No me alejo de tu cuerpo, de su
desnuda exuberancia, del morbo provocante sin expiación ni retorno que desata
su blanda palidez en esta mañana donde solo habitas mi memoria, juegas con el
silencio excitado de la voz que acontece susurrando una sutil lujuria desplegada
y titilante. Permanezco entre tus pechos aferrado a tus pezones succionando su
carnalidad en imagen fascinado, me desmiembro erecto duro manoseándome
masturbatorio ante tus poros exhibidos, en pecado sobando mi penetrante
virilidad erguida en tus honores de hembra deseada, de chúcara potranca en
celo, olfateando el aire sobre la grama impregnada del aroma persistente de tu
vulva abierta y ofrecida, voraz flor carnívora que me atrae vertiginoso a las
honduras del fornicio. Porque tú me inspiras tiesas consistencias, me provocas
ternuras, desates, deseos, lujurias, perversiones y sublimes cercanías
impetuosas, porque ya me envicié tanto contigo que me haces falta a cada rato
del día largo y de la breve noche, y quisiera estar siempre sabiendo de ti,
donde estás, que haces, si me piensas, si te falto, si me deseas, si tus manos
me reemplazan pecadoras en tus senos y en tu pubis, en el dedeo del frote
circular en tu clítoris y en el dedo que chupas con los ojos cerrados. Calentona
te insertas en mi vicio espejo, en esos secretos juegos inefables que te
estremecen o te avergüenzan, que te ruborizan o te arden en el pudor de tus
ojos, entonces, insertada te monto te jineteo te sifonéo te penetro entero
erguido y punzante, te poseo entera por tu húmedo norte y por tu ceñido sur, te
hago mía sin piedad ni remordimiento, me meto dentro de ti como un hierro romo
y candente, te someto a mis pervertidas imaginaciones y eyaculo en tu sexo
hambriento como un animal desesperado antes de que cantes tu orgullosa retirada.
martes, 28 de abril de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
ESA, MUJER HEMBRA AMANTE
“El lento verterse del placer es, en un punto, el mismo que el de la
angustia.” Georges Bataille
Te recuerdo así, alta muy alta, de
largas piernas torneadas, hermosas como un dibujo, melena aleonada y rebelde, y
vestida en sensual rosado, brassiere, tanga y tacos, alta muy alta, y yo
sentado en el sofá tragando la saliva que después esparciría por tu cuerpo
tendido desnudo en el lecho antes de hacer el amor primero como las lombrices, luego como los caracoles y por último como
los cangrejos (i), y allí mismo nos manoseábamos enviciados en las horas que
nos borraban del ahora, desaparecidos humeantes, salvajes y lascivos, buscando
el rincón del otro donde nadie hubo antes, los goces aun no vividos, las
exuberantes fantasías del sexo a plena
luz, los recovecos y los intersticios del deleite físico y de la carne que arde
en sus propios fuegos. Te dejaste poseer en la plenitud absoluta de tu dulce
madurez, los años venían fulgurantes, traviesos y lúbricos, rozamos límites
prohibidos y bebimos el embriagante vino de nuestros estíos, los cuerpos
danzaban las músicas del deseo, cópulas o masturbaciones, cada carnal delicia
la saboreamos hasta la última gota, todo era posible, hasta esa tierna
felicidad que se parece tanto al amor. Te llevó la vida más allá del túnel,
después cerca de las nieves en las cumbres, después en medio del tráfico de una
ciudad con su parque y su río, y por ahí perdimos el rumbo de colisión
constante, nos devoramos con pasivas lejanías egoístas, pasividades y furias acumuladas
a destiempo, sin comprender que el abismo se abrió aquel día que cerraste la
puerta del lugar de las citas atardecidas, donde florecía el ceibo y veíamos
llover por el gran ventanal abrazados en aquel lecho inolvidable.
(i) Cien años de soledad. Gabriel García Márquez
FOTOGRAFIA DE PROHIBIDA REPRODUCCIÓN
Tú ahí, sentada a la mesa del
mediodía, como una inspiración culinaria, abriendo el apetito otro, para
comerte a mascadas sin sal ni limón, con lento deleite sibarítico, con cáscara
y todo, sin ni sacarte esa blusa bonita de negros y blancos recovecos, de
amplias y anchas curvaturas, como misteriosas e inmensas flores desarmadas, un
intenso negro sobre el pezón dormido, la cadenita de metal que se pierde en el tibio
canalillo, así nomás, regia, calentoncita, como casi nunca sonriendo, con ese escote
recatado y esas manitos como el perfecto detalle erótico, porque las he sentido
en mi cuerpo desnudo, hurgando sobando acariciando masturbando, incluso más, aferradas
a mi miembro, erectándolo, incitándolo a la vertida y sabrosa eyaculación, la
mesa blanca como un altar profano, el vaso ya vacío, el ají rojo picante, la
mantequilla del último tango quizás, el cuchillo y las tintineantes pulseras
gitanas, la piel de tus brazos descubierta con tierna y breve impudicia, el
mimbre de la panera que rememora, sexual símbolo de un sueño, tus cimbreantes
caderas en el desespero final de la cópula, las perlescentes y rosadas uñas,
duras rosas pícaras que un día arañaron la suavidad viril de mi espalda, la
porcelana blanca y azul del pocillo es un pequeño mar donde navegan tus deseos,
tus ojos claros, tu pelo claro, la quieta persistencia de tu sonrisa, atrás las
veloces aspas eólicas, la lámpara colgante de luminoso cristal encendido, las
brillantes maderas con las ventanitas de tren cruzando las lluvias y las
cenizas de sureño volcán de tu vida, y también otras anónimas siluetas,
silenciosas, pintadas difusas en el gobelino del íntimo paisaje total para
resaltar la esencia voraz de tu boca.
sábado, 25 de abril de 2015
LA OTREDAD DE LOS ESPEJOS
La alteridad implica ponerse en el lugar de ese “otro”, alternando la
perspectiva propia con la ajena.
Las miro las veo las observo las
gozo en toda su mórbida hermosura, su comba piel suave, sus pezones, las siento
mías, poseídas, turgentes, y desespero por besarlas, mamarlas, sentirlas en mis
manos y mi boca, en mis labios, por hacerlas sentir la lamidas caricias de mi boca,
por dormir toda una noche con mi rostro hundido entre ellas, sofocado y feliz,
excitado y extasiado. La incandescencia
secreta del bosque, su incitación fálica, el rugido del macho en celo husmeando
a la hembra, sumido en las poderosas visiones de los antiguos paisajes de
Tetuán, sus dunas de arenas cimbreantes, los brevísimos promontorios surgentes,
la oscuras monedas, el valle dormido entre las tersas alturas. Mi lengua recorriéndolas
en círculos concéntricos, en un sube y baja ensalivado, chuparlas, morderlas, lamerlas,
mi saliva como una lava escurriendo por sus cumbres, mi miembro se instala en
medio de ellas subiendo y bajando por sus tibias tersuras como su fierro candente
surcando su canalillo, duro, sensible, erecto, llenándolas bañándolas derramando
en ella mi semen como antes mi saliva, mi verga destilando su caliente y denso
licor para dejar su piel cubierta con mi leche sexual. La carnal algarabía que fluye por dentro y el soborno del goce manual,
la mano, el sobe, la deleitación masturbatoria en la rigidez del hierro vertido
y la posterior laxitud del desmembramiento. Y tú saboreando ese néctar
sobre tu piel, sintiendo esas gotas de fuego vivo quemándote escurriendo por tus
poros, incendiándolos. La consistencia
voluptuosa de la piel en la palma, los dedos aferrados, el escarceo entre
cómplices vegetaciones y el agitado frote prepucial, la brillante turgencia del
glande, su intenso rosado enrojecido, el eyaculatorio éxtasis encegante y
final. Besarte entera, todo tu cuerpo entero, lamerte poseerte penetrarte jinetearte
con la locura de un endemoniado macho en tu espesura. Lánguido, untuoso, con esa humedad sudorosa y genital de los lácteos
batidos de la cópula, un aroma de lascivo cuerpo extenuado, humeante perfume de
orines o axilas, del olor que surge de los calenturientos pliegues de la piel
exudada, un vapor caliente como el lúbrico hervor del sexo saciado con su tufo
de esperma y viriles estertores.
jueves, 23 de abril de 2015
PARALAJES
Dedos que dedean los rosados
encendidos sensibles pétalos de la rosa protegida, su sajada humedad, el borde sinuoso,
entre el botón y la divisoria, manos que aferra soba sube y baja aprieta el
miembro erguido en su virilidad solemne, su carnal suave dureza penetrante,
punza brillante su glande. Apremios visuales como lentas caricias de una fantasía
sexual que degrada y corona a la favorita del templo. La estimulación que logra
el éxtasis transgrediendo un tabú, experimentaciones del sexo sodomítico, previas
lubricaciones, placenteras provocaciones alternativas, la autoestimulación que
dibuja esa sonrisa de placer en tu rostro antes de cerrar los ojos. Cerca del
clítoris goce y de placer, evanescencias de juguete sexual, boca o penetración.
Aquella escena erótica que siempre haz soñado, dildos y lencerías, los detalles
de lo que hacen tus manos mientras te hablo con susurros de voz ronca que te
hace imaginar lo que está sucediendo, sonidos motivadores para que tu mente
vuele embebida de gemidos que sustituyen las palabras. Tu busto, tu pubis, tus
ancas de hembra calentona, torvas suciedades, erecciones y eyaculaciones,
semen, orgasmos espasmos estremecimientos grititos mordidos fluidos vaginales. Ascético
monje masturbante, casto lobo lamedor, místico pervertido siempre al filo de
sus recuerdos, en esa otra vida, infinitamente más rica y sugerente, donde las
parejas suelen agazapar los intensos, u obsesivos o apasionados secretos
inconfesables, y sobre todo inconfesados. La
segunda voz y lo evocante; lo escópico, en la presencia de un otro especular
que debe ser solemne, por ejemplo en la discreción de mirar; lo oral y su lugar
de complemento cuando se asiste en la mesa; lo anal y sus derivadas en el
intercambio de objetos (i).
(i) H. Basile
LA SALVADORA
Navego en lentas y oscuras aguas,
abrumado de soledad y sinsentido, pero me salva que tú eres la única dueña de
ese cántaro secreto, de mis laberintos, y lo sabes, solo tú has llegado a esas
profundidades. Y no es un cántaro, es una tinaja, de aguas estancadas,
pútridas, acumuladas por años de lluvias ciegas, llena de salamandras y
renacuajos, de pequeñas lampalaguas y larvas de zancudos y de libélulas, solo
quien sabe de hechizos puede beberla sin envenenarse la sangre con esas miasmas
de desolaciones. Son aguas de otras lluvias, las ciegas, mezcla del líquido
amniótico de mi madre, de salivas vertidas en besos sin amor, orines de hembras
olvidadas, flujos vaginales que lubricaron coitos inútiles, o que bebí como
naufrago inmerso en el mar triste de mis soledades, sudores con la sal sin
cristalizar de noches de carnes ávidas o perversiones desabridas. Tinaja,
cántaro, copa, el santo grial de otro varón de dolores, de eso eres dueña. Y
eso me salva.
2010
LOS ESPEJOS OTROS
“Como un espejo a tú lograrlo”. A.M.C.M
Duros cristales azogados por los arcanos
e íntimos instintos, metáforas de lo innombrable, de la pequeña realidad o la
natural decadencia, imagos de lo que no es y debería serlo, de lo que gustaría
por sobre de lo que es, reflejos gratamente deformados, visuales sublimaciones
del atrevimiento negado, erguidas cobardías, succiones imposibles, rotas
presunciones y vedada jaula de voraces demonios insaciables. Vidrios que
repiten equivocados, que calcan aumentando más allá de la mera aspiración o la
nítida ilusión, tensas refracciones imponentes, atrevidos reverberos de fálicas
imaginaciones, egregios rebotes codificados hasta intraducibles alegorías de
ese túmulo oculto en las cloacas del pervertido deseo. Controladas locuras o secretas estimulaciones tentativas.
Imágenes del bosquejo anhelado, de las torturas del enclaustrado o de las
oscuridades del armario que guarda ancestrales ritos castigados por el fuego y
la sal. Símbolos de lo no poseído, ficciones de ilusorias carnes encarnadas,
tropos, gozosas comparaciones insensatas o sublimes, representaciones del no ser
y sus duras consecuencias. Sacrilegios que son tributos a los excesos, pecados
nonatos, memorias borradas y a la vez premoniciones de un acto que nunca se
consuma, rectangulares lunas sin rostros que buscan el rostro del cautivo,
enmascarado, extasiado. Ídolos, efigies obelísticas que inspiraron antiguas
esquelas escritas para la que enredó al redimido, al liberado y al fin
comprendido. Literaturas, espejismos del énfasis y la elipsis, del habitante
encarcelado en la confusión, en su propio enigma priápico, bifurcación entre la
posesión y la utilización, uso y abuso, deleite, vergüenza o dolor, goces
inalcanzables, quizá. Colecciones, licuaciones, obliteraciones, sensaciones,
elevaciones, tentaciones. Nada más que espejos, solo eso, espejos que no
reflejan la breve realidad.
martes, 21 de abril de 2015
DESATADOS
Tu pecho desnudo entre el negro
de tu body y la guedeja del azabache de tu pelo en tu hombro y el negro artificio
del fisgón que lo inmortaliza en la imagen excitante de la palidez de tu piel
en su esplendor inquietante. Antes fue tu mano de rojo coral en tus uñas y el
del corazón en suave dorado, presagio de dulces caricias, penetrantes
florituras y masturbatorias secuencias. Todo mi deseo se desata cuando de ti me
viene tu voz con sus susurros y tu hechizo me invade con su tibia densidad, cuando
poseo la esencia de tu cuerpo en el mío unidos en una eternidad sin tiempo ni
distancia, uno ambos juntos, hechos de largos besos, de delicadas caricias, de
sueños que soñamos cuando nuestra lujuria despierta y se libera venciendo los
imposibles dimensionales y nos derrama sobre un lecho cuántico que absorberá
nuestros impúdicos sudores. El libidinoso juego a lo largo del día confirma las
ardientes vigencias de las pasiones, la carnalidad instintiva que fluye en el
éter que ya no separa porque hay un ardiente intersticio en su evanescente
volumen invisible. Circulan voces erotizadas, imagos de piel desnuda, de falo
asomado, de intentos frustrados, de pornos prohibidos de machos hembras
trenzados representando nuestras fantasías deseadas e imaginadas. La deliciosa
masturbación brota a cada lado del espectro, las calenturas coinciden en mano y
dedos, el deleite onanista se bifurca en el allá y en el acá, compartido, en
universos paralelos, en un gozo único y a la vez separado en la distancia que
no en el tiempo.
lunes, 20 de abril de 2015
ACOPLES
Verdad es que físicamente mis
manos no acarician tu cuerpo, que mi cuerpo no se impregna dentro del tuyo, que
nuestras bocas no se encajan en los mordidos besos de los amantes desesperados,
es muy cierto que florecemos en valles distintos, con otras aguas y otros
soles, pero aun así tocamos los límites de placer y los traspasamos con las
vehemencias de los que solo se tienen en las vívidas imaginaciones del deseo
desaforado. Es en el delicioso despertar que alcanzo a oír tu voz y hacer que
mi voz te excite, sentirnos juntos, piel con piel, en una experiencia
maravillosa de tactos incitando las yemas de los dedos, de mojados labios
entreabiertos, de vulva escurriendo su almíbar y de verga en tensa erección, de
imágenes que colman los espacios vacíos con los delirios del mirón y la
coqueta, de la hembra que se pavonea exquisita en su exhibicionismo lascivo y
del macho que se masturba enredado en las algas de su voyerismo vicioso. Tu me
haces vivir intensidades inesperadas, me calientas, me yergues, me instas al
goce corporal, a dejarme desbordar por mi sexualidad y buscar otras
sensaciones, a pervertirme pervirtiéndote, a sumergirnos en la viscosa ciénaga
de la lujuria y ser peces arrastrados por los oleajes del vicio que desmorona
voluntades, pudores y temores, y entregarnos como salvajes animales en celo a
los inconclusos ritos del pecado que unta y penetra, que estremece y
desasosiega, que arde en la profunda oscuridad de lo que realmente somos,
solitarios seres sexuados buscando la plenitud que justifica lo vivido y lo por
vivir hasta la última eternidad.
TÚ, HACIA Y DESDE LA NOCHE
Estarás entrando en la noche de
sola mujer adormecida envuelta en los silencios de tu cuerpo en la vigilia, de
las semillas brotando en tus íntimos deseos, en la noche que te abarca en una
difusa oscuridad donde arden entre antiguas cenizas la brasas vivas de tus
lujurias, nocturna te viertes en los sueños de tiernas caricias encendidas, te
estremeces en esa desnudez que escurre por tu cuerpo entre el negro oleaje de
tu pelo y el blanco oleaje de las sábanas, anochecida te inundas del rocío que
fluye de tu sexo inevitable, te sueñas poseída, penetrada, te sueñas abierta,
receptiva, te sueñas atrapada en los goces, en los estertores y en los besos entre
el lecho y el macho erecto que socava tus escondidas obsesiones, yaces en medio
del nocturno saciada de suspiros y quejidos, laxa y sonriente, húmeda de ti, mojada
por el denso licor fálico, derramada, anegada, perpetua en la memoria del macho
amante para siempre enclavado insaciable en tus noches de hembra incautada. Sales
de la noche humedecida estimulada digital burbujeando en la tibia modorra,
sumergida entre las sábanas que te acarician como un amante aun no saciado, abres
los ojos al día y su rutina, te desflora la mañana con su inicio somnoliento,
sensual, lubricado, te sientes invadida de un lento goce que sube misterioso desde
tu vulva y te absorbe en su densa lascivia, te orada la voluntad, te somete a
los urgentes manoseos del goce que florece desatado entre tus manos, te
levantas soñolienta y excitada reviviendo en tu piel aquel sueño donde fuiste
poseída, penetrada, donde eras abierta, receptiva, donde estabas atrapada en
los placeres, en los estremecimientos del orgasmo y en los hondos besos del
macho erguido que saciaba tus escondidas pulsiones, entras en el agua que
escurre caliente por tu cuerpo y te lava los pecados que cometiste a lo largo
de la noche, te purifica fluyendo y quemando tus pechos, tus pezones, tu sexo, tus
muslos, tu vientre y tus nalgas, tus manos aun embebidas del semen que escurrió
en ellas espeso y gozoso, sales del agua limpia y entumecida, el sueño vuelve a
ser semilla nocturna esperando brotar en tu insomnio cuando vuelvas a los
brazos de la noche.
domingo, 19 de abril de 2015
IMPOSIBILIDAD DEL OLVIDO
Destila de ti el dulce vino del
deseo, los mostos embriagantes de la otoñal vendimia de tu deliciosa madurez,
los densos jugos dulzones de la jugosa fruta incrustada en tu pubis de ampulosa
hembra feraz. Destellas en el esplendor marmóreo de tus nalgas, carnales
lisuras en combas sensualidades, en la llena convexidad de tus pechos, en las
provocadoras protuberancias de tus pezones, goce repetido en mullidas dunas imponentes.
Me despiertas instintos que desconocía, me excitas, me desatas vergonzosas
dualidades, me hundes en las calidas aguas del lúbrico pozo de las oscuras
fantasías donde nadan incesantes los peces del pecado. Soliviantas el miembro
mismo de tu macho, lo erectas con tus lúdicas calenturas, lo sobas aprietas
masturbas en tu mano, en tu boca, en tu sexo, en tu estrecha florcita del sur,
rozas las eróticas sensibilidades del escondido adolescente que me habita ensimismado
en sus vicios solitarios y lo elevas a las copulares alturas de tu imagen, de
tu abierta desnudez, de tu ardiente descaro, lo incitas a naufragar con los
ojos bien abiertos en tus oceánicas curvaturas. Te quedas titilando en un
fragmento de tu piel, en un pezón que deja mi boca sedienta de ti, en los vellos
de tu vulva que detentan el aroma total de tu plena sexualidad, en tu boca
sonriendo entre la amorosa aceptación y la lasciva complicidad, amaneces
brillante en el oriente estremecido de tu cuerpo y te duermes placida en el
poniente de mi íntimo horizonte. Tú cumples todos mis deseos, hasta aquellos
que aun desconozco, perforas soberana los muros del oscuro laberinto del
pervertido, así entonces, ¿como voy a olvidarte?
sábado, 18 de abril de 2015
BAILANDO ENTRE BALBUCEOS Y SUSURROS
Bailar juntitos un bolero muy
lento, ambos desnudos, para rozarnos piel con piel, mi falo rozando tu sexo, tus
pechos en mi pecho con tus pezones punzando el corazón de tu macho niño, las
bocas besándose al compás de esa música en dulce romance. Que sientas mis manos
acariciar tus nalgas y yo las tuyas jugando al manoseo con sensuales ternuras excitables a mis deseos. Lamer tu oído,
tu cuello, oler tu perfume en tu pelo y que tú huelas el olor a tabaco en mi
piel, saboreando el mismo tabaco en mis labios buscando nuevas sensaciones
desconocidas. Echar el humo en tu vulva para después olerla en su anegada profundidad,
fumar despacio y ahumar tu cuerpo con la bocanada de mi aliento como un
sahumerio de deseo y lujuria, fumar mamando en tus senos mi olor tabacalero,
retorcer con mis dedos machos tus pezones, encopar tus pechos como siempre. Bajar
fumador por tu vientre para quemarte con mi olor a tabaco, ir potro con aroma a
tabaco, para dedearte y penetrarte, ir potro erecto mordiendo a cubrirte
potranca en celo humeante. Hundir mis manos garras tiernas en tus glúteos y poner
el príapo en la puerta del sexo e introducirlo todo entero completo. Comenzar a
cabalgarte para que sientas como mi verga dura se entierra en tu rica vagina. Mueves
tus caderas caliente, giras tu cintura en torbellino, bailas cumbianchera la
danza del coito, te siento apretada ceñida mojada y eyaculo en tu orgasmo para
poseerte entera en tus propios jugos, hembra amante novia doncella esclava
potranca con olor tabaco por gracia y misterio de los deseos. Así, soñémonos
bailando.
SUAVES RETORNOS CARNALES
Paralelas, suaves, desnudas, largas
como el deseo que en ellas no se consuma, aun, mórbidas de ingle a puntita
coronada del dedito mayor, de entrepiernas a talón, las rollizas convexidades
de las rodillas, los diez rojos granates refulgiendo allá en el mullido piso,
carnales anatomías bifurcadas. Entre el alegre verde claro que inicia ese tibio
abismo de alturas, y el oscuro verde sobre el que se planta en sus desbordes de
coquetas sensualidades, sobre una lúdica ciudad que no sabe de los deleites que
la pisan. Esas piernas muy blancas casi albas, mórbidas, marmóreas, florecidas a
la sombra como los pétalos lunares de las orquídeas nocturnas, tersas lisuras
consteladas de breves soles quietos, palomas o flores sobre cielos o mullidas
arenas entibiadas en reprimidos ardores de hembra atrapada en sus propios
laberintos, vanidades dietéticas, soberbias de doña seductora dueña de ricas
piernotas, muslos, canillas, empeines, rotulas, carne que te quiero carne,
carne lamida, carne acariciada, roces buscando calientes mojaduras, vellos
púbicos negados por recato, coquetería o crueldad, quizá por una turbadora seducción
de delicada mantis carnívora o etérea
medusa ponzoñosa. De pie, de piernas juntas, encogidas o cruzadas, magras
carnes desnudas, delicias caminantes, carnuítas, calentonas, columnas
convergentes en la húmeda lujuria de su sexo intranquilo, clara piel sin
pudores ni urgencias, cohechos en delirantes perspectivas, seducciones
desinhibidas, soberbias trampas para obligar a olvidar exabruptos, furias y
celos inconsistentes. Alguien observa excitado el majo espectáculo, muy
agradecido, muy agradecido, muy agradecido, y comienza a escribir inspirado en esa
dual excitación: Paralelas, suaves,
desnudas, largas como el deseo...
viernes, 17 de abril de 2015
VERA ICON
Sola caminante a media mañana por
la solitaria calle desde el oriente conventillero al lapidario poniente
mortuorio de flores mustias e inmóviles silencios subterráneos, todo era otoño,
su penita de andrajos desteñidos, su humildad de piedrecita o de hierba, su
silueta intrascendente con algo de ausencia y de melancolía, de ese tango
triste de “tu sombrerito pobre y el tapado marrón...”, sonríe mientras se
acerca, y destella. Arriba un colorado vivo, carnaval o fiesta, con finas líneas
blancas paralelas al trazo observado con vehemencia que va de pezón a pezón, cuello
blanco sucio, verde petróleo abajo, desvaído, desastradas sneackers del mismo blanco sucio. Chica más que baja, gordita más
que maciza, pelo miel de variados tintes entre amarillo y marrón, liso
apelmazado, crenchas ralas desordenas, mal peinadas, aperfumada (sic) con soleados sudores de fúnebres
flores mustias y aguas de floreros abandonados, roto el collar de sus
amarillentas perlas verbales. Pero ahí otra vez, cotidianas, las dos
protuberancias, sobresaliendo marcadas en el colorado con rayas como cuaderno
de copia, deformando incitantes el paralelismo perfecto de esas líneas blancas
intervenidas, sus grandes pechos caídos, sin sostén ni turgencias, pero ahí inhiestas
las protuberancias, las cúspides del desasosiego, la inquietencia (sic) provocadora del efecto sicer arietinum, el misterio del color
de las areolas, del tamaño de su redondez, de su rugosidad secreta, escondida,
oculta incluso a la imaginación del tímido voyeur,
mirón de pobla o pervertido casero. Se va pronto siguiendo el mismo rumbo por donde
vino, hacia ese occidente donde todo está muerto, como sus pequeñas y limitadas
esperanzas.
martes, 14 de abril de 2015
ANTIGUAS MEMORIAS RECIENTES
Te devoraban los besos
hambrientos en tu boca de los sabores de la tarde, esa vendimia embriagante de
soleados campanarios, ese cacao con menta, el oro amarguito del limón y el
verde dulzón de la hierbabuena. Acontecen las últimas horas del día que se va
hundiendo en un crepúsculo cercano ahí en la alta constelación del lecho, un
revuelo de luciérnagas y medusas luminescentes iluminan el tenue reverbero de
tu semidesnudez extendida, el musgo ralo, cierta humedad olorosa a ti que urge
carnales insistencias. Difariábamos solemnes y desnudos sobre lo que debía ser,
sobre lo que no era, y seguíamos siendo lo que éramos, dos seres solitarios enfrentados
a sus deseos, diversos o bifurcados, la pasión con olor a rosas otoñales o a
sudores animales. Te devoraban las ansias de morderme, de mascarme, de tragarme
sin empacho en la caliente concavidad anegada de tu sexo, yo chapoteando a ojos
cerrados en los sensuales empalagos de tu camisola negra, con su recato
comprensible y su transparencia incitante, los mármoles tibios, los breves granates en sus oscuros rojos
decimales, la pequeñas lunas con sus códigos indescifrables. Las caricias palpaban
y rozaban con ternuras de amantes consentidos, después apenas la fugaz succión
en tu pezón dormido, un perfume que evoca e invade, que atrae a esa flor
carnívora que acecha en tu pubis, luego las manos en la suavidad de tus muslos,
sobre entre ellos, insertadas o deslizándose, tersuras que provocarán rojos
verbos incandescentes. En la continuidad del atardecer vencido por la entrada
de la noche nuestras bocas insistían en devorarse insaciables.
domingo, 12 de abril de 2015
INSISTENCIAS DE LA MEMORIA
Mi boca en tu fuente sorbiendo
las densas aguas que destilan tus deseos, tus ansias, tus mudas fantasías, el
tibio rocío de tus noches desiertas escuchando el rumor del oleaje de tus
instintos enjaulados en tus poderosos recatos y en tus íntimas inquisiciones,
mar de fondo, oscuro, de negado horizonte, difusos reflejos extraviados de las luces
de barcos arrimados a un solitario puerto desvencijado, mis labios afanando en
los pétalos de la flor hambrienta que habita tu pubis. Mi rostro incrustado en
la rosada carnalidad de tus suspiros y desahogos, mi lengua lamiendo la húmeda
verticalidad que contiene el germen de tus quejidos, de tus estremecimientos,
de los retorcimientos y estertores del orgasmo que vendrá a romperte en pedazos
humeantes, en fragmentos sudorosos, en quebrados cristales saciados. Tú quieta
como una mantis al acecho, dejándote saborear en tu rincón cohibido, en la
trampa abierta al desespero, sin pudor ni contención, gozando la desesperación
a ojos cerrados, rendida, entregada, gimiente, esperando el destello, la
extrema unción del clímax de tu densidad sexual. Literaria mi lengua va relamiendo
el punto seguido de tu ombligo, tus paréntesis; tus ingles y ambos lados del
clítoris, el asterisco de tu sureña flor ceñida, la i de tu vulva. Mis ojos en
tanto persiguen la erótica visualidad encaramándose desde tu entrepiernas
subiendo por tu pubis tu vientre tu estomago cruzando hasta tu mentón y de ahí
a tu rostro impasible de esfinge encerrada, confundida, reprimida. Te voy
desarmando con largos lamidos de clítoris a periné, de ida y vuelta, una y otra
vez, tu espalda es un rígido y tenso arco curvado sobre el lecho, tu vientre
sobresale ofrecido, gimes estimulada por el paladeo incesante que te socava
abajo donde anida la escondida constancia del fuego aun vivo de tu sexo.
jueves, 9 de abril de 2015
REVERBEROS INSISTENTES
Mi mano en tu muslo en larga
caricia derramada de ingle a rodilla y viceversa las yemas de mis dedos rozando
esa piel de perversa lisura. Mis labios en tus labios besando, abarcando la
totalidad de tu boca, mi lengua entrabada en la tuya en una enredada cópula de
caracoles desesperados. Mi dedo en tu clítoris dibujando los círculos del goce
que te estremece en un vértigo sometida. Mi boca en tu pubis navegando entre
oscuras algas ralas, husmeando el aroma inconfundible de tu sexo. Mi mano en tu
vulva arrastrándote cautiva al borde del abismo del orgasmo incontenible. Tu
mano en mi vientre en tierna caricia rotando de ombligo a ingles y de vuelta
las yemas de tus dedos rozando esa tierna piel del prepucio. Tus labios en mis
labios besando, abarcando la totalidad de mi boca, tu lengua entrabada en la
mía en una enredada cópula de caracoles desesperados. Tu dedo en mi príapo
dibujando las espirales del goce que me estremece en un vértigo sometido. Tu
boca en mi glande succionando sobre blanquinegras algas ralas, devorando la
erección inevitable de mi sexo. Tu mano en mi verga arrastrándome cautivo al
borde del abismo de la eyaculación incontenible. Afuera, desde la altura, las imaginarias
luces de los barcos imaginarios, la negrura de un inexistente mar anochecido,
el barrio del río indígena y las antiguas meretrices, las campanas tocando a
rebato, las calles esperando la lluvia sin saber que era una argucia mentirosa
de nuestros cuerpos que se buscaban en los entresijos irreales de sus íntimas
soledades.
ESAS ALTURAS
Sopeso sus carnalidades
incitantes, su mullida densidad instaurada en las profundas raíces del tacto ávido
de mórbidas lisuras, rozo las inquietantes rugosidades que las coronan en las
turgencias de sus inhiestas cimas, encopo sus tibios volúmenes sintiendo el
extravío sensual del instinto, recapitulo otras consistencias similares, revivo
otras combas caricias, me deslizo por sus paralelas convexidades intentando
fluir como una lluvia de hirvientes aguas desperadas, surco, subo, aprieto atrapo entre mis dedos con levedad de
entomólogo las breves protuberancias sensibles como si fueran punzantes
mariposas, hundo sumerjo mi rostro en sus blanduras ebrio de esas tersuras
suaves y perfumadas, sostengo en una doble idolatría edípica esas palomas bamboleantes,
mis manos las tocan con placentera delicadeza, como dulces frutas maduras, como
sedosos racimos de las uvas del deseo, remonto las elevadas dunas que definen
ese voluptuoso horizonte, levanto su cálido espesor de arenas húmedas, percibo
extasiado la oscilación estremecedora a cada paso, en perfil en escorzo de
frente mismo, mis labios rememoran atávicas instancias, sensitivas ternuras
primordiales, bloqueadas sensaciones extraviadas en el tiempo o sublimados
deseos impuros, prohibidos, de ascender con los ojos cerrados las trémulas
colinas del desgarro, cuento el pasar de las horas en esos péndulos oscilantes,
causas y origen, embrujos de antiguas reminiscencias, obsesivas manipulaciones
que intentan rememorar una y otra vez lo que la memoria fue perdiendo en el
tráfago compulsivo de esa búsqueda sin sentido, o en la catarsis de las vanas
infidelidades que nunca supieron que eran solo objetos incluidos en una trama
sin fin que iba desde una hendija inicial a los solitarios páramos de ese
férvido instante en que estrechaba sus deliciosas opulencias contra mi torso
desnudo.
ESE DESEO IMPOSIBLE POR OSCURO
Ciego en los arcanos busca por
las oscuras callejuelas de la ciudad de ‘los ojos’ los tenebrosos tugurios o
las inmundas cloacas donde cometer el único pecado que nunca ha de ver la luz porque
no hay salida en el túnel de su desamparo. Es el tortuoso camino que lo lleva
desde aquella inicial hendija machihembrada a los pervertidos páramos de los
extramuros pecaminosos de la férvida adolescencia, a las subterráneas aguas
originales que desaguan del cuerpo ubérrimo de su sombra, a la función escópica
con su perversidad que disturba, difumina y expulsa prejuicios atávicos e
insomnios culpables, a la experiencia asumida racionalmente con esa carencia de
culpa ratificada o rubricada en cada lecho infiel de los siglos que vinieron
buscando inútil su sombra perdida en todas las siluetas sin rostro que alguna
vez rozó o poseyó, anónimo, pasajero, onanista, lejano a toda otra piel. Lento el
flujo de lo sensual discurre entre su sombra y su reflejo sin censura, solo circunstancias,
situaciones y contextos, consecuencia del desatado hábito sexual y de la
libertad pulsional que reinan en el desespero de su concreto universo lumínico.
Hay un compás, un ritmo, virtuosismos, series de alteraciones en cadena, rizos
que rizan el rizo hasta lo imposible, la irracionalidad hilvanada en la lujuria
barroca y el expresionismo abstracto que desestructuran y agotan los esquemas
armónicos mediante variaciones increíblemente infinitas, la secuencia contiene
los entresijos pulsionales del fetichismo y de las vacilaciones, la trampa está
siempre tendida en el escabroso paisaje del imposible destello de la
consumación. En su turbia ansiedad ha espiado desde la fronteras de la locura
como un voyerista vicioso su sombra exhibiendo su cuerpo y su genitalidad sin los
tapujos del recato, sabe que merece el mítico castigo, pero no se arrancó los
ojos porque aquí la tragedia no depende del misterioso destino, de la estoica voluntad
o del mero azar, sino de la naturaleza misma de su terrible obsesión.
martes, 7 de abril de 2015
VISIBLES CONCESIONES
Me concedes el derecho de ver tu
piel fulgurando en su suculento pecado exhibicionista, tus muslos plenos en su
tersura de ardiente marfil incitando extensas caricias y lentos lamidos, tu
ombligo como el centro de toda tu sensualidad derramada en la alucinación de tu
cuerpo desnudo, tus manos vertidas sobre ti como mis manos hambrientas. Me
concedes el goce a ver tus pechos pálidos mullidos soberanos en su doble paisaje
tutelar, en su tierna apariencia de tibias dunas o turgentes colinas, sus
ternuras de hembra evocante, transferente, donde se subliman antiguos vicios
prohibidos. Me concedes la visión de tus oscuros pezones, botones y areolas, en
sus protuberancias sensibles, en la percepción de un sabor perdido e
irrecuperable que se hunde en la vaguedad de tiempo pasado como un espejismo
imposible. Me concedes la inquietante perspectiva de la flor que florece en tu
pubis, sus rosados pétalos carnales, su sexual aroma de almizcle nocturno, su
negro halo de ralo musgo, su espesa humedad invasiva, su combado perfil con sus
seductores misterios femeninos, su voracidad fálica, o el néctar embriagante
del mágico brebaje de su estro. Me concedes el deleite estremecido de la
epifanía de tus nalgas ampulosas, su dulce surco divisorio en su verticalidad
curva y suave donde oculta late ceñida la otra flor del deseo, allí do la
pulsión escópica declara en la mirada penetrante los derrotados artificios del
pudor y la vergüenza. Me concedes las instintivas razones que mi mano aduce
para sobar masajear aferrar masturbar el príapo erecto ante la perturbadora evidencia
de que habito tus impúdicos paraísos.
sábado, 4 de abril de 2015
INESPERADO ENCUENTRO MAÑANERO
Es un azul desvaído, o gris claro
o plomo sucio el que oculta una tetamenta descomunal, ampulosa, aunque caída ya
por su tamaño y su blandura y quizá por los años que no parecen muchos pero que
pesan cuando son sufridos y duros. Sin sostén que sujete esos mullidos pechos
vencidos, las protuberancias de los pezones esplendecen marcadas en la tela,
punzando como notorios garbanzos, las grandes areolas se imaginan, se intuyen,
se adivinan como enormes monedas de íntimos cobres carnales, oscuras talvez
para confirmar la frugal fantasía de ese busto hiperbólico, de esos senos
maduros, agobiantes, de esas tetas otrora imponentes cuando la juventud latía en
ellas exultante. La charla se alarga para seguir gozando el edípico espectáculo,
ella ingenua juega el juego sin saber que lo juega, el sol ya quema a media
mañana, allí en la vereda de la intersección, de la convergencia que se
bifurcará en un nunca pensado y un imposible soñado. De ojos color miel y pómulos
sonrosados, bajita, gordita, desgastada por una vida de hierba silvestre en los
pedregales de un mal destino de páramo o desierto, sus cabellos claras greñas toscas,
imperfumada, imperfecta, desaliñada, ni una pizca de coqueta, pero poseedora de
una salvaje sensualidad misteriosa que no se corresponde con su voz, su
actitud, su figura, como un instinto animal que corroe la racionalidad, el
pleno dominio y la férrea formalidad necesaria para que el azar no intervenga
con sus naipes marcados. Lo lascivo solo está en la mirada que devora el azul
desvaído, o gris claro o plomo sucio, en la sensación hedonista que genera esa
cercanía cristalizada en la breve distancia de un paso. Es lo erótico en su más
transparente pureza de instinto impuro, lo insinuante que fluye como un río
kárstico, subterráneo, sin vertiente ni drenaje, un pozo ciego que contiene en
sus lúbricas aguas el origen de un sacrílego brebaje prohibido.
jueves, 2 de abril de 2015
ZILENZIOZA
Callas en la penumbra escuchando
los sonidos de tu lujuria, tu cuerpo desnudo incendiado entre las sábanas, ansioso,
tenso y estremecido, humedecido por los impúdicos sudores de una fiebre impura
y por los íntimos jugos que va destilando tu vulva en el hambre insaciada de la
cópula imaginada. Agua salada de un mar turbulento que escurre entre tus
pechos, entre tus muslos, que se derrama quemando tu ombligo y tu vientre, que
se vierte en las vacías palmas de tus manos empuñadas. Callas esperando mi voz
para que te llene el cuerpo de palabras prohibidas, sin protocolos ni decencias,
grititos quejidos susurros que penetran tus oídos para que sientas mis manos manoseando
tu entrepierna, mientras tú recorres mi erecta comarca con tu respiración
agitada y el fuego de tu aliento incinerando los senderos orales por donde
surges hembra entre calores y olores, y te anegas en la densidad carnal del
restriego, del lúbrico roce, del tacto que se transforman en gemidos y se
inserta en las fisuras del placer vergonzoso, desliza tus manos sin vergüenza, detallando
tus liberadas fantasías, tus ganas, tus ansias de ser poseída hasta el vértigo.
Callas oyendo los ecos mi voz que te habla de cosas sucias, procaces, enervantes,
y te vas hundiendo en ese perturbador ámbito masturbatorio, provocada sudorosa
lubricada, sofocada hasta los mismos poros de tu piel en ese infierno de tu
flor abierta y vacía, ansiosa y audaz, tus dedos pecan en la húmeda voracidad
de tu pubis, el erecto botón sensible, los pétalos mojados en la curva convexa
que deja tu rígida espalda arqueada, como un arco candente sobre el lecho
vacío. Callas en tu desnudez desesperada navegando hacia el insomnio, agitada
tu vagina, humedecida, como si yo estuviera ahí en la oscuridad penetrándote en
un furtivo coito de ángeles profanos.
miércoles, 1 de abril de 2015
RECANTO DE MALAMOR
Sensaciones que habitan tu nocturno como
brasas o espinas entre los pliegues de las sábanas del insomnio, caricias
abarcando la arqueada voluptuosidad de tu cuerpo encendido, la tensa
circunstancia de esa soledad carnal que va de venas a poros induciendo el
impuro sudor de la virgen inconclusa, amordazada, atada. Tus manos ya no
soportan el peso de esa angustia que pulsa tu cuerpo estremecido, pero temes
decir fuera de la noche los murmullos de sus íntimas vibraciones, no te atreves
hacer una hoguera con ese amor no correspondido o ese desamor aun no sepultado,
con alguna oscura experiencia que bulle en tu alma desesperada, con la reseca
leña de una opción sexual oculta o de un placer secreto, incinerar quizá una
pasión contenida o simplemente esa tímida vulnerabilidad vital que te coarta
invencible, una pira que ilumine las sombras del desencanto en un destello
liberador y te arroje a las cálidas aguas del tumultuoso río del aquí y el
ahora. Allí tendida a ojos cerrados percibes en ti una voluptuosa cercanía, no del vetusto monumento al amor
ya vencido sino de la vigencia ineludible del eterno deseo que cruje en los
huesos y supura en las grietas de la piel, esa lenta lujuria que va
incrustándose en la penumbra sin tiempo de la larga noche de tu surgente
delirio, pero aquietas tu respiración para no oír sus pulsantes latidos. Tautologías,
hervores, alucinaciones, nítidas iridiscencias, atrevimientos. La hojarasca que
dejan las cenizas de las secretas fantasías, el rescoldo de la absurda
abstinencia que cosechas en la madrugada cansada de la insoportable vigilia.
martes, 31 de marzo de 2015
TUS REFLEJOS VIAJEROS
El negro body, el rincón
escondido, tu pecho y su tibia carnalidad voluptuosa, su deliciosa turgencia, su
oculta y prometida blandura, la mano que lo ofrece al deseo, el negro noche
como tus cabellos invisibles, la blanca porcelana, el amarillo del muro, la
trama turbia de densos ocres de tabaco y beige, el blanco rococó del friso que se
quiebra en la esquina donde te exhibes encubierta, tu reflejo en el espejo, tu
uña larga para dejar la marca de la apasionada caricia, ese pequeño lunar ahí
en tu seno esperando el beso que lo invoque para siempre en la memoria, las
elegante uñas rojas y una en rosado holográfico, el anillo, la pulsera en la
mano que ofrece edípica ese pezón tierno en su íntimo desparpajo. Sobretodo la
cómplice urgencia del envío, el clandestino pecado que te hizo esconderte para
mostrarte ante mí como una esclava sometida a las calenturas del amo, como la
doncella que se rinde al varón que la seduce, y como la potranca al potro que
la cubre. El contraste del negro y el blanco, tela y azulejo, el contorno de
tus pechos, el breve lunar al borde del canalillo, tu piel, la cerámica y la
porcelana, el metal de las joyas, el rojo intenso, la protuberancia del pezón
punzando el azabache del tejido, tu carne obscena y el azogue que la posee en
su reverbero y su reverso inquietante. Todo revuelto, caótico, mezclado en una
turbulenta epifanía voyerista, amarillo negro ocres blancos rojo rosado, la
mano que expone el seno inhiesto y la mano que capta la imagen con pecado
concebida, el deseo erectando el mástil lujurioso, el rincón furtivo donde nos
consumamos, todo lo que posee el perfume sexual de tus deseados reflejos.
lunes, 30 de marzo de 2015
VOLVER A VERTE
Sigo envuelto en mis deseos de
ti, eso es inevitable. Recupero tu imagen quemando mis ojos con sus fuegos y
sus brasas, tu boca que besa y lame, la delicada sensación de poseerte, la
superficie entera de tu piel deseada, recobro tus íntimas sinuosidades, la
carne ansiosa de caricias y el mármol suave de tus muslos, la ola oscura de tu
pelo jugando en el viento de los deseos, tu risa pícara desbordando las
mañanas, reintegro la lujuria que acumulas en el cauce humedecido de tu vulva a
la erecta voracidad de mi verga, retorno al rito masturbatorio donde reinas
única e implacable, al ceremonial de tu desnudez en la extensión total de tu
cuerpo. Tú despiertas los fantasías de pervertidas inspiraciones, tú me
calientas, me excitas, me desatas, no imaginas cuantas veces me atrapan las
imágenes de tus pechos, de tus pezones, de tu sexo, de tus nalgas, y me obligan
a masturbarme feliz de poseerte así, a la distancia, sintiendo tu piel en mis
manos, el sabor de tus saliva y el de los jugos de tu flor abierta, tu impuro
perfume de hembra apetecida, el roce de tus manos en mi cuerpo ardiendo y la
levedad de tus dedos en mi flor del sur... ah!, no sabes cuanto semen he
derramado por ti. Espero siempre la visión de tu tetamenta, la sensible imagen
de tus protuberantes pezones, las curvas de tus caderas, la comba de tus
glúteos, el tibio canal donde florece la escondida flor de tu sur, la abierta
rosa carnal de tu vulva con su oscura pilosidad olorosa y tu mano hurgando su
orgasmo, espero siempre asomado el vacío, al vidrio frío de la falsa ventana,
extraviado en las diferencias del tiempo, perdido en una esperanza reseca,
espero siempre tu tibia voluptuosidad acariciando mi miembro expectante,
mirando el lejano horizonte de cristal por el que sueño siempre volver a verte.
domingo, 29 de marzo de 2015
TENTACIONES RECUPERADAS
Tentaciones que te amanecen
palpitando entre las ciegas lujurias de la noche, en los sueños insensatos que
se escurren entre tus dedos con las dolorosas luces del alba, del naciente que
ruboriza tu inútil desnudez sofocante. Humos de tiempos irrecuperables, polvo
triste y cenizas tibias, arcillas que no fueron gredas en tus manos suaves de
sensual ceramista, que amasaron el vacío del insomnio donde el deseo fue
demonio o tormento en sus ardientes arenas. Atrevimientos atrapados en los
circulares muros de tus recatos o miedos o desilusiones, furias de la
carnalidad aun vigente que no asume los misterios de tus voluntarios celibatos,
densa oscuridad en donde el sudor ilumina tus pechos ansiosos. Negaciones de
las últimas instancias del desespero, antes de la flor abierta, del erguido
hierro, de la inserción que se hunde en ese éxtasis salvaje que es lo único que
quiebra y fragmenta la perversa fugacidad con que la hoguera del desamparo va
quemando las resecas maderas de los días. Insistencias contra tu delicado pudor
de otoño o de cansancio, boca que te besa por las quietas sinuosidades de tu
cuerpo en sus voraces escurrimientos, manos que te arden en la voluptuosidad
invencible de tus muslos, piel en tu piel incinerando la leña palpitante antes
que aquellas aguas del desamparo te aneguen incesantes. Ausencia perturbadora e
inquietante que se te va quedando tatuada en el rincón de la piel incendiada,
en los resquicios que dejas para ser crucificada en el lecho aun tibio mientras
se consuma en la timidez de tus ojos la intensidad del roce que no apaga los
lúbricos fuegos del desencanto.
DESDE LEJOS LAS EVASIONES Y TU INVESTIDURA
Para aquellas íntimas driades
Puedo pensarte a través de la
noche, atravesar la ciudad que duerme, llegar a tu lado invisible y
sorprenderte ardiendo en tu lecho en silencio con el mismo fuego que llevó me
hacia ti. Allí tu vigilia es esa leve inquietud en tu cuerpo dormido acusando
silenciosa la intensidad con que te pienso. Puedo buscarte mariposa evasiva entre
la quejumbre de sueños que desbastados por los años de sombras reconocieron tu
voz en el silencio. Asirte en medio de tus ansias, asustada ante las palabras y
deslumbrada, casi dormida entre susurros y el corazón inquieto. Embriagarte en
cercanías aun sin tocar tus alas. Rescatarte del tedio de tus días, de las
noches, las tormentas, las ausencias. Puedo declararte ninfa del bosque del
deseo, ungirte con el agua de la vertiente de mis sueños vegetales, oscuros,
embebidos de la humedad las selvas que fluye en los breves arroyos hasta los
torrentes de los anhelos. Conferirte todo el mágico poder sobre las sombras de
mi espesura, sobre las hojas resecas del otoño, sobre las frías lluvias del
invierno, sobre los capullos de la primavera y sobre la madurez total del
estío. Proclamarte la Driadé intensa que acecha entre el verde follaje de las
noches de mis insomnios, fugitiva y lúdica, siempre deseada. Duermes, mi mano
se escurre furtiva y lenta por el suave interior de tus muslos, hay un leve
aletear de mariposa entre tus piernas, mis labios apresan tus labios. Tu mano
sutil roza despertando el animal que acecha inquieto. Permanecemos casi
inmóviles boca con boca, solo las manos hábiles. Es noche calurosa en medio de
este inicio de otoño, tu lecho arde en la penumbra ansiosa, cruzados los
cuerpos en convergentes deseos e íntimos sudores, desatados los anhelos, las
bocas entreabiertas. Si allí te estremeces dormida bajo el oleaje de mis
impúdicos tocamientos, aquí mi mano es tu mano que acaricia la trémula piel erguida
y ansiosa.
2001-2008
sábado, 28 de marzo de 2015
ULTIMA NEGACION
Para Κασσάνδρα
Describo el arco que te evita,
cierro mi voracidad hambrienta por tus carnes ampulosas, anulo la sedienta
obsesión por tus jugos sudores saliva, detengo el vicio pervertido de
embriagarme de los olores de tu vulva y tus axilas, dejo de desearte, huyo del
soñado fornicio entre tus pechos o tus glúteos, entre tus muslos, allí en tu
sexo abierto en descampado a mis turbias masturbaciones. Dejo los ritos del
onanismo desquiciado y las ceremonias de las mañaneras poluciones, la búsqueda
en tu mórbida desnudez, de las intensas emociones que me arrastraban a
perversas satisfacciones sexuales donde tú girabas horadando mis secretos.
Quiebro la secuencia repetitiva de eróticos hechos, el sello que nos libra de
nosotros mismos, de la vertiente donde nos licuábamos enfebrecidos, orgásmicos
y eyaculatorios, el cenote más profundo que el mero erotismo textual, de las
excitantes imagos, de las estimulaciones y las miradas transgresoras. Dejas tu
piel fulgurando en las penumbras del deseo, te derramas en las arcillas
bamboleantes de tus senos, en las negras hebras de tu pubis y los cobres
protuberantes de tus pezones, te viertes en la rosa y húmeda de tu vulva,
incesante, pervasiva y solemne. Aunque me dejas huir permaneces, sustentas con
soberbia tu insinuante persistencia, tu voz se desmorona insistente, silencioso
reniego del punto encendido donde iba colmando tu cuerpo de palabras
prohibidas, soeces, obscenas, donde te podía intuir imaginar observar desnuda
revolcándote en un goce desconocido sobre el lecho imposible. La noche me trae
tu aroma de hembra inolvidable, tu lengua lame mi verga como si aun no te
hubieras ido, pero la distancia va resecando tu boca con el olvido.
PENULTIMA POSESION
(Segunda constancia)
“Todavía me pregunto cómo no pude hallar las palabras claves para
rozar… para rozar todo aquello que te provoca, para tocar todo aquello que te
excita”. Lucideces.
Rayas de colores, anaranjadas,
celestes de cielos, verdes y grises y sombras, negro difuso el muro
infranqueable que oculta la tibia comba de tu pubis y la olorosa persistencia
de tu vulva húmeda en mi memoria, en los sabores recobrados, la lúbrica extensión
de tus piernas cruzadas sobre el lecho, la ingenua y tierna perversidad de tus muslos,
y de ahí el salto al abismo de tu rodilla, a tu pie y sus granates. Vago erecto
por la mórbida invocación de tus piernas y muslos, por su convergencia en la
vúlvica comarca, por las suaves curvas que lo dibujan en el grato sosiego de
paloma dormida, las manchitas quietas, un perfume de hembra que se sabe
expuesta a la lujuriosa mirada, provocativa en sus íntimas fantasías, limitada
en sus propias negaciones, marcas cicatrices tatuajes de un pasado oscuro como
túnel, rastros de otras manos ardiendo en esa misma piel desvergonzada y
descarada, borradas a lamidos y manoseos para dejarte limpia, pura, casi virgen
para así abusarte bajo el delirio de un sexo desenfrenado, penetrarte lento
entre procaces susurros, morderte hasta el gritito hundido en la almohada, la
lengua invadiendo tu flor abierta con descaro, el dedo hurgando delicado la
otra flor en tu sur temeroso, insertarte con la profana vehemencia del potro
invadido por tu aroma de yegua en celo. Dejarte tendida acesando laxa cansada y
saciada, envuelta en los sudores de la cópula buscando una salida a los últimos
estertores del orgasmo, la boca reseca, los puños apretados y los ojos cerrados,
estilando la lechosa miel de mi verga.
IMPURAS POLUCIONES
Soy el intruso que posee tu
vagina, el demonio de tu vulva, no puedes escapar de mí porque te deseo como
nadie te deseó nunca y tú lo sabes y lo sientes, muchos te mancillaron te
abusaron te violaron te usaron pero solo yo te he poseído porque me incrusté en
tus instintos, en el fondo de tu cloaca de hembra insaciada, ahí me sumergí
para siempre en ti, yo soy tu redentor, yo eché abajo tu puerta, te desnudé de
un zarpazo y te violé entera más allá de tu sexo, te violé en tu alma, rompí el
mármol de tu virginidad y oriné en los fragmentos, eyaculé en tu rostro de
virgen impoluta, te poseí como a una perra en celo, vagué por tus deseos más
sucios, derramé tus instintos de hembra atrapada. Impúdica madre incestuosa,
inconsumada ramera, yo soy el arcángel intruso y redentor, de tu vagina salí y
a ella vuelvo ahora macho a morir en ti. Vestal del templo impuro, santa virgen
del tugurio, meretriz de la calles de los sueños, hembra infecunda, intocada,
inconclusa de mí, poseída por obra y gracias de los celos, madre vaginal y
espiritual, santa madre virginal, dulce prostituta mancillada, absoluta dueña
de mis pecados, ten piedad de mí. Soy tu puto tu lacho tu chulo, contigo he
renacido en una piel distinta, volví a ser el hijo incestuoso el vicioso
pervertido el semental copulador el masturbador insaciable el voyerista
desatado el demonio macho sin fin ni sentido, solo carne sexual buscando
penetrarte en todos tus intersticios. Siempre poseíste mi alma, solo que no lo
sabias, yo habitaba tu útero, yo era semilla en ti antes de que el primer
hombre te fecundara, yo soy el ungido, nací de ti sin macho de por medio, soy
parte de ti desde tu inicio, y ahí permaneceré en ti por los siglos de los
siglos, amén.
CONSTANCIA EROTICA DE TUS PIERNAS
“Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.”
Tus pies. Los versos del Capitán. Pablo Neruda
Escurro fluyo como agua
hirviendo, saliva quemante, fluidos del deseo por tus muslos de mármoles
paralelos, por esa suavidad excitante de tu piel lamida o por lamer en las
épocas de las lluvias, de los campanarios y la hierbabuena, y un sabor a
chocolate menta voy paladeando cuando mis labios lengua manos dedos escurren por
ti fluyendo como aguas sexuales en la saliva que te quema y enciende la nerdioza densidad de tus fluidos del
deseo contenido en tus pudores malvenidos a contrapelo de tus soberanos
instintos. Tú ahí de pie como una escultura de cálida textura esperas, exhibes
otra generosa e inquietante desnudez, muestras los eróticos atributos que
erectan príapos, yerguen falos, erigen miembros, entreabren bocas sedientas, y
dejan un tumulto de visiones insaciadas, de territorios aun inexplorados por la
curiosidad obscena y la ansiedad punzante del macho ebrio de tus dones y de las
ganas de poseerte sobre el mismo lecho de las alturas en las épocas de las
lluvias, de los campanarios y la hierbabuena. Y las constelaciones de tus
piernas giran en torno a masturbaciones y eyaculaciones, a tus orgasmos y a las
perturbadoras instancias del coito que vendrá a desatar en las penumbras de una
tarde los quejidos ahogados de un éxtasis insoportable. Las rotulas y los
tobillos, los largos deditos de tus pies, los oscuros granates de tus uñitas
allá abajo sobre el oscuro verde que te quiero verde, y el rojo de intensos
fuegos de pervertidas lujurias que se rinden a tus pies sobre un reino de
rieles, calles y casitas de colores.
viernes, 27 de marzo de 2015
OSCURO CANTO EXPURGADO
(Versión desde el Thánatos)
En el principio de todos los
principios era el verbo, solo el verbo concebido en la absoluta cercanía
inicial, y después fue la grieta que daba al íntimo territorio prohibido, la
hendija por donde supuró el pecado los líquidos del vicio que iba a anegar los
años, las oscuras pasiones pervertidas, el eterno infierno del deseo imposible
de consumar. Y se quedó cristalizado buscando esa imagen por todos los rumbos y
los cuerpos posibles, bordeando los acantilados del origen, extraviado en los
desfiladeros de los enigmas y los tabúes, cegado por el castigo de un ansioso
rodar tantálico, de una vagancia infinita donde aquello que se busca se escurre
y escapa continuamente. Hubo mórbidas blanduras, oscuras monedas de un sensible
cobre perdido, surcos que caían hacía los más obscenos abismos, maduros cuerpos
vertidos, escondidas inocencias de impúdicas visiones, y él ahí, ciego concupiscente
embriagado por el agridulce licor de un instinto derrumbado, sin la secuencia
del ojo persiguiendo la carnal ternura perdida, siempre bajo el agobio de las
pecaminosas sombras en un desierto carcomido por una memoria destrozada, por una
visión repetida en todos los espejos venideros, sin rostro, para que el pecado
no se consume en las últimas cloacas del desespero, y un latido anterior a la
conciencia lo sumerge en el absurdo sinsentido de mendigar lo que no existe.
Hay venenosas serpientes y tenebrosas medusas, hay aguas amnióticas y un vacío
sin fondo como de pretérita ciénaga ausente, un olor a maderas antiguas y a
lluvia estilando de un ciruelo, un púrpura de dalia y una ausencia eterna.
Imagen: Eros Thánatos. Praxíteles,
siglo IV a. C.
jueves, 26 de marzo de 2015
EN LA ISLA DE TU NOCHE
Embriagado de ti entre tus senos
duermo incrustado en la tierna sinuosidad de tu cuerpo. He vertido en ti la
savia de mi desesperado deseo, has recibido la semilla de mis eternas
soledades, la noche se extiende justificada hasta el alba. Me sumerjo en el
fuego desesperado de tu cuerpo, en su greda tierna para amasar tus pechos, en
la tibieza y la tenaza de tus muslos, en la soñada almohada de tu pubis, en la
húmeda mariposa perfumada. Busco tu rostro pálido con tus ojos de hembra oculta
esperando, y te sueño y sueño, náufrago desesperado, y no te encuentro. Vuelvo otra vez a caer en pervertidos
instintos para urdir en tu entorno una trama de deseos, para escapar del mar de
tus ojos, del tibio tacto de tus manos imaginadas, de tu piel que abruma en
cercanías, para huir de tu imagen sin perderme en lúbricas sombras anhelantes,
sin perder el rumbo de los días, extraviado sin el mapa del turbio sendero de
las locas lujurias que llevan a ti. Encantado por tus ojos limo el tiempo en
que no estás y dejo que desgastando las horas sobre tu imagen aniden altos
sueños de su aguamarina final. Irrumpo abrumado en la perversión de imaginarte
en sedoso lecho, albas rosas, claro ventanal, extasiado en la imagen de esa abierta
flor oscura inmóvil anhelante en la pálida piel de su pubis. Desnuda tú a mis
ojos y a las ansias, tus senos fragantes, túrgidos, como tibios pájaros que
acechan coronados en la pasión punzante de sus alturas orgullosas. Abrumado,
extasiado, soportando ya en medio del día tu casta ausencia por la noche.
2005
miércoles, 25 de marzo de 2015
EN AQUEL PORTAL TU IMAGEN
Para V., floral
Entre los rectos y fríos muros
grises con su antigua puerta de hierro y atrás el jardín de verdioscuro follaje
tu cuerpo en azul blanco calipso destella como otra floración misteriosa. Tu
piel morena, delicada miel expuesta, atrapa en su tibieza los deseos que giran como
leves mariposas ocultas en tu blusa. Vuelan intranquilos mis ojos en besos de
tus dulces manos hacia tu rostro y suben ardientes por tus brazos y se hunden
felices en tu escote y saltan atrevidos por tu boca escapando del embrujo de tu
mirada. Delineo tu entera silueta con el detalle del amante, exploro cada
sensual recoveco, cada línea o curva o perfume con la calma del que desea en
secreto y la pasión del que por ti desespera. Estás allí detenida en el portal sin
saber aun si vienes o vas, sin atreverte, como esperando, pero la puerta ya
esta abierta y esa tenue sonrisa te delata. Irrumpe la intensidad de tu imagen como
un oleaje incesante y sensual, dibujada contra la áspera madera y el verde
follaje de una breve selva. Irrumpes coqueta, femenina, soberbia, y tu cuerpo
es un arco tenso y tibio, voluptuoso en sus curvas incitantes. Tu piel se me
enciende en sus visiones: tus manos son tu espejo secreto porque rozan la
textura de la corteza o esconden sutiles el lugar del deseo, tu escote en su
recatada desnudez me quema como una deliciosa hoguera urgiendo los deseos del
fuego de un beso, tu rostro sonríe en tu boca y tus ojos y en su dulce belleza
de mujer solitaria. Sobre tu imagen deslizo mis labios por el breve esplendor
de esa pierna porque no alcanzo a besar tu pie.
2009
martes, 24 de marzo de 2015
IMAGINARIA, INICIACION EN EL RITO
Atrapé tu boca y tu risa en la
jungla de rostros que asolan mis noches de erótico espía, en esos secretos
lugares donde sacio mis pequeñas perversiones de vicioso voyerista. Reconocí
tus labios, tu sonrisa clara, tus pómulos sonrojados, y desde el fondo de la
ciénaga de los deseos surgió la hembra imaginaria. Ahora me perteneces, a ti en
ella irán las voces, las palabras, los versos, y las ansias de tu cuerpo y tu
alma. Ya no puedes escapar, poseo tu reflejo y en él tu laberinto. Fue al lado
del granado herido de muerte por el otoño y el mágico circulo de piedras
rodeado de ligustrinas. Allí se consumó un rito que se inició con anteriores
palabras que destilaron las imágenes del fuego del templo. Y después hubo un
agua elemental presionando jugando sobre un carnal capullo encendido. Y su goce
solitario fluyó misteriosamente como un reguero de fuego hasta el bosque
caluroso, incendiándolo, arrasando la voluntad rendida en ese quieto ámbito
vegetal. El ardiente sol fue acá la mímesis de aquella agua quemante. Una voz
en llamas cayó sobre la carne erecta y entre el granado y las ligustrinas se
vino el goce de la densa y ansiada consumación. Y así fue que tus íntimos jugos
y mi espesa semilla se esparcieron, aquellos por el agua que besó tu cuerpo
hasta el mar que te atrapa y esta en la tierra reseca a la espera de la lluvia.
Hemos pecado, la complicidad ha sellado el segundo pacto.
QUATRE FOIS DÉSIRÉE
Sé que eres tan pudorosa que ni
siquiera te atreves ni a imaginar, pero te voy a liberar de tus perturbadores
demonios aunque después otros machos todavía desconocidos cosechen en ti mi
siembra. Porque ardes en el mismo fuego que me quema, que me consume noche a
noche hasta la ceniza entre las arenosas sabanas del insomnio. Estás sedienta
de la misma la sed de carne viva que reseca mi boca en la oscura soledad. Tu
hambre de morder hasta saciar los instintos es la misma que me lleva tras tu
rastro. Compartimos el fuego, la sed, el hambre, los desbordes inusitados de la
pasión y la complicidad de nuestras desesperaciones. Coqueteamos urgiendo las
palabras para digan lo que no dicen sabiendo que dicen en secreto a dos voces
los obscenos deseos entre susurros inentendibles de un idioma codificado hasta
la irrisión. Nos sabemos los cuerpos y los quejidos, los tactos en la piel del
otro, los sabores y los aromas, las cicatrices, las marcas las manchas y los
lunares, nos sabemos enviciados en esta conspiración de sexo transparente, de erotismo
contenido y a la vez pervertido porque no se consuma más que en la misteriosa
concavidad de la noche del silencio. Te vienes cuatro veces sexteando sobre
intenso celeste de cielo, de lagunas escondidas, de geológica anilina de
crisocolas o turquesas, de negro tu pubis cubierto y arriba vestida de una
trama blanquinegra que sube por tu estomago negando piel y ombligo, las uñitas
de tu pies en sus rojos granates y un lejano horizonte de suave verde claro, te
vienes de piernas cruzadas, juntas, apretadas, inviolables, tendida sobre otro
lecho, exultante en la luminosidad mórbida de tus muslos pálidos y tibios, te vienes
cuatro veces deseada, púdica, quieta, silenciosa, sin dejar ver por soberbio recato
o reprimida intención esa húmeda intersección donde habita la flor mariposa de
tu sexo oloroso a gloriosas tardes en las ardientes alturas de los campanarios
de la lujuria.
domingo, 22 de marzo de 2015
DECIRTE
Pour le même papillon
Decirte que deseo hacer contigo
en un poema, decirte que me dejaría poseer por tus deseos, cualesquiera que
estos sean, quedarme quieto, desnudo ante ti, el guerrero en descanso,
esperando tus manos o tus labios o tu lengua que lo despierten, lo lleven a
erguirse, duro y suave, anhelante, latiendo como una torre carnal, viva. Sentir
que tus manos recorren todo mi cuerpo acariciando, tocando, hurgando, hasta los
rincones mas ocultos, en los lugares mas míos, ser para ti un cuerpo ardiente
dispuesto y entregado a tus caprichos, tus exploraciones, tus malas
intenciones. Y después ir yo a buscar tus ansias, apresar en mis labios tus
pezones erectos, tus senos tibios, mis dedos suavemente buscando en la obscena
selva de tus bellos púbicos, el clítoris erecto, los húmedos labios verticales,
mis dedos embebidos de tu néctar sexual, y mis manos abriendo esa delicada
puerta a mi lengua rígida y quemante, y allí llevarte a los limites del placer.
Entonces, agotadas las cercanías externas, penetrar en ti, como el macho desesperado
en la hembra desesperada, hundir en ti al guerrero vigoroso, sentir en él los
latidos de tu vulva ávida, y en un maravilloso y compartido juego de
movimientos, sudores, susurros y quejidos, llegar como un solo cuerpo al clímax
de nuestros íntimos deseos. Porque mis deseos de ti solo se atenuarán, por
leves intervalos de tiempo, cada vez que se estrellen contra tu cuerpo
ardiente, solo ahí habrás agotado al guerrero, que tiernamente se esconderá
entre tus recovecos carnales. No sabes como te busca, como se estremece mirando
tus recatadas imágenes, como te imagina desnuda sobre nuestro primer lecho,
esperando que el se hunda en ti, tengo que calmarlo con mis propias caricias
solitarias, sentirme adolescente furtivo y tocarlo, y así furioso y erecto
dejar que agote sus ansias de ti.
2001
sábado, 21 de marzo de 2015
TRIPTICO DE EVASIVA MARIPOSA
Reflejada deliciosa de claro
celeste cielo y negro voluptuoso su frágil cuerpo vestido, atrás los lirios de aquel
loco inmortal, y el lecho deshecho. Encoparía esos pechos con la tierna
vehemencia del edípico extraviado para sentir bajo ese negro tejido su tibia morbidez
y sus punzantes pezones. Femenina y elegante con la capelina blanca, clara como
su sonrisa de altiva esfinge, de dama madura que piensa y siente igual que
antes, cuando los deseos la abrumaban de ternuras por el amante recienvenido, atrás
los libros y la azul corona del pequeño príncipe de su estirpe. Me aferraría a
esas caderas como un náufrago desesperado rememorando ciertas tardes y una
enagua pudorosa, buscando otra vez la mariposa atrapada en su pubis. De pie,
entera y perfecta ante el espejo oval, de sombrero, sonriendo sola al sentir
sin creerlo las hormonas revueltas fluyendo por sus recuerdos, el lecho
ordenado en su púrpura, amarillo, celeste y blancos con rosados, atrás los
lirios en el muro de claro amarillo. Abrazaría su delicada fragilidad oliendo
su perfume en su cuello besado con insistencia del amante ansioso que retorna
desde sus insomnios. Es ella tres veces replicada, siempre con el cómplice y
rojo pecador en sus manos, y un rincón del jardín de sus delicias, las quietas
aguas de los botes amarillo y rojos, ella frente a los arbustos en la quieta
plenitud de una costa inquieta, el estanque de los peces ausentes, la pequeña
cabaña frente al mar y las oscuras grises arenas, la tierna jirafa durmiendo en
el sopor de la canícula. Es ella, la evasiva mariposa seduciendo con crueles
lejanías al tímido escarabajo.
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