor que sube por tus muslos y te quema las entrañas son estas ansias locas que tengo por poseerte, penetrarte, lamerte, morderte, besarte y amarte, porque ya soy dueño y a la vez esclavo de ti.


OTROS LEÑOS ARDIENDO (Palimpsesto)


Los cristales empañados nos declaran el frío de allá afuera. El fuego de la chimenea se avivaba por momentos desprendiendo sonidos agudos. Un color anaranjado invade las paredes de madera. La taza de café entre tus manos desprende un halo de vaho. La calidez del interior de la cabaña contrastas con el frío día que hace en el exterior. En tus ojos el reflejo del fuego dibuja destellos insondables. Solo un ligero edredón cubre nuestros cuerpos. Los ojos hablan por nosotros. El fuego sigue con su música. Notas el calor de mi aliento detrás de tu oído. Al contacto de mis labios reaccionas con un pequeño respingo, giras la cabeza buscando mi boca. Delicadamente rozas con tus labios los míos, retirándolos enseguida. Nos volvemos a mirar a los ojos. En tu cara se reflejan las figuras parpadeantes del fuego. De nuevo buscas con tus labios mi boca, apretándote en un largo beso. Las manos siguen el lenguaje de nuestros besos. Unidos en un fuerte abrazo, nuestras bocas beben de la saliva del otro. Tus labios se tornan rosados cuando tu corazón empieza a latir con más fuerza. El calor de la chimenea caldea el ambiente. Nuestros cuerpos se enzarzan en abrazos y caricias dejando caer el edredón. Te sonrío con complicidad. La luz del fuego le da un ámbito amarillo a la habitación. El vaho empaña los cristales. Fuera todo sigue igual de frío. Nuestros ojos se cruzan en una larga mirada. Inclinas la cabeza para ofrecer tu piel a mis besos. Tus manos acarician mi pelo. Cierras los ojos, giras la cabeza, entreabres la boca. Afuera el frío recorre los parques solitarios, las plazas de las estatuas ateridas, las callecitas vacías. Tú sigues mirándome sonriente, desprejuiciada. La chimenea chisporrotea. El fuego aumenta de intensidad al empezar a arder un gran leño que se había resistido a la combustión. El calor del fuego se mezcla con el calor de nuestros cuerpos. Las respiraciones se convierten en gemidos. Tus manos arañan mi espalda cuando empiezas a mover la cabeza en todas direcciones. Inclino mi cuerpo hacia atrás y lanzo un largo quejido que se confunde con tus gemidos. Al unísono nuestros cuerpos destellan en un torbellino de sensaciones que acaban por inundarnos como el agua que surge de una ardiente vertiente, como leños ardiendo en un mismo fuego. Acaricias mi cabello. Levantas mi cabeza y besas mi cara.


viernes, 4 de julio de 2014

SUBLIME MEMORIAL OBSCENO


Las citas eran siempre al atardecer, después del horario de oficina. En su departamento. Tomábamos un café mientras conversábamos de las rutinas cotidianas y luego entrábamos en el túnel del deseo, sin mayores preámbulos. En el dormitorio, en la sala, o en la biblioteca. Era alta, espigada, de cabellos claros y aleonados, ensortijados, de piel pálida, de piernas largas y torneadas, y un hermoso cuerpo maduro, de rostro algo adusto, siempre serio. En verano, por el calor, preferíamos iniciar los juegos en la sala, ella se iba al dormitorio a desvestirse y yo me desnudaba ahí mismo, la esperaba senado en el sofá, desnudo, masajeando mi miembro a veces ya erecto. Entonces aparecía ella, con un pequeñísimo colaless, un brassiere y unos altos tacos agujas que realzaban aun más sus bonitas piernas, todo el conjunto era de un libidinoso rosado, inolvidable. Se sentaba a mi lado y comenzábamos a besarnos, a acariciarnos, primero con cariño, después con tierna y amistosa sensualidad, hasta que nos desatábamos y ella tomaba mi verga y la acariciaba, la masturbaba, la mamaba inclinada sobre mi pubis. Yo en tanto le sacaba el sostén y acariciaba sus pechos, apretaba sus pezones, los chupaba, la masturbaba introduciendo mis dedos bajo el pequeño triángulo de sus bragas, humedecía mis dedos en sus íntimos jugos y los paladeaba buscando extasiado su sabor de hembra en celo. Otras veces le pedía que se paseara por la sala para verla, para gozar esa gloriosa visión de una mujer en su plenitud sexual y masturbarme como un pajero voyerista compulsivo disfrutando ese cuerpo semidesnudo y alto caminando altivo y deseado. Cuando ya nos acechaba el vértigo del orgasmo y la eyaculación entrábamos en una intensa cópula de lujuriosos caracoles, allí mismo en la sala, o en el dormitorio, o alguna vez en la vetusta biblioteca bajo la cómplice mirada del Quixote.


jueves, 3 de julio de 2014

ROZADURAS


“No reaccionar es la clave. Cuando no reaccionamos nos volvemos proactivos y entonces somos capaces de controlar nuestra realidad física.” Rav Berg.

Llevarla al abismo del orgasmo solo con el rozamiento del clítoris, ella montada en mi pierna restregando su vulva abierta contra mi muslo, o a la manera de una sodomización invertida restregando su velludo pubis, su vulva abierta y mojada, contra mi cóccix yo bocabajo sumiso gozando ese roce caliente y viscoso, esa presión rítmica de hembra enmachizada sobre su macho sumiso, o mi mano de canto en su vulva y ella frotándose en la parte superior de mi pulgar cabalgado con indecente u obscena exasperación, o el roce de mi pelvis en su clítoris, refregando con mi miembro replegado hacia abajo escondido apenas surcando su vulva jugosa y hambrienta. Y voy sintiendo la humedad blanda y caliente de su sexo en mis carnes sensibilizadas por su saliva anegando mi boca, el roce suave de su clítoris urgiendo la fálica introducción, la cópula interrupta, pues luego de hundirme en ella extraigo mi pene de su vagina y sujetándolo con mi mano lo froto contra su clítoris con movimientos suaves y aumentando la velocidad, luego vuelvo a penetrarla, y así sucesivamente de manera que ni el rozamiento ni la penetración sean continuos para ir excitándola cada vez más, ahogándola en una sucesión voluptuosa de roces fricciones frotes cada vez más intensos, mas apretados, más calientes, y voy así controlando su oleaje orgásmico hasta que decido terminar el rito frotante con mi pene, con mis dedos o con mi lengua, rozando restregando los íntimos vericuetos de sus más profundos instintos para dejarla caer sin más en el vértigo arrebatador del orgasmo.


DESTIEMPOS DE LA (OTRA) ROSA DEL OTOÑO


El su tenue rosado pálido casi invisible la última rosa del otoño con sus pétalos a punto de caer derrotados por el invierno observa inquieta la ceremonia nupcial que abarca el entero día en horario de oficina. La medias oscuras, los tacos no muy altos, negros lustrosos, fetiches, objetos de culto de una sexualidad latente, las pierna envueltas en sedoso humo, cruzadas, juntas, desde atrás inclinada, negra falda corta en su fúnebre erotismo, en su implícita tentación, en su salvaje incitación, y yo casto imperturbable sometido a su exhibicionismo, mártir y ángel impuro, la blusa de seda gris perla, abotonada, los pechos grandes sobresalientes como las mullidas cornisas de un abismo que cae a las profundidades de un dulce infierno. Miro sin mirar, observo escondido, sigiloso, como avergonzado de estar ahí mirando, espiando, imaginando. Solo quisiera poner mi mano en una de sus rodillas sobre el delicado nylon gris humo, y sentir ese calor ajeno, esa tibieza sensual, y subir mi mano con lentitud de caracol ebrio de intensas sensaciones por el interior de su muslo, lento muy lento para que el tiempo no acabe nunca, para que el placer de sentir se convierta en un goce sexual pervertido, fetichista, inacabable, infinito, nada más nada menos. La visión es persistente, reiterativa, en intervalos al azar de su misterioso coqueteo, a veces instantánea, otras cruelmente demorada, siempre al borde de la negra falda negra a medio muslo, y yo atrapado en la red de su excitante juego de no ver lo visto, de olvidar de inmediato la sensual revelación cegado por el destello lujurioso, por el debido recato o por el obligado respeto, acaricio esas piernas enfundadas en el nylon tejido por los demonios, las acaricio de mentira, desde lejos, siempre al alcance de mis manos pero lejos de mis obscenos deseos.


AGUAS VIVAS


Tú te ibas soñando por una solitaria playa caribeña con traje de baño café, una camisola traslúcida y una capelina de paja, caminando por la orilla de las arenas con el mar besando tus pies y el sol del mediodía acariciando tus brazos para conocer el sabor salado de tu piel. Y me ibas soñando por esa misma playa buscando tu escote para confirmar la pequeña línea esa y saber que eras tú por el colgante de metal color plata y la piedra calipso o turquesa. Yo iba de guayabera y pantalón blancos, nada más, fumando, y con la vista baja buscando caracolas. Y yo fui, en mi sueño, el agua y la sal que acariciaron tus pies cuando caminabas por esas doradas arenas de tu sueño, y subí por ti como tibia agua fluida, sumergiendo tus tobillos pantorrillas muslos glúteos pubis vientre estomago pechos hombros cuello. Sumergí en mis aguas tus ingles escondidas, empapé tu vulva, mojé tus vellos púbicos para convertirlos en tiernas algas impúdicas, inundé tu ombligo, humedecí tus pezones en voraces oleajes abrasadores, cristalicé sal marina en tus axilas, y anegué tu boca con la saliva ardiente de mis besos. Y me detuve antes de sobrepasar tu nariz para no quitarte el aire y ahogarte en las lujuriosas aguas de mis deseos de ti. Tú hiciste como que no me conocías para que te sedujera en palabra viva lentamente por el borde del atardecer y después llevarte dormida por la cálida extensión del nocturno, pero te confieso que lo único que yo deseaba fervientemente era enredar mis dedos en tu pelo ensortijado que vi mientras bebías cerveza en la penumbra.


miércoles, 2 de julio de 2014

MADRUGADORES


Y te desnudo a tiernos zarpazos, en oleadas de lúbricos desvestimientos, el pantalón y la blusa, el soutien y las bragas, los anillos y las pulseras, revuelvo tu pelo enredádolo entre mis dedos, beso tu boca desnuda y dejo mis labios ensalivados bajar lentamente hacia tus pechos soberanos, estrujo lúdico tus breves pezones, encopo las delicias de tus senos, repaso tu vientre a dos manos trazado, hurgo las cosquillas de tu ombligo, abarco a mano abierta tu pubis como una fruta madura donde sediento saciaré mi sed, escarbo en tus vellos olorosos a hembra esperando, presiono con un solo dedo el protuberante capullo de tu clítoris para que sientas que ya eres mía sin pudor desatada, lo atrapo entre dos dedos delicados y lo masturbo suavemente apegándome a tu cuerpo, tus senos en mi pecho, mi pierna insertándose entre tus muslos apretados fuertemente, abriéndolos como si fuera una sensual violación consentida, tus quejidos de goce van quemando mi oído con su música profana, juego libidinoso con los pétalos de tu vulva abierta como una jugosa granada, te masturbo con la vehemencia de todos mis deseos, hundo mi muslo entre tus piernas y lo restriego contra tu sexo sensible y mojado manteniendo mis dedos insistentes en tu pequeño capullo, tus grititos ensalivan mi oreja y mis labios buscan los tuyos para enmudecerte en el gozo, y antes de morir en el orgasmo aferras exasperada mi miembro masturbándolo con la toda la fuerza de tus ansias para hacerme morir contigo en el abismo de una eyaculación desesperada.

Nota.- Texto inspirado en estos gitanos versos incendiarios: Hay que calor madre me produce esta deliciosa sensación de desearte. Me induce a buscarte noche y día, me induce a cerrar los ojos e imaginarme todo tu cuerpo que ha de ser del color y la dulzura de la miel, buscando en la profundidad de tus ardores la aprobación de la entrega de los dos, será maravillo poseerte y tocarte. Hace que mi corazón se encoja dejando fluir sensación de lujuria y sentir la calidez de tus labios junto a mi cuello bajando lentamente hacia mis senos y llegando al estado febril donde la sangre arde. Aprieto fuertemente mis muslos entre si, como si de esa manera te deseara mucho menos, pero me resulta en vano lo único que consigo es imaginarme la arremetida de tu cuerpo con el mío... en la entrega viril, mágica es esta sensación de desearte. Es más fuerte y rotunda que una piedra que me atraviesa me devora me fascina y me hace que te vea desnudo en mi mente porque posees esa sensación que a mi me debilita cuando te veo en sueños como me desnudas.

martes, 1 de julio de 2014

LA ROSA DANXANTE


(Écfrasis en movimiento)

La roja granada madura abierta jugosa fulgurante late bajo el negro pantalón de la lúdica gitana que aferra con alegre desparpajo el falo largo grueso erecto imponente extraído tallado por artesanales manos de un lúbrico madero. Ella juega imaginando o se imagina jugando aferrada a ese príapo desproporcionado de potro monumental de jumento inverosímil de macho estatuario. Resalta la verga gigantesca en su cárneo color de clara madera sobre la negra vestimenta de la lujuriosa vestal del rito imaginario, que ríe juguetona envuelta en la locura de solo figurarse atrapada en tamaña penetración, ríe y su risa se esparce en la alegría del inquietante juego sexual. Lo eleva como un soberbio mástil viril, lo sopesa, lo disputa, lo guitarrea, lo mece, lo acuna, lo soba, se desborda en imposibles sueños eróticos, se ve insertada por ese consolador de matriarca babilónica, de meretriz faraónica, de hembra de dilatada vulva cavernaria. Los que disfrutan del pornográfico espectáculo circense de sus manos sobre esa enorme bestia penetrante, dura y erguida, rígida, confrontan sus normales tamaños mortales y se avergüenzan ante el prodigioso pene del dios macho de todos los machos. Ella lo usa como un dildo bromeando en el trasero del amigo, lo mide desde el suelo a su vulva, y confirma la altura perfecta, baila la rítmica danza del perfecto miembro y el jolgorio de sus negras pulseras acompaña el ritmo fálico de su baile fálico, pero el show llega a su fin y lo deposita cuidadosa, descomunal y vertical, como debe ser, sobre la mesa.


EN TU BOCA


Fui de menos a más en tu boca besadora, lamiendo el dulce y embriagante rocío de tu saliva desde las mismas comisuras, dóciles vertientes que limitan tus labios entreabiertos donde besé las profundidades de tus besos, sentí tu lengua enmudeciendo mis palabras, rocé despintando los túrgidos pétalos de la rosa roja, bebí su savia y mordí sus frutos como si fuera pecado. Urdí una trama de trabados besuqueos, dibujé tu boca con mi dedo para memorizar su delineación de profano ósculo sagrado. Entonces te alcanzaron los fuegos de mi infierno y vagó tu boca por mi rostro enternecido, ensalivando la máscara que me ocultaba desde el perjurio lujurioso, descendió en volutas y burbujas quemantes por mi pecho estremecido de tus labios y tu lengua, demarcó mi estomago en lúdicas sinuosidades, recorrió impune tu boca mi vientre para ir a desatar una orgiástica tormenta sexual en mi pubis y se enredó en las velludas estribaciones del pene, de mi miembro encelado en su roce labial lingual de íntimo venusterio, de secreto prostíbulo, de depravado callejón de las putas. Lamió, besó y mamó el tronco el glande el prepucio, deslizó la cárnea pichula en sus ansiosas fauces devoradoras, y allí en sus adentros se derramó ensalivado el sensible y erguido falo que sujeto a las volcánicas succiones de tu boca insistente chupadora eyaculó extasiado en la húmeda concavidad copular de tu paladar encharcado. Retornó tu boca escardando la leche seminal en mi hirsuta selva púbica y subiendo volvió tu boca mamadora a mi boca besadora para untar de mí mismo mis labios entreabiertos. 


ESCOTES MOROS


Juegas con tus escotes voluptuosa coqueta lúdica, atrapando las miradas con tu canalillo impúdico como si fueran curiosas mariposas macho, y revolotean entre tus pechos los ojos de los deseos, elevando miembros, erectando vergas, irguiendo falos, incitando a masturbatorios ritos vouyeristas. Te observan con ansias sexuales, con hambres fetichistas, con incestuosas fantasías juveniles, con la mano del pecado sobando apretando masajeando el pene endurecido por la visión lujuriosa de tus hermosas tetas a medio ver. Y todos se imaginan atrapados en la mórbida y mullida tersura de tus senos, bendecidos bajo la cruz colgante cercana al borde miel de tu cabello, cercados bajo las oblongas cuentas del collar allá arriba en tu cuello o entre los negros breteles y el nudo rosa de tu soutien. Desde el negro sexy erótico al rosado dulce romántico que nos ocultan tus pezones de gitana núbil jugando a ser hembra en su incitante exhibicionismo de mora hereje, acumulas deseos de besos, de caricias, de breves de mordiscos tiernos por las convexas lisuras de tu gloriosa tetamenta. Y se me van en vuelos de mariposa macho los sueños de restregar mi boca labios lengua por esos tibios y blandos cuencos, hurgar con mi nariz curiosa en la hendidura de esa pálida piel, subir esas dunas hasta hacer cumbre en cada delicioso botón con su carnal aureola, y allí mamar succionar chupar hasta que me venza el sueño y me sueñe otra vez inserto en ese canalillo incinerado por tu fuego flamenco. Juegas con tus provocadores escotes mientras mi mano pecadora me urge inminentes eyaculaciones.


lunes, 30 de junio de 2014

LOS BLANCOS COLLADOS DEL DESEO


Y sé que voy a masturbarme calladito ante la imagen de la virginidad absoluta de tus pechos blancos abultados salientes, copas invertidas de una ebriedad ciega e incestuosa. Soñaré que por esos mullidos cojines blandos y tibios para el adormecido descanso del guerrero en dura erección, verteré mis densas aguas lechosas en tu delicada piel escondida. En esas dunas acesantes en el oleaje de tu respiración serena, mi mano onanista saciará el falo de sus seminales intenciones. A esas divinas curvas de paralelas campanas bocabajo irán mis ojos pervertidos a roer la nívea y tersa tela que los cubre. En esa madurez otoñal de tiernas frutas maduras desbordare mi boca para beberlas en sus mórbidas ternuras. Mis manos excitadas los encopan, mis labios sedientos los besan, mi lengua viciosa los lamen, mis diente ansiosos los muerden. Sentiré mi erección in crecendo en mi entrepiernas como un túmulo volcánico que se endurece y crece ante la visión edípica de tus dos altas montañas nevadas. Imagino, masajeo mi miembro deslumbrado ante tus senos ampulosos, blancos albos como nubes de primavera. Mi mano aferra el falo exultante rendido a tu Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos (i). Bajo la albura casi adivino tus pezones, breves de niña gitana, y los pellizco, los chupo, los succiono, los mamo con un bebé extraviado entre tus brazos. Y van a más el rosado coral de tu collar, y el rosado florecido de tu falda, y tus labios rojos de gitana, y el blanco envolviendo tu cuello como el mismo blanco que dibuja sublime tus senos.

(i) Poema I, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada. Pablo Neruda.


domingo, 29 de junio de 2014

ROMANCE DEL VERDE QUIERO


Verde que te quiero verde, verde claro y blanca y desnuda, y tus pechos latiendo de deseos floreados en amarillos y rojos, para que beba mi boca de tus pezones el sabor de tu piel gitana y el dulce sudor perlado que tu fino cuerpo destila altivo en tus danzas flamencas. La noche se puso íntima en tu lecho dormido cuando mis manos atraparon tus caderas bailaoras y te ciñeron entera a mi cuerpo de macho erecto donde dura carne erguida te esperaba para penetrarte bailando andaluz y abierta tu vulva como una jugosa granada. Verde que te quiero verde, recostada sobre las sábanas, para ir vagando ebrio por tus muslos besando, para ir lamiendo tus piernas como un caracol en celo, lento y anegado tras el persistente perfume de tu sexo, para morder cada uno de tus frágiles dedos de tus pies salerosos. La noche se puso íntima con tu pelo miel derramado sobre la almohada, con tu risa coqueta de mora incitante que me va dejando sus brazos tibios para que me acurruque como un niño en una niña dormida. Verde que te quiero verde, como luz de luna en hierbabuena, y embeberme en tu aguas hasta que tu orgasmo me derrame en caliente semen sobre tu vientre. La noche se puso íntima cuando mis versos madrugadores te fueron desflorando con la suavidad de un cante que te acariciaba impúdico mientras tú te dejabas seducir con los ojos cerrados y entreabierta la boquita pintada. Verde que te quiero verde, para madurarte al tacto de mi lengua, mis dedos y mi miembro, y hacerte soñar despierta en un orgasmo culminado. La noche se puso íntima desde que comenzamos besarnos.

Nota.- En cursivas, versos de “Romance sonámbulo” de Federico García Lorca.



ROZANDO A LA MORA CON MIS MANOS


Te rozaré a dos manos y diez dedos para te vueles incitada por mis caricias y me regales tu cariño verdadero a ojos cerrados quemándote en las brasas de mis urgencias en tu piel. Así, subiendo y bajando sobre ti en una cópula de sueños, con mi intenso beso insinuante poseeré tu entero cuerpo y también tu alma bailaora en tu desnudez de ardiente gitana. Tocaré tus suaves muslos pálidos y tus senos de hembra inquietante, a tiernos golpes de mi erecto deseo en regocijo para que me devuelvas por cada roce endurecido tus sexuales quejidos apasionados y me hundas en la calma de una intensa y saciada eyaculación. Entonces, se acabará tu desesperante limitación y tendrás mi erguida o tierna verga a tu alcance para que se cumplan en ella tus lamidos y succiones entre el amor que sueñas y el cariño que buscas, y te abrazarán mis brazos de macho niño, y no callaré para ti en tu oído, ahora y siempre, los dulces susurros de un “yo te quiero”. Y yo sentiré en mi cuerpo desnudo tu incesante amor imperecedero, en mi tus manos, tus dedos y tu ensalivada lengua sedienta, aunque nos atrapen furioso huracanes, aunque el azar del tiempo y del suceder nos separe, te sentiré siempre la misma reina mora y gitana de fluidos fuegos en sus venas que me quiso desde su alma cantaora del andaluz cante jondo hasta la húmeda y caliente hondura de su vulva olorosa a las cálidas noches granaínas.   


GEL (Palimpsesto)


Froto suavemente, en una caricia total y continua que me permite reconocer todo tu cuerpo. Aplico un poco de gel perfumado en mis manos y las froto, luego coloco mis palmas y dedos relajados sobre tu espalda. Deslizo mis manos suavemente hacia abajo, hasta tu baja espalda, justo antes de llegar a los glúteos y regreso nuevamente hacia arriba, a la altura de tu nuca. Trato de ubicar los nudos de tensión en tus hombros y parte superior de su espalda, de manera sutil, y froto allí suavemente, sin perder el contacto sensual. Si levanto una mano, mantengo la otra sobre tu cuerpo, de manera que siempre se mantiene nuestro contacto físico. Así te sentirás siempre acechada y deseada. Amaso sensualmente con un movimiento enérgico, como si estuviera amasando greda. Así te voy liberando la tensión acumulada, especialmente en las áreas de tu cuerpo que tienen músculos grandes, como la espalda, los glúteos, los muslos y las pantorrillas. Vuelvo a aplicar gel en mis manos y te sigo amasando con cuidado e intención. Alterno mis manos, presionando, empujando y levantando tu piel. Presiono seductoramente áreas pequeñas y específicas, lo que te genera una sensación muy relajante y placentera. Presiono la zona con la yema del dedo pulgar y hago movimientos rotatorios para que el masaje llegue hasta las zonas más profundas y liberen tus tensiones con gentileza. Este tipo de fricción tiene un efecto analgésico y te estimula la circulación de la sangre. Siento que la zona que mejor responde eróticamente a este contacto son tus glúteos que se levantas instintivamente al paso de mis manos. Entonces me detengo, enciendo un cigarrillo y me voy al living a fumar asomado en la ventana mirando las imaginarias luces de los imaginarios barcos de la noche.


sábado, 28 de junio de 2014

IMPURAS FENIXIONES


El rito constituye el Secreto. No conciben los pecados carnales, ni de palabra, ni de obra ni de pensamiento, se erotizan mirando gozando comentando un mismo video porno, compartido en vivo o a la distancia virtual, juegan roles lésbicos, gays, incestuosos, prostibularios, son dos pero a la vez son más en sus orgiásticas fantasías. [El Secreto] se transmite de generación en generación, pero el uso no quiere que las madres lo enseñen a los hijos, ni tampoco los sacerdotes; la iniciación en el misterio es tarea de los individuos más bajos. Ella lo sodomiza refregando su vulva abierta sobre sus nalgas, él la canalea deslizando su verga erecta en el cauce húmedo de su la vulva sin penetrarla. El acto [el Secreto] en sí es trivial, momentáneo y no requiere descripción. Se lamen el ano, se dedean el ano con pequeñas penetraciones digitales, hacen juntos imaginarios viajes a Sodoma y a Gomorra, retienen el orgasmo y la eyaculación hasta saciarse de locas perversiones porque saben que el goce se termina en el clímax. No hay templos dedicados especialmente a la celebración de este culto, pero una ruina, un sótano o un zaguán se juzgan lugares propicios. El Secreto es sagrado pero no deja de ser un poco ridículo; su ejercicio es furtivo y aun clandestino y los adeptos no hablan de él. No hay palabras decentes para nombrarlo, pero se entiende que todas las palabras lo nombran o, mejor dicho, que inevitablemente lo aluden. Se dildean uno al otro usando objetos fálicos no convencionales, se calientan diciéndose palabras soeces, vulgares, asquerosas, groseras, obscenas, ordinarias, procases, exploran el cuerpo del otro hasta en sus más íntimos rincones, exploran los instintos del otro hasta en sus más oscuras cloacas, se masturban frente al otro sin melindres, pudores ni recatos, con pleno desenfado y libre desparpajo. Una suerte de horror sagrado impide a algunos fieles la ejecución del simplísimo rito; los otros los desprecian, pero ellos se desprecian aún más. Se aman escondidos en sus inofensivas y clandestinas aberraciones sexuales, se entregan al otro vulnerables y sumisos confiando en su respetuoso y sensual criterio, intercambian pornográficas misivas con excitantes y depravadas palabras e imágenes. El Secreto, al principio, les pareció baladí, penoso, vulgar y (lo que aún es más extraño) increíble. Untan sus dedos en todos los fluidos corporales del otro en una pervertida química sexual, hurgan cada uno en sus fantasías y trancas más secretas para compartirla en sus íntimas orgías, juegan al voyerismo escondido y el exhibicionismo consciente. Alguien no ha vacilado en afirmar que [el Secreto] ya es instintivo.

Nota.- En cursivas párrafos de “La secta del Fénix”, Jorge Luis Borges, 1944.

viernes, 27 de junio de 2014

INSERCION MATURBATORIA


Tú de recostada de espaldas sobre el lecho, yo de costado a tu lado izquierdo mordisqueo el lóbulo de tu oreja, beso tu boca entreabierta, juego con tu lengua, bebo tu saliva. Estamos desnudos y en silencio. Sigiloso y tímido inserto mi mano siniestra entre tus muslos y la hundo en esa cálida, suave y mullida hendidura, con la palma hacía tu pierna derecha, la desplazo hasta sentir el inició de la rodilla con la lentitud del enviciado anegado en la mágica poción de su goce, vuelvo subiendo hacía tu entrepierna hasta sentir en la eminencia tenar externa de mi pulgar la cercanía inminente de tu vulva, su pocos vellos cercanos al periné y la intensa sensación su calor y su humedad. Mi mano diestra que ya ha aferrado mi verga como a un astil comienza un lento ceremonial masturbatorio desplazando en un sensible sube y baja el delicado prepucio. Ambas epicúreas sensaciones manuales, la tersa carnalidad del interior de tu muslo y la fálica dureza carnal del tronco de mi falo convergen en las oscuras profundidades de mi sistema límbico desatando densas oleadas de un placer sexual distinto, burbujeante, estremecedor, trasgresor y esencialmente condensado en un brebaje dulzón y saturante. Sigo ebrio de la tersura majestuosa e íntima de la piel de tu muslo, sigo masajeando, manoseando esa marmolidad cálida como en un rito ancestral que mis instintos han memorizado en su genética esencial desde las incesantes generaciones de machos excitados de mi estirpe. Mi mano me masturba con un deleite que bordea la eyaculación precoz, como un adolescente que satisface por primera vez el vicio prohibido en una solitaria tarde del estío. Voy sintiendo tus reacciones, tus susurros, tus quejidos, tus retorcimientos que intentan en vano hacer que mi mano en ti suba hasta la flor abierta de tu sexo y lo viole hasta el orgásmico destello onanista. En medio de la lúbrica confusión de sensaciones logro coordinar los movimientos de ambas manos, mientras la siniestra recorre tu muslo inserta entre tus piernas que la estrechan, la diestra masturba mi pene erecto al preciso ritmo que me llevará al máximo goce. El tiempo sucede con una lentitud espesa  y saturada. De pronto te estremeces y te retuerces temblando, tratando ahora ya desesperada de atrapar mi mano abriendo tus piernas y bajando tu cuerpo para llevar tu vulva hambrienta hacía ella, sueltas un gemido corto y ahogado, mi mano reacciona y acelera el frotamiento masturbante más y más hasta que me estremezco como alcanzado por un éxtasis instantáneo y eyaculo salvajemente en mi propia mano. El semen caliente escurre por mis dedos que se mantienen aferrados a mi miembro estrujándolo muy lentamente. Mi otra mano continúa acariciando, ahora con ternura de amante agradecido, el delicado interior de tu muslo. Suspiro profundamente y me quedo quieto a tu lado tratando de recuperar el ritmo normal de mi respiración. Aunque no veo tu rostro sé que sonríes victoriosa en la olorosa viscosidad de las penumbras.


jueves, 26 de junio de 2014

UN MASSAGE INCITANT


Será un masaje lento, relajante y erotizante, de manos tibias y curiosas, extenso en el voluptuoso territorio de tu cuerpo y en el lujurioso tiempo de mi imaginación, iré masajeando tu mullida densidad carnal con manos y besos, marcando con mi saliva los puntos esenciales de tu sexual placer epidérmico. Será un masaje sensual abundante de emociones y sensaciones sin decir una palabra solo dejando que el roce de mis manos se derrame sobre tu desnudez en una poderosa, arrebatadora e íntima experiencia erótico táctil, en un cálido ámbito de intimidad, de plena confianza y de absoluta entrega, en una muy lentísima ilación sin solución de continuidad de tactos y excitaciones hilvanadas entre mis manos y tu piel. Tú boca abajo, mis dedos enredados en tu pelo masajeando tu cabeza cuello hombros brazos uno y otro, mis manos en tus manos, tu espalda tu concavidad lumbar tus caderas tus glúteos ambos sin invadir el tentador canalillo entre tus nalgas, me bifurco a dos manos sobando tus muslos ambos, la tibieza de la corva de tus rodillas, tus firmes pantorrillas, las duras joyas de tus tobillo hasta atrapar tu pie talón planta todos y cada uno de tu dedos breves como uvas. Boca arriba, mis manos en tu rostro tu cuello tus clavículas tus senos con sus pezones a dos manos en tu estomago rodeo el borde abismal del pequeño cuenco de tu ombligo vago encantado la suave convexidad de tu vientre de tu pubis escarbando con levedad de lúbrico insecto la grama hirsuta de tu vellos púbicos evado el pecado de tu vulva para ir a bifurcarme en mis dos manos en la tersa superficie de tus muslos giro circular en tus rodillas tus duras canillas las curvas de tus tobillo tus empeines hasta las misma uñas de tus pies. Repaso a dos manos ávidas los costados de tu tórax tu cintura tus caderas para converger concentrado en la rosa esencial de tu sexo abierto a mis dedos lengua labios rozo surco aprieto sobo presiono palpo lamo acaricio restriego sorbo amaso deslizo succiono recorro froto hundo penetro ya erecto y endurecido hasta hacerte dormir soñando mis manos desvirgando desflorando manoseando con dulce y tierno desparpajo tu cuerpo trémulo perdido en la ensoñación de un masaje absolutamente sensorial.


martes, 24 de junio de 2014

EL ADIOS INSENSATO

Estoy perdiendo para siempre la esclava y la doncella, ya no seré su Amo y Señor, cabalgará liberada la potranca por esas gramas nostálgicas sin mis deseos persiguiéndola con el falo erguido y la boca sedienta. Ya no poseeré su cuerpo ampuloso con sus pliegues voluptuosos, su pompis amplio y libidinoso, sus mullidas palomas y sus tetes protuberantes, su pelo largo negro azabache y sus uñas siempre decoradas como raras joyas digitales. No serán míos sus vellos púbicos, las imágenes, fijas o en movimiento de su hermosa tetamenta, su tetas y sus pezones, su mata oscura de vellos, sus glúteos imponentes, sus caderas de cumbiamba, sus muslos exuberantes y su vulva abierta expuesta a mis ojos penetrantes. Perderé las fantasías incestuosas y sodomíticas, los dedos penetrando la flor del sur y la masturbación por las voces en un bosque o por el cibersexo en las impúdicas sesiones de webcam, ese exhibicionismo desatado y ese voyerismo masturbante que nos unía en una majestuosa y única complicidad de amantes eternos. No habrán, nunca más, los juegos de roles incestuosos o transexuales, de hembra de prostíbulo o de locas sodomías, a veces pervertidos o depravados, otras lúdicos o fantasiosos, siempre necesarios para entrar en los oscuros laberintos del otro y compartir en esos otros territorios inexplorados. El ídolo fálico se hundirá aun inhiesto en la fría oscuridad sin la adoradora vestal de su templo. También se me va la poesía y el Amar, las dulces ternuras y la intensa cercanía, la distancia insoportable y los largos silencios, la amistad que soportaba los errores y los pecados, su presencia en tantas cosas, lugares o circunstancias que ahora quedaran desiertas de su nombre de maravillosa culiatrix, incesante dominatrix y sublime imperatrix de todos mis demonios.


DORMIDA


Cruzaré la línea del debido respeto para entrar en tu noche irrumpiendo con la malicia de un adolescente que descubre en su cuerpo las primeras llamas de la carne inundada en el deseo. Saciaré mi púber curiosidad recorriendo tu cuerpo dormido y desnudo con la sigilosa temeridad de la primera lujuria, deslizare las yemas de mis dedos por las tibias dunas de tus senos, tocaré con incestuosa delicadeza las breves protuberancias de tus pezones y el tierno círculo de sus aureolas, vagaré con mi mano por las sinuosidades de tu vientre, rozaré apenas tus vellos púbicos, surcaré sin abrir el rosado carnal de tu vulva. Confirmaré en mi pervertida imaginación las visiones que escondido te robé en los azogues, para que broten las semillas de las iniciales fantasías, las eróticas contumacias viriles, y los soterrados deseos que me estremecían cuando te deseaba en los espejos. Y permaneceré ahí avergonzado pero deliciosamente inquieto ante tu excitante vulnerabilidad, soportando la tentación de apretujar tus pechos como un macho en celo, o masajear tus muslos con el vertiginoso afán de abrirte a la cópula. Tu respiración pausada me hará retornar a antiguas y pervertidas fantasías donde intentaba escalar los muros de tu castillo para penetrar en ti mientras soñabas. Seguiré abusando de tu desnudez dormida para irme sumergiendo en desenfrenadas pasiones, sintiendo la erección punzante, casi dolorosa, incitándome a la masturbación, pero ya viene la madrugada y pronto despertarás, y yo desapareceré fugado en el canto de los gallos, sin ninguna esperanza de llegar un día a poseerte, salvo que tú te atrevas alguna vez a brindarme ese privilegio con un muy explicito guiño.

COPULACION (Palimpsesto)

Mis dedos acarician tu espalda y se hunden lascivos en tus glúteos. Tus pechos aplastados contra el mío me hacen sentir la inquietante dureza de tus pezones. Mi boca baja entre ellos arrastrando mi lengua. Nuestros cuerpos se enzarzan en lúbricos abrazos e impúdicas caricias. Extiendes las piernas pasándolas por mi cintura atrayéndome hacia ti. Mis costados son apretados por tus muslos y me inclino hasta alcanzar con mi boca tu cuello. Cruzas sobre mi espalda tus piernas aprisionándome. Tu vientre se restriega por mi vientre. Mi boca baja despacio y con cada mano me aferro a tus pechos para después besarlos lentamente. Giras tu cabeza girándola de un lado a otra respondiendo a los estímulos de mi lengua sobre tus pezones. Mi boca llega al estomago y arrastrando la lengua dejo un reguero de saliva que sientes como se evapora erizando tu piel. Mi boca se deleita a la altura de tu ombligo. Mis labios siguen bajando, hasta sentir en mi barbilla el vello de tu pubis. Tu vientre se estremece mientras mis manos separan tus piernas y hundo mi boca en tu ingle. Percibo el calor húmedo de tu vulva en la mejilla. Coges mi cabeza y la pones entre tus piernas. Mi lengua estirada busca el contacto de tu vulva. Tus dedos juegan con mi pelo mientras presionas mi cara contra tu sexo tierno. Mi lengua recorre los rincones de tu flor abierta, la rosácea piel nacarada de su interior, suave y delicada, permite que mi lengua resbale sorbiendo tu intimo rocío. Tu vientre y tu pelvis se mueven espasmódicamente buscando un contacto más intenso. Mientras mi boca lame todo tu sexo, levanto la mirada y veo tu cara allá arriba entre tus pechos. Cierras los ojos, giras la cabeza, entreabres la boca mientras tus piernas se cierran aprisionándome. Mi aliento sigue entre tus piernas y mis manos se aferran tus pechos mientras con suaves pellizcos avivo tus pezones. El vello rizado y oscuro de tu pubis me hace cosquillas en la nariz. Retiro mi cara de tu vulva. Tus piernas siguen abiertas. Tu sexo húmedo por mi saliva brilla. Cojo un pie con la mano y lo llevo a mi boca. Tú con el otro pie lo pasas por detrás de mi espalda. Mordisqueo los dedos de tu pie mientras con la mano acaricio tu muslo levantado. Mi miembro endurecido roza tu sexo. Levantas la cabeza lo suficiente para ver como mordisqueo tus dedos. Con la mano sitúo mi pene en tu vulva. Abres más las piernas cuando el glande brillante e hinchado presiona sobre tu vulva todavía cerrada. Tú pasas el otro pie también por mi espalda y mueves tu vientre para conseguir que la presión de mi verga erecta acabe por abrir e insertarse en tu vulva. Tu cara cambia de expresión cuando empiezas a notar como mi pene avanza despacio pero sin pausa hacia adentro de tu vulva. Llego hasta el fondo y moviendo mi cintura lo retiro hasta que queda casi todo afuera. Ahora de un golpe seco mi falo penetra y llena de nuevo tu vulva. Tú lanzas un pequeño gemido, Flexionando mis piernas y moviendo mis caderas empiezo a entrar y salir de tu vulva. Me aprietas con fuerza con tus piernas contra tu vientre. Mis manos están apoyadas a cada lado de tu cuerpo. Acerco mi rostro a tu cuerpo y beso de nuevo esos pechos mullidos y deseosos de suaves y largas caricias. Por un momento me quedo quieto y percibo como tus movimientos consiguen que mi príapo se deslice en tu vulva entrando y saliendo. Tu vulva traga y presiona mi miembro. Yo busco la postura más cómoda para que el tronco de mi pene roce tu clítoris en cada embestida. Me muevo más rápido. Tú tensas los músculos. Las respiraciones se convierten en gemidos. Cada vez más rápido bombeo dentro de ti con todo mi miembro. Tus manos arañan mi espalda cuando empiezas a mover la cabeza en todas direcciones. Tiro mi cuerpo hacia atrás y hundo mi verga en ti lanzando un largo grito que se confunde con tus gemidos. Al unísono nuestros cuerpos revientan en un torbellino de sensaciones orgásmicas y eyaculatorias. Me derramo en ti, mientras tus contracciones vaginales estrujan hasta mi última gota de semen. Me dejo caer laxo sobre tu estomago, tus piernas se aflojan. Acaricias mi cabello. Levantas mi cabeza y me besas.