domingo, 31 de enero de 2016

LOS DESEOS Y LA ESPERA


Para G., huidiza

Te atreverás una noche a desnudarte en la penumbra hasta donde tu tierna impudicia te deje y enfrentar el azogue del espejo sabiendo que desde el otro lado te observo hirviendo en tus mismos deseos y será la entrega soñada anhelada esperada de la doncella esquiva al sátiro vicioso, será el destello y el éxtasis, la consumación visual de la anhelada cópula imposible. Pecarás de lúcido exhibicionismo para hacerme pecar de masturbador voyerismo, invocarás las lujurias perdidas de los años vanos y de los atardeceres inconclusos, pagarás la deuda que dejaste escrita de propia mano en mi piel incandescente hace tanto tiempo que solo recuerdo la perturbadora sensación de poseerte, provocaras la erecciones que me debes y sus respectivas vertientes, saldarás los débitos de tu ausencias en tantas primaveras vacías. Percibirás estremecida en tu cuerpo expuesto allá en tu íntimo ámbito los pecados concebidos en los atardeceres desamparados cuando te desnudo en solitario como deshojando una rosa imperiosa, mi boca en tus pezones sensibilizados por las ansias, mis dedos en tu vulva humedecida por un hambre salvaje, la lenta y suave penetración de mi verga irrumpiendo endurecida en ti, el frote incesante, el vaivén del coito como un oleaje que te mece en sus aguas sexuales, el estertor del macho que te cubre, la derramada eyaculación inundando tu sexo de esa lava caliente que te arrastra al sublime delirio final del orgasmo que sueñas en las noches desnuda ante el espejo. Expiarás así las sucesivas negaciones de concederme la mágica visión de tu dulzura de hembra escondida.


viernes, 29 de enero de 2016

NO HAY…


Pour la muse de la pilosité obscure

No hay senderos que lleven a tus muslos, a la champa oscura de tus vellos púbicos, al nítido contorno de tus piernas, a la incitante cercanía de la mariposa corazón, a la sensualidad cohibida de tu piel, a la humedad contenida en el cuenco de tus deseos, a la Y cerrada que se pronuncia entre tus piernas, a la comba sugerente de tu pubis, a la olorosa palpitación de tu vulva. No hay caminos hacia ti que no serpenteen por el acantilado de tu pudorosa vergüenza, del oleaje de espumas que niega tu plena desnudez, de la altura donde te escondes en la soledad ardiente que carcome tus eróticos insomnios, de tus sueños censurados de urgentes cópulas e impúdicas masturbaciones, de tus sexuales estremecimientos retenidos en las redes del recato, de tu continua negación a abrir la rosa que palpita en tu turbadora bifurcación. No hay rutas que acerquen a tus voluptuosas intensidades, a las comarcas donde tu perfume persiste en la lujuria de las tardes sin lluvias, a los territorios de tu cuerpo exultante de sirena invertida, al horizonte constante de tus pies allá lejos, a la íntima selva que escondes apenas en tus deliciosos y obscenos coqueteos visuales. No hay atajos que den a tu boca ansiosa, a tus labios que succionan hasta los desatados destellos del goce y su vertiente, a tu lengua que lame describiendo los breves círculos envolventes de los fálicos placeres, a tus manos insinuantes que aferran aprietan frotan hasta más allá del momentáneo celibato y la hedonista continencia. No hay mapas que muestren como cercarte y poseerte porque has ido borrando obsesionada y sucesiva todas tus huellas.


OLEO DE MUJER RE/POSANDO


“La única verdad que puedo escribir es la del instante que vivo. Acaso el verdadero libro sea este diario en donde trato de anotar la imagen de la mujer de la tumbona en las distintas horas del día, tal como la voy observando al cambiar la luz”. Si una noche de invierno un viajero. Italo Calvino, 1979.

En el vértigo del abismo que va de la provocación al ensueño no me canso de mirarte, disfrutarte, gozarte, fascinado de verte ahí, allá por los rumbos de las aguas y las montañas, inserta en el verde de los sauces, del pino oscuro,  de la vegetación salvaje, de la grama, de los roqueríos graníticos bajo ese lujurioso sol implacable que acaricia subrepticio tu pantorrilla. Recostada lánguida y sensualmente perversa, de cuerpo entero semidesnuda en el fucsia que persigue el matiz de las dalias, tu piel morena entibiando el paisaje, la largura mórbida de tus piernas desnudas como tus brazos, el escote inquietante como la tierna obscenidad de mi edipica obsesión, pero es en los fragmentos pálidos de tu pecho y tu ingle donde mi deseo fulgura en sus destellos de rojos incesantes. Allá los insistentes arreboles que te cercan, acá la rosada flor encantada en la incandescencia de mis dedos, mis manos extraviadas en la sensual plenitud de tu cuerpo maduro expuesto a mi lujuria callada, contenida, casi secreta. Y sin querer mi boca se va deslizando en breves mordiscos desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mi boca, y sin querer mis labios se van besando en breves besos succionantes desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mis labios, y sin querer mi lengua se va lamiendo en largos y lentos lamidos desde la punta de tu pie hasta la perfumada bifurcación misma de tus muslos donde los pétalos de la rosa humedecida laten escondidos ocultos perturbadores esperando mi lengua carnívora.


lunes, 25 de enero de 2016

HABITANTE DEL ESPEJO


Para G.

“Ni la sobrante sugerencia ni las mutaciones de las eras, logran escindir el destello del cristal de su procedencia.” Sierpe de Don Luis de Góngora. José Lezama Lima, Junio y 1951.

Cruzan y se desgranan los años en su vorágine inevitable, nos desgastan, nos someten a sus aconteceres y nos van derrotando uno a uno, pero tú persistes inevitable reflejada en el ovalo de ese espejo, donde habitan tus pechos que mis manos acariciaron sedientas esas tardes de íntimas locuras, bajo en negro gris casi transparente, tu vientre y tu pubis que mis dedos recorrieron extraviados en el éxtasis en antiguos atardeceres irrepetibles, bajo en tierno rosado de tu camisola, tu rodilla desnuda que acaricié vehemente en la cómplice y pretérita penumbra, como un sensual llamado a estas tímidas lujurias que me disgregan como un polvo dorado por los resquicios de tu cuerpo negado, ahí moras en tu lecho inexpugnable entre los azules lirios del Van Gogh y el edredón de la miríada de tiernas florcitas. Habita palpitante tu imagen en ese suave difuso que la hace más dulce, más lejana, más imposible, pero igual deseada hasta el tormento, y beso el tibio canalillo como si cayera en el abismo de tu leve perfume que se evapora en la medida que te sueño o deseo u observo en la lisa luna biselada del espejo. Y tus estilizadas manos danzan sobre el artilugio que te reproduce, te fija y te envía a mis ojos en acecho. Permaneces eterna en el azogue desde donde me excitas sutilmente, donde eres la misma en la levedad de tu ser evanescente y sexual, donde brota la urgencia de volver a estar ahí donde mis manos estuvieron, porque te imagino frente al espejo mía absoluta, y porque nunca nos dejaremos de soñar, nunca, y yo te seguiré siempre esperando, siempre.


viernes, 15 de enero de 2016

ESPERO

Pensando en G.

Espero pacientemente tu sonrisa lunar en la luna del espejo, tu imagen hierática y distante, imperturbable, la delicada dulzura de tus ojos y de tus manos, el tenue resplandor de la piel de tus muslos o de tus hombros, y porqué no, quizá tus pálidos pechos soleados como alguna vez inolvidable, verte vestida con tu pudor ancestral de mariposa nocturna que niega cualquier entera desnudez, o verte desnuda inmersa en la etérea lascivia con que me inundas de oscuros deseos, de perturbadoras perversiones imaginadas, de una amorosa complicidad secreta, sutil, casi transparente. Y sigo esperando acceder al lúbrico tesoro de las impudicias que crecen en tus más profundos laberintos como lujuriosos musgos encantados, el roce pecaminoso de otro cuerpo como el tuyo, la impura marca de unos labios vedados en tu pubis de hembra incierta, la lánguida persistencia de unos sáficos dedos enredados en los pétalos de tu vulva inconclusa, en fin, esas intensas obscenidades que sueñas en la soledad de tu venusterio cuando te dejas llevar por los cauces de lo prohibido y fluyes por tus antiguos instintos libre de tus dolientes y púdicas negaciones. Y seguiré esperando sometido a que te atrevas a cruzar las ciénagas donde florecen tus ocultas y ambiguas depravaciones, los tiernos vórtices del vértigo de tu misteriosa seducción que me ha atrapado por años y años en la espera quizá inútil de reunirnos en la húmeda obscuridad que nos invoca, donde confluyen nuestras pequeñas depravaciones, nuestros íntimos gustos escondidos, la espera anhelante de la inmersión absoluta en nuestras verdaderas sexualidades, juntos, unidos en el dolor de no vernos, como en el eterno y gozoso coito sagrado de la ceremonia de ese culto secreto y sacrificial del que eres al tiempo oficiante y divinidad y profanadora y víctima (i).

(i) Tomado y muy levemente modificado de “Se una notte d'inverno un viaggiatore”, Italo Calvino, 1979.


jueves, 14 de enero de 2016

MIENTRAS TU DECIDES YO ESCRIBO


Pour Elle, la muse essentielle

Tu verás si dejas pasar el tiempo día a día lentamente, o año tras año en sus fugaces destello casi instantáneos, tu verás si te marchitas como una pequeña flor invisible esperando la caricia tierna y romántica del inexistente príncipe dibujado en tinta azul sobre los vidrios vacíos o en el espejo del silencio, esperando que un día imposible un macho eche abajo la puerta de tu dormitorio y te viole a zarpazos sobre el lecho destrozado entre gritos de gozoso dolor y brutales sudores sexuales. Lo que es yo, voy a imaginarte a destajo, sin límites ni censura, porque te convertiste de una manera misteriosa y lúdica en soberbio referente sexual, así tal cual. Como que el sutil juego de coqueto erótico que jugamos cada uno en su caverna, las charlas con doble o triple sentido que compartimos de vez en cuando, las coquetonas e incitantes inspis (sic) mañaneras que espero ávido cada mañana solitaria, son los primitivos ritos de una ceremonia que no une en una delicada y cómplice trama de perversión. Y es que una sola visión de tus muslos, tu pubis, tus ingles, o tus pendejitos, me insta a escribir desaforado como una bestia en celo, como si estuviera en tus alturas, con chocolate menta y campanarios, y las palabras escurren densas y calientes intentando (re)seducir a la amiga cómplice, pudorosa, beata, recatada, que no necesita sexo sino amor, solitaria hasta la desesperación, para decirle entre soeces metáforas que cuando no está me falta su cercanía incitante, su intensa presencia erótica y su siempre inquietante mariposeo. Tu sabrás si te decides por la cópula imaginaria con un consorte pintado en añil, o por la grata masturbación compartida en tardes minuciosas, o te quedas orgullosa con la sed que no se sacia mas que en el juego lujurioso de los cuerpos sudorosos, tú sabrás.


martes, 12 de enero de 2016

SURGENCIAS AL ATARDECER


Mientras te espero en mi crepúsculo que ya se inicia me voy disolviendo en sus variaciones de sombras y penumbras, me voy encendiendo en los infinitos matices del rojo o del anaranjado atardecido. Huelo absorto en la espesura del deseo tu perfume de rosa inconclusa, el ácido aroma de la piel fragmentada e incompleta. Me arrancharé en el nido de tu escote todo el ocaso para que me sepas tuyo ahí entre tus pechos soberanos, sumergido en tu mórbida tibieza, aferrado succionando tus pezones como un vicioso sediento mientras sigo oyendo tu voz en su susurro más allá del vicio diciéndome al oído las palabras de nuestros lúbricos códigos prohibidos. Y te impregnaré de mis besos impuros ya nocturnos cuando en tu lecho comiences a desgranar tus deseos atrapados sin consumarse en los resquicios de las vagancias del día, percibiendo el olor de tu pelo incrustado en tu almohada, la tibia marca de tu cuerpo en las sábanas revueltas por las ansias truncadas. Pasado el crepúsculo y entrada la noche me soñaré esperando a que te duermas para ir calladito y echar hacía atrás la sabana y después subir muy despacito la camisola y luego mirarte bien tus vellos púbicos uno a uno, olorosarlos, rozarlos muy levemente con un dedo, con la punta humedecida de mi lengua pecadora, y después levantarte más la camisola, más arriba del cuenco sensual de tu ombligo, y punzarlo con profana levedad con la misma punta de mi pecadora lengua humedecida y luego sentarme a esperar que te des vuelta y sigas durmiendo bocabajo, ahora desnuda, para palpar con mis manos sin tocarte, las curvas salvajes de tu espalda, de tu cóccix, de tus nalgas, de tus muslos, de tus pantorrillas, de tus talones, y repetir el lascivo periplo una y otra vez hasta que ladren los perros en la desesperación de la madrugada.


domingo, 10 de enero de 2016

EL JUEGO FURTIVO


Pour la Comtesse de son voyeur lointain

Es el juego secreto del lúdico intercambio de imágenes por palabras, de la visión incitante de la mariposa corazón por los osados verbos de mi lujuria desatada, por la gracia del deseo del que mira y el garbo en desparpajo de la que exhibe su breve desnudez urgiendo e imaginando los lúbricos deseos. Y se revuelve la memoria de esas escasas tardes sin lluvias en que los cuerpos llegaron a tocarse con las vehemencias y las locuras de dos náufragos que se encuentran en la soledad de sus íntimas islas solitarias, buscando los mínimos detalles corporales, las sensaciones que abrieron los intersticios del goce, las visiones que se quedaron tatuadas en la piel de la lujuria, los sabores y los aromas irrepetibles que dejaron el resabio de dos sexualidades que se trabaron para siempre más allá del orgasmo y la eyaculación. Porque tú me anegas de deseos con tus muslo con pijama tapapelitos, tus muslo al rojo vivo, con champita peluda, tus muslos riquitos en raso granate oscuro y con pelitos, tus ricas piernotas entre anaranjado y gris perla, con manchita pero sin pelitos, tus deliciosos muslos con calzoncito negro y pelitos en las ingles, para dormir erotizado. Y yo te abrumo de las eróticas prosas urgentes que destila mi lascivia, y me deslizo al borde de lo porno, de lo obsceno, y te incito y excito desde mi guarida de escritor furtivo, e imagino más de lo que me muestras y más de lo que veo, y las palabras fluyen densas, calientes, chijeteadas, como en una deliciosa, intensa e incesante eyaculación mental.


sábado, 9 de enero de 2016

AL CALOR DEL MEDIODIA


- Aun no me visto, estoy desnuda en la cama y con ventilador
- Uf… piluchita?, eres cruel…
- Sí, todo el rato, incluso cuando me llamaste

Ella, la musa desnuda sobre la cama en la altísima soledad de su castillo, el ventilador gira envolviéndola en su fresca brisa que la acaricia impúdica, que se desliza por su piel y las lunares constelaciones de sus muslos, que roza sus vellos púbicos como las yemas de unos dedos lascivos, ella allí desnuda devorada por los deseos del que la imagina aun sin saber de su provocativa desnudez secreta. Ella oye una voz que la persigue en un eterno acecho de tímido seductor distante, que la arrincona en los oscuros rincones de sus instintos, y se resiste, y se rebela, y se deja seducir un poquito, y goza de ser la deseada en el húmedo calor del mediodía, de ser gozada así  desnuda sobre la cama en la altísima e inexpugnable soledad de su calcinante castillo. Él imagina esos muslos imponentes como la entrada al paraíso, los pelitos olorositos a hembra, el ombliguito para meterle la lengüita, el pezoncito dormilón, la piel perlada por el bochorno del calor enclaustrado, la carnalidad impura que florece esplendorosa entre los lirios erectos de la lascivia. Él percibe esa intensa voluptuosidad del pudor extraviado en el calor bochornoso, la piel perlada por el leve sudor, el misterio de la rosa envuelta en su vaho sexual, sus pétalos humedecidos, el oscuro musgo que la esconde, la plena incandescencia del deseo, percibe la maja desnuda esperando imaginando soñando deseando, atada a sus intransables recatos. Ella mira su desnudez impúdica y se excita soñando unas manos que la pervierten, que la manosean chapoteando en el tenue sudor de la canícula. Él delira fantaseando con esa desnudez impúdica y se erecta soñando sus manos pervirtiéndola, manoseándola y chapoteando en esa piel por el tenue sudor que la lubrica.


OLEO DE BARONESA SOBRE GRISES ARENAS


(Con licencia poética pero con el respeto de siempre)

El calor de las ardientes arenas grises sube por sus pies desnudos, sus piernas, sus mulos, abrasan su pubis y sube por su vientre, inundan de fuego su ombligo y sube abarcando sus pechos hasta incendiar sus pezones y sube por la palidez de su cuello y sube para ruborizar sus mejillas de sonriente y elegante dama con la blanca sombrilla en su extensa y soleada playa solitaria. De pie sobre las grises arenas donde se recorta su silueta de sirena o nereida, su cuerpo maduro vestido de rosado en sus muslos incitantes, de negro y rojo en una trabazón caótica que delinea la mórbida tentación de sus caderas, y la punzante voluptuosidad de sus senos. Ella incrustada feliz en las franjas paralelas del gris claro de las arenas bajo sus pies, del gris oscuros de las arenas donde el mar intenta tocarla con su lujuriosa marea, de los matices del azul marino, del las albas olas que la persiguen, del lejano púrpura del farellón costero y del suave celeste cielo allá arriba en lo más alto del paisaje. Y la repite su sombra como una estatua horizontal desnuda ante un horizonte de celeste cielo y azul de mar, y los albos oleajes intentan alcanzar a tocarla, a acariciarla, a poseerla en el ardor de las arenas y en la tibieza de su cuerpo palpitante. Ella radiante y alborozada en su playa donde sueña sus sueños de gaviota en libre vuelo, ella dejándose desear por los sumergidos peces sometidos a su encanto y por los reflejos del sol en las olas que besan la sal de su boca, ella desde siempre deseada y para siempre imposible.


martes, 5 de enero de 2016

LA MEMORIA EN EL ESPEJO


Para G.

En el muy antiguo espejo te reflejas con la dulce nitidez de la memoria, de tu recuerdo plácido que se incrustó en mis deseos como algo que es al fin, pasado tantos años, irrecuperable, tu delicada sensualidad que se despliega como una tímida flor nocturna, tu encanto de etérea dama mariposa, tu sutil coquetería con la que juegas con mis deseos de retraído escarabajo, la diáfana sonrisa de la que bebí tus besos en un ayer desbordado de sensaciones y emociones que dejaron imperecederas cárcavas en mis sueños de ti. La luz de la lámpara es un sol que amanece en la intimidad de su ámbito inexpugnable de esfinge sentada en el borde del lecho donde sueña (sin atreverse a vivirlas) sus secretas ansias de volver ser lánguida hembra en mis brazos como en ese antes cuando nuestros caminos se enredaron en la tenue trama de felicidades y cercanías que nos deparó el destino. El ovalo vertical te repite coqueta y tierna, deseada para los besos de lenguas entreveradas, para las impúdicas caricias en la penumbra, para la sensitiva cópula que nos impregnaba de nosotros. Y en la evocación fugaz de verte cercada por el biselado del cristal en el territorio del rojo carmín, palpo otra vez la plena madurez de tu cuerpo nunca completamente desnudo salvo en el roce y la caricia, la tersura de tus pechos excavados en mis manos, mi mano ahí en tus rodillas, en tus muslos, en la largura suave de tus piernas, mi boca ahí en tu hombro desnudo besando lamiendo humedeciendo esa piel negada a los último goces de las últimas vendimias. Me quedo extasiado, hambriento de tu carne tibia y sediento de tu íntimo néctar, mirando en el azogue esa tu boca que bebió de mi lujuria, esas tus manos que se deslizaron por mi piel encendiéndola, y ese cuerpo frágil que poseí embelesado en esas tardes del recuerdo que refleja impenetrable el espejo.


domingo, 3 de enero de 2016

STAALD… TDMDLQP… BPTL… TDPL… CTTLL


Me sonrojo y te cohíbes entre decodificaciones de siglas incandescentes, bajo la tentación de la rosa incitante, trabados como amantes desesperados en el juego de mayúsculas que dicen lo que no nos atrevemos a decir con las palabras enteras susurradas en tiernas minúsculas. Ambos ahí, al borde del abismo de las pasiones desatadas, de la carnalidad palpitante que fluye por los cuerpos en el caudal de la imaginación sin censuras, libre al vuelo de sus ansias, abierta a los designios de la lujuria que rige los deseos. Como niños riendo en el juego inocente de cómplices iniciales encubridoras, sabiendo que encendemos un fuego del que después no podremos escapar, sabiendo que somos leña seca a punto de inflamarse, (por eso hay una fecha titilando en los tiempos para no arder ahora y ser llama, brasas, hoguera, sin posible consumación), y nos escondemos en las cenizas tibias de un ayer en el que acaricié tu piel sin tocarte, y besé tu boca sin rozar tus labios en los brumosos nocturnos de los parques invernales con sus estatuas congeladas. Sin intención los lúdicos glifos reviven los placeres cometidos en los antiguos escondrijos del goce, por las voces alguna vez, por las escasas imágenes que rompieron la distancia y convergieron en el estremecimiento, en la excitación, en el pecado inevitable. Y soñamos la caricia, los lamidos y los mordiscos, la cópula y los laxos cuerpos saciados escondidos de la madrugada para alargar la noche más allá de lo razonable, mientras sobre la mesita los cafés a medio beber y los cigarrillos convertidos en largas y quebradas cenizas detentan la certeza del tiempo detenido. PBDMD.


sábado, 2 de enero de 2016

YO ALLI EN ESA TU ROSA


«Die Rose ist ohne warum; sie blühet weil sie blühet»(i). Cherubinischer Wandersmann, Libro I, Angelus Silesius, 1657.

«Yo afirmo lo contrario, yo afirmo que es imprescindible una tenaz conspiración de porqués para que la rosa sea rosa». Elementos de preceptiva. Jorge Luis Borges en Sur N° 7, abr. 1933, 158-161.

Toco la rosa, la rozo, le imparto la exquisita lascivia de la complicidad en el ceremonial del deseo, siento en su capullo el íntimo estremecimiento de su pudorosa virginidad floral, percibo su tersura palpitante, la tímida reacción ante la proximidad de mi dedo, temerosa exhala su perfume como una ingenua defensa que es a la vez incitación y embeleco. Al delicado frotamiento de la yema en sus pétalos se abre rendida por la obscena perversidad de mi intento. La toco como si no fuera pecado, huelo con ternura de silencioso jardinero su aroma insistente, deslizo mi dedo por la cóncava suavidad de sus rosadas intimidades, se deja tocar rozar frotar, se deja oler en un ritual de entrega y posesión. Ella coqueta cierra sus ojos y hace noche en sus suburbios pues intuye que la oscuridad intensifica las sensaciones y desvanece el desamparo. Toco la rosa en la soberana humedad de su insondable misterio, la rozo apenas, imperceptible como un pequeño insecto enamorado, me introduzco en su verticalidad insinuante, la socavo ebrio de su néctar, me vuelvo polen y la cubro macho anegado, hirviente, lujurioso, la poseo en la palabra (ii) penetrada, la convoco lentamente (iii) en su propia tentación hasta converger en el prodigio del beso y la cópula. Y soñé la rosa instaurada en su capullo, y la soñé en la noche alcanzada por el fuego, y la soñé desnuda en mi mano, temblorosa, la soñé incipiente y perturbada, la soñé sensual, ansiosa, excitada, y la seguí soñando atrapada y abierta, vertida y sexual entre mis dedos.


(i) “La rosa [es] sin porqué, florece porque florece”. En «La poesía» (Siete noches; OC III: 266), Jorge Luis Borges, 1977.

(ii) “Si (como afirma el griego en el Crátilo*) el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de ‘rosa’ está la rosa”. «El Golém». Jorge Luis Borges, 1958.

(iii) “No hay gatillo, no hay relámpago, sino la instalación lenta de una molicie de sensación pura”. «La Vida Sexual de Catherine M.», Catherine Mollet, (2001), en referencia al orgasmo clitoriano.

* «Crátilo» es el nombre de un diálogo escrito por Platón en el año 360 a. C. aproximadamente, sostiene la concepción presocrática de que la palabra contiene ciertos sonidos que expresan la esencia de lo nombrado. Así, dice “El que conoce los nombres conoce también las cosas”.


domingo, 27 de diciembre de 2015

VIAJE VISUAL HASTA LA NOCTURNA


Pour la très bonne amie, la Comtesse

Ya la mañana había traído en su matinal frescura deliciosas piernas suaves, toda mórbida piel y lunares manchitas devoradas por los superhéroes atrapados en la cajonera, ya se habían encendido los deseos antes del viaje atardecido rumbo norte alejándose. A la noche fue la voz, las voces jugando a las nimiedades de lo cotidiano inmersas en la distancia, entreveradas en las luces de los barcos reales y los imaginarios, las risas inocentes que ocultaban nerviosas esperas, la tensión de lo inminente no dicho ni convenido, la mano macho manoseando el miembro laxo acechando, ella allá en su altura imposible la pierna extendida hacia lo alto, la punta del pie tocando el atrapasueños, incitando largas y delicadas caricias, y largos y lascivos lamidos. Pero se fueron agotando los temas y el tiempo, y fue tan sutil el juego que no se dijeron las palabra precisas y necesarias, y vino desde ese lejos amistoso y coqueto el silencio. Sucedieron lentos cinco minutos y entonces vino ella dulce e inocente en su tierna camisola rosada con florcitas rojas y rosado más intenso y verdes hojitas y grandes flores en blanco y amarillo, retornó jugando a ser intocable vestal, juguetona hurí, musa de ardientes lejanías y buena amiga que escancia su agua sexual al vicioso sediento, volvió con las piernas cruzadas de lado sobre el lecho, y en el rincón oloroso donde convergen sus muslos el íntimo triángulo de pelitos. Ardió la noche marina en la hoguera desatada, volvieron las voces ahora en el juego esencial del unilateral sexo desenfadado, y todo fue gemidos y susurros, risitas ‘nerdiozas’ y una voz asombrada o excitada, la mano masturbaba mientras los ojos devoraban hurgaban gozaban la convergencia peludita, la carnalidad excitante, la imaginada sensación de la tibieza, la humedad y el aroma, la mano frota, la boca susurra, el cuerpo semidesnudo tendido en el lecho costero se estremece agotando la copa del placer, en la noche ahí y allá la alta noche es desasosiego, es imaginación negada, es tortura por no fluir, es mano agarrotada controlada retenida, el cuerpo quieto esperando que la razón naufrague en la mar turbulenta de los instintos, y no. Ahí la voz ahogada testifica el goce, la densa eyaculación escurriendo pegajosa en la mano pecadora, allá, ella silenciosa abrumada por el otro silencio avergonzado. La despedida formal, tímida, como si nada hubiera sucedido en la noche cómplice y testigo. Consumado el rito él se dejó caer en la profundidad del sueño saciado, y ella se quedó quemándose así misma como una brasa enterrada en la ceniza en la alta noche de su lejano templo inaccesible.


sábado, 26 de diciembre de 2015

ROJO SOBRE TU DESNUDEZ


Para C.

El rojo en su reflejo desatado, sobre el cristal y el azogue el abismo sensual de esa paloma en su vuelo liberada, su pezón punzante capullo que se erige faro carnal, breve túmulo, altura orgullosa soliviantando los labios sedientos. Rojo torrente cayendo sobre tu cuerpo desnudo, sobre tu piel pura de magnolia o rosa o pétalo abierto a las lujurias de los ojos embriagados en su sedosidad impura, en su tibieza que arde en la mano que la toca roza acaricia, que fulgura en pervertidas dulzuras en los labios que la besan, en la lengua que la lame en su miel destilada. Por rojo florecido desde la semilla del deseo, por tu mano sujetando el peso tierno y voluptuoso de ese pecho reflejado, por tu mano sujetando el artilugio exhibicionista, por tu pelo negro negro en cascada vertido sobre tus hombros como una noche de obsidiana que se adentra en la ardua cópula soñada. Ese rojo que inquieta la eterna sexualidad del potro en su celo tormentoso, que rompe los tímidos recatos de la doña en su querencia, que rige las soterradas erecciones del falo, su insaciable dureza viril, el goce erguido que se derrama en la densa eyaculación. Rojo que incita y excita, que se abre como la corola de una roja rosa roja y expone la pálida y mórbida blandura de tu seno, rojo de las uñas rojas como escondidos granates, rojo como un geranio que se mece con tu respiración, rojo como el provocativo clavel de tu boca. Bajo el rojo quiero ser el triángulo de metal entibiándose dormido en la tersa delicia de tu escote.


lunes, 21 de diciembre de 2015

SILENCIOS DEL EROS


Para C.

Tu silencio me excita porque imagino tus labios besándome, tu silencio me dice cosas que me excitan. El reflejo de tus pechos reverberando en el espejo, tus pezones en la flor florecida de la blusa negro y gris abierta a los tiernos deseos de mis ojos enviciados y mi boca envidiando la estrella de frío metal dormida en tu escote. Mi lengua que lame y te ensaliva la turgencia de tus senos, mis labios que besan y te succionan tus deliciosos pezones, mis manos que encopan te acarician y pellizcan la soberana blandura, la dulce consistencia de esas dunas del goce con sus breves cobres incrustados. Tu silencio arde en su erótica conspiración, tu silencio derrama el cántaro seminal. Busco en el lenguaje la voz del sexo que nos sumerge en su pureza de tibias espumas, la erotizada sensación de tu mano en mi miembro, de mis dedos en tu vulva, de las bocas mordiéndose, del encanto de las lujurias como florcitas en la suave grama. Tu silencio inflama la piel del deseo, tu silencio incita el denso torrente onanista. Tu mano aferrando vehemente mi endurecida virilidad, sujetando apretando frotando manoseando masturbando, mis ojos boca labios manos en tus senos llenos evocando toda comba en su misterio, su dos erguidos brotes inhiestos, mi sueño niño de hundirme en tu perfumado canalillo. Cómplice el azogue te repite, duplica la impetuosa persistencia de tus dos urgentes palomas, la serena y blanda voluptuosidad de esas ampulosas colinas orgullosas, su punzante lascivia y sus brasas, su íntima y virtual impudicia secreta, porque su obscenidad total me pertenece. Tu silencio se refleja también en las cadencias del espejo, tu silencio me devora y me naufraga entre tus pechos.


viernes, 18 de diciembre de 2015

FUCSIAS DE DICIEMBRE


Une excitation par les fleurs de la Comtesse

Cinco fucsias de femeninos encajes, de suaves piernas desnudas excitando desde el lecho. Una pierna sobre la otra, muslo sobre muslo y la Y invertida de oscuros pelitos, asomado el fucsia como un pétalo sobre la pálida piel de mórbida hechura, rincón voraz de olores a hembra dispuesta, de humedecidos deseos exhibidos a plena luz hurgando a ojos hambrientos el pubis mostrado con el risueño desparpajo de la musa inquietante. La otra pierna sobre la otra, el muslo resplandeciendo en su madura sexualidad, las pequeñas lunas en sus constelaciones y los oscuros pendejitos despuntando bajo el oleaje fucsia fosforescente, la compleja rosa exhalando sus aromas sexuales, la humedecida vertiente de los goces florarles. Acá florece la rosa bajo el vuelo fucsia que la oculta como una rosa pudorosa, enternecida por las delgadas y rizadas oscuridades de los vellos púbicos en la delicada comba del pubis bajo el tul transparente en rosas dibujado. Simple la línea donde ambos muslos se tocan, difuso el fucsia abarcando entre sus rojas cintas coquetas, vientre, pubis, vulva, en la sinfonía libidinosa del fucsia o rojo fucsia, o magenta o rojo purpúreo intenso, o cualesquiera que sea el color que esconde su derramada sensualidad. El lazo rojo en la breve abertura del fucsia, allá la mariposa corazón detenida expectante en la tibia carne del muslo, las escabrosas plegaduras de las carnalidades expuestas a los lujuriosos apetitos. Y te veo miro espío observo contemplo arrobado tu desnudez que eleva los fálicos símbolos del sexo y sus matices, y mis ojos se convierten en un poderoso órgano sexual que te roza punza orada penetra, generando un singular efecto, tanto o más placentero que el mero contacto, imposible, entre los cuerpos encendidos.


sábado, 12 de diciembre de 2015

LA PUERTA BIEN CERRADA


Pour la Comtesse à la distance

Difusa, breve, casi desaparecida, en un revoltijo de albas sábanas en el lecho de uvas y mar, como marejada de lisas espumas llegando a las suaves arenas de tus piernas, y un rojo oscuro tirando a un vinoso burdeos, el edredón de grandes flores en claro té con leche sobre un fondo café y un egoísta celeste sobre tu pubis para negar los pelitos. Solo parte de tus muslos asomados mostrando las piernas entreabiertas. Todo inmerso en un silencio cristalizado, en un vacío de ausencia, en una quieta soledad que repite inequívoca la lejanía corporal del que mira. El deseo emerge por entre tus carnales incitancias, brota irguiéndose ante tus tensiones sensuales, cuaja en tus morigeradas morbideces sexuales e inunda las copas de nuestras pequeñas perversiones, porque hace tiempo que tu imagen me pertenece más a mí que a ti, porque solo yo puedo ver y reconocer ciertos íntimos detalles que tu espejo no refleja, porque al final, no se trata de ver algo, sino de seducirte con la mirada distante, escondida, que tu sientes sobre tu piel como una intensa sensación de calor, de caricia, de un lascivo pero sutil manoseo. Te evades sabiendo que dejas abiertos los surcos del deseo, que dejas erecto el mástil de la barca lujuriosa que navega por tu noche marina para encallar entre las oscuras algas que circundan tu vulva anegada, que dejas la mar densa y caliente derramada, que dejas una mano ocupada buscando una aguja en el pajar, y eso lo gozas sin temor porque te salvan el tiempo y la distancia. Allá al fondo el muro verde y la puerta cerrada, muy cerrada.


EXPECTACION


Pour la muse toujours inquiétante

Desespero esperando la esperada inspiración de cada día, los lujuriosos y eróticos mendrugos que la esfinge intocable lanza al fauno hambriento. ¿Serán tus piernas enteras en su mullida largura, pies incluidos? ¿Serán tus mórbidos muslos con sus manchitas lunares? ¿Será tu pubis con o sin pelitos? ¿Será la mata de vellos oscuros como hirsutas algas sumergidas en el océano de tu mórbida piel desnuda? ¿Vendrán sobre cuadriculas de pieles de felinos o sobre florcitas desperdigadas o envueltas en sábanas anaranjadas? ¿El recato será negro, rojo o fucsia, o celeste o morado, azul, naranja, entre tules transparentes o lascivos rosas vaporosos, en piel de pantera o simplemente desnudas? ¿O te mostrarás a lo lejos en el espejo múltiple, desvestida o con un pudoroso body? ¿Vendrás vestida, desnuda, desvestida o semidesnuda, retozando en tu lecho o de pie lejana difusa casi invisible? ¿Estarán tus piernas abiertas o cruzadas, se asomarán los pendejitos de tus ingles o será la champa entera el obsceno obsequio del día? Y abro cada mañana la ventanita por donde te muestras y te espío, expectante ansioso preexcitado curioso para ver que me regala el hada lujuriosa que enciende los voyeristas fuegos mañaneros y me hace pecar de vicioso onanismo. Mi mano atenta ya aferra el miembro que comienza a erguirse en su dureza penetrante, aparecen tus muslos, tus piernas, tus vellos púbicos, e inicio la impune masturbación de cada día. Y así culmino el ceremonial de la cómplice amistad, la libidinosa simbiosis de la que exhibe y del que observa, el rito de la hembra en solitaria calentura y el macho en solitaria pajeatura.


jueves, 10 de diciembre de 2015

OSCURAS CONCAVIDADES


“La noche se perdió en tu pelo...
la luna se aferró a tu piel”
Penumbras. Roberto Sánchez

Me fui bordeando estremecido los oscuros matices de tu imagen, mis ojos enclaustrados hurgaron tus tibias penumbras, allí en las sombras donde eras carnalidad pura y esencia sublime de los deseos que te persiguen sin que lo sepas por los tormentos que genera la intocabilidad sagrada de tu cuerpo, donde aniquilas los fervores y las ansias, donde debo sobrevivir sin tu intensidad corporal allí contenida en la brevedad de tu torso apenas, del canalillo entre tus pechos inmortales y del tibio laberinto de tus clavículas. Rocé estremecido los blancos metales encadenados a tu piel destellando entre tus senos o atrapados en tus dedos con sus fulgores de filosas dagas, imaginando sus caricias hirientes sobre mi excitado cuerpo enamorado. Allí, en las oscuridades de todas las lujurias fui convergiendo una y otra vez enviciado en los sexuales claroscuros, en la escotadura supraesternal, en ese hoyuelo de la base de tu cuello donde se quedaron a retozar mis más sucias y dulces perversiones, mi lengua lamiendo esa oquedad perturbadora, mi dedo, el del corazón por supuesto, rozando su tibia e insinuante concavidad. Exploré ciego de vehemencias las provocativas estructuras carnales de las cavidades de tus clavículas, la breve sima central, los surcos claviculares, la tersa y tensa piel sobre tus huesos instaurados, y mis labios se me iban perdiendo sin retorno por los calientes cuencos de tu piel oscurecida. Navegué sin tiempo extraviado en la curvatura del contraste del negro de tu blusa con la mórbida claridad sensual de tu escote, en la comba tibia, suave y mullida de tus pechos, en su turgencia palpitante, en su incitante convexidad. Y supe, en el último destello de razón antes de naufragar dormido entre tus senos, que no escaparas a que desde ahora te piense en plena desnudez acá a mi lado en el lecho prohibido y te posea cada noche venidera para consumar a mordiscos y ansiosas penetraciones tu incitación de sombras y penumbras, y succionar tus escondidos pezones hasta que despertemos las madrugadas con nuestros quejidos de furiosas aves en celo.


martes, 8 de diciembre de 2015

EROTICA URGENCIA


Pour mon amie préférée, la Comtesse

De pie en la ducha como una estatua cinco veces vista y deseada, tus ricas piernas atrapándome en el vértigo de mi ojos enviciados en la cómplice amistad con visuales ventajas de tu coqueto exhibicionismo y de mi voyerismo masturbador, en la vista vertical de tu pubis piloso visto desde tus propios ojos, los mullidos muslos, las rollizas rodillas, la pulsera en tu tobillo titilando allá abajo donde tus pies incitan al pervertido fetichismo de chupar cada dedito, de lamer sus plantas, de morder los talones y los empeines. Tus carnes húmedas olorosas a jabón, a hembra purificada por las calientes aguas que escurren por tu piel y se aferran a tus vellos púbicos como pequeñitas y luminosas gotitas transparentes. Llueve sobre tu Monte de Venus, sobre el arco de los pelitos que mis labios tironearon en el antiguo juego del sexo oral que te hacia gemir en las cumbres del placer lingual. Mi miembro que se erecta imagen a imagen, mi mano sobadora urgiendo su dureza, su erguimiento, haciendo florecer la sensibilidad del rojo y brillante glande. Tú ahí en tu baño de sensual mujer madura, lejana e imposible, y yo acá en el mío masturbándome escondido como un adolescente impúber que te sueña voluptuosa y sin rostro jugando a excitarme en la ducha solitaria. O sino, solo queda la oculta consumación a mitad de la tarde con el sol pegando sobre la espesura del bosque, y allí entre la calentura y el sudor vendrá la eyaculación a mano limpia para honrar tus incitantes prodigios de erótica esfinge.


BOMBILLERA


Para Susymeib, erótica matera

Chupa, chupa fuerte nena (i). Con esa boquita niña que chupa que te chupa la bombillita matera y yo a mano limpia manoseando mi miembrito pajero, ambos ensamblados en un rito que se nos va haciendo cotidiano, como un jardín donde florecen día a día las rojas rosas de los deseos, como una pervertida complicidad que brota desde las más profundas ciénagas de la tímida exhibicionista y del masturbador voyerista. Ambos jugando los juegos del mira y no me toques, del mira como chupo e imagina, del chúpame esta caña y gocemos. Y tu pícara boca pintada succiona con lenta incitación la delgada caña, tu mirada seduce alegre en el rito chupador, la imagen de mi mano en acción onanista se refleja en los cristales de tus ojitos curiosos. Te detienes, apartas la bombilla de tus rojos labios, y oyes mis quejidos, presientes el frote de mi mano en mi miembro, hueles el aroma a macho pajeándose, yo gozo tu erótico coqueteo, tu mano siente el calor del mate e imaginas que son mis testículos ansiosos, acercas otra vez tu boquita de fresa a la pajita del mate y la lames provocativa y perversa, y vuelves al chupa que te chupa para que yo vuelva a pajeo incesante. Tú sueñas con una bombilla de cuero, caliente erecta carnal, yo sueño con tu boquita succionando mi bombilla pajera, caliente erecta carnal, y ambos soñamos la rica felatio que precede al voraz cunnilinguis (por ahí andan tus dedos) que mi boca labios lengua te brindaran para concluir la consumación del pervertido ceremonial matero. Chúpame nena (ii).

(i) “Cincuenta sombras de Grey”. E.L. James. –Pág. 345
(ii) “Cincuenta sombras de Grey”. E.L. James. –Pág. 137


COROLARIO IMAGINARIO


Pour elle même, toujours désirée

Me deleito extasiado en las cinco exaltaciones últimas de tus muslos, tus pelitos apenas asomados y ese intenso rojo furioso, me extravío excitado en tu coqueta desnudez impura y entro en un extraño éxtasis premonitorio. Imagino que subo a tus altivas alturas, imagino que me esperas sin acuerdo previo ni seducciones mentirosas, solo la cita tácita, implícita en los retozos de inquietantes imágenes a cambio de barrocas palabras. Y ahí estamos otra vez, frente a frente sonriéndonos pícaros y ansiosos, ambos con la clara premonición de lo que vendrá, entregados a ese designio buscado y rebuscado en los tímidos o atrevidos escarceos de nuestra virtualidad cotidiana. No el mero coito urgente y transpirado sobre el lecho caluroso sino los besos desaforados en el sofá, las manos ávidas, las caricias, los frotes, la mano bajo la negra tela buscando la entrada al quieto placer distinto entreverada en tu cintura, descorriendo desvistiendo desabotonando, alcanzando la suave piel de tu vientre, y más abajo, mi dedo introduciéndose lento y subrepticio bajo el elasticado de las bragas hasta encontrar la fuente misma de tus goces. O quizá los restriego ambos imbricados en cucharitas en la ventana que ya no da a las luces de los barcos imaginarios, mis manos en tu cintura tus caderas tus nalgas tu vientre tu pubis rozando acariciando apretando hurgando, y tus manos hacía atrás en mis caderas apretándome contra ti o en mi entrepiernas palpando la sensible erección que provocas con tus glúteos retrocediendo impúdicos contra mi fálico bulto. No la copula que deja el agrio sabor de la desesperanza o la furia desatada del día siguiente y de los sucesivos sino solo la consumación lúdica, lujuriosa y grata de la amistad con cierta ventaja, no toda, y si el atardecer es propicio y las voces se convierten en quejidos y susurros, abrirnos a las incitaciones veladas, a la amistosa y mutua masturbación, al deleite tranquilo de las ansias contenidas que se desatan por un momento y se echan al vuelo como aquellas salvajes mariposas escapando a otras altivas alturas para que así el después sea más tranquilo, y la amistad siga floreciendo acá abajo sin terribles recriminaciones ni inútiles arrepentimientos.


lunes, 7 de diciembre de 2015

TÚ SOBRE LA ALBURA


Para la desnuda D.

Deambulo con mi miembro erecto duro, palo encendido, hierro incandescente, rígido penetrante, por la exuberante desnudez de tu cuerpo tendido sobre el lecho de alba sábana, tu deliciosa teta con su pezón oscuro hacen que mi legua ensalive mis labios por la sed de mamar ese tierno botón exhibido con la audacia de una lánguida y provocativa reina sexual. Vago por tu piel oliendo y lamiendo sus pliegues y sus rincones, los territorios donde domina la tibia concavidad de tu ombligo, las comarcas donde anida tu vulva húmeda y perfumada de intensas feromonas, las suaves columnas de tus muslos cruzando la turbadora línea que separa la pálida región prohibida y la dorada zona donde el sol dejó sus besos marcados. Hurgo entre tus piernas abiertas buscando el surco de tus rosados pétalos vúlvicos, sintiendo en mis mejillas en roce perverso de tu vellos rasurados, degustando tu íntimo sabor a hembra en continuo celo y desesperantes ardores, oliendo el aroma esencial de tu feminidad ofrecida. Exploro las cálidas cisuras de tu axilas, la caliente medialuna bajo tus senos, el sensual arco de tus costillas sobre tu estomago, las mórbidas plegaduras de tu vientre, las febriles curvaturas de tus ingles, la mullida comba de tu pubis. Acaricio la extensión voluptuosa de tu cuerpo desnudo en su reincidente intensidad lujuriosa temeroso del divino castigo, porque llena eres de pecado y solo te salva el fervor con que te espío mientras manipulo mi verga endurecida ante la visión de la exuberante desnudez de tu cuerpo tendido sobre el lecho de alba sábana.


CT

Pour la Comtesse Tentante

Se te hizo vicio el rito mañanero de la incitación a distancia de mi vicioso onanismo, y tu respiración de agita y tu cuerpo tiembla imaginando mi miembro irguiéndose mientras mis ojos de fauno hambriento recorren con ampliados detalles cada mórbido pliegue de tus carnes ampulosas, cada manchita lunar, cada pendejito mecido por la ventolera de mis lujuriosos deseos. Se te quedo pegado en la piel el estremecimiento del intuir saber sentir que te voy a mirar con el mismo sexual desparpajo con que te muestras, que mi mano pajera honrará la desnudez de tus muslos, los vellos como algas olorosas a ti asomados en tus ingles, y la rala champa de oscuros pelitos en tu Monte de Venus. Se te pervirtieron tus pudores de solitaria esfinge en altura, esos recatos de beata conventual oyendo a lo lejos el campanario y sintiendo como te queman las sábanas de tu lecho, como te arrastra al pecado la perturbadora sensación de sentirte una tierna depravada calentando desde lejos a un tierno depravado en el amistoso ceremonial convenido tácitamente de intercambiar eróticas imágenes por incandescencias verbales. Se te hizo excitante rutina exhibir el entorno perfumado de tu vulva, aunque nunca el cauce de tus goces, el surco de los deleites fálicos u orales, la vertiente de los húmedos placeres lingüísticos. Se te quebraron los últimos remilgos de timidez y autocensura, las limitaciones y los temores, y ahora gozas sonriente en las penumbras de tus instintos cuando te me exhibes provocando erecciones y mi lengua lame mis labios entreabiertos mientras gozo cada pedacito de tu cuerpo desnudado, cada vello expuesto con el desparpajo juguetón de la que se sabe deseada hasta la pegajosa eyaculación.


viernes, 4 de diciembre de 2015

VOLVI A TI DESDE LAS SALITROSAS ARENAS


Para C.

Volví a ti desde las salitrosas arenas de un seco desierto que no te conoce sino por mi voz que te va dibujando, que te va describiendo enamorada, sutil y soberana sobre los reinos de extraviadas piedras solitarias y subterráneos minerales silenciosos arrancados de sus sueños escondidos. Volví con la vasija de los deseos burbujeando en las ansias de macho, la carne tensa en su arco de lujurias, la mano presta, el miembro erecto, y allí estaba esperando tu seno desnudo con su hermoso pezón coqueto titilando en medio de la tierna comba mórbida, en la suave duna de tu piel hechizante. Volví al deseo de tus leves cercanías, al sabor de tus rojos labios besando, al abrazo de tus ternuras entre tus pechos, al mullido tacto incitante de tus nalgas, al sereno rumor de tu voz en el bosque, a la felicidad de poseerte mía siempre en la deliciosa posesión de mí por ti. Volví a la tentación del dulce pecado de masturbarme en tu ausente presencia, de ser tu erguido macho potro en celo urgiendo con mis tus ojos pervertidos la sabrosa desnudez que me regalas cuando vuelvo cansado y hambriento desde las arenas salitrosas de un desierto que ahora te conoce porque allí derramé mi leche viril sobre los montes de tus senos. Volví a saciarme de ti en la complicidad de todos los años vividos en la secreta consumación de nuestras sexualidades, en la comunión sin pecado de ser uno, un solo ser que vibra así estremecido en la eternidad de todos nuestros tiempos.


LO QUE TU NO SABES…


Par la trahison nocturne de la Comtesse

Lo que tú no sabes es que cuando la noche me atrapó en sus fuegos y la soledad vertió sus aguas incandescentes sobre la lujuria del lecho vacío, fui a por tu voz lejana de alturas y solemnidades, de pudores cristalizados en la distancia de palomas y campanarios, de esa amistad cómplice que se desnuda en la oscuridad de lo intocable, de juegos de soledades sobre brasas sin cenizas, de lo que se da sin remilgos porque se somete a encastillados recatos y convenidos respetos. E inicié la mano con las cartas marcadas de la baraja del antiguo cariño, y jugaste los oros y las copas con la ternura de la esfinge y la mariposa, y jugué los pocos naipes del sutil asedio y fue el rey de bastos en mi mano, y la destellante espada refulgiendo en la penumbra frente al mar oscuro de las gaviotas dormidas. Y todo se iba dando como un grato juego repetido en los entreveros de lo ya vivido, mi mano ya iniciaba el sobajeo fálico, la apretadura turbulenta de mi verga erguida, el vaivén, el sube y baja, la masturbación ansiosa del mendigo que solo pide unos pocos susurros incitantes, unos quejidos desde la excitación insoportable, y los grititos del éxtasis del orgasmo aunque sean mentidos o dramatizados solo para el deslumbre y la íntima perversión. Pero hubo otras sombras en tu espera, más allá de las fronteras de los territorios que asolamos cotidianos, y fue que se me vino el agua congelada de tu mero desprecio, la constancia de ser la última prioridad asignada a lo demasiado usado, o a lo rutinario que al final se va haciendo invisible o innecesario porque ya pertenece y está carcomido por el desgaste del día a día, sin novedad ni asombro. Y no reconociste mi otra voz, la nocturna, la del macho viejo que busca los aromas de la hembra madura, no estoy acostumbrada a conversar contigo de noche, dijiste, o del fauno que te encantaba antes que fuéramos solo amigos ni siquiera con ventajas, dijiste, y vino tu silencio ominoso, tu vuelo de paloma ocupada y sentí el peso terrible de la inmerecida ignominia.

EN NEGROS Y CLARO ROSA


Pour la Comtesse trois fois

Tres potentes inquietantes invocantes incitantes provocantes excitantes visualizaciones de tus muslos apetitosos, una desde la diestra, otra desde la siniestra y la otra centrada, dos con tu pudoroso vientre negado por el calzoncito negro opaco y la central por la camisola de un tenue rosa casi invisible, todas con la nítida traza de los muslos juntos, ese surco blando y tibio donde mi mano se sueña inserta atrapada apretada entre tus mullidas piernas ascendiendo hacía la húmeda la convergencia donde tu vulva apretadita acecha su roce masturbante. Tres calentonas imágenes que intentan satisfacer mi ansioso voyerismo solo con la delicada voluptuosidad de la lisura expuesta y lo imaginado oculto, todas sin pelitos, ni ingles, ni pubis, hechas con el tierno recato de una ermitaña exhibicionista, solo las pequitas lunares fulgurando en ese cielo de piel pálida, de exhibidas carnes deseadas. Tres veces las piernas siempre cruzadas, apretando los muslos entre si, quizá rozándolos con despaciosa voluptuosidad, quizá frotándolos tan lentamente que no parece pecado, quizás tus manos cumplen el rito mañanero de la lánguida caricia, del leve roce, del furtivo manoseo que palpa tu pubis sin atreverse a continuar chapoteando en el charco caliente del deseo mañanero. Tres sutiles trampas eróticas con la sabrosa carnada de tu mórbida sexualidad de piernas juntas instando al delirio vicioso del onanismo distante mientras me imagino con mi rodilla como un ariete intentando abrir el candado de tus muslos cruzados para hacer florecer la flor perfumada de tu sexo, y una vez abierta y estilando su néctar, penetrarla tres veces hasta romperme en la estremecida eyaculación y tú deshacerte en la densidad sublime del orgasmo.


domingo, 29 de noviembre de 2015

KLITTRA


«Je suis chauffé qui n'est pas le même que...». La Comtesse

Tus deseos son flores escondidas que florecen de vez en cuando en las íntimas alturas de tu hábitat solitario, allá muy arriba donde los vientos remecen los cristales y la lluvia pone un velo sobre la difusa ciudad que en esos momentos desaparece porque tus ojos se entrecierran para disfrutar en el pudor de no verte la esencia voluptuosa de tus íntimas tocaciones. A veces nocturna e insomne te dejas arrastrar por la hembra que se viste de tu cuerpo, y la dejas hacer con sus manos deslizándose por tu piel, te quedas ahí  desnuda y quieta esperando que ella desate tus nudos ciegos, que abra las ventanas de tus instintos para que vuelen sobre los antiguos campanarios y sobre los oxidados barcos imaginarios. Sea tu dedito dedeando el clítoris sensible erguido durito, sea tu mano entera frotando la flor entera de tu vulva, palma contra pétalos humedecidos, sean dos de tus dedos penetrando fálicos la voraz flor abierta de tu sexo hambriento, sea quizá el negro dildo escondido y secreto, vibrando o no, introduciéndose lento y temeroso en la mojada abertura de tu sexo, o zumbando sobre el capullo en un roce que te estremece con los ojos bien cerrados, sean tus muslos apretados entre sí en un sexual restriego que calcina tu carne trémula. Pero lo niegas con mentida timidez de doncella quinceañera, te escudas solemne en tus recatos de altiva dama asexuada, te mientes a ti mismas los deseos florecidos y sus consumaciones clandestinas, haces como que no necesitas beber de esas aguas sexuales pero tu sed te delata cada vez que te miras en el espejo y ves tus labios resecos.

(i) La palabra "klittra" nace de la combinación de clítoris y glitter, brillo en inglés (porque esto destaca la importancia del clítoris para el placer). Es un verbo y denomina el acto de masturbarse cuando lo hace una mujer.


sábado, 28 de noviembre de 2015

DELICIAS EN MORADO VIBRANTE


Para D., deliciosamente impúdica

Ese pezón tan real, tan nítido, tan incitante a mamarlo chuparlo succionarlo, tan contrastante en su suave café dulcezito, delicioso en su oscura textura palpitante, con su protuberante y erguido botoncito que provoca instantánea erección, lo mamaría, chuparía, succionaría, hasta hacerte gritar suavecito en un destellante pezón-gasmo. Tu desnudez impúdica sobre el lecho de tenue rosado romántico y tu mano aferrando el falo miembro verga príapo dildo de color morado pecador e introduciendo viciosa la delgada puntita en tu vulva golosa para gozar las zumbadoras vibraciones hasta el concho del goce penetrante. Tu depilada axila, tu terso muslo, tu vellos púbicos cortitos, tu pubis con su surco apenas peludito, tu ralo Monte de Venus, los mórbidos pliegues de tu vientre, tu ombligo como un ojito observador, la soberana teta en su suave caída natural, tu moreno brazo y tu morena mano, tu tierno pie allá abajo. Tu exuberante carnalidad erótica, tu impudicia que envicia mi mano que soba mi verga ya erectada por la visión de tu lujurioso desparpajo, tu piel en sus matices que llama a la desenfadada caricia insertada en tu húmedo sexo, al lamido ensalivante, al onanismo voyerista, a soñarme derramando mi semen caliente sobre tu maternal cicatriz, a la imaginación desbocada por la hembra calentona que eres entre todas las mujeres. Toda tú ahí recostada como una maja desnuda masturbándose, incitando provocando calentando mientras tu macho, que envidio con dolorosa impotencia, te observa gozándote a la distancia sin tocarte con su mano masturbando su verga en honor y homenaje a ti, o por lo menos así lo haría yo.


QUIZAS


Quizás mueves el vibrador hacia arriba y hacia abajo a lo largo de la hendidura entre tus piernas. Quizá una pierna con la rodilla levantada y la otra abierta, sobre la cama. Quizás mueves la parte inferior de tu cuerpo hasta encontrar el movimiento hacia abajo del vibrador. Quizá a veces, chupas tus dedos y humedeces tus pezones, y sólo los toqueteas, los sacudes. Quizás a veces pones y sacas el vibrador de tu vagina, como atornillando. Quizá pones un dedo sobre tu clítoris y con el otro mueves el dildo adentro y afuera de tu vagina. Quizás al comienzo tienes abiertas tus piernas hasta que llegas al orgasmo, y entonces las pones juntas. Quizá primero frotas tu clítoris y luego insertas el consolador. Quizás cuando acabas cierras tus piernas con el vibrador dentro de ti tanto como pueda entrar. Quizá a veces usas tus dedos sobre tu clítoris con uno adentro de tu vagina, y uno sobre el área anal o justo sobre el clítoris. Quizás usualmente usas dos tamaños de vibradores, uno pequeño para tu ano y uno grande para tu vagina. Quizá una mano la usas para el clítoris mientras la otra sostiene a los dos vibradores en su lugar. Quizás tus piernas usualmente están separadas y los movimientos son circulares. Quizá colocas el dildo sobre tu clítoris y labios menores y entrada vaginal. Quizás con las piernas juntas te es más fácil, especialmente con los tobillos cruzados porque aumenta la tensión muscular y te satisface el deseo reflejo de presionar tus rodillas.

Nota de autor.- Collage levemente editado a partir de “Tipos de masturbación femenina” de Web Fertilab.

Imagen: Dildo “Tyrannosaurus Sex - Extra Large”


domingo, 22 de noviembre de 2015

SOBREDOSIS


Par les six incitations de la Comtesse

La línea en arco que separa tu desnuda piel del calzoncito (o body) negro como mis erectos deseos de fauno macho goloso, la visión erótica de ese todo donde el Universo se divide en oscura íntima tela y pálida dermis deseada decorada por deliciosos pendejitos, la delineada champita repetida cinco veces distintas como sutiles algas asomando en la medialuna que deja el borde de las bragas antes de la ingle, algunos largos pelitos rizados tirando a rubio miel que mi lengua saboreó aquellos brillantes días sin lluvia y de libidinosas sinrazones de chocolate menta, campanario y mojito. Seis excitantes convergencias del calzón y las piernas muy juntas, ese negro sitio exultante de sexo donde acecha oculta la hambrienta vulva voraz, esa pequeña comba que ha de ser tibia y perfumada a hembra que se miente sus sexuales ardores. Las miro y las devoro a ojos bien abiertos, las disfruto una a una, las gozo en detalle y ampliadas, me vuelo drogado por tu carne desnuda coronada por el arco de tus vellos púbicos, y me excito, me erecto y me sobo, y ante mis ojos la provocativa media medialuna se agranda y se achica, desaparece y reaparece más ancha, más incitante, y los pelitos juguetones permanecen insertos en el mórbido pliegue de la ingle, y el negro aumenta o disminuye demarcando su recatado territorio, y a veces un muslo sigue hacía la rodilla o hasta el lejano pie en lontananza, y hay florcitas alegres en el lecho esperando las salvajes mariposas y una difusa oscuridad de fondo, y un sabor con tu aroma, y una cálida humedad que adivino excitadísimo en la negrura. Y sigo merodeando esos seis milagros atrapado como un narcotizado tigre hambriento en ese hexaedro de piernas e íntima ropa negra.